Buscar este blog

La verdadera Iglesia de Dios...

La verdadera Iglesia de Dios...

lunes, 9 de diciembre de 2013

Nuevas letanías marianas: Formulario comentado




De entre los numerosos sacramentales de la Santísima Virgen, surgidos de la piedad popular, las letanias ocupan un lugar relevante. Actualmente hay dos formularios oficiales aprobados por la Santa Sede, a través de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos: Las conocidas letanías lauretanas, y las poco conocidas y menos difundidas letanías reales, llamadas así porque exaltan de modo especial la realeza de María. Esta tonalidad se debe al rito litúrgico en el cual fueron originalmente incluidas estas letanías: La Coronación de las imágenes de la Virgen María. El texto oficial data de 1981, y fue publicado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.
Estas nuevas letanías poseen títulos antiguos y otros nuevos, inspirados estos últimos en la Constitución Apostólica Lumen Gentium y en la Exhortación Apostólica Marialis cultus
Recientemente han sido incluidas también en el ya tradicional Homenaje a la Inmaculada que el Santo Padre realiza a la Santísima Virgen en la tarde de cada 8 de diciembre, en la céntrica Plaza España, de la Ciudad Eterna de Roma.

A continuación, transcribo el formulario original en latín, seguido de su traducción al castellano con comentarios.

Kyrie, eleison
Christe, eleison
Kyrie, eleison

Sancta Maria
Sancta Dei Genetrix
Sancta Virgo virginum

Electa Filia Patris
Mater Christi Regis
Gloria Spiritus Sancti

Virgo Filia Sion
Virgo pauper et humilis
Virgo mitis et oboediens

Ancilla Domini
Mater Domini
Socia Redemptoris

Plena gratia
Fons pulchritudinis
Summa virtutum

Praecelsus redemptionis fructus
Perfecta Christi discipula
Purissima Ecclesiae imago

Mulier nova
Mulier amicta sole
Mulier stellis coronata

Domina benigna
Domina clemens
Domina nostra

Laetitia Israel
Splendor Ecclesiae
Decus humani generis

Advocata gratiae
Ministra pietatis
Adiutrix Populi Dei

Regina caritatis
Regina misericordiae
Regina Pacis

Regina Angelorum
Regina Patriarcharum
Regina Prophetarum

Regina Apostolorum
Regina Martyrum
Regina Confessorum

Regina Virginum
Regina Sanctorum omnium
Regina sine labe originali concepta

Regina in caelum assumpta
Regina mundi
Regina caeli
Regina universorum

Agnus Dei...


Traducción al castellano hecha por la Conferencia Episcopal Española, en paralelo con las lauretanas, y con alusiones a la traducción al italiano, más expresiva:

El texto, como toda letanía, se abre con la triple invocación cristológica:

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad


Las tres primeras invocaciones marianas de este nuevo formulario son las mismas que las de las letanías lauretanas. Son aclamaciones obligatorias para toda letanía mariana y también para la forma larga de las letanías de los santos. Esto se debe a que se trata de la invocación del dulcísimo Nombre de María, seguido de la más grande prerrogativa que jamás se haya conferido y se pueda llegar a conferir a una criatura: La Maternidad Divina. Le sigue otra prerrogativa que se conjuga por única vez con la anterior: La perpetua virginidad. Dogmas ambos que están inscriptos en lo más profundo del corazón del pueblo fiel desde los albores del cristianismo. Virgo et Mater est. Quidnam non est? "Es Virgen y Madre. ¿Qué no es?", dirá San Efrén, diácono y doctor de la Iglesia, refiriéndose a la grandeza incomparable de María, la única en que estas dos realidades opuestas se hacen un solo misterio, obra de Dios Todopoderoso:

Santa María
Santa Madre de Dios
Santa Virgen de las vírgenes


Las invocaciones siguientes se refieren a la íntima unión entre María y cada una de las Personas de la Trinidad. 
En efecto, es la hija más amada del Eterno Padre, predestinada desde siempre a ser la Madre de su Hijo, Rey y Primogénito de la creación (la traducción al italiano amplía la invocación. Menciona a Cristo "Rey de los siglos"). Es también la Morada más digna del Espíritu Santo, Quien se complace de tal manera en su seno purísimo, que concibe en él al Señor Jesucristo:

Hija predilecta del Padre
Madre de Cristo Rey
Gloria del Espíritu Santo


A continuación, a la luz de la profecía de Zacarías, se invoca a María como "Hija de Sión", es decir como aquella que estaba profetizada en el Antiguo Testamento, y en quien, conjuntamente con su Hijo, se cumplen las promesas mesiánicas. Las otras dos invocaciones reúnen cuatro de los principales atributos de María, que la presentan como una más entre los pequeños del pueblo de Dios. (La tercera invocación en italiano llama a María "mansa y dócil"):

