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La verdadera Iglesia de Dios...

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lunes, 13 de febrero de 2012

El mensaje de Fátima para los más pequeños





El 13 de febrero es el dies natalis de Lucía Dos Santos, vidente de Fátima (en la foto de arriba, junto a San Juan Pablo II). Recordemos, de paso, que dies natalis es el día de la muerte terrena de los santos, pues es entonces cuando "nacen" a la Vida sin fin.
Como homenaje a Sor Lucía, comparto con ustedes una síntesis de la historia de estas famosas apariciones. Me pidieron que la redactara para una publicación infantil. De ahí su lenguaje sencillo y coloquial:


S.S. Francisco ante la Virgen de Fátima

                                            

  Viaje al Corazón de una Madre

Uno de los dones más hermosos que Dios hace a cada hombre es la mamá que les da la vida.
Y el regalo más bello que el Señor entrega a todos los hombres es su propia Madre, la Virgen María. Ella acompaña siempre a sus hijos por el camino de la vida.
Como cualquier madre, pero con más amor que todas, a veces nos advierte sobre algún peligro; en otras oportunidades nos aconseja, o hasta nos reprende con dulzura. Está siempre a nuestro lado, para que no nos sintamos solos, y no deja de hablarnos al corazón.

Así ocurrió en el año 1917, en un lugar llamado Cova de Iría (Fátima, Portugal).
Eran tiempos de la Primera Guerra Mundial, cuando la Dulce Madre del Señor, conmovida por el dolor de sus hijos, se manifestó a tres humildes pastorcitos que cuidaban de sus ovejas en el campo: los hermanos Francisco y Jacinta, y su prima Lucía.
En las apariciones, que ocurrieron todos los días trece, desde mayo hasta octubre, la Virgen pidió a los niños que ofrecieran sus sufrimientos y que rezaran mucho, particularmente el Rosario, a fin de que terminara la guerra y los pecadores volvieran su corazón a Dios.
Les dijo que rezaran en especial por el Papa, el cual estaba sufriendo mucho por todo lo que sucedía en el mundo.
 Les pidió que rogaran también por las Almas del Purgatorio, es decir las de los difuntos que aún no habían llegado al Cielo, y que estaban deseosos del encuentro definitivo con Dios.
Les encomendó además que dijeran al mundo que la última oportunidad que Dios ofrecía para que todos se salvaran, era el Corazón Inmaculado de su Madre. Todos debían refugiarse en este Corazón materno, y hallarían misericordia.
Muchos no creyeron en las palabras de los niños, se les burlaron y hasta los maltrataron y los llevaron presos.
Pero la Madre de Dios había prometido darles una señal para que todos creyeran.
Y así ocurrió. El último día de las apariciones, el trece de octubre, se habían congregado muchísimas personas en el lugar indicado por los pastorcitos. Era un día muy lluvioso, y casi todos habían llevado sus paraguas. La Virgen pidió que los cerraran. Se mojaron totalmente. Pero el cielo comenzó a despejarse, y  apareció el sol, danzando con extraños movimientos. Por instantes se lo veía acercarse a la Tierra como si fuera a estrellarse contra ella, lo cual causó gran temor en los presentes. Pero lo que les asombró más aun, fue que la ropa empapada y embarrada se les secó y quedó totalmente limpia, como si no se hubiera mojado nunca.
Todos los presentes fueron testigos de estos hechos sobrenaturales: creyentes y no creyentes; niños, jóvenes, adultos y ancianos, de todas las condiciones sociales.
 La Madre del Señor insistió una vez más en que dejaran de ofender a Dios con sus pecados y en que rezaran mucho.
Advirtió a Jacinta y a Francisco que morirían pronto, pero que irían al Cielo. Dijo a Lucía que ella viviría aun muchos años más, y que sería la encargada de transmitir los mensajes a las próximas generaciones.
Así fue. Al poco tiempo murieron los dos hermanos, víctimas de una peste, pero con incomparable alegría en el corazón y con un gran amor a Dios y a su Madre Celestial.
Todos los Papas desde entonces creyeron en los mensajes de la Virgen y los difundieron.
Y muchos años después de la muerte de los hermanos Francisco y Jacinta, el trece de febrero de 2005 (curioso, ¿no?: ¡el trece!), moría Lucía, ya anciana y ciega, pero feliz, después de una vida de amor y fidelidad a las enseñanzas de la Virgen de Fátima.

También a nosotros van dirigidos esos mensajes que siguen siendo actuales, quizás más ahora que antes.
¿Estamos dispuestos a escuchar a María, la Madre más buena de todas, que sigue hablándonos al corazón? ¿Queremos obedecerle como verdaderos hijos suyos?

Si es así, podemos proceder de la siguiente manera:

-Arrepintámonos de nuestros pecados, y busquemos a un sacerdote para que en nombre de Dios, nos perdone. (Así nos enseñó Jesús, Hijo de Dios y por ello verdadero Dios. Él eligió a hombres –sus Apóstoles y sucesores- para que a lo largo de la historia,  perdonaran los pecados en su nombre).
-Preparémonos para hacer la Primera Comunión, y si la hemos hecho ya, recibamos frecuentemente a Jesús hecho Pan por nosotros, yendo a Misa al menos los domingos.  Así, el Señor nos dará fuerzas para ser cada día mejores cristianos.
-Recemos siempre por nuestro Santo Padre, el Papa, y amémoslo con toda el alma, pues él representa a Jesús presente en medio de nosotros.
-Oremos por todos los pecadores, y ofrezcamos nuestros pequeños o grandes sufrimientos para que ellos se arrepientan y busquen a Dios por medio de María, que es Madre de toda la humanidad.
-Recemos por todos los que han muerto, para que lleguen a gozar de la Vida sin fin en el Cielo.
-Pero sobre todo, dejémonos amar mucho por María, que siempre, pero siempre, quiere llevarnos a su Hijo Jesús para que seamos felices de verdad.

Si hacemos todo esto, nuestra vida presente será más hermosa, y en el futuro, el Cielo será nuestra Casa y la de todos los que amamos.

13 de febrero de 2012, séptimo aniversario de la muerte de la sierva de Dios Lucía Dos Santos. Entrada dedicada a ella y a San Juan Pablo II, en el aniversario de su atentado.
(Última actualización de la entrada: 13/05/16).


 Benedicto XVI en Fátima (12/05/16)

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