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La verdadera Iglesia de Dios...

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sábado, 17 de enero de 2015

Bendición de los animales


Agnus Dei


El capítulo XXIII del Bendicional, libro litúrgico al que me he referido en otras entradas, nos ofrece un rito especial para la "Bendición de los animales" (nn. 802-821). Lo transcribo completo, e incluyo en él algunos comentarios.

Texto eucológico: negro.
Rúbrica: rojo.
Comentario: azul.

BENDICIÓN DE LOS ANIMALES

En la liturgia antigua se bendecía a los animales sanos, y también se reservaba una bendición especial para los apestados y enfermos. Pero había unos animales que eran considerados "nocivos", y en lugar de bendecidos, eran "conjurados" -"conjuro" es la palabra usada en el antiguo ritual- (ratones, gusanos, orugas, langostas, etc). Actualmente no existe ninguna diferenciación, y todos los animales pueden ser bendecidos con el siguiente rito:

802. Puesto que muchos animales, según los designios de la Divina Providencia del Creador, comparten en cierto modo la vida del hombre, por cuanto le sirven de ayuda en su trabajo, o le proporcionan alimento y compañía, nada impide que, en determinadas ocasiones, por ejemplo, en la fiesta de algún santo, se conserve la costumbre de invocar sobre ellos la bendición de Dios.

Es costumbre que en muchos lugares se elija la memoria litúrgica de San Francisco de Asís (4 de octubre), o la de San Antonio abad (17 de enero), por la estrecha relación de estos santos con los animales. Nada impide que se haga en la fiesta de otros santos que, de alguna manera, hayan tenido relación con los animales: Conocidos son los nombres de los perros "Gris" y "Capricho", por ejemplo, relacionados con la vida de San Juan Bosco y de San Felipe Neri, respectivamente. En las festividades de estos santos, por tanto, también sería oportuno realizar la bendición de los animales. Pero he de aclarar que, según este rito, puede llevarse a cabo en la festividad de cualquier santo o en otro día a elección.

803. Este rito pueden utilizarlo el sacerdote, el diácono, y también el laico, con los ritos y fórmulas previstos para él.

He aquí, pues, otra de las bendiciones que puede realizar el laico. Es necesario difundirla.

804. Con el fin de acomodar la celebración a las circunstancias, pueden adaptarse algunos de los elementos de este rito, respetando siempre la estructura de la celebración y sus elementos principales.

805. Cuando se trata de bendecir uno que otro animal o de la bendición de los animales con ocasión de alguna celebración, puede emplearse también el Rito breve que se indica más adelante, núms. 823-826.

I. RITO DE LA BENDICIÓN

Ritos iniciales

806. Reunida la comunidad, puede entonarse un canto adecuado, terminado el cual, el ministro dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

807. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, saluda a los presentes, diciendo:

Dios, que es admirable
en todas sus obras,
esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

Este "otro modo adecuado" de respuesta es ad libitum por parte del ministro. Siempre ha de tratarse de una respuesta breve, tomada de las Sagradas Escrituras, o al menos, inspirada en ellas.

808. Si el ministro es laico, saluda a los presentes, diciendo:

Proclamemos la grandeza
del Señor, nuestro Dios,
que todo lo hizo con sabiduría.

Todos responden:

Amén.

809. El ministro dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Los animales, creados por Dios, habitan el cielo, la tierra y el mar, y comparten la vida del hombre con todas sus vicisitudes. Dios, que derrama sus beneficios sobre todo ser viviente, más de una vez se sirvió de la ayuda de los animales o también de su figura para insinuar en cierto modo los dones de la salvación. Los animales fueron salvados en el arca de las aguas del diluvio y, después del diluvio, quedaron asociados al pacto establecido con Noé; el cordero pascual recordaba el sacrificio pascual y la liberación de la esclavitud de Egipto; un gran pez salvaguardó a Jonás; unos cuervos alimentaron al profeta Elias; los animales fueron agregados a la penitencia de los hombres y, junto con  toda la creación, participan de la redención de Cristo. Al invocar, pues, (por intercesión de san N.) la bendición de Dios sobre estos animales, alabemos al Creador de todo,.démosle gracias por habernos elevado por encima de las demás criaturas y pidámosle que, conscientes de nuestra dignidad, vivamos siempre al amparo de su ley.

Lectura de la Palabra de Dios

810. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo ministro, lee un texto de la Sagrada Escritura.

Las perícopas bíblicas de la creación de los animales, tomadas del Libro del Génesis son, sin dudas, las más adecuadas para este rito. En efecto, todo lo que tuvo su origen en Dios, en Él subsiste, en Él halla su razón de ser, y redunda en alabanza Suya.

Gn 1,1. 20-28: Dominad los vivientes que se mueven sobre la tierra

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro del Génesis.

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. Y dijo Dios: —«Pululen en las aguas los seres vivientes, y los pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo.» Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y en el agua los hizo pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo:
—«Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra.»
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto. Y dijo Dios:
—«Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies.»
Y así fue. E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios:
—«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.»
Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo:—«Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.»

Palabra de Dios.

