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La verdadera Iglesia de Dios...

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sábado, 7 de junio de 2014

Ritual de la Dedicación de iglesias: Texto comentado





(Como es costumbre en este blog, lo que considero necesario remarcar, está en negrita. Los comentarios, en azul).


I

Ritual de la colocación de la piedra fundamental o del comienzo de los trabajos de una Iglesia

Notas preliminares

1. Al empezar la construcción de una nueva iglesia, es conveniente celebrar un rito para implorar la bendición de Dios y enseñar a los fieles que el edificio que se construirá con elementos materiales será un símbolo visible de aquella Iglesia viva o edificio de Dios, formada por ellos mismos (Cf. I Cor. 3, 9; Lumen gentium, 6).

Esto pone de manifiesto la realidad teológica de que el "edificio espiritual" que constituimos los cristianos como piedras vivas, precede al material, que recibe de aquél su razón de ser.

Según la costumbre litúrgica, este rito consta de la bendición del terreno de la nueva iglesia y de la colocación de la piedra fundamental.

Con todo, si por causa de lo peculiar del arte o del modo de edificación, no se coloca piedra fundamental, es oportuno celebrar el rito de la bendición del terreno de la nueva iglesia para consagrar a Dios la obra que se ha de iniciar.

2. El rito de colocación de la piedra fundamental o del comienzo de la nueva iglesia puede realizarse en cualquier día y hora, menos en el Triduo Pascual; elíjase, sin embargo, un día en que sea posible una mayor afluencia de fieles.

La prohibición de esta bendición en el Triduo Sacro se debe a que al ser este último la celebración más importante del año, se evita la realización de cualquier rito que aparte la atención de aquellos  otros que son propios de estos días.

3. Es conveniente que el rito sea celebrado por el Obispo de la diócesis. Si él no puede hacerlo, encomendará este oficio a otro Obispo o presbítero, sobre todo, al que coopera con él en la tarea pastoral de la diócesis o de la comunidad a favor de la cual se erige la nueva iglesia.

Es que el Obispo hace las veces del mismo Cristo en su diócesis; por lo tanto, a él atañe todo lo que se refiera al culto sagrado en ella, más aun cuando se trata de la erección de un nuevo lugar que será destinado de forma permanente y exclusiva a la celebración de los Santos Misterios.

4. Se avisará con anticipación a los fieles el día y la hora de la celebración; y el párroco u otros a quienes corresponda los instruirán sobre el sentido del rito y sobre la veneración que se debe tener al templo que se erigirá en su favor. Conviene invitar también a los fieles para que, espontánea y gustosamente, colaboren con sus bienes en la edificación de la iglesia.

Esta exhortación a catequizar a los fieles sobre el rito del que van a participar, es fundamental. Pocas veces podrán presenciar la riqueza de la liturgia, y acercarse al misterio del "lugar sagrado", como en esta oportunidad

5. En cuanto sea posible, se ha de procurar que el terreno de la nueva iglesia esté bien delimitado y que se pueda circundar con comodidad.

6. En el lugar donde se levantará el altar colóquese una cruz de madera de proporciones adecuadas.

Nótese que la cruz precede a la erección del altar, y que ha de ser "de madera". Esto se debe a que en ese lugar elegido se inmolará el Cordero de Dios, ahora de modo incruento. De ahí que sea tan importante que la cruz de madera evoque la Muerte cruenta del Señor, señalando que estamos ante un mismo y único Sacrificio.

7. Para la celebración del rito se preparará:

– el Pontifical Romano y el Leccionario;

– la sede para el Obispo;

– la piedra fundamental, si es el caso, la cual según la costumbre debe ser cuadrada y angular; además el cemento y las herramientas para colocar la piedra en los cimientos; (en clara alusión a las páginas bíblicas que presentan al Mesías como "Piedra Angular").

– el calderillo del agua bendita y el aspersorio;

– el incensario con la naveta del incienso y la cucharita;

– la cruz procesional y los ciriales para los ministros.

Dispóngase un buen equipo de altoparlantes para que los fieles puedan escuchar claramente las lecturas, oraciones y moniciones.


