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La verdadera Iglesia de Dios...

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domingo, 25 de noviembre de 2012

Himnos JMJ VIII: Roma, 2000





La Jornada Mundial de la Juventud del Año Jubilar 2000 fue realmente inolvidable. Se celebró en Roma, del 15 al 20 de agosto. Todavía recuerdo aquella tarde de la solemnidad de la Asunción, cuando estábamos en la Plaza de San Pedro todos los jóvenes del mundo, mirando por pantallas gigantes cómo el amado Juan Pablo II daba la bienvenida a los jóvenes italianos en la Plaza de la archibasílica de San Juan de Letrán. Es que no había lugar para todos en la Plaza de San Pedro. Luego veíamos cómo el Papa polaco se trasladaba hacia donde estábamos nosotros, ante grandiosas ovaciones que lo aclamaban a lo largo y a lo ancho del recorrido, cantando los Himnos de las Jornadas precedentes. 
Ya frente a la basílica Vaticana se hizo sonar, como en el Antiguo Testamento, la trompeta que anunciaba el Jubileo de los Jóvenes, la perla más preciosa de ese Año de Gracia. Luego el mismo Papa nombró uno por uno a los países visitantes, mientras desfilaban ante él con vestimentas típicas, ante un espectáculo de luz, música y color pocas veces visto. Hubo una coreografía alusiva al lema de la Jornada: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn. 1, 14).
Los días siguientes fueron de oración, meditación y alegría intensas. El 19 de agosto al anochecer tuvo lugar la Vigilia en el amplio campus universitario de Tor Vergata. Todos vimos llegar al Santo Padre en helicóptero, y después de aterrizar, avanzar de la mano de cinco jóvenes representantes de sendos continentes hasta la "Puerta Santa" que se había improvisado allí.
Al otro día fue la inolvidable Misa de Clausura, en la que participaron más de dos millones de jóvenes.
En todos estos eventos se escuchaba el himno oficial, llamado Emmanuel, a mi criterio, el más hermoso de los Himnos de las Jornadas.
El texto original se compuso en varios idiomas, por la universalidad de toda jornada, pero más de ésta, por ser Jornada de Jóvenes en un Año Santo.

El estribillo menciona el hecho de que los jóvenes llegados a Roma, desde allí, bajo la misma Cruz, bajo la misma Luz, aclaman a una voz al Salvador del mundo, el Emmanuel, Dios con nosotros.
La primera estrofa se refiere a Cristo como Luz que resplandece a lo largo de la historia, disipando las tinieblas, y que nosotros, en la búsqueda de la Vida y la Verdad, acogemos como antorcha preciosa.
La segunda estrofa se refiere a la peregrinación de los jóvenes del mundo hacia la Ciudad Eterna, "sintiendo el eco de la Palabra" que sigue resonando en el mundo. Ellos siguen los pasos de la fe y son testigos de que Cristo, "el Hombre nuevo", vive entre nosotros.

La tercera estrofa vuelve a mencionar la célebre Urbe, regada con la sangre de mártires, en la que renace la fe y se propaga por doquier, y en la que vive el Vicario de Cristo, junto a quien seguimos al Señor.

La cuarta estrofa se refiere al máximo Don que Dios nos ha dado, el de Sí mismo en la Persona del Hijo, verdadero Dios y verdadero Hombre, nuestro Redentor hecho Pan de Vida.

La quinta estrofa anuncia el gozo de la Pascua en todo el mundo, pues "ha muerto la muerte" y ha vencido la Vida. El Espíritu del Señor sopla en todo el mundo, animando a la Iglesia, que, con María a la cabeza, se constituye en Comunidad de creyentes.

La sexta estrofa nos presenta a los cristianos como "deudores", herederos de quienes nos precedieron, los que aspiraron a los bienes de lo alto, siguiendo a Jesús.

La séptima estrofa se refiere a un "tiempo de primavera" que nace para la Iglesia, "día siempre nuevo", tiempo de cambio de vida y de regreso a Dios, para poder luego ser sus testigos ante el mundo.

  
Emmanuel

Dall'orizzonte una grande luce
viaggia nella storia
e lungo gli anni ha vinto il buio
facendosi Memoria,
e illuminando la nostra vita
chiaro ci rivela
che non si vive se non si cerca
la Verità...

Da mille strade arriviamo a Roma
sui passi della fede,
sentiamo l'eco della Parola
che risuona ancora
da queste mura, da questo cielo
per il mondo intero:
è vivo oggi, è l'Uomo Vero
Cristo tra noi.

Siamo qui
sotto la stessa luce
sotto la sua croce
cantando ad una voce.

E' l'Emmanuel Emmanuel, Emmanuel.
E' L'Emmanuel, Emmanuel.

Dalla città di chi ha versato
il sangue per amore
ed ha cambiato il vecchio mondo
vogliamo ripartire.
Seguendo Cristo, insieme a Pietro,
rinasce in noi la fede,
Parola viva che ci rinnova
e cresce in noi.

Ritornello...

Un grande dono che Dio ci ha fatto
è Cristo, il suo Figlio,
e l’umanità è rinnovata,
è in Lui salvata.
E' vero uomo, è vero Dio,
è il Pane della Vita,
che ad ogni uomo
ai suoi fratelli
ridonerà.

Ritornello...

La morte è uccisa, la vita ha vinto,
è Pasqua in tutto il mondo,
un vento soffia in ogni uomo
lo Spirito fecondo.
Che porta avanti nella storia
la Chiesa sua sposa,
sotto lo sguardo
di Maria,
comunità.

Ritornello...

Noi debitori del passato
di secoli di storia,
di vite date per amore,
di santi che han creduto,
di uomini che ad alta quota
insegnano a volare,
di chi la storia sa cambiare,
come Gesù.

Ritornello...

E' giunta un'era di primavera,
è tempo di cambiare.
E' oggi il giorno sempre nuovo
per ricominciare,
per dare svolte, parole nuove
e convertire il cuore,
per dire al mondo, ad ogni uomo:
Signore Gesù.

(su di un tono)

E' l'Emmanuel, Dio con noi
Cristo tra noi.
Sotto la sua croce
E' l'Emmanuel, Emmanuel
Sotto la stessa croce
cantando ad una voce.

(su di un tono)

E' l'Emmanuel, Dio con noi
Cristo tra noi.
Sotto la sua croce
E' l'Emmanuel, Emmanuel
Sotto la stessa croce
cantando ad una voce.

This city which has poured out
its life-blood out of love
and has transformed the ancient world
will send us on our way,
by following Christ, together with Peter,
our faith is born again,
the living word
that makes us new
and grows in our hearts.

Ce don si grand que Dieu nous a fait
le Christ son Fils unique;
l’humanité renouvelée
par lui est sauvée.
Il est vrai homme, il est vrai Dieu,
il est le pain de vie
qui pour chaque homme
pour tous ses frères
se donne encore,
se donne encore.

Llegó una era de primavera
el tiempo de cambiar:
hoy es el día siempre nuevo
para recomenzar,
cambiar de ruta y con palabras nuevas
cambiar el corazón
para decir al mundo, a todo el mundo:
Cristo Jesús.
Y aquí
bajo la misma luz,
bajo su misma cruz,
cantamos a una voz.

R. È l’Emmanuel, l’Emmanuel, l’Emmanuel...







25 de noviembre de 2012, solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo.


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