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La verdadera Iglesia de Dios...

La verdadera Iglesia de Dios...

domingo, 12 de junio de 2016

Guion: Domingo XI del Tiempo Ordinario




Ciclo C 

Introducción

"Dios es el Viviente, es el Misericordioso, Jesús nos trae la Vida de Dios, y el Espíritu  Santo nos introduce y nos mantiene en la relación vital de verdaderos hijos de Dios. Pero, con frecuencia, lo sabemos por experiencia (...), nos dejamos guiar por ideologías y lógicas que ponen obstáculos a la vida, que no la respetan, porque vienen dictadas por el egoísmo, el propio interés, el lucro, el poder, el placer, y no (...) por el amor, por la búsqueda del bien del otro". (Cf. S.S. Francisco. Homilía de la Misa del Domingo XI del Tiempo Ordinario, 16/06/13. Plaza de San Pedro. Jornada Evangelium vitae). Es entonces cuando empezamos a sumergirnos en el abismo del pecado. Y solamente el Dios de la Vida y la Misericordia puede devolvernos la gracia y darnos una nueva oportunidad. Es lo que constataremos al escuchar la Palabra de hoy propuesta por la liturgia, y lo que imploraremos al ofrecernos nuevamente en Sacrificio junto con Cristo, la Víctima inocente.


Liturgia de la Palabra 

Primera lectura: II Sam. 12, 7-10. 13

El hombre cae en el abismo del pecado. Dios misericordioso le concede la gracia del arrepentimiento y de la humilde confesión de su culpa. Luego lo perdona con amor paterno. Es la historia del profeta David y de cada uno de nosotros.

Segunda lectura: Gál. 2, 16. 19-21

La fe en el Hijo de Dios que nos amó y entregó su vida por nosotros, es el pasaporte a la eternidad.

Evangelio: Lc. 7, 36_8, 3

Jesús es el Dios viviente que "acoge, ama, levanta, anima, perdona y da nuevamente la fuerza para caminar", devolviendo la vida de la gracia al pecador. (Cf. Ídem)


Oración de los fieles

El siguiente formulario de Oratio fidelium, con las necesarias adaptaciones, está tomado del Misal del Viaje Apostólico del Papa Francisco a México (12-18/2/16). Se trata de la Misa que el Pontífice presidió en Morelia, con los sacerdotes, religiosos, religiosas, consagrados y seminaristas, el 16 de febrero de 2016:

Oremos a Cristo, Sacerdote eterno, a quien el Padre ungió con el Espíritu Santo, para que proclamara la redención a los cautivos. Digámosle:

R. Señor, apiádate de nosotros.

O bien:

R. Kyrie, eleison

-Por la Iglesia universal y por el Papa N, para que su Magisterio nos muestre el camino hacia las moradas del Cielo y que todos, revestidos con sentimientos de misericordia, de humildad y de comprensión, nos amemos los unos a los otros con caridad fraterna. R.

-Por todos los Obispos, para que reciban de Dios los auxilios del Cielo y las bendiciones debidas a sus esfuerzos, al sacrificio y a su fidelidad al ministerio que se les ha encomendado. R.

-Por los presbíteros y los diáconos de nuestras diócesis, para que, siendo fieles colaboradores del Orden episcopal, sean testigos fieles del Evangelio y administradores de tus misterios. R.

-Por los religiosos y religiosas que viven como un don precioso la vida consagrada; para que reciban la gracia de ser fieles a los votos que con amor han entregado a Dios y a su Iglesia. R.

-Por quienes se forman a la vida sacerdotal y consagrada, para que encuentren en el llamado que Dios les ha dado, la alegría del seguimiento de Jesús. R.

-Por los fieles de esta Iglesia particular, para que seamos misericordiosos como el Padre y practiquemos la bondad y la caridad con los más pobres e indefensos. R.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, que no te cansas de demostrar tu Misericordia, danos un corazón penitente y fiel que sepa corresponder a tu amor de Padre, para que difundamos en el mundo el mensaje evangélico de reconciliación y de paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

Necesitados de la Misericordia del Padre bueno, nos disponemos a ofrecer sacramentalmente el Sacrificio de Cristo, que ha querido que el pan y el vino sean indispensables para este Milagro de su Amor.


Comunión

De las entrañas de la Divina Misericordia de Jesús, ha brotado el Santísimo Sacramento de su Cuerpo y su Sangre, gracias al Cual somos partícipes de la misma Vida de Dios.


Despedida

Hemos "saboreado" los dones del Cielo. Seamos, pues, misericordiosos como el Padre lo es con nosotros.


6 de junio de 2016, memoria litúrgica de San Norberto, obispo. Entrada dedicada él.


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