8. Para la celebración del rito se usarán ornamentos de color blanco o festivo. Esta expresión "o festivo", se refiere a algún ornamento que, aunque no sea de los habituales colores litúrgicos ya aprobados, se destaque por su nobleza y por su singular belleza. No se trata de ostentar riqueza sino de, por medio de una sobria belleza, elevar el espíritu a Dios, la Suma Belleza. Se prepararán:


– para el Obispo: alba, estola, capa pluvial, mitra, báculo; (nótese que en otros casos, la capa pluvial es optativa, o puede alternar con la casulla. No aquí).

– para el presbítero, si es él quien preside la celebración: alba, estola, capa pluvial;


– para los diáconos: alba, estola y, si es oportuno, dalmática (adviértase el carácter facultativo de este ornamento sagrado, del que, en este rito, carece la capa pluvial, como señalé más arriba);

– para los demás ministros: albas u otras vestiduras legítimamente aprobadas.

II

Ritual de la Dedicación de una iglesia

Notas preliminares


I. Naturaleza y dignidad de las iglesias


1. Por su Muerte y Resurrección, Cristo se convirtió en el verdadero y perfecto Templo de la Nueva Alianza (Cf. Jn. 2, 21) y congregó al Pueblo adquirido por Dios.

Este Pueblo santo, reunido por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, es la Iglesia (Cf. San Cipriano, Sobre la oración del Señor; Lumen gentium, 4), o sea el templo de Dios edificado con piedras vivas, donde el Padre es adorado en espíritu y en verdad (Cf. Jn. 4, 23).

Por tanto, con razón, desde antiguo se llamó también «iglesia» al edificio en el que la comunidad cristiana se congrega para escuchar la Palabra de Dios, orar unida, recibir los sacramentos y celebrar la Eucaristía.

2. Por el hecho de ser un edificio visible, esta casa es un signo peculiar de la Iglesia que peregrina en la Tierra y una imagen de la Iglesia que ya ha llegado al cielo. Según una costumbre muy antigua de la Iglesia, es conveniente dedicarla al Señor con un rito solemne al erigirla como edificio destinado exclusiva y establemente a reunir al Pueblo de Dios y celebrar los sagrados misterios.

Este uso "exclusivo y estable" ha de entenderse literalmente y sin excepciones de ningún tipo. Por lo que la "costumbre" difundida en algunos lugares, por medio de la cual "se habilita" el templo para reuniones de carácter no religioso, por laudables que ellas sean, es simplemente una falta de respeto al lugar sagrado e incumple la normaativa universal de la Iglesia. El templo no es ni un salón de actos o fiestas ni una sala de conferencias o convenciones ni un teatro ni un cine ni un centro vecinal ni un espacio para política. Cuando no lo hay, no debe suplir al salón parroquial.

3. La iglesia, como lo exige su naturaleza, debe ser adecuada para las celebraciones sagradas, decorosa, que resplandezca por una noble belleza y no por la mera suntuosidad; sea un símbolo y signo de las cosas celestiales. «Por consiguiente, la disposición general del edificio sagrado conviene que se haga como una imagen del pueblo congregado, que permita su ordenada colocación y favorezca la ejecución de los oficios de cada uno». Además, en lo que se refiere al presbiterio, al altar, a la sede, al ambón y al lugar de la reserva del Santísimo Sacramento, obsérvense las disposiciones de las Normas generales del Misal Romano (Cf. IGMR, 253, 257, 258, 259-267; 271, 272, 276-277; Ritual Romano, La Sagrada Comunión y el culto del misterio eucarístico fuera de la Misa, 6, 9-11).

Obsérvese también diligentemente lo referente a las cosas y lugares destinados a la celebración de los demás sacramentos, especialmente al Bautismo y la Penitencia (Cf. Ritual Romano, Bautismo de los niños, 25; Penitencia, 12).


