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La verdadera Iglesia de Dios...

La verdadera Iglesia de Dios...

martes, 9 de junio de 2015

Guion: Domingo XI (Tiempo Ordinario)




Ciclo B

Introducción

Luego de celebrar las solemnidades de la Santísima Trinidad y del Corpus Christi, con las que se retoma el Tiempo Ordinario, desde ahora y hasta el final del Año litúrgico, la Madre Iglesia nos invita a reflexionar sobre el misterio del Reino de Dios, que se construye diariamente y que es anticipo de la eternidad. El color verde, establecido por la liturgia, es representativo de la esperanza propia de este tiempo, que no se detiene a contemplar ningún misterio en particular de la Vida del Señor, sino que evoca la acción efectiva del Espíritu Santo, que nos impulsa a ser partícipes activos en la construcción del Reino "que a la vez viene, y está entre nosotros".


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Ez. 17, 22-24

El "Cristo total", como llama San Agustín a la Iglesia constituida por Cristo como Cabeza, y nosotros, como miembros suyos, es como un árbol frondoso que extiende sus ramas por todas partes, y ofrece a los pueblos la calidez de un refugio acogedor y y el alimento vital de los sacramentos.

Segunda lectura: II Cor. 5, 6-10

"Agradar a Dios" es el objetivo del auténtico creyente en su condición de pregrino hacia la Patria prometida del Cielo.

Evangelio: Mc. 4, 26-34

Jesús, por medio de parábolas, nos intruye acerca del Reino de Dios que es Él mismo, que permanece con nosotros para siempre.


Oración de los fieles

R. Que edifiquemos tu Reino, Señor

-Para que la labor caritativa de la Iglesia llegue cada vez a más hermanos necesitados, sin distinción de raza, condición social o religión. R.

-Para que los países del primer mundo, imbuidos de los valores cristianos, tengan gestos de magnanimidad con los menos desarrollados, que se traduzcan en iniciativas concretas en favor de estos. R.

-Para que las diferentes instituciones, públicas y privadas, confesionales y laicas, dejando de lado intereses particulares, aúnen sus esfuerzos para socorrer a los sectores más desfavorecidos de la sociedad. R.

-Para que todos los hombres aprendamos a cuidar del mundo, que hemos recibido como don de Dios. R.

-Para que las diferentes confesiones religiosos, deponiendo antiguos y nuevos prejuicios, y elevándose por encima de las reales diferencias, converjan en la meta común de la defensa de la dignidad de la persona humana, desde su concepción hasta su fin natural. R.

A continuación, se propone como oración conclusiva de las preces una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Padre, que siembras generosamente en nuestro corazón, la semilla de la verdad y de la gracia, haz que la acojamos con humilde confianza y la cultivemos con paciencia evangélica, sabiendo que hay más amor y justicia cuando tu Palabra fructifica en nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

"Vienen de Dios y serán Dios".
Osada afirmación que le cabe solamente a dos elementos de la naturaleza: el pan y el vino. En efecto, son dones de la generosidad de Dios, que por su voluntad y con su poder, llegarán a ser el Cuerpo y la Sangre de Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre.


Comunión

El cristiano católico es aquel que en la Eucaristía se alimenta de Dios para ser cada vez más de Dios. Inefable es, pues, el privilegio que Dios nos concede. Que nuestra humilde predisposición interior sea la primera respuesta a tanta consideración.


Despedida

Heraldos del amor de Dios y pregoneros de su Reino que a la vez viene y está ya aquí entre nosotros, vayamos al encuentro de los que anhelan un mundo mejor.


8 de junio de 2015, lunes de la 10° semana del Tiempo Ordinario.


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