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La verdadera Iglesia de Dios...

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martes, 13 de septiembre de 2016

Bendición de una nueva biblioteca


Biblioteca Apostólica Vaticana


Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

 
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.

El capítulo XIV del Bendicional, en la parte que reúne las "bendiciones de construcciones y actividades", ofrece la presente "bendición de una nueva biblioteca":

628. Cuando se inaugura una nueva biblioteca, máxime si está destinada al uso de alguna comunidad, se ofrece una buena oportunidad pastoral de impartirle la adecuada bendición y recordar a los fieles su significado.

629. Este Rito pueden utilizarlo el sacerdote o el diácono, los cuales, respetando la estructura del rito y sus elementos principales, adaptarán la celebración a las circunstancias del lugar y de las personas.

630. En aquellos lugares donde cada año, durante el tiempo pascual o en otro tiempo, se imparte también la bendición a las bibliotecas u otros lugares similares, podrá disponerse una adecuada celebración, empleando de manera conveniente los principales elementos indicados en esta Bendición.

631. En el Rito de la bendición participarán siempre la comunidad misma, o por lo menos algunos representantes suyos.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

632. Reunida la comunidad, puede entonarse un canto adecuado. Terminado éste, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

633.
Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo:

Jesús, el Señor, que es el camino, y la verdad, y la vida, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

634.
El celebrante dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

La Palabra de Dios, que procede de la Suprema Verdad en persona y conduce a la verdad, es viva y eficaz y sigue su avance glorioso, no sólo cuando es escuchada en la predicación, sino también cuando es leída y percibida a través de los libros y de otros medios de comunicación social. Dios, en efecto, despierta en el corazón del hombre el deseo de conservar en los libros y demás medios los resultados de la investigación humana, que tiene por objetivo la conquista de la verdad. Esta verdad se halla de modo eminente en los libros de la Sagrada Escritura, por su condición de inspirados por Dios. Pero también los demás libros, que alimentan el pensamiento y la palabra del hombre, si se escriben y conservan para difundir la verdadera cultura, para una investigación más profunda de la verdad y para un honesto esparcimiento del espíritu, extraen siempre de la misma fuente divina de la sabiduría y de la bondad las cosas buenas que explican y divulgan. Así, la lectura puede contribuir a que la verdad se convierta en norma de vida, la sabiduría fomente la humildad y los hombres lleguen a una mayor armonía entre ellos. Por tanto es oportuno pedir la bendición de Dios para vuestra iniciativa, ordenada a la custodia y difusión de los libros, ya que es una manera de proclamar la verdad divina.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

La infinita preeminencia de la Sagrada Biblia por sobre cualquier otro libro, expuesta en la monición precedente, se concreta a continuación, cuando en este rito de la bendición de un conjunto de libros, se proclama la Palabra contenida en uno solo de ellos, el más sublime:

635. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la Sagrada Escritura.

Col 3, 16-17: Todo lo que realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Colosenses.

La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Palabra de Dios.

636. Si se estima oportuno, puede hacerse una exposición de algún libro de la Sagrada Escritura, principalmente de los evangelios; o también una lectura prolongada de la misma Sagrada Escritura, pero sin omitir la homilía antes de la oración de bendición. (La obligatoriedad de la homilía obedece a que este rito intenta poner de relieve, según lo ya dicho, la supremacía de las Sagradas Escrituras frente a cualesquiera otras lecturas).

637. Textos de la Sagrada Escritura que pueden emplearse: Lc 1, 1-4;

Lc 4, 16-22a; Jn 21, 24-25.

638. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 18B (19B), 8. 9. 10. 11 (R.: Jn 6, 63c)

R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R.

639. O bien:

Sal 76 (77), 12-13. 14-15. 16

R. (15) Tú, oh, Dios, haces maravillas.

640. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

641. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las intercesiones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

Dios, nuestro Señor, nos hace ver en la misma naturaleza sus palabras, hechos y prodigios y nos los da a conocer en los libros sagrados, leídos con fe; invoquémoslo, diciendo unidos de corazón:

R. Haz, Señor, que te busquemos siempre y, buscándote, te encontremos.

Cristo, Redentor nuestro, Palabra del Padre y Sabiduría eterna, luz verdadera que alumbra a todo hombre,
—muéstranos el camino de la verdad. R.

Tú que prometiste a tus discípulos que el Espíritu Santo les enseñaría la verdad plena, para que pudieran penetrar más profundamente los misterios divinos,
—haz que, con la inspiración y la ayuda del mismo Espíritu estemos perfectamente instruidos para toda obra buena. R.

Tú que en Nazaret desenrollaste el libro y explicaste a los presentes el texto proclamado,
—haz que busquemos siempre la verdad y que la realicemos en el amor. R.

Tú que quisiste que quedaran consignadas por escrito muchas de tus obras, para que creamos y para que, creyendo, tengamos vida en tu Nombre,
—haz que, con fe y con generosidad, abramos a nuestros hermanos el camino de la verdad y de la salvación. R.

Tú que quisiste que tus discípulos y fieles comunicaran a los demás el fruto de sus reflexiones y experiencias,
—haz que escuchemos con docilidad a aquellos maestros llenos de prudencia y de sana doctrina. R.

Tú que eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
—haz que nuestros nombres se hallen escritos en el Libro de la Vida. R.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

642. Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición, el celebrante implora la ayuda divina, con estas palabras u otras semejantes: (se trata de breves súplicas de estilo litánico)

Señor, Dios de sabiduría, haz que caminemos en tu verdad.

R. Señor, ten piedad.

Tú, Señor, que conoces todo, enséñanos tus caminos.

R. Señor, ten piedad.

Tú que en tu sabiduría formaste el mundo, haz que sepamos conocer lo que te es grato.

R. Señor, ten piedad.

Da la sabiduría asistente de tu trono a todos los que aquí vendrán para leer o estudiar.

R. Señor, ten piedad.

El adverbio "aquí" de la súplica anterior alude puntualmente al lugar en que se lleva a cabo el rito y para el que se implora la bendición del Señor. Como puede advertirse, el espacio y el tiempo son santificados por la gracia de Dios.

Haz que todos los que acudan a este lugar vayan progresando en el conocimiento de las cosas divinas y humanas y en tu amor.

R. Señor, ten piedad.

643. El celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición: (la cual, como es tradicional, tiene por destinatarios principales a los seres humanos, y solo por medio de ellos, el lugar).

Eres grande, Señor, Dios nuestro, tú que en distintas ocasiones y de muchas maneras te has revelado a los hombres y te has dignado entregarnos tu Palabra en la Escritura inspirada por ti; atiende ahora nuestras súplicas: que todos los que acudan a esta biblioteca para cultivar las ciencias y las artes se pongan al servicio de la sabiduría que dimana de tu Palabra encarnada y, debidamente instruidos en la sana doctrina, trabajen asiduamente en la edificación de un mundo más humano. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

644. Después de la oración de bendición, el celebrante rocía con agua bendita a los presentes y el local.

CONCLUSIÓN DEL RITO

645. El celebrante concluye el rito, diciendo, con las manos extendidas sobre los presentes:

El Padre, Dios de todo conocimiento, nos instruya en sus caminos; Cristo, Sabiduría eterna, nos haga conocer la verdad; el Espíritu Santo, luz divina, ilumine siempre nuestras mentes, para que aprendamos lo que es justo y bueno y lo pongamos por obra.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

R. Amén.

646. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.

13 de septiembre de 2016, memoria litúrgica de San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia. Entrada dedicada a él.
Día del bibliotecario.

San Juan Crisóstomo

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