II. Titular de la iglesia y reliquias de los Santos que se colocarán en ella

4. Toda iglesia que se dedica debe tener un titular que será, o la Santísima Trinidad; o nuestro Señor Jesucristo, bajo alguna advocación de un misterio de su vida o de un nombre ya utilizado en la liturgia (por ejemplo, "Presentación del Señor", o "Preciosísima Sangre"); o el Espíritu Santo; o la Santísima Virgen María, bajo alguna advocación ya admitida en la liturgia (por ejemplo, "Madre del Buen Consejo" o "Rosa Mística"); o los Santos Ángeles; o, finalmente, algún Santo inscripto en el Martirologio Romano o en su Apéndice legítimamente aprobado (por ejemplo, "San Juan Pablo II", "San Juan XXIII", "San Justino", mártir). Al hablar del "Apéndice" del Martirologio, se refiere a los santos de las diferentes órdenes y congregaciones que, la Santa sede ha autorizado añadir al elenco ofivial de bienaventurados. Un Beato no puede ser titular de una iglesia sin indulto apostólico. El titular de la iglesia debe ser uno solo, a no ser que se trate de Santos que están inscriptos conjuntamente en el Calendario (por ejemplo, "Santos Roque González, Alfonso Rodríguez y Juan del Castillo, presbíteros y mártires, o "Santos Timoteo y Tito, obispos").

5. Oportunamente se conservará la tradición de la Liturgia Romana de depositar debajo del altar reliquias de Mártires o de otros Santos. "Debajo del altar", entiéndase equivalente a "no sobre él". En efecto, "sobre el altar" ha de estar exclusivamente el Cordero que se inmola por nosotros. Pero se tendrá en cuenta lo siguiente: (Cf. IGMR, 266).

a) las reliquias deben ser de tamaño tal que se pueda percibir que son partes de un cuerpo humano. (De lo que se deduce y queda claro otro dato muy importante: Las reliquias tienen que ser "de primera clase", esto es, tomadas de alguna parte del cuerpo de los santos). Se evitará, por tanto, depositar reliquias demasiado pequeñas, sea de uno o de varios Santos;

b) investíguese con sumo cuidado que las reliquias sean auténticas. Es mejor dedicar un altar sin reliquias que depositar algunas de dudosa procedencia;

c) el cofre de las reliquias no se debe poner ni sobre el altar, ni en la mesa del mismo, (léase lo que escribí más arriba), sino que, teniendo en cuenta la forma del altar, ha de colocarse debajo de la mesa.


III. Celebración de la Dedicación


Ministro del rito

6. Corresponde al Obispo, a quien ha sido encomendado el ministerio pastoral de una Iglesia particular, dedicar las nuevas iglesias erigidas en su diócesis.

Con todo, si él no puede presidir el rito, encomendará este oficio a otro Obispo, sobre todo al que le ayude en el ministerio pastoral de los fieles en cuyo favor será edificada la nueva iglesia; en circunstancias totalmente extraordinarias podrá delegar, con un mandato especial, a un presbítero.


Elección del día

7. Para dedicar una iglesia nueva elíjase un día en que sea posible la concurrencia de gran número de fieles, sobre todo en día domingo. Puesto que en este rito todo está relacionado con la dedicación, la celebración no puede realizarse en aquellos días en los que se conmemora un misterio que de ninguna manera puede ser dejado de lado: Triduo Pascual, Navidad del Señor, Epifanía, Ascensión, Pentecostés, Miércoles de Ceniza, Semana Santa, Conmemoración de todos los fieles difuntos.

Misa de la Dedicación

8. La celebración de la Misa está íntimamente unida al rito de la dedicación; por tanto, en lugar de los textos del día, se utilizarán los textos propios, tanto para la Liturgia de la Palabra como para la Liturgia de la Eucaristía. Esto se debe a que cada texto bíblico y eucológico hace presente y realiza lo que significa.

9. Es conveniente que el Obispo concelebre la Misa con los presbíteros que se unen a él en el rito de la dedicación y con aquellos a quienes se les ha encomendado la tarea de regir la parroquia o comunidad en cuyo favor se edificó la iglesia.


Oficio de la Dedicación

10. El día en que se dedica una iglesia debe ser considerado como solemnidad en la misma (en el sentido litúrgico de este término, que he explicado en otra entrada de este blog).

