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La verdadera Iglesia de Dios...

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viernes, 28 de diciembre de 2012

Guión: Maternidad Divina de María




Quienes el 31 de diciembre, en una iglesia u oratorio, se unan al canto solemne del Te Deum, en acción de gracias al Señor por los beneficios recibidos en el año civil que concluye, y el 1° de enero, al del Veni Creator, solicitando el auxilio divino para el que comienza, pueden obtener una indulgencia plenaria, con las condiciones acostumbradas. (Enchiridion indulgentiarum, concessio 26. 1. 1, 2).


Introducción

(Lo que está entre paréntesis, por razones de brevedad, puede omitirse).

Hermanos, en la celebración de hoy convergen diversas temáticas que, a lo largo de los tiempos, han ido enriqueciendo la liturgia de este día, a la vez que consolidando su forma actual:
Es la Octava de Navidad. De hecho, el gran misterio del Nacimiento de Cristo, por su relevancia en la historia de la salvación, se celebra jubilosamente durante ocho días como si fuera un único “gran día” (1).  Luego, aunque con carácter menos festivo, se prolonga durante casi dos semanas más, en lo que la liturgia llama el "Tiempo de Navidad", que se extiende hasta la Fiesta del Bautismo del Señor, inclusive (2).
Una antigua tradición de la Iglesia, reserva este día para honrar a María como Madre de Dios (es el título de la solemnidad de hoy, día en que también fue circuncidado Jesús y en que se Le impuso su santísimo Nombre). El Eterno Padre ha cultivado en el jardín de toda virtud a una Rosa escogida, María, la más bella de la creación, la cual ofrece a la humanidad el Fruto precioso de su seno virginal, Jesucristo, Salvador del mundo.
También se celebra hoy la Jornada Mundial de la paz, instituida por el beato Pablo VI, con el objetivo de pedir a Dios “el primer bien al que aspira y por el que debe trabajar toda la humanidad” (3).
El lema del Papa Francisco para esta LI Jornada, en 2018, es...

(El Papa Emérito Benedicto XVI, al referirse a la liturgia de este día, habla de “la riqueza y la belleza de sus coincidencias” Y afirma: “…el inicio del año civil se encuentra con el culmen de la Octava de Navidad, en el que se celebra la Maternidad Divina de María, y el encuentro de ambos, tiene una feliz síntesis en la Jornada Mundial de la paz” (4)).

Como podemos apreciar, la Iglesia nos ofrece la posibilidad de “cristianizar” el comienzo del año civil, y de hacer votos para que en él contemos con la gracia y la paz de Jesucristo, y con la inapreciable protección de su Santísima Madre, que es también  Madre nuestra.


Gloria in excelsis

Hermanos, con los cristianos de todos los tiempos, “…confesamos a la Santa Virgen como Madre de Dios, por haberse encarnado y hecho hombre en ella el Verbo de Dios…” (5). Y ésta, nuestra confesión, se hace alabanza al único Dios, excelso y soberano.


Liturgia de la Palabra

(Al comienzo de la Misa nos hemos referido al múltiple matiz  festivo de la liturgia de hoy. Apreciémoslo a la luz de las lecturas prescriptas para esta solemnidad de la Madre de Dios).

Primera lectura: Núm. 6, 22-27

La primera lectura nos asegura que la bendición del Señor viene siempre acompañada del don de la paz celestial, que pedimos de modo particular en esta Jornada Mundial.

O bien:


Según la antigua tradición judía, el Nombre sagrado del Señor se invoca tres veces sobre los fieles, como auspicio de gracia y de paz (6).

Salmo: 67 (66), 2-3. 5-6. 8

El Salmo retoma el tópico de la bendición divina, presentándola como consecuencia de “la misericordia que el Señor tiene de nosotros” (7). Nos invita, además,  a que nuestra respuesta sea un cántico de gratitud y alabanza a Dios,  Juez Justo que gobierna sobre todas las naciones (8).

Segunda lectura: Gál. 4, 4-7

Por ser Hijo del Altísimo, Jesús es Dios como su Padre. Por haber “nacido de mujer” (9), es hombre como nosotros. Y la Virgen que Lo engendró, ciertamente puede y debe ser llamada “Madre de Dios” (pues doble es la naturaleza de Jesús, divina y humana, pero Él es una sola Persona).

Evangelio: Lc. 2, 16-21

“Al cumplirse los ocho días” (10).  Esta expresión, alude al día en que, de acuerdo con la Ley de Moisés, el Señor es circuncidado y recibe el Nombre de Jesús, integrándose oficialmente al pueblo de Israel.


