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La verdadera Iglesia de Dios...

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jueves, 20 de octubre de 2016

Santos Juan Pablo II y Juan XXIII, memorias facultativas del Calendario universal



Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

Texto comentado:

Pastor eterno, resucitado de entre los muertos y ascendido al Cielo, el Señor Jesús no abandona a su rebaño, sino que lo custodia y lo conduce a través de los tiempos bajo la guía constante de quienes Él mismo ha constituido como sus Vicarios. Entre estos, por estar configurados al Pastor de pastores y por amor genuino a las ovejas de su rebaño, resplandecen los Santos Papas Juan XXIII y Juan Pablo II.
Ellos no desdeñaron la Cruz de Cristo y las heridas de los hermanos y, embellecidos de «parrhesia» por el Espíritu Santo, ofrecieron admirablemente a la Iglesia y al mundo una imagen viva de la benevolencia y de la misericordia de Dios, que no experimenta aborrecimiento por ninguna de las cosas llamadas a existir y es indulgente con ellas, porque son suyas (cf. Sab 11, 24-26).

El párrafo precedente pone de manfiesto en qué medida estos Santos Pontífices "abrazaron" idealmente a todas las criaturas porque amaban de verdad al Dios verdadero, Creador, Redentor y Santificador del universo.

Así, esa esperanza viva y ese gozo inefable (cf. 1P1, 3.8), que estos dos Sucesores de Pedro han recibido como don del Señor Resucitado, los han donado en abundancia al pueblo de Dios, recibiendo a cambio un agradecimiento eterno. Por eso la Iglesia hoy los venera con gran fervor, resplandeciente por el ejemplo de vida, por la excelencia de la doctrina y por esa «ciencia de amor» que emana de la iluminación del Espíritu a través de la experiencia de los misterios de Dios, y, después de  haber gozado del fructuoso sostén de su solicitud pastoral, ahora se alegra de tenerlos como sus intercesores espirituales.

El "agradecimiento eterno" que estos dos santos reciben consiste ante todo en el eterno galardón que el mismo Dios le concede, recibiéndolos en su Reino; pero también se refiere al reconocimiento oficial de la Iglesia, expresado con su inclusión en el catálogo de los santos por medio de la canonización; y a la gratitud inconmensurable de los fieles que los han conocido por sí mismos o por otros. 
Acaso la última gran oración de este párrafo del Decreto sea la chispa de esperanza de una eventual inclusión de los dos Papas en el reducido y selecto número de los Doctores. Perdón por volar tanto con la imaginación.

Considerada la singularidad de estos Sumos Pontífices al ofrecer al clero y a los fieles un especial modelo de virtud y al promover la vida en Cristo, teniendo en cuenta las innumerables peticiones de todas las partes del mundo, el Santo Padre Francisco, haciendo suyos los deseos unánimes del pueblo de Dios, ha dispuesto que las celebraciones de San Juan XXIII, Papa, y San Juan Pablo II, Papa, sean inscritas en el Calendario Romano general, la primera el 11, la segunda el 22 de octubre, con el grado de memoria facultativa.
Dichas memorias deberán ser, por lo tanto, inscritas en todos los Ordenamientos para la celebración de la Misa y de la Liturgia de las Horas y las relativas indicaciones escritas en los libros litúrgicos de ahora en adelante publicados por las Conferencias Episcopales.

Esto quiere decir que en dichos textos, de acuerdo con la Tradición y la normativa de la Iglesia, se enunciarán así:

-11 de octubre: San Juan XXIII, Papa. Memoria libre. Blanco.
-22 de octubre: San Juan Pablo II, Papa. Memoria libre. Blanco.

En cuanto a los textos litúrgicos en honor de San Juan Pablo II, Papa, se usen los ya aprobados y publicados en el anexo al Decreto de esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del 2 de abril de 2011 (Prot. N.118/11/L); por lo que respecta a los textos en honor de San Juan XXIII, Papa, se adopten los textos correspondientes publicados con este decreto, declarados definitivos y aprobados para su impresión. Esto, no obstante cualquier disposición contraria.
De la Congreción para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 29 de mayo de 2014, solemnidad de la Ascensión del Señor.

Antonio, Cardenal Cañizares Llovera
Prefecto

Arthur Roche
Arzobispo secretario


11 de octubre

San Juan XXIII, Papa: Memoria libre.



Angelo Giuseppe Roncali nació en Soto il Monte (Bérgamo) en 1881. A los 11 años entró en el seminario diocesano de Bérgamo para hacer los estudios de humanidades y de filosofía, siendo posteriormente alumno del Pontificio Seminario Romano. Fue ordenado sacerdote en 1904. Secretario del Obispo Giacomo Maria Tedeschi, en 1921 inició su servicio a la  Santa Sede como Presidente por Italia del Consejo central de las Obras Pontificias de la  Propagación de la Fe; en 1925 es nombrado Visitador Apostólico y después Delegado Apostólico en Bulgaria; en 1935, Delegado Apostólico en Turquía y Grecia, y en 1944 Nuncio Apostólico en Francia. En 1953 fue creado cardenal y nombrado después Patriarca de Venecia. A la muerte de Pío XII fue elegido Papa en 1958 eligiendo el nombre de Juan XXIII. Durante su pontificado convocó el Sínodo Romano, instituyó la Comisión para la revisión del Código de Derecho Canónico y sobre todo convocó el Concilio Vaticano II, el mayor acontecimiento eclesial del siglo XX. Profesó gran devoción a San Francisco de Asís; de todos es conocido que fue Terciario Franciscano. Murió en la tarde del 3 de junio de 1963. Fue beatificado por Juan Pablo II el día 3 de septiembre del año jubilar 2000. El Papa Francisco lo canonizó junto a Juan Pablo II el 27 de abril de 2014, en un Misa en la que estuvo presente el Papa Emérito Benedicto XVI.