Se celebra la Liturgia de las Horas de la Dedicación de una iglesia, que comienza con las primeras Vísperas. Donde se realiza el rito de la colocación de las reliquias, es muy conveniente celebrar una Vigilia en honor de las reliquias del Mártir o del Santo, lo que se hará muy bien celebrando el Oficio de lectura, tomado del Común o del Propio conveniente. Para favorecer la participación del pueblo, adáptese convenientemente la Vigilia, observando lo que establece el derecho (Cf. IGLH, 70-73).


Partes del rito de la Dedicación


A. Entrada en la iglesia

11. El rito comienza con la entrada en la iglesia, la cual puede hacerse de tres formas. Se utilizará aquella que parezca más apropiada a las circunstancias de tiempo y lugar:

– Procesión hacia la iglesia que se va a dedicar: el pueblo se reúne en una iglesia cercana o en otro lugar adecuado, desde donde el Obispo, los ministros y los fieles se dirigen orando y cantando (a modo de las stationes romanas)

– Entrada solemne: si no puede hacerse la procesión o no parece oportuna, la comunidad se congrega en la entrada de la iglesia.

– Entrada simple: los fieles se congregan dentro de la iglesia; el Obispo, los concelebrantes y los ministros salen de la sacristía como de costumbre.

Adviértase la semejanza de las tres formas precedentes con las de la liturgia del Domingo de Ramos.

Dos ritos sobresalen en la entrada a la nueva iglesia:

a) La entrega de la iglesia: los representantes de quienes colaboraron en la construcción de la nueva iglesia la entregan (simbólicamente) al Obispo.

b) La aspersión de la iglesia: el Obispo bendice el agua y con ella rocía al pueblo, que es el templo espiritual, las paredes de la iglesia y el altar. (Es una clara evocación del rito bautismal).


B. Liturgia de la Palabra

12. En la Liturgia de la Palabra se proclaman tres lecturas, tomadas de las que se proponen en el Leccionario para el Rito de la dedicación de una iglesia.

Con todo, en la primera lectura se lee siempre, aun en tiempo pascual, el pasaje de Nehemías en el que se nos muestra al pueblo de Jerusalén, reunido junto al escriba Esdras, para escuchar la proclamación de la ley de Dios (Neh. 8, 1-4a. 5-6. 8-10).

13. Después de las lecturas, el Obispo tiene la homilía en la que ilustra los textos bíblicos y el sentido de la dedicación de la iglesia.

Siempre se dice el Credo. Se omite la oración de los fieles, ya que en su lugar se cantan las Letanías de los Santos. (Esto se debe al carácter impetratorio de dichas letanías).


C. Plegaria de la Dedicación. Unción de la iglesia y del altar

Colocación de las reliquias de los Santos

14. Después del canto de las Letanías, se colocan, si es el caso, las reliquias de un Mártir, para significar que el sacrificio de los miembros ha tomado su principio del Sacrificio de la Cabeza (Misal Romano, común de mártires, 8: Oración sobre las ofrendas; San Ambrosio, Carta 22, 13; Cf. Pseudo Máximo de Turín, sermón 78). Donde no se tienen reliquias de algún Mártir, pueden colocarse las de otro Santo. Pero adviértase que, por lo dicho en este párrafo, se prefieren las de mártires.


Plegaria de Dedicación

15. La celebración de la Eucaristía es lo máximo del rito y el único necesario en la dedicación de una iglesia; (esta afirmación es de suma importancia, pues el Sacrificio incruento de Cristo, Cordero de Dios, al ser el supremo y perfecto Acto de culto, basta por sí mismo para la consagración del lugar en que se realiza); con todo, de acuerdo con la común tradición de la Iglesia, tanto del Oriente como del Occidente, se dice también una especial Plegaria de Dedicación, mediante la cual se expresa el propósito de dedicar para siempre la iglesia al Señor y se pide su bendición.


Ritos de la unción, incensación, revestimiento e iluminación del altar

16. Los ritos de la unción, incensación, revestimiento e iluminación del altar expresan con signos visibles algo de aquella invisible obra que realiza Dios por medio de la Iglesia que celebra los sagrados misterios, sobre todo la Eucaristía.

a) Unción del altar y de las paredes de la iglesia:

– Por la unción del Crisma, el altar se convierte en símbolo de Cristo, que es y se llama por excelencia el «Ungido»; en efecto, el Padre por el Espíritu Santo lo ungió y lo constituyó Sumo Sacerdote, que ofreció en el altar de su cuerpo el Sacrificio de su vida para la salvación de todos los hombres.

