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La verdadera Iglesia de Dios...

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jueves, 5 de abril de 2012

Guión: Celebración de la Pasión del Señor




Recomiendo leer la Carta circular "Liturgia y Fiestas pascuales" (en adelante, CC), de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que recopila la normativa de la Iglesia para la celebración de estos días santos.


Introducción

Para que la asamblea se predisponga espiritualmente a participar en esta austera celebración, antes del ingreso del celebrante principal y de sus ministros, se puede leer (completamente o en parte) la siguiente alocución del Papa Francisco. (La pronunció durante el Vía Crucis de 2016, en el Coliseo Romano).

Oh, Cruz de Cristo, símbolo del amor divino y de la injusticia humana, icono del supremo Sacrificio por amor y del extremo egoísmo por necedad, instrumento de muerte y vía de resurrección, signo de la obediencia y emblema de la traición, patíbulo de la persecución y estandarte de la victoria.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo alzada en nuestras hermanas y hermanos asesinados, quemados vivos, degollados y decapitados por las bárbaras espadas y el silencio infame.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los rostros de los niños, de las mujeres y de las personas extenuadas y amedrentadas que huyen de las guerras y de la violencia, y que con frecuencia sólo encuentran la muerte y a tantos Pilatos que se lavan las manos.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los doctores de la letra y no del espíritu, de la muerte y no de la vida, que en vez de enseñar la misericordia y la vida, amenazan con el castigo y la muerte, y condenan al justo.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ministros infieles que, en vez de despojarse de sus propias ambiciones, despojan incluso a los inocentes de su propia dignidad.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los corazones endurecidos de los que juzgan cómodamente a los demás, corazones dispuestos a condenarlos incluso a la lapidación, sin fijarse nunca en sus propios pecados y culpas.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los fundamentalismos y en el terrorismo de los seguidores de cierta religión que profanan el nombre de Dios y lo utilizan para justificar su inaudita violencia. 

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los que quieren quitarte de los lugares públicos y excluirte de la vida pública, en el nombre de un cierto paganismo laicista o incluso en el nombre de la igualdad que el mismo Señor nos ha enseñado.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los poderosos y en los vendedores de armas que alimentan los hornos de la guerra con la sangre inocente de los hermanos.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los traidores que por treinta denarios entregan a la muerte a cualquier persona.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ladrones y en los corruptos que en vez de salvaguardar el bien común y la ética, se venden en el miserable mercado de la inmoralidad.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los necios que construyen depósitos para conservar tesoros que perecen, dejando que Lázaro muera de hambre a sus puertas.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los destructores de nuestra «casa común», que con egoísmo arruinan el futuro de las generaciones futuras.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ancianos abandonados por sus propios familiares, en los discapacitados, en los niños desnutridos y descartados por nuestra sociedad egoísta e hipócrita.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en nuestro mediterráneo y en el Mar Egeo convertidos en un insaciable cementerio, imagen de nuestra conciencia insensible y anestesiada.

Oh, Cruz de Cristo, imagen del amor sin límite y vía de la Resurrección, aún hoy te seguimos viendo en las personas buenas y justas que hacen el bien sin buscar el aplauso o la admiración de los demás.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ministros fieles y humildes que alumbran la oscuridad de nuestra vida, como candelas que se consumen gratuitamente para iluminar la vida de los últimos.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en el rostro de las religiosas y consagrados –los buenos samaritanos– que lo dejan todo para vendar, en el silencio evangélico, las llagas de la pobreza y de la injusticia.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los misericordiosos que encuentran en la misericordia la expresión más alta de la justicia y de la fe.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en las personas sencillas que viven con gozo su fe en las cosas ordinarias y en el fiel cumplimiento de los mandamientos. 

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los arrepentidos que, desde la profundidad de la miseria de sus pecados, saben gritar: "Señor acuérdate de mí cuando estés en tu Reino".

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los beatos y en los santos que saben atravesar la oscuridad de la noche de la fe sin perder la confianza en ti y sin pretender entender tu silencio misterioso.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en las familias que viven con fidelidad y fecundidad su vocación matrimonial.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los voluntarios que socorren generosamente a los necesitados y maltratados.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los perseguidos por su fe, que con su sufrimiento, siguen dando testimonio auténtico de Jesús y del Evangelio.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los soñadores que viven con un corazón de niños y trabajan cada día para hacer que el mundo sea un lugar mejor, más humano y más justo.