Virgen Hija de Sión
Virgen pobre y humilde
Virgen sencilla y obediente


Los siguientes tres títulos son respectivamente: Aquel con el que la misma Virgen ha querido llamarse: "Esclava del Señor"; en italiano, "Sierva obediente en la fe" (se repone el adjetivo "obediente" del original latino, omitido en la traducción al español de la terna precedente); el título con el que Dios ha querido que fuera llamada: "Madre del Señor"; y el que se desprende de los dos anteriores: "Colaboradora del Redentor". De hecho, María es la principal colaboradora en la obra de la redención de la humanidad llevada a cabo por Jesucristo:

Esclava del Señor
Madre del Señor
Colaboradora del Redentor


Luego, se toma el más que venerable título con el que el mismo arcángel Gabriel ha querido dirigirse a María, en nombre de Dios: "Llena de Gracia". El título que sigue presenta a María como la Madre del Autor de la Belleza. De hecho, "Fuente de hermosura" nos hace pensar en aquella otra célebre invocación tomada de las Escrituras: Mater pulchrae dilectionis.
Además, según el sentir de los Padres de la Iglesia, María es el "compendio" de todas las virtudes, pues éstas resplandecen en ella de modo singular (el italiano reza "Tesoro de virtud y sabiduría", lo que hace pensar en la letanía lauretana Sedes sapientiae):

Llena de gracia
Fuente de hermosura
Conjunto de todas las virtudes


La terna siguiente de invocaciones presenta a María: 1°: como la primera de las redimidas, es decir, aquella en la que ya se ha realizado de modo definitivo lo que acontecerá en los demás elegidos al final de los tiempos (el italiano dice justamente "primer fruto de la redención"; en latín es "Fruto excelso, en el sentido de "preclaro", "ínclito"); 2°: como la primera y mejor discípula de su Hijo, esto es, la única en la que jamás vaciló la fe; 3°: como el miembro más eminente del Cuerpo Místico de Cristo, la imagen de la Nueva Jerusalén, prenda y anticipo de la gloria de la Iglesia, Esposa del Cordero, al final de los tiempos:

Fruto escogido de la redención
Discípula perfecta de Cristo
Imagen purísima de la Iglesia


Las tres invocaciones que siguen, con imágenes del Libro del Apocalipsis, muestran el papel único que le cabe a esta "Mujer" en la obra de la redención. Este título bíblico "Mujer" es de una dignidad incomparable. En el texto bíblico mencionado se refieren en primer lugar a la Iglesia Celestial. En el Evangelio de Juan es el mismo Cristo Quien con suma veneración y solemnidad lo dirige a su Madre en dos momentos cruciales de la redención, a saber, el inicio de su Vida pública como Pregonero del Reino, en las Bodas de Caná, y el fin de su vida terrena, en el ara de la Cruz. En este último momento, el Salvador llama "Mujer" a la que nos entrega como Madre, como queriendo significar cuán grande era para Él aquella que nos donaba.
María es la "Nueva Eva" que vence a la Serpiente (en italiano, con más especificidad, la letanía se ha traducido como "Mujer de la Nueva Alianza"; Además, María es la criatura que más plenamente "se reviste" de Cristo, el Sol de Justicia; y es aquella a la que Él mismo corona de estrellas. (Las letanías lauretanas, más que presentar a nuestra Señora como coronada de estrellas, la invocan como la misma Stella matutina. Otros la llamarán Stella Maris):

Mujer nueva
Mujer vestida de sol
Mujer coronada de estrellas


El título "Señora" es equivalente al de "Mujer" en lo que se refiere a la suma veneración que reconoce a aquella persona a quien se dedica.
El sentido etimológico del adjetivo "benigna" del original latino, sustantivado en esta traducción, se aplica literal y metafóricamente a la Virgen. Ella es la "bien nacida" por excelencia pues ha de hospedar en su seno castísimo y luego dar a luz al Salvador del mundo. (El italiano habla de la "Señora de inmensa bondad"). 
La siguiente invocación de la terna se hace eco de la letanía lauretana Virgo clemens, solamente que aquí cambia Virgo por Domina. María es la que nos obtiene "benevolencia en el juicio" de Dios, según el origen etimológico del sustantivo abstracto "clemencia". (En italiano se habla de la "Señora del perdón"). La traducción prefiere, como en el caso anterior, sustantivar el adjetivo convirtiéndolo en término del sintagma adjetival "llena de...", tan propio de María, a partir del mentado saludo del arcángel. 
El posesivo "nuestra" con que cierra esta terna, expresa la realidad que el mismo Cristo quiso significar al legarnos a su Madre desde la Cruz: Desde entonces, y por la santa voluntad del Señor, ella no es sólo Suya sino también nuestra. (Con santa audacia, el italiano es más específico; invoca a María como "Señora de nuestras familias", introduciendo una paráfrasis de la última invocación añadida por el Beato Juan Pablo a las letanías lauretanas: Regina familiarum):

Señora llena de benignidad
Señora llena de clemencia
Señora nuestra


Las siguientes tres invocaciones presentan de modo gradual, por decirlo de alguna manera, la relación de la Santísima Virgen con los hijos de Dios. En efecto, Ella es alegría del nuevo Israel, -adjetivo que el texto italiana no ha querido omitir-, pues es portadora del Mesías de las promesas. (La letanía lauretana prefiere llamarla Causa nostrae laetitiae). Es también luminaria de la Iglesia, que encuentra en ella su modelo más perfecto (La lauretana la invoca como Mater Ecclesiae). Y es la criatura más selecta de la humanidad redimida:

