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lunes, 5 de enero de 2026

Etapas y "subtiempos" litúrgicos

 





En la liturgia romana, el calendario consta de dos ciclos: el santoral y el temporal. El primero, como puede deducirse, se refiere a las celebraciones de los santos, la mayoría de las cuales tienen una fecha fija en nuestro calendario civil.


El ciclo temporal, en cambio, organiza el año litúrgico en dos grandes partes (Encarnación/Navidad y Redención/Pascua), organizadas en cuatro tiempos, a saber: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua. Por otro lado, el tiempo Ordinario, que completa dicho año litúrgico, distribuido en dos periodos, separa, en el primero, el tiempo natalicio del tiempo cuaresmal; y en el segundo, el tiempo pascual del de Adviento.

Cada uno de los cinco tiempos mencionados tiene características propias. En el párrafo anterior, se puede profundizar haciendo clic en ellos, en los cuales, por otra parte, es interesante distinguir entre etapas y "subtiempos". Es lo que vamos a desarrollar sucintamente en esta entrada.



Etapas


Llamamos "etapas" a los matices temáticos que pueden distinguirse dentro de cada tiempo, por medio de características litúrgicas notablemente marcadas.


En el tiempo de Adviento, que comienza con la Vigilia de Navidad, en la tarde del 24 de diciembre, y finaliza con la fiesta del Bautismo del Señor, hay dos etapas claramente definidas: la primera (hasta el 16 de diciembre), cuyos textos litúrgicos se centran en la temática de la última Venida del Señor (Parusía); la segunda, entre el 17 y el 24, es una invitación a contemplar con los ojos de la fe los acontecimientos que precedieron inmediatamente a su primera Venida (Navidad).


En el tiempo de Navidad, que se inicia con la Vigilia de la homónima solemnidad y concluye con la fiesta del Bautismo del Señor, también se distinguen dos etapas: los días privilegiados de la infraoctava, en la primera semana; y los posteriores, que son las ferias entre el 2 de enero y el Bautismo del Señor. Estas dos etapas señalan el grado decreciente de intensidad en la celebración del Misterio del Nacimiento de Cristo.


En el tiempo de Cuaresma, que se inicia el Miércoles de Ceniza y concluye el Jueves Santo, antes de la Misa In Cena Domini, podemos distinguir una primera etapa hasta la Semana Santa, y la segunda, con los días de esta hasta el inicio del Triduo Pascual (cf. supra). En la primera, la liturgia despliega ante nuestros ojos los acontecimientos principales del misterio de la redención, a la luz de las profecías del Nuevo Testamento. La Semana Santa nos invita a contemplar directamente la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, sobre todo en el sacro Triduo Pascual. Este, que señala el punto más importante del año, para la liturgia constituye una única gran Celebración, distribuida entre el Jueves Santo y el Domingo de Resurrección. Funge como bisagra entre el tiempo cuaresmal y el pascual. Comienza con la celebración de la Misa de la Última Cena y concluye con las segundas Vísperas del Domingo de Pascua. Es ilustrativo advertir que hay una intersección entre el Triduo y el tiempo pascual, pero no la hay entre aquel y el tiempo de Cuaresma.


Este mismo tiempo pascual es más homogéneo que los otros. Por tanto, es discutible referirnos a "etapas" dentro de él. Aun así, os libros litúrgicos realizan la distinción entre "antes de la Ascensión" y "después de la Ascensión", en lo que podríamos considerar un "subtiempo", por las razones que se exponen más abajo. *

En el tiempo Ordinario, hay dos etapas que están separadas por el tiempo de Cuaresma y por el de Pascua.



"Subtiempos"


Llamamos "subtiempos", a periodos que ponen el acento en acontecimientos puntuales que tienen relación específica con los grandes misterios, y que pueden alternar ad libitum algunos textos eucológicos más propios con los del mismo tiempo en que se incluyen.


El término se halla entrecomillado por el hecho de que no se trata de un concepto acuñado en los libros litúrgicos, sino más bien de la expresión elegida en este blog para describir, en la presente entrada, la peculiaridad que sugiere.


Así, en los tiempos de Navidad y Pascua, hay características que permiten distinguir diversas facetas de los grandes Misterios del Nacimiento y la Resurrección de Cristo. Se produce, por tanto, la celebración de un misterio dentro de otro mayor, que lo incluye.


En este sentido, en el tiempo navideño, los días que van desde la solemnidad de la Epifanía del Señor (celebrada el 6 de enero o el domingo precedente), y la fiesta de su Bautismo, constituyen un verdadero "subtiempo": el de la Epifanía. Lo permiten identificar textos eucológicos de la Misa, como el saludo inicial, el homónimo Prefacio o la Bendición solemne, que pueden alternar con sus pares navideños.


Por otra parte, el tiempo pascual se inicia con la Vigilia de la Noche santa y concluye con la solemnidad de Pentecostés. Y los días comprendidos entre tal solemnidad y la de la Ascensión, que fijada para el domingo anterior o el jueves que precede a este, también constituyen un destacado "subtiempo": el de la Ascensión. Nos lo señalan los mismos textos eucológicos que mencionamos en el párrafo anterior. Además, son destacables las oraciones "colecta" de cada día, que se presentan como un breve pero intenso "septenario",  en espera del Espíritu Santo, lo cual hace más "compacto" dicho "subtiempo".


En el tiempo cuaresmal, cuyas etapas hemos mencionado más arriba, hasta antes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, se destacada la semana quinta y parte de la sexta, -que es la Semana Santa-. Estos días, desde el mismo Domingo de la semana V, que se llamaba literalmente "de Pasión", eran considerados un verdadero "tiempo de Pasión". Tal reforma quiso omitir la denominación, a los efectos de enfatizar la unidad del tiempo penitencial y la unicidad de la Semana Mayor del año. Sin embargo, la liturgia conserva algunas "huellas" eucológicas que permiten identificar, aún hoy, como un "subtiempo de Pasión". Nos referimos a los himnos de la Liturgia de las Horas, que en la semana V pueden alternar con los cuaresmales; también a los dos Prefacios de Pasión, el primero de los cuales debe emplearse en la semana quinta,  y el segundo, en la Semana Santa; la Bendición solemne de Pasión, que puede alternar con la cuaresmal en la semana quinta, pero que es exclusiva de la siguiente, aunque nunca obligatoria. Ahora bien, en la actualidad, el Domingo que precede al inicio de la Semana Santa ya no se llama "de Pasión", sino que es el V de Cuaresma. Y el Domingo con el que empieza esta gran Semana es el que oficialmente reivindica para sí el nombre de nombre de "Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor". (Dominica in palmis de Passione Domini).


No podemos distinguir "subtiempos" en los tiempos de Adviento y Ordinario.




5 de enero de 2026, Vigilia de la Epifanía del Señor y penúltimo día del Año Jubilar.
XIV aniversario de la creación de este blog.
Entrada dedicada a todos los lectores.

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