En ti, Cruz Santa, vemos a Dios que ama hasta el extremo, y vemos el odio que domina y ciega el corazón y la mente de los que prefieren las tinieblas a la luz.

Oh, Cruz de Cristo, Arca de Noé que salvó a la humanidad del diluvio del pecado, líbranos del mal y del maligno. 

Oh, Trono de David y sello de la Alianza divina y eterna, despiértanos de las seducciones de la vanidad. 

Oh, grito de amor, suscita en nosotros el deseo de Dios, del bien y de la luz.

Oh, Cruz de Cristo, enséñanos que el alba del sol es más fuerte que la oscuridad de la noche. 

Oh, Cruz de Cristo, enséñanos que la aparente victoria del mal se desvanece ante la tumba vacía y frente a la certeza de la Resurrección y del amor de Dios, que nada lo podrá derrotar u oscurecer o debilitar. Amén.

O bien:
 
En este día sagrado, la Iglesia nos congrega en asamblea litúrgica para celebrar la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo.
Un Viernes como hoy, a las tres de la tarde, el Salvador del mundo, como manso Cordero, se inmolaba por la redención del género humano. Mientras su Sangre preciosa caía en la tierra, era el Padre Quien la acogía como precio de nuestra salvación. Mientras su Cuerpo bendito pendía en la Cruz, estaba ofreciéndose por nuestra justificación en el "Altar del Cielo" (Cf. Canon Romano).

Con la fuerza de la fe, con la luz de la esperanza, permanezcamos en oración, de pie junto a la Cruz, en compañía de la Madre Dolorosa.
Oremos para que todos los pueblos de la Tierra, al contemplar el Misterio del Cordero, traspasado en la Cruz por nuestros crímenes, reciban de Él, Vida en abundancia.

El sacerdote y los ministros se acercan al Altar en silencio y sin portar nada. Se usan ornamentos rojos como para la Misa. Él se postra o arrodilla delante del Altar, y todos se arrodillan. (Cf. MR, rúbrica a la Celebración de la Pasión del Señor, 5).

Luego, pronuncia, sin decir Oremus, cualquiera de las siguientes oraciones: Reminiscere miserationum o Deus, qui peccati. (Ibídem, 6).


Postración

El Rito de la postración, que lleva a cabo el sacerdote en este momento, expresa la tristeza de la Iglesia, de duelo por la Muerte de su Esposo, y la humillación del hombre terreno, necesitado de la Misericordia de Dios. (Cf. CC, 65).


Pars prima

Liturgia de la Palabra (Liturgia verbi)

Primera lectura: Is. 52, 13._53, 12

La Profecía de Isaías describe los rasgos del Mesías, Siervo de Dios y Varón de Dolores, que por amor,  acepta pacientemente los ultrajes de los hombres.

Segunda lectura: Heb. 4, 14-16_5, 7-9

Jesucristo es el Sumo y Eterno Sacerdote, que acepta libremente la Pasión, y se convierte así en causa de salvación para la humanidad.

Pasión: Jn. 18, 1_19, 42

En el Relato de la Pasión, contemplemos al Dios encarnado, que se somete a todo tipo de humillaciones y a la Muerte más afrentosa. Él mismo es el Precio de nuestra salvación.

Luego del Relato de la Pasión, los fieles han de ser invitados a meditar unos instantes en silencio. (Cf. CC, 66; MR, ibídem, 10).


Oración universal (Oratio universalis)

La Iglesia, "al mirar la Cruz de su Señor y Esposo, conmemora su propio nacimiento, y asume la responsabilidad de extender los fecundos efectos de la Pasión de Cristo, que hoy celebra, dando gracias por tan inefable don" (Cf. CC, 58; Caeremoniale episcoporum, 312).
 
A continuación realizaremos la Solemne Oración universal.


Pars secunda

Ostensión y adoración de la santa Cruz (Ostensio et adoratio sanctae Crucis)

Quienes participen en este rito pueden obtener una indulgencia plenaria, con las condiciones acostumbradas. (Cf. Enchiridion indulgentiarum, concessio 13. 1).

Debe usarse una sola Cruz, grande y bella. (Cf. CC, 69; MR, ibídem, 19).