Alegría de Israel
Esplendor de la Iglesia
Honor del género humano


 A continuación, tres invocaciones que se refieren específicamente al papel de María en tanto intermediaria de nuestra relación con Dios. Ella es "Abogada" en el sentido de "Medianera de todas las gracias". Dios se complace en ofrecernos sus dones por medio de ella, según el sentir de los Padres de la Iglesia. La Salve conserva esta invocación de advocata.
 Es la Maestra que nos enseña cómo relacionarnos con Dios (El italiano puntualiza "de piedad humana"). 
Y por voluntad divina, es aquella a la que el pueblo de Dios acude confiado en tiempos adversos. (La letanía lauretana invoca a María como Auxilium christianorum, aclamación que los salesianos han hecho suya):

Abogada de la gracia
Dispensadora de la piedad
Auxiliadora del pueblo de Dios


A partir de ahora, comienzan las invocaciones a María como "Reina". (Recuérdese de qué ritual estamos hablando).
Abre el grupo la invocación a María como Reina de la más grande de las virtudes: La caridad. (El italiano opta por el sinónimo "amor"). 
Le sigue, la que se refiere a ella como Reina del atributo que hace a Dios más cercano a nosotros: su Misericordia. (La Salve llama a María Mater misericordiae). 
Después, la invocación a María tomada de la letanía lauretana, añadida por el venerable Pablo VI: Regina pacis. La Virgen, al haber engendrado al Príncipe de la Paz, más aun, al habernos dado en Él a la misma Paz, es por ello Reina de la paz que es don pascual y fruto del Espíritu Santo:

Reina de la caridad
Reina de la misericordia
Reina de la paz


Todas las invocaciones que siguen, también tomadas del antiguo formulario de las letanías lauretanas, se dirigen a María como Reina de las diferentes categorías de santos:
Es Reina de todas las jerarquías angélicas, que la honran sin cesar y están siempre dispuestas a obedecer sus órdenes. Lo es de los patriarcas, pues dio a luz al Mesías a Quien ellos esperaron. Y también de los profetas, ya que llevó en su seno a Aquel que ellos anunciaron:

Reina de los ángeles
Reina de los patriarcas
Reina de los profetas


Es Reina de los apóstoles, pues animaba la primera comunidad que Pedro presidía; estuvo presente en el nacimiento de la Iglesia en Pentecostés; les infundió ánimo cuando debieron dar testimonio de Jesús; en el instante de su paso a la eternidad fue honrada con gratitud por todos ellos; y elevada en cuerpo y alma al Cielo, seguía infundiéndoles fortaleza y perseverancia.
Es Reina de los Mártires pues sin haber derramado su sangre, con el sufrimiento oferente de toda su vida, y en especial el del Calvario, se convirtió en la primera de ellos, a los que en todas las generaciones animó a permanecer fieles. 
Es Reina de los confesores, es decir de aquellos que sin haber llegado a obtener la palma del martirio, supieron aceptar en fidelidad las contrariedades de cada día, colaborando con Cristo en la redención del mundo. (Son los "confesores de la fe", como les llama la traducción italiana):

Reina de los apóstoles
Reina de los mártires
Reina de los confesores


Es Reina de las vírgenes pues a todas aventaja en pureza, y solamente en ella se conjuga esta virginidad con la maternidad. Lo es también porque todas las vírgenes encontraron y encuentran en ella el modelo más perfecto a imitar y la ayuda más eficaz para perseverar en su propósito.
Es Reina de todos los Santos, pues es la más semejante a Dios, el modelo más acabado de virtudes y la criatura en la que se cumplen en plenitud todas las bienaventuranzas:

Reina de las vírgenes
Reina de todos los Santos
Reina concebida sin pecado original


Cierra la terna precedente uno de los dogmas marianos, y abre la lista siguiente otro de ellos: La Inmaculada Concepción y la Gloriosa Asunción. Ambos, como el de la perpetua virginidad, derivados del más importante de ellos: La Divina Maternidad:

Reina asunta a los cielos 


Las últimas tres invocaciones se organizan de la siguiente manera: Las dos primeras presentan a María como Reina de los hijos de Dios que aún peregrinamos en la Tierra, y como Reina de las moradas de la gloria. (La tradicional antífona pascual mariana comienza precisamente con las palabras Regina Caeli).
La antítesis "mundo/cielo", (en italiano, y con más fidelidad a la Tradición, "tierra/cielo"), como tantas otras de las Sagradas Escrituras, expresa la totalidad, puntualizada en la última invocación. Ésta, haciéndose eco del último misterio glorioso del Rosario, presenta a María como Reina y Señora de todo lo creado (universorum):

Reina del mundo
Reina del cielo
Reina del universo


Estas letanías, como todo formulario oficial, se concluyen con la invocación al Cordero de Dios.


9 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María (trasladada de ayer).




No hay comentarios:

Publicar un comentario