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La verdadera Iglesia de Dios...

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domingo, 5 de noviembre de 2017

Guion: Domingo IV de Adviento


Sueño de san José


Para profundizar sobre las características del Tiempo de Adviento hacer clic aquí


Ciclo A

Introducción

I

"Sólo  unos pocos días (se puede especificar cuántos) separan a este cuarto domingo de Adviento de la santa Navidad. En el bendito Anochecer del 24, nos reuniremos para celebrar el gran misterio del amor, que nunca termina de sorprendernos. Dios se hizo Hijo del hombre para que nosotros nos convirtiéramos en hijos de Dios. Durante el Adviento, del corazón de la Iglesia se ha elevado con frecuencia una imploración:  "Ven, Señor, a visitarnos con tu paz; tu presencia nos llenará de alegría". (S.S. Benedicto XVI, Ángelus, 23/12/07).

Con gozosa esperanza por la ya inminente Navidad e imitando la actitud de amorosa espera de María y José, damos comienzo a esta última Eucaristía dominical del santo Adviento.

O bien:

II

Celebramos hoy el cuarto domingo de Adviento, mientras se intensifican los preparativos para la fiesta de Navidad. La Palabra de Dios, en la liturgia, nos ayuda a centrar nuestra atención en el significado de este acontecimiento salvífico fundamental que es, al mismo tiempo, histórico y sobrenatural (San Juan Pablo II, Ángelus, 23/12/01):

¡Dios mismo viene a nosotros como uno de nosotros!

Extasiados ante este insondable Misterio de amor, apresuremos nuestros últimos pasos en el camino hacia la ya espiritualmente cercana Cueva de Belén. Allí, en la pobreza y humildad, junto a María y José, encontraremos al Salvador del mundo. No Lo hagamos esperar. Él trae para nosotros la paz verdadera.


Luego del saludo inicial, y, si se cree conveniente, en lugar del Acto penitencial, puede realizarse el rito del encendido del cuarto cirio de la Corona de Adviento. En otra entrada de este blog, se ofrece un modelo de oración para el encendido de cada uno de los cirios. Hacer clic aquí.  

Se omite el himno Gloria in excelsis.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Is. 7, 10-14

La profecía de Isaías "asegura que ´Dios mismo´ dará un descendiente al rey David como ´signo´ de su fidelidad. Esta promesa se cumplió con el Nacimiento de Jesús de la Virgen María" (Ídem supra).
 
Segunda lectura: Rom. 1, 1-7

En el solemne inicio de su Epístola a los Romanos, el Apóstol se presenta como heraldo del Evangelio de Jesucristo, del cual también nosotros somos destinatarios y debemos ser anunciadores.

Evangelio: Mt. 1, 18-24

En la gran figura de san José advertimos que "creer significa vivir en la historia abiertos a la iniciativa de Dios, a la fuerza creadora de su Palabra, que en Cristo se hizo carne, uniéndose para siempre a nuestra humanidad" (Ídem supra).

O bien:

Inspirados por la siguiente página evangélica, imitemos a José de Nazaret, en quien "se perfila el hombre nuevo, que mira con fe y valentía al futuro, no sigue su propio proyecto, sino que se confía totalmente a la infinita misericordia de Aquel que realiza las profecías y abre el tiempo de la  salvación" (S.S. Benedicto XVI, Ángelus, 19/12/10).


Oración de los fieles

En comunión con  los santos del Antiguo Testamento más directamente relacionados con la Encarnación y la Natividad de Jesús, dirijamos nuestras súplicas a Dios, que es fiel a sus promesas:

(Adviértase que se recurre a la intercesión de algunos santos a los que la Iglesia rinde culto oficial, pues están todos inscriptos en el Martirologio. Este realiza una Conmemoración conjunta de todos los santos Antepasados de Cristo, conocidos e ignotos, el día 24 de diciembre).

R. Padre, que el arcángel Gabriel te presente nuestras oraciones.

O bien:

R. Padre, que tu Hijo nazca en nuestro corazón.

O bien:

R. Padre fiel, aguardamos con gozo al Mesías prometido.

-Para que la Iglesia sea rejuvenecida y fortalecida con la Luz siempre nueva de la Navidad, pidamos con el Patriarca Abraham, que creyó que de su descendencia Dios haría brotar la salvación; y con los Magos de Oriente que, siglos después, pudieron contemplar esa salvación en la Persona de un Niño. R.

-Para que el ministerio del Papa N se vea apoyado por el amor filial de todos los católicos y por el respeto de los miembros de otros credos, pidamos con Isaías, que profetizó la primera Venida del Mesías y su Nacimiento de una Virgen. R.

-Para que en esta Navidad las personas que viven en soledad, los ancianos, los enfermos y excluidos, experimenten la acogida y el afecto de sus hermanos en la fe, pidamos con Joaquín y Ana, padres de la Virgen santa, y con Simeón y Ana, que como nosotros, aguardaban al Señor con santa ansiedad. R.

-Para que el consumismo materialista, tan propio de esta época del año, no invada el verdadero sentido de las tradicionales Fiestas, pidamos con Zacarías e Isabel, celosos cumplidores de la Ley de Dios, y con su hijo, Juan Bautista, Precursor del Señor. R.

-Para que sean tutelados en todo el mundo los derechos de los niños, a partir de su concepción, pidamos con los pequeños mártires Inocentes, pimpollos rojos que fueron ofrenda espiritual en la Cuna del Cordero. R.

-Para que en comunión con los santos y con los difuntos, junto a la Virgen Madre y a san José, celebremos con todo fervor el inefable Nacimiento del Salvador, cuyo gozo trasciende los límites del tiempo y del espacio. R.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:
 
"Oh, Dios, Padre bueno, que has revelado la gratuidad y el poder de tu amor, eligiendo el seno purísimo de la Virgen María para revestir de carne mortal al Verbo de la Vida, concédenos, mediante la escucha de tu Palabra y en la obediencia de la fe
, acogerlo y engendrarlo en el corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

Nuestra ofrenda de hoy no es solamente el pan y el vino, imprescindibles para la Eucaristía, sino también los frutos espirituales del sagrado Tiempo de Adviento que está por concluir.

Se emplea el Prefacio de Adviento III o IV (al igual que en las ferias entre el 17 y el 24 de diciembre). Más propio para este domingo es el Prefacio IV: "María, nueva Eva".


Comunión

Recibamos a Jesucristo, el Trigo celestial, y al adorarlo hecho Pan en el corazón, apresuremos nuestro itinerario espiritual hacia Belén, para postrarnos una vez más ante su Cuna y darle gracias porque ha venido para quedarse con nosotros hasta el final de los tiempos.
 
Conviene que el sacerdote emplee la Bendición solemne de Adviento, al igual que en los días entre el 17 y el 24 de diciembre, ferias privilegiadas de este tiempo.


Despedida

"Que la Virgen María y san José nos ayuden a celebrar de modo fructuoso, el Nacimiento del Redentor" (Ídem supra).

O bien:

"Que María nos ayude a vivir la Navidad como ocasión para gustar la alegría de entregarnos a nosotros mismos a los hermanos, especialmente a los más necesitados" (San Juan Pablo II, Ángelus, 19/12/04).

O bien:

Que en estos últimos días de espera de la Navidad, fiesta entrañable de la cristiandad, nos guíen e iluminen la Virgen Madre del Verbo de Dios y el glorioso Patriarca san José, justo Custodio del Redentor que viene.


Guion Misa solemne de Nochebuena: clic aquí.


12 de diciembre de 2016, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona y emperatriz de América. Entrada dedicada a ella.


 

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