– La unción de la iglesia significa que se la dedica plena y perpetuamente para el culto cristiano. Se hacen doce unciones (en cruces colocadas en las columnas o muros del templo, y que representan a los doce apóstoles, cuyos nombres están inscriptos en ellas) según la tradición litúrgica, o cuatro, según las circunstancias, con las que se significa que la iglesia es una imagen de la Santa Ciudad de Jerusalén.

b) el incienso se quema sobre el altar para significar que el Sacrificio de Cristo, que allí se perpetúa místicamente, sube a Dios como suave perfume, y para expresar que las oraciones de los fieles, propiciatorias y agradecidas, llegan hasta el trono de Dios (Cf. Apoc. 8, 3-4).

La incensación de la nave de la iglesia indica que por la dedicación se convierte en casa de oración; pero se inciensa en primer lugar al Pueblo de Dios: él es, en efecto, el templo vivo en el que cada uno de los fieles es un altar espiritual (Cf. Rom. 12, 1).

c) el revestimiento del altar indica que el altar cristiano es el ara del Sacrificio eucarístico y la mesa del Señor, alrededor de la cual los sacerdotes y los fieles, en una única y misma acción, pero con diverso ministerio, celebran el Memorial de la Muerte y Resurrección de Cristo y comen la Cena del Señor. Por eso, el altar, como mesa del banquete sacrificial, se reviste y adorna festivamente. Así se hace patente que el altar es la Mesa del Señor a la que gozosamente llegan todos los fieles para nutrirse con el divino Alimento, esto es, con el Cuerpo y la Sangre de Cristo inmolado.

d) La iluminación del altar, seguida de la iluminación de la iglesia, recuerda que Cristo es «la Luz para iluminar a las naciones» (Lc. 2, 32), con cuya claridad resplandece la Iglesia y por ella toda la familia humana.


D. Celebración de la Eucaristía


17. Preparado el altar, el Obispo celebra la Eucaristía, que es la parte principal y más antigua de todo el rito (Cf. Virgilio, Papa. Carta al obispo Profuturo, 4). En efecto, la celebración de la Eucaristía concuerda perfectamente con el rito de la dedicación:

por la celebración del rito eucarístico se alcanza el fin principal para el que se edifica una iglesia y se erige un altar y se manifiesta con signos preclaros;

– además, la Eucaristía, que santifica los corazones de quienes la reciben, consagra en cierta manera el altar y el lugar de la celebración, como lo afirmaron repetidas veces los antiguos Padres de la Iglesia: «Este altar debe ser admirado porque, siendo piedra por su naturaleza, queda santificado después de recibir el Cuerpo de Cristo» (San Juan Crisóstomo, Homilías sobre la segunda Carta a los Corintios, 20, 3);

– el nexo por el que la dedicación de una iglesia está profundamente unida con la celebración de la Eucaristía, queda también de manifiesto por cuanto la Misa de la dedicación tiene un Prefacio propio, unido íntimamente al rito.


IV. ADAPTACIÓN DEL RITO


Adaptaciones que competen a las Conferencias Episcopales

18. Las Conferencias Episcopales pueden adaptar oportunamente este Ritual a las costumbres de cada región, pero de tal modo que no se excluya nada de su nobleza y solemnidad.

Deben observarse estas cosas:

a) nunca debe omitirse la celebración de la Misa con su Prefacio propio y la Plegaria de la Dedicación; (estos dos últimos son los textos eucológicos, exclusivos del rito, más importantes de la liturgia de Dedicación; lo es más la Plegaria que el Prefacio).

b) se conservarán aquellos ritos que, por tradición litúrgica, tienen un sentido y fuerza peculiares (cf. supra, n. 16), a no ser que obsten graves razones, adaptando convenientemente las fórmulas, si fuera el caso.


Al realizar las adaptaciones, la competente autoridad eclesiástica consultará a la Sede Apostólica, y con su consentimiento, introducirá las reformas (Sacrosanctum Concilium, 40).