Comenzamos ahora la segunda parte de esta Acción litúrgica: La Ostensión y Adoración de la Cruz.
Contemplaremos a Jesucristo Crucificado, y luego de aclamarlo y de adorarlo como asamblea, lo haremos individualmente.
Desde hoy y hasta mañana, antes de la Vigilia Pascual, todos debemos hacer genuflexión ante la imagen del Señor Crucificado.

La Ostensión de la santa Cruz puede realizarse de acuerdo con cualquiera de las dos formas propuestas por el Misal (MR, ibídem, 15-16).


Memoria de los Dolores de María

Escuchábamos en el Evangelio de Juan:
"Junto a la Cruz de Jesús estaban su Madre y el discípulo a quien Él amaba".
Hoy, junto a la cruz diaria de cada hombre y mujer que sufre, sigue estando Santa María. Sus lágrimas de compasión se unen a la Divina Sangre de Cristo, que purifica a la humanidad.
Honremos, pues, a esta afligida Madre de Dolores, y en esta hora de la tarde, pidámosle que nos sostenga en la esperanza de la Resurrección.

Colectas

Este Viernes Santo, alrededor de la Cruz de Cristo, sintámonos unidos a nuestros hermanos y hermanas de la Tierra de Jesús. Las colectas de este día están destinadas a Tierra Santa, por mandato de la Santa Sede.


Pars tertia

Sagrada Comunión (Sacra Communio)

¡Bendito sea Cristo, que hoy ha sido crucificado y que vive para siempre! Por eso, Él se nos ofrece ahora como Pan Vivo y que da Vida. Acerquémonos a recibirlo.
Antiguamente en este día no se distribuía la Comunión. Por eso, el beso a la Cruz, constituía el más grande acercamiento de los fieles a su Señor. La liturgia actual, no quiere privarnos del Alimento Divino del Cordero que se ha inmolado en este día.

Pero quienes no estén preparados para recibir a Jesús Sacramentado, habiéndolo adorado en la Cruz, pueden realizar la Comunión espiritual mediante la siguiente oración:

"Señor Jesús, a Quien he adorado en la Cruz, ven espiritualmente a mi alma, y hazme saborear tu Divina Presencia. Tú, que hoy Te has entregado por mí. Amén".

Quienes después de la Comunión reciten ante Jesús Crucificado la piadosa oración "Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús", durante la Acción litúrgica o fuera de ella, pueden obtener una indulgencia plenaria, con las condiciones acostumbradas. Lo mismo vale para cualquier viernes del tiempo cuaresmal (Cf. Enchridion indulgentiarum, concessio 8. 1, 2).

Terminada la Acción litúrgica, se desnuda el Altar, pero queda sobre él la Cruz entre dos o cuatro candelabros (Cf. MR, ibídem, 33).

Quienes participen en persona o a través de los medios de comunicación del Solemne Vía Crucis presidido hoy por el Papa en el Coliseo Romano, pueden obtener una indulgencia plenaria, con las condiciones acostumbradas. (Cf. Enchridion indulgentiarum, 13. 2).


5 de abril de 2012, Jueves Santo In Cena Domini.
(Última actualización de la entrada: 07/05/17).


San Juan Pablo II en el último Viernes Santo de su vida terrena


5 comentarios:

  1. En mi parroquia, al anochecer el viernes santo se hace una procesión de piedad con la imagen de María (nuestra señora de la soledad ) y mi duda es que si en ella se puede o no llevar la cruz procesional o solo una cruz.

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  2. Toda procesión piadosa puede ser precedida por la Cruz procesional, sobre todo si se concluye con la Misa. En los casos como este que me comentas, si cuentan en tu parroquia con un Crucifijo grande, con una imponente efigie del Señor, sería preferible que lo usaran, pues esto pondría más de relieve el porqué de los dolores de la Madre, y respondería a la exhortación de la Iglesia de honrar más especialmente a la Cruz del Señor (con la genuflexión y otros gestos) desde la Celebración de la Pasión hasta la Vigilia Pascual.
    San Patricio, en su día, te colme de bendiciones.

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  3. muchas gracias, el años anteriores llevábamos la cruz procesional, el año paso llevamos una cruz, y alguien nos comento que no se podía que por que cristo no estaba cosas, cosas asi!!!. hicimos mal al llevar solo la cruz ?.

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  4. No hacen mal si cuentan con el aval del párroco.

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  5. El Dios de la vida bendiga tu preciosa labor

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