 


Oración de los fieles

Los títulos marianos usados a partir de ahora y destacados en cursiva, están tomados de la liturgia etíope:


R. Padre, escúchanos; María ora con nosotros

-Por la fecundidad de la labor misionera de la Iglesia y por las intenciones de nuestro amado Papa Francisco, oremos con María, Lámpara del universo…

-Por los “amigos de la paz”, como llama el beato Pablo VI a quienes trabajan por ella, oremos con María, que es ella misma Doctrina de paz…

-Por las madres que albergan en su seno el fruto de la vida humana, don sagrado de Dios, oremos con María, Templo perpetuo…

-Por los que han dejado este mundo, oremos con María, Puerta del Paraíso…

-Por nosotros, al comenzar el nuevo año civil, oremos con María, Reina del amor…

O bien, más breve: (del formulario de la Misa de Apertura de la Puerta Santa de la Basílica de Santa María la Mayor, presidida por el Papa Francisco el 1° de enero de 2016, con motivo del Jubileo de la Misericordia)

Hermanos queridos, por intercesión de María, Madre de la Misericordia, oremos a Jesús, nuestra Paz, que es la Puerta que nos introduce en la Misericordia del Padre:

R. Kyrie eleison

-Santifica a la Iglesia en la verdad y la caridad. R.

-Conduce la historia en la justicia y la paz. R.

-Da a los gobernantes sabiduría y discernimiento. R.

-Libera a cuantos son prisioneros del odio y del pecado. R.

-Suscita nuevos misioneros del Evangelio y del perdón. R.

-Reaviva en las familias el amor y la fidelidad. R.

-Guía a los jóvenes al don de sí y a la santidad. R.

-Inclínate hacia los pobres con ternura y providencia. R.

-Acoge a nuestros difuntos en tu Reino de luz y gloria. R.

Oración conclusiva

"Señor Jesús, Príncipe de la paz y Fuente de misericordia, custodia nuestros días y cólmalos de tu presencia. Que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén".

O bien: (de la Santa Misa de la solemnidad de la Maternidad Divina de María, presidida por el Papa Francisco en la Basílica vaticana, el 1° de enero de 2016)

Hermanos, en el transcurso de los siglos, tenemos la certeza de la proximidad misericordiosa de Dios. A Él, pues, confiados, Le presentamos nuestras súplicas:

R. Escúchanos, Señor.

-Oremos por la santa Iglesia de Dios.

+El Verbo de Dios hecho carne en el seno de María la custodie en la verdadera fe, la edifique en la caridad, y haga de ella instrumento eficaz de santidad y de gracia. R.
 
-Oremos por la paz entre los pueblos.

+El Príncipe de la paz confunda los proyectos de guerra, rompa los planes de odio y bendiga los esfuerzos de los hombres de buena voluntad. R.

-Oremos por los cristianos perseguidos.

+El Testigo veraz del amor del Padre reavive su fe, los sostenga en la hora de la prueba, y convierta el corazón de los persecutores. R.

-Oremos por las vocaciones sacerdotales.

+El Sumo y Eterno Sacerdote de los bienes futuros, disponga el corazón de los niños y de los jóvenes para dar la vida por la salvación de los hermanos. R.

-Oremos por los hermanos que peregrinan a los lugares sagrados vinculados a nuestra fe.

+El Niño de Belén que nos ha visitado los guíe en la búsqueda del Rostro de Dios, y transfigure con el perdón la vida de ellos. R.

Oración conclusiva

"Oh, Padre, admirados por las maravillas que has hecho en María y en nosotros, debido a su Divina Maternidad, te pedimos que hoy renueves los beneficios de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".
 
A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Padre bueno, que en María, Virgen y Madre, bendita entre todas las mujeres, has establecido entre nosotros  la morada de tu Verbo hecho hombre, danos tu Espíritu para que toda nuestra vida, en el signo de tu bendición, se vuelva disponible para acoger tu don. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén." 


Ofertorio

Porque nuestra tierra fue bendecida por el Señor, ha producido el pan y el vino que presentaremos, para ofrecer juntos el Sacrificio de paz y perdón, en comunión con María, que es Vino de dulces uvas.

De usarse incienso, el título mariano anterior puede reemplazarse por el siguiente: Incensario viviente de oro.


Se emplea el Prefacio I de la Santísima Virgen María.


Comunión

Dios nos ha dado a conocer su Rostro y su poder (11) en el parto de María, Madre de Cristo,  el Sol glorioso que nos alimenta y nos da calor.


Comunión espiritual

“Oh, bendito Jesús, haz que mi alma se aquiete en Ti. Permite que tu poderosa calma reine en mí. Gobiérname, oh, Rey de la calma, Rey de la paz”  (12). Amén.


Oración por la paz

Luego de la acción de gracias personal y de la Oración después de la Comunión, el sacerdote y los fieles pueden orar de un modo especial por la paz en el mundo. Sirva como modelo la siguiente oración, precedida por una introducción:

Hermanos, en esta Jornada Mundial de la paz, instituida por el beato Papa Pablo VI, recordemos las palabras de este gran Pontífice, y oremos para que la paz del Señor se derrame como rocío celestial en toda la Tierra:

Decía el Papa:

“Nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad para exhortarlos a celebrar el `Día de la paz’ en todo el mundo, el primer día del año civil. Sería nuestro deseo que después, cada año, esta celebración se repitiese como presagio y como promesa, al principio del calendario que mide y describe el camino de la vida en el tiempo, de que sea la paz, con su justo y benévolo equilibrio, la que domine el desarrollo de la historia futura” (13).

