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La verdadera Iglesia de Dios...

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domingo, 7 de febrero de 2016

Guion: Domingo I de Cuaresma




Ciclo C

En este domingo tiene lugar el rito de la inscripción o elección del nombre de los catecúmenos que serán admitidos a los sacramentos de la iniciación cristiana en la Vigilia Pascual.


Introducción

El pasado miércoles, con el elocuente rito de bendición e imposición de la ceniza, hemos comenzado el santo Tiempo de Cuaresma, cuyo primer domingo estamos por santificar mediante la celebración de la Eucaristía.
Hoy Jesucristo, con la soberanía y el poder de ser el Hijo de Dios y Dios mismo, enfrenta al Maligno, la antigua Serpiente que, desde que el mundo es mundo, trabaja incansablemente por la perdición de las almas. 
Solo unidos al Señor, podremos también nosotros rechazar los engaños del astuto Tentador. Por eso, porque nos sentimos necesitados de la gracia del Redentor, nos hemos reunido aquí para la celebración de los santos Misterios.

En 2016 se añade:

Acojamos la invitación del Santo Padre Francisco de vivir con mayor intensidad la Cuaresma de este Año jubilar, como momento fuerte para celebrar  y experimentar la Misericordia de Dios (Cf. Bula Misericordiae vultus, 17).

El Nuevo Misal para Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay posee seis formularios de tropos cuaresmales para el Kyrie, y cuatro formularios de Saludo litúrgico entre los que el sacerdote puede elegir para usar hoy.
No se canta ni se dice el himno Gloria a Dios.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Deut. 26, 1-2. 4-10

Toda ofrenda aceptada con beneplácito por Dios en la Antigua Alianza es profecía del Sacrificio pascual de Cristo, Víctima cuya inmolación es la Ofrenda defintiva, la que más agrada a Dios.

Segunda lectura: Rom. 10, 5-13

Solamente la fe en Jesucristo y la consecuente aceptación y vivencia de su Evangelio nos asegura la eterna salvación.

Evangelio: Lc. 4, 1-13

En nuestra peregrinación terrena por los desiertos del mundo, como Jesús, también nosotros somos tentados por Satanás. Pero por la gracia del Señor, salimos airosos. En efecto, únicamente en Cristo encontramos refugio, fortaleza y victoria.


Oración de los fieles

R. Padre, por tu Hijo, líbranos del Maligno.

-Para que la Iglesia, que es oasis en el desierto del mundo, renueve el compromiso de fidelidad a Dios y de amor a la humanidad. Pidámoslo por Jesús, llevado por el Espíritu al desierto. R.

-Para que los pobres del mundo, predilectos del Señor, experimenten la generosidad de los cristianos. Pidámoslo por Jesús, que ayunó cuarenta día y cuarenta noches, y sintió hambre. R.

-Para que quienes sufren tentaciones que ponen en riesgo sus compromisos de estado, encuentren gracia y fortaleza en los sacramentos. Pidámoslo por Jesús, tentado por el Maligno. R.

-Para que los que, consciente o inconscientemente, rinden culto a los ídolos del poder, de la riqueza, del sexo, o de la vanagloria, escuchen la voz del Espíritu Santo en su interior. Pidámoslo por Jesús, el Verbo que reafirmó las palabras de la Escritura: "Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él solo rendirás culto". R.

-Para que nosotros, liberados de la dura servidumbre del pecado con la que quiere esclavizarnos el Maligno, que siempre regresa "en el momento oportuno", volvamos el corazón a Dios y rechacemos las obras del mal. Pidámoslo por Jesús, que con poder soberano, desbarata los planes de Satanás. R.


A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Señor, nuestro Dios, escucha la voz de la Iglesia que te invoca en el desierto del mundo; extiéndenos la mano, para que nutridos con el Pan de tu Palabra y fortificados por tu Espíritu, venzamos con el ayuno y la plegaria, las continuas seducciones del Maligno. Por Jesucisto, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

Presentemos el pan y el vino que el Señor nos dio y que son primicias del fruto del suelo. Ellas volverán a nosotros no solamente a modo de bendición de Dios como en el Antiguo Testamento, sino que será el mismo Dios de las bendiciones, hecho Hombre, el que se hará presente tras las apariencias de los dones presentados.
 
Se emplea el Prefacio propio: De tentatione Domini.
Puede usarse cualquiera de las dos Plegarias Eucarísticas de Reconciliación. En efecto, éstas poseen un Prefacio propio que solamente puede cambiarse por otros relacionados con los misterios de la Pasión del Señor, o de carácter penitencial, como son, por ejemplo, los cuaresmales.


Comunión

Así como el pan material alimenta nuestro cuerpo, la Palabra de Dios, y más todavía, el Cuerpo sacramental de Cristo, nutren nuestra alma y le aseguran un "lugar" en el Paraíso.

Se imparte la Bendición solemne propia de este tiempo, o bien, se reza la correspondiente Oración sobre el pueblo, que concluye con la bendición simple. En cualquier caso, siguiendo la práctica de la liturgia romana, el diácono, o en su defecto, el mismo sacerdote, invita a los fieles a disponerse para recibir la Bendición diciendo:

 "Inclínense para recibir la bendición".


Despedida

 Lo hemos escuchado en el salmo:
"Los ángeles del Señor nos llevarán en sus caminos para que nuestros pies no tropiecen con ninguna piedra". 
Confiados en esta promesa, volvemos  a nuestras tareas habituales.


7 de febrero de 2016, domingo V "durante el año".

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