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La verdadera Iglesia de Dios...

La verdadera Iglesia de Dios...

domingo, 31 de enero de 2016

Guion: Domingo X del Tiempo Ordinario

                                      

Ciclo C

Introducción

Nos enseñaba el Papa Emérito Benedicto XVI:

"La Iglesia es la Familia de Dios en el mundo". Su "naturaleza íntima se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios, celebración de los sacramentos y servicio de la caridad. Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra". (Carta Apostólica Deus caritas est, 25).

Con estas palabras, el gran Papa alemán, nos explica la razón de ser de la Iglesia en el plan de Dios.
Y efectivamente, porque somos Iglesia, hemos acudido hoy aquí para escuchar la Palabra de Dios, y para participar de la Eucaristía, el más grande de los sacramentos, hacia el que se ordenan los demás y del que reciben su eficacia salvadora. En esta celebración comunitaria, de ese Altar, vamos a recibir la fuerza para que nuestra práctica de la caridad sea cada vez más activa, constante y efectiva.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: I Rey. 17, 17-24

"Señor, Dios mío, ¡que vuelva a la vida este niño!"

Así como la oración confiada del santo profeta Elías obtuvo del Señor el don de la resurrección del hijo de una viuda, de la misma manera, la fervorosa plegaria de lo que creemos en Dios puede librar a nuestros hermanos de la muerte eterna.

Segunda lectura: Gál. 1, 11-19

Cuando a alguien le es conferida la gracia de conocer verdaderamente a Jesucristo, estima en nada a todo lo que no sea el Señor, o no conduzca a Él.

Evangelio: Lc. 7, 11-17

Solamente Dios, y nadie más que Él, puede devolver la vida terrena a quienes la han perdido, como hizo Jesús con el hijo de la viuda. Pero más aun, únicamente el Señor puede darnos una Vida inmortal más allá de la muerte.

Oración de los fieles

Inspirados en la Palabra de Dios, que hemos acogido en nuestro corazón, elevemos nuestras súplicas a Dios, que transforma en júbilo todo lamento.

R. Señor, atiende nuestras súplicas.

-Por la plena unidad de la Iglesia y por la salud e intenciones de nuestro Santo Padre para este mes. R.

-Por la perseverancia de los obispos y por la fidelidad por parte de los superiores de congregaciones religiosas al carisma fundacional. R.

-Por el consuelo terrenal y celestial de las madres que lloran a causa de la muerte temporal de sus hijos. R.

-Por la salud de todos aquellos a los que aqueja alguna enfermedad. R.

-Por la conversión de quienes, víctimas del odio, de la ignorancia, del "exceso de celo por tradiciones paternas", o del dolor,  persiguen a la santa Madre Iglesia. R.

-Por la definitiva glorificación de los que han descendido al "abismo" de la muerte. R.


A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:


Ofertorio

"¡Te daré gracias eternamente!"

Estas palabras del salmo que hoy hemos escuchado, adquieren un significado particular en este momento en que, mediante la presentación de los dones,  nos disponemos a ofrecer, con el sacerdote a la cabeza, el Sacrificio de acción de gracias que más agrada a Dios.


Comunión

Realmente, como escuchamos en el Evangelio de hoy, "Dios ha visitado a su pueblo", porque Jesucristo, Pan de vida y esperanza, permanece a nuestro lado, nos fortalece en el caminar y nos guía hacia la Patria celestial.

Despedida

Como a San Pablo, Dios nos llamó desde el vientre materno, y nos reveló a su Hijo, para que seamos nosotros quienes Lo demos a conocer ante nuestros hermanos. Asumamos, pues, con gratitud este santo compromiso.

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