A continuación, se reza la siguiente oración, compuesta por San Juan Pablo II:

“Oh, Dios, Creador del universo,
que extiendes tu preocupación paternal sobre cada criatura,
y que guías los eventos de la historia a la meta de la salvación;
reconocemos tu amor paternal, ya que a pesar de la resistencia
de la humanidad, y en un mundo dividido por la disputa y la discordia,
Tú nos haces preparar para la reconciliación.
Renueva en nosotros las maravillas de tu misericordia;
envía tu Espíritu Santo sobre nosotros, para que Él
pueda obrar en la intimidad de nuestros corazones,
para que los enemigos puedan empezar a dialogar,
para que los adversarios puedan estrecharse las manos,
para que las personas puedan encontrar entre sí la armonía,
para que todos puedan comprometerse
en la búsqueda sincera de la verdadera paz,
para que se eliminen todas las disputas,
para que la caridad supere al odio,
y para que el perdón venza al deseo de venganza”. Amén (14).


O bien, más extensa: (plegaria de S.S. Francisco en Georgia, 30/09/16)

"Señor Jesús, adoramos tu Cruz que nos libera del pecado que es origen de toda división y todo mal; anunciamos tu Resurrección, que rescata al hombre da la esclavitud del fracaso y de la muerte; aguardamos tu Venida en gloria, que llevará a cumplimiento tu Reino de justicia, alegría y paz.

Señor Jesús, por tu gloriosa Pasión, vence la dureza de los corazones, prisioneros del odio y del egoísmo. Por el poder de tu Resurrección, rescata de su condición a las víctimas de la justicia y de la opresión; por la fidelidad de tu Venida, confunde la cultura de la muerte y haz resplandecer el triunfo de la vida.

Señor Jesús, asocia a tu Cruz el sufrimiento de tantas víctimas inocentes: niños, ancianos, cristianos perseguidos; envuelve con la luz de la Pascua a quienes han sido heridos en lo profundo: las personas abusadas, las que han sido privadas de la libertad y de la dignidad; haz experimentar la estabilidad de tu Reino a quienes viven en la incerteza: los exiliados, los prófugos y los que han perdido el sentido de su vida.

Señor Jesús, extiende el resplandor de tu Cruz sobre los pueblos en guerra: que emprendan el camino de la reconciliación, del diálogo y del perdón; haz gustar la alegría de tu Resurrección a los pueblos que escuchan el estruendo de las bombas; reúne bajo tu dulce Realeza a los hijos dispersos; sostén a los cristianos de la diáspora y dales la unidad de la fe y del amor.

Virgen María, Reina de la paz, que has permanecido de pie junto a la Cruz, alcánzanos de tu Hijo el perdón de nuestros pecados; tú que jamás dudaste en la victoria de la Resurrección, sostén nuestra fe y nuestra esperanza. Tú que eres la Reina de la gloria, enséñanos la realeza del servicio y la gloria del amor. Amén".


Conviene impartir la Bendición Solemne de la Santísima Virgen María propia del Tiempo de Navidad, o la propia del Comienzo del año civil. (Esta última está en el Misal Romano; no así la anterior, por los que, haciendo clic en ella, se puede acceder al texto).


Despedida

Agradecidos por los dones recibidos en esta primera Eucaristía del año civil, nos retiramos alabando al Señor e invocando la protección de María, Columna elegida.


Notas

1. Normas generales sobre el calendario, Tiempo de Navidad.
2. Ídem.
3. Mensaje de Su Santidad Pablo VI para la celebración del “Día de la paz”, 1º de enero de 1968.
4. Benedicto XVI, homilía en la Misa de la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, el 1º de enero de 2009.
5. Cf. “Fórmula de unión entre Cirilo de Alejandría y los obispos de la Iglesia de Antioquia, primavera del 433”. En El Magisterio de la Iglesia. Enchiridion symbolorum definitionum et declarationum de rebus fidei et morum. Heinrich Denzinger, Peter Hünermann. Herder. Barcelona, España, 1999. Página 152.
6. Ídem n. 4.
7. Cf.  Sal. 67 (66), 2.
8. Cf. Sal. 67 (66), 4. 5.
9. Gál. 4, 4.
10. Lc. 2, 21. Retomemos el concepto litúrgico de Octava, recordando algo que hemos dicho en una entrada anterior: Nótese cómo, al ser “siete” los días de la semana, hablar de un “octavo día” es también referirse al primero. De ahí que las lecturas de los Evangelios correspondientes a las únicas dos “Octavas” que conserva la liturgia (la de Pascua y la de Navidad), relaten lo ocurrido el día propio de las Solemnidades mencionadas, y también lo que acaeció “ocho días después”. Cf. Jn. 20, 19-31; Lc. 2, 16-21.
11. Cf. Sal. 67 (66), 2. 3.
12. Oración de San Juan de la Cruz.
13. Ídem n. 3.
14. Juan Pablo II, Oración por la paz, en la Jornada homónima de 2002.


30 de diciembre de 2012, lunes de la infraoctava de Navidad.
Fuente: Jesucristo y el Don de Sí mismo. "Guiones litúrgicos para las celebraciones".
(Última actualización de la entrada: 30/12/16).


 

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