811. O bien:

Gén. 2, 19-20a: El hombre puso nombre a todos los animales

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro del Génesis.

Es evidente la primacía del hombre por encima de la creación (a excepción de la criatura angélica).

El Señor modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo.

Palabra de Dios.

812. Pueden también leerse: Gn 6, 17-23; Is 11, 6-10.

813. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial: Sal 8, 2. 4-5. 7b-9 (R.: 10)

R. Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu Nombre
en toda la tierra!

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu Nombre
en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos. R.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder? R.

Todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por las aguas. R.

814. O bien:

Sal 103 (104), l-2a. 10-12. 25. 27-28

R. (27) Todos aguardan a que les eches comida a su tiempo.

Sal 146 (147), 5-6. 7-8. 9-11

R. (la) Alabad al Señor, que la música es buena.

815. El ministro, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

Preces

816. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

Dios creó al hombre y lo colocó en la tierra para que, ejerciendo el dominio sobre todos los animales, profesara la gloria del Creador. Proclamemos su alabanza, diciendo:

R. Cuántas son tus obras, Señor.

-Bendito seas, Señor, que creaste a los animales y los pusiste bajo nuestro dominio, para que nos ayudaran en nuestro trabajo. R.

-Bendito seas, Señor, que para rehacer nuestras fuerzas nos das como alimento la carne de los animales. R.

En la prez anterior está implícita la doctrina católica de la licitud de alimentarnos de la carne (y vestirnos con la piel) de ciertos animales.  

-Bendito seas, Señor, que, para entretenimiento de tus hijos, nos das la compañía de los animales domésticos. R.

-Bendito seas, Señor, que en las aves del cielo alimentadas por ti, nos das una señal de tu providencia paternal, según las palabras del mismo Jesús. R.

-Bendito seas, Señor, que nos has dado a tu Hijo como Cordero y has querido que en Él nos llamáramos y fuéramos de verdad hijos tuyos. R.

(En la prez precedente se menciona el primer animal con que, en las profecías, se quiere significar al Mesías. La Tradición de la Iglesia, con su exquisita teología, ha identificado a otros animales con el Señor Jesús: el pelícano, el ciervo, el pez, el león, y muchos más).

-Bendito seas, Señor, que por medio de las más humildes criaturas nos atraes también a tu amor. R.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

817. Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición, el ministro dice:

Oremos.

Y, según las circunstancias, todos oran durante algún tiempo en silencio.

La oración personal en silencio es un "tesoro" que pertenece con todo derecho a la liturgia, aunque no sea exclusivo de ella, y que es necesario fomentar.
 
Luego dice la oración de bendición.

Oración de bendición

818. El ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:


Oh, Dios, autor y dador de todos los bienes,
que has hecho que también los animales
sirvan de ayuda al hombre
en sus necesidades y en su trabajo,
te pedimos (por intercesión de san N.)
que utilicemos debidamente estos seres,
necesarios para nuestra subsistencia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

819. O bien:

Oh, Dios, que todo lo hiciste con sabiduría,
y que, después de crear al hombre a tu imagen,
le diste, con tu bendición,
el dominio sobre todos los animales,
extiende tu mano con benevolencia
y concédenos que estos animales nos sirvan de ayuda
y nosotros, tus servidores,
ayudados con los bienes presentes,
busquemos con más confianza los futuros.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

820. Según las circunstancias, el ministro rocía con agua bendita a los presentes y a los animales.

La aspersión de las criaturas recién bendecidas, más si se trata de seres vivos (y en este caso de los más importantes después del hombre), sin ser esencial, es por lo general, parte integrante del rito de bendición.

Conclusión del rito

821. El ministro concluye el rito, diciendo:

Dios, que creó los animales para nuestra ayuda,
nos proteja y guarde siempre
con la gracia de su bendición.

Amén.

822. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.


II. RITO BREVE

823. El ministro, al comenzar la celebración, dice:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Todos responden:

Que hizo el cielo y la tierra.

824. Uno de los presentes, o el mismo ministro, lee un breve texto de la sagrada Escritura, por ejemplo:

Gn 2, 20a: El hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo.

Cf. Sal 8, 7 Señor, diste al hombre el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo y los peces del mar.

825. Luego el ministro, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oh, Dios, que todo lo hiciste con sabiduría,
y que, después de crear al hombre a tu imagen,
le diste, con tu bendición,
el dominio sobre todos los animales,
extiende tu mano con benevolencia
y concédenos que estos animales nos sirvan de ayuda
y nosotros, tus servidores,
ayudados con los bienes presentes, busquemos con más confianza los futuros.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

826. Según las circunstancias, el ministro rocía con agua bendita a los presentes y a los animales.

17 de enero, memoria litúrgica de San Antonio, abad, protector de los animales.



2 comentarios:

  1. Excelente aporte, que Dios te bendiga.

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  2. Gracias por la información! Hace próximamente 2 años tengo un gato que, considero, llegó a mi vida como una bendición de Dios y me gustaría que, en la parroquia que me congrego, llevaran a cabo esta celebración. Se lo voy a mostrar al párroco.

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