Adaptaciones que competen a los ministros


19. Al Obispo y a los que preparan la celebración del rito, corresponde: (He aquí las partes del rito que se confían a la prudente y sabia libertad del Obispo y de quienes van a colaborar con él).

– determinar el modo de entrada en la iglesia (cf. n. 11);

– establecer la manera de hacer la entrega de la nueva iglesia al Obispo (cf. n. 11);

– juzgar si es oportuno colocar las reliquias de los Santos; en esto ha de tenerse en cuenta el bien espiritual de los fieles y ha de observarse lo prescripto en el n. 5.

Al rector de la iglesia nueva, con la ayuda de sus colaboradores, corresponde determinar y preparar todo lo relacionado con las lecturas, los cantos, así como los elementos de ayuda pastoral necesarios para promover no sólo la fructuosa participación del pueblo, sino también una decorosa celebración.


V. PREPARACIÓN ESPIRITUAL

20. Para que los fieles participen fructuosamente del rito de la dedicación, el rector de la iglesia a dedicar y los demás peritos en la labor pastoral deben realizar una adecuada catequesis sobre la eficacia y virtud espiritual, eclesial y misional de la celebración.

Por tanto, ilústrese a los fieles sobre las diversas partes de una iglesia y sus usos, sobre el rito de la dedicación y los principales símbolos litúrgicos que se emplean en el mismo, de tal modo que, con las oportunas ayudas, a través del rito y de las oraciones entiendan plenamente el sentido de la dedicación de una iglesia y participen consciente, piadosa y activamente. Esta "catequesis" conviene hacerla progresivamente y en los días previos a la dedicación, especialmente en las Misas de los domingos precedentes, porque es cuando más concurrencia de fieles hay.


VI. Cosas que deben prepararse

21. Para celebrar el Rito de la Dedicación de una iglesia, prepárense estas cosas:

a) En el lugar donde se reúne el pueblo:

– el Pontifical Romano;

– la cruz procesional;

– lo que se indica en el n. 24 a), si se llevan procesionalmente las reliquias;


b) En la sacristía o en el presbiterio o en la nave de la nueva iglesia, según el caso:

– el Misal Romano y el Leccionario;

– el calderillo con el agua para bendecir y el aspersorio;

– la crismera con el Santo Crisma;

– toallas para secar la mesa del altar;

–si es el caso, el mantel de lino encerado o una tela impermeable, de la medida del altar;

– la jofaina, la jarra con agua, toalla y todo lo necesario para que se laven las manos el Obispo y los presbíteros que ungieron las paredes;

– un gremial; (es decir, la vestidura litúrgica ocasional que se coloca sobre los ornamentos sagrados permanentes, para evitar que se manchen en determinados ritos).

– un braserillo para quemar el incienso o aromas; o granos de incienso y pequeñas velas que se quemarán sobre el altar;

– incensarios con la naveta del incienso y la cucharita;

– el cáliz, el corporal, los purificadores y manutergios;

– el pan, el vino y el agua para celebrar la Misa;

– la cruz del altar, a no ser que ya haya una cruz en el presbiterio, o que la cruz que se lleva en la procesión de entrada se coloque cerca del altar (de lo que se deduce que es lícito esto último);

– el mantel, los cirios, los candeleros;

– si es el caso, flores (las que deben preferirse siempre naturales).


22. Conviene conservar la antigua costumbre de colocar cruces de piedra o de bronce o de otra materia apta, o de esculpirlas en las paredes de la iglesia. Por tal motivo se prepararán doce o cuatro cruces, según el número de las unciones (cf. n. 16), y se distribuirán adecuadamente en las paredes de la iglesia a una altura conveniente. Debajo de cada cruz se colocará un pequeño soporte en el que se fijará un pequeño candelero con un cirio que se encenderá oportunamente. Junto a cada cruz, cuando son doce,  se escriben los nombres de los Apóstoles, uno por uno, a excepción del nombre de Pedro, que se escribe junto al de Pablo. Matías es el último.