Del Común de pastores, para un Papa.
 
Oficio de lectura

Segunda lectura

Del «Giornale dell’anima» de San Juan XXIII, Papa
(Ed. 2000, pp. 853-859)

El buen pastor ofrece la vida por sus ovejas

Es interesante que la Providenciame haya conducido allí donde mi vocación sacerdotal tomó los primeros impulsos, es decir, el servicio pastoral. Ahora me encuentro del todo entregado al ministerio de las almas. En verdad, siempre he pensado que para un eclesiástico la así llamada diplomacia debe estar imbuida de espíritu pastoral; de lo contrario, no sirve para nada y convierte en ridícula una misión tan santa. Ahora estoy puesto al frente de los verdaderos intereses de las almas y de la Iglesia en relación a aquello que constituye su verdadera finalidad, que es la de salvar las almas y guiarlas al cielo. Esto me basta y doy por ello gracias al Señor. Lo dije aquí en Venecia, en San Marcos, el mismo día de mi toma de posesión. No deseo ni pienso en otra cosa que en vivir y morir por las almas que me han sido confiadas. «El buen pastor ofrece la vida por sus ovejas… He venido para que tengan vida y la tengan abundante».
Comienzo mi ministerio directo [como Patriarca de Venecia] a una edad –setenta y dos años– con la que otros lo terminan. Me encuentro, por tanto, en el umbral de la eternidad. Jesús mío, primer pastor y obispo de nuestras almas, pongo en tus manos y junto a tu corazón el misterio de mi vida y de mi muerte. Por una parte tiemblo al acercarse la hora extrema; pero por otra, confío y la miro con paz día tras día. Me siento en la condición de San Luis Gonzaga. Continuar mis ocupaciones esforzándome por adquirir la perfección, pero pensando más y más en la divina providencia.
Para los pocos años que me resten de vida, quiero ser un pastor santo, en el pleno sentido del término, como el Beato Pío X mi antecesor, como el venerado cardenal Ferrari, como mi querido monseñor Giacomo María Tedeschi, como si todavía me quedasen muchos años de vida. «Que el Señor así me ayude». En estos días estoy leyendo a San Gregorio y a San Bernardo, ambos preocupados por la vida interior y por la pastoral que no deben sufrir merma y por el cuidado de las cosas materiales. Mi jornada debe ser siempre plena de oración; la oración es mi respiración. Me propongo recitar cada día el Rosario entero de los quince misterios, procurando de esta manera encomendar al Señor y a la Virgen –si me es posible en la capilla y ante el Santísimo Sacramento– las necesidades más grandes de mis hijos de Venecia y de la Diócesis: clero, jóvenes seminaristas, vírgenes consagradas, autoridades públicas y pobres pecadores. Tengo aquí dos temas dolorosos, en medio de tanto esplendor y de dignidad eclesiástica y de respeto, como cardenal y patriarca: la escasez de rentas y el gran número de pobres y de solicitaciones de puestos de trabajo y de subsidios. Por lo que respecta a las rentas tan exiguas, eso no me ha impedido mejorar en algo las condiciones materiales para mí y también para el servicio de mis sucesores. Quiero, no obstante, bendecir al Señor por esta pobreza un poco humillante y con frecuencia incómoda. Así me ofrece la oportunidad de asemejarme más a Jesús pobre y a San Francisco, seguro como estoy que no moriré de hambre. Oh, bienaventurada pobreza que me asegura una bendición mucho más grande en todos mis quehaceres y sobre todo en mi ministerio pastoral.

Responsorio
                                                                                                                                                  Jn 10, 2. 4
R. El que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. El guarda le abre y las ovejas escuchan su voz: * Él llama a sus ovejas una por una y las saca fuera.
V. Y cuando ha conducido fuera todas las ovejas, camina delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. * Él llama a sus ovejas una por una y las saca fuera.

Oración

Dios Todopoderoso y eterno, que en San Juan XXIII, papa, has hecho resplandecer para todo el mundo el ejemplo de un buen pastor, concédenos, por su intercesión, difundir con alegría la plenitud de la caridad cristiana. Por nuestro Señor Jesucristo.


11 de octubre de 2014, memoria litúrgica de San Juan XXIII, Papa.
(Última actualización de la entrada: 18/10/17).

 

1 comentario:

  1. ¡ qué San Juan XXIII en su día, interceda por los sacerdotes, religiosas y laicos perseguidos a causa de la fe !!!

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