23. En la Misa de la dedicación de la iglesia se usarán ornamentos de color blanco o festivo. Prepárense:

– para el Obispo: alba, estola, casulla, mitra, báculo, palio arzobispal, si goza de ese privilegio;

– para los presbíteros concelebrantes: vestiduras para la celebración de la Misa;

– para los diáconos: albas, estolas y dalmáticas;

– para los otros ministros (acólitos, lectores, miembros de la schola, ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión): albas u otras vestiduras legítimamente aprobadas.


24. Si se van a colocar debajo del altar reliquias de Santos, se preparará lo siguiente:

a) En el lugar donde se reúne el pueblo:

– el cofre con las reliquias, rodeado de flores y cirios. Si se realiza el ingreso simple, el cofre puede colocarse en un lugar adecuado del presbiterio, antes de comenzar la celebración;

– para los diáconos que llevarán las reliquias: alba, estola roja, si son reliquias de un Mártir, o de color blanco en los demás casos, y, si hay disponibles, dalmáticas. Si las reliquias serán llevadas por presbíteros, en vez de dalmáticas se preparan casullas. Con lo que se pone de manifiesto la suma veneración que la Madre Iglesia tributa a las reliquias. Las reliquias también pueden ser llevadas por otros ministros, revestidos con alba u otras vestiduras legítimamente aprobadas.

b) En el presbiterio:

– una mesa pequeña para colocar el cofre con las reliquias, mientras se realiza la primera parte del rito.


c) En la sacristía:


– argamasa con la que se tapará el hueco donde se colocará el cofre con las reliquias (adviértase que se colocan en cofre y juntas); haya también un albañil que, en su momento, tapará el sepulcro de las reliquias.


25. Se redactará el Acta de la Dedicación en dos ejemplares que serán firmados por el Obispo, el rector de la iglesia y los representantes de la comunidad local. Un ejemplar se guardará en el archivo de la diócesis y otro en el de la iglesia dedicada. Donde se coloquen reliquias, se hará un tercer ejemplar del acta que se guardará oportunamente en el cofre de las reliquias.

En las actas se mencionarán el día, mes y año de la dedicación, el nombre del Obispo que celebró el rito, del Titular y, si fuera el caso, de los Mártires o de los Santos cuyas reliquias se colocarán debajo del altar.

Además, en un lugar adecuado de la Iglesia, se pondrá una placa en la que se hará mención del día, mes y año de la dedicación, del Titular de la Iglesia y del nombre del Obispo que celebró el rito. Esto se debe a la importancia de un rito que "rige", por decirlo así, "a perpetuidad".


VII. ANIVERSARIO DE LA DEDICACIÓN


A. En el día aniversario de la Dedicación de la Iglesia Catedral

26. Para que aparezca con mayor claridad la importancia y la dignidad de la Iglesia particular, se celebrará el aniversario de la dedicación de su iglesia catedral, con la categoría de solemnidad en la misma iglesia catedral, como fiesta en las demás iglesias de la diócesis (Cf. Calendario Romano, Tabla de los días litúrgicos, I 4 b, II 8 b). Si este día está permanentemente impedido, la celebración se asignará al día libre más próximo. Entiéndase por "permanentemente impedido", que el rito haya tenido lugar en una fiesta o solemnidad del calendario universal, en cuyo caso, las normas no permitirían la celebración de la Misa del aniversario de la Dedicación.

Conviene que en este día aniversario de la dedicación, el Obispo concelebre la Eucaristía en la iglesia catedral con el Cabildo de los Canónigos o con el Consejo presbiteral, con la mayor participación posible de fieles. Esto es, para realzar la dignidad de la Iglesia local, que hace presente a la misma y única Iglesia de Dios, extendida a lo largo y a lo ancho del globo.


B. En el día aniversario de la Dedicación de la iglesia propia


27. El día aniversario de la dedicación de la iglesia se celebrará (en ella) con la categoría de solemnidad (Ibíd. I 4 b). Por tanto, tendrá primeras vísperas en la Liturgia de las Horas, y será prioritaria a la Misa dominical del Tiempo Ordinario.


7 de junio de 2014, Vigilia de Pentecostés.
(Última actualización de la entrada: 08/11/15).

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