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La verdadera Iglesia de Dios...

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martes, 22 de noviembre de 2016

Bendición de una campana


Repique de campanas en la Basílica de San Pedro


 Bendicional: en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.

El capítulo XXXIII del Bendicional ofrece la siguiente bendición de una campana:

BENDICIÓN DE UNA CAMPANA

1142. Existe la antigua costumbre de convocar al pueblo cristiano para la asamblea litúrgica y advertirle de los principales acontecimientos de la comunidad local por medio de algún signo o sonido. Tal es la misión específica de las campanas. Efectivamente, el tañer de la campana es, de alguna manera, la expresión de los sentimientos del pueblo de Dios, cuando este pueblo exulta o llora, da gracias o suplica, se congrega y pone de manifiesto el misterio de su unidad en Cristo. Por lo que la campana que suena puede convertirse en vehículo de anuncio de los más variados sentimientos humanos y en el marco de las más diversas circunstancias.

1143. Por la íntima relación que guardan las campanas con la vida de la comunidad cristiana, arraigó la costumbre —que ha ido prevaleciendo y se ha querido conservar— de bendecirlas antes de colocarlas en el campanario. Algunas personas solían referirse al "bautismo de las campanas" puesto que en determinados lugares eran rociadas con agua bendita y también ungidas con óleo en ritos análogos a los bautismales. Hay liturgistas que incluyen a las campanas entre los llamados "vasos litúrgicos" (como el cáliz o la patena). Por esto y por la función arriba mencionada, desde hace siglos la campana es considerada como objeto de devoción que debe ser bendecido. En este sentido, dicha bendición, y luego la misma campana bendecida pueden se consideradoss dos sacramentales de la Iglesia.

1144. Conviene colgar o colocar la campana que se va a bendecir en el lugar designado de antemano, de manera que se pueda cómodamente, si se da el caso, dar la vuelta a su alrededor y hacerla sonar.  

Muy significativo es hacerla repicar luego de la bendición, como ocurrió en la Apertura de la Jornada Mundial de la Juventud de 2005, cuando el Santo Padre Benedicto XVI, en la ciudad de Colonia, en su propia tierra alemana, bendijo una campana a la que se bautizó con el nombre de "Juan Pablo II", evocando la memoria de ese gran Pontífice, fundador de las Jornadas Mundiales de la Juventud, hoy santo y también patrono de ese gran evento eclesial, por decisión del Papa Francisco. Inmediatamente después del rito de la bendición, ante miles de jóvenes de toda el mundo, se escucharon los tañidos de dicha campana mientras el coro cantaba Laudate omnes gentes, laudate, Dominum! ("¡Alaben todos los pueblos, alaben al Señor"!)

1145. Según las circunstancias del momento y del lugar, la campana se bendice en día festivo (es decir, en fiestas o solemnidades del Calendario general o de los particulares; la memoria litúrgica de la virgen y mártir santa Cecilia, patrona de la música, es también una fecha apropiada para llevar a cabo el rito), fuera de la iglesia o también dentro de ella, con el rito descrito en los núms. 1147-1161. Si se estima oportuno bendecirla dentro de la Misa, la bendición tiene lugar después de la homilía, a tenor de lo que se dice en el núm. 1162.

1146. Este rito puede utilizarlo el presbítero, el cual, respetando su estructura y los elementos principales de que consta, puede adaptar cada una de sus partes para que la celebración se ajuste mejor a las circunstancias del lugar y de las personas. Si, como es aconsejable, preside el rito el Obispo, se introducirán las oportunas adaptaciones.  

Adviértase que, a diferencia de la mayoría de las bendiciones contenidas en el Bendicional, la de una campana no puede realizarla el diácono.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

1147. Reunida la comunidad, se entona oportunamente un canto adecuado, terminado el cual, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

1148. Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, que nos convoca a una misma Iglesia, y la comunión del Espíritu Santo, estén con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

1149. Luego el celebrante exhorta brevemente a los fieles para disponer su espíritu a la celebración y explicar el significado del rito; puede hacerlo con estas palabras u otras semejantes:

Éste es para nosotros un día de gran alegría, porque esta iglesia desde hoy tiene una nueva campana, hecho que nos da la ocasión de bendecir a Dios con esta celebración. Las campanas están en cierto modo relacionadas con la vida del pueblo de Dios: su toque, en efecto, nos señala los momentos de la oración, reúne al pueblo para las celebraciones litúrgicas, advierte a los fieles cuando se produce algún suceso importante que es motivo de alegría o de tristeza para esta parte de la Iglesia (para esta población) o para cualquiera de los fieles. Asistamos, pues, con devoción a estos ritos, para que siempre que oigamos la voz de la campana nos acordemos de que formamos todos una misma familia, y, obedientes a su voz, nos reunamos todos, como signo visible de nuestra unidad en Cristo.

La monición precedente menciona las diferentes "funciones" de la campana, presentando a los fieles creyentes como sus receptores, a partir de la metáfora de la "voz" de esa misma campana.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

1150. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la Sagrada Escritura, seleccionado entre los que a continuación se proponen:

Mc 16, 14-16. 20: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Marcos:

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo:
—«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado.»
Ellos fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Palabra del Señor.

1151. Pueden también leerse: Nm 10, 1-8. 10; lCro 15, 11-12. 25-28; 16, 1-2; Is 40, 1-5. 9-11; Hch 2, 36-39. 41-42; Mt 3, 1-11; Mc 1, 1-8.

1152. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 28 (29), 1-2. 3 y 5. 7-9. 10-11 (R.: 4)

R. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la gloria ha tronado,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor descuaja los cedros,
el Señor descuaja los cedros del Líbano. R.

La voz del Señor lanza llamas de fuego,
la voz del Señor sacude el desierto,
el Señor sacude el desierto de Cadés.
La voz del Señor retuerce los robles,
el Señor descorteza las selvas.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!» R.

El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno.
El Señor da fuerza a su pueblo,
el Señor bendice a su pueblo con la paz. R.

1153. O bien:

Sal 150, 1-2. 3-4. 5

R. (2b) Alabad al Señor por su inmensa grandeza.

1154. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban el significado de la celebración y la finalidad de la campana.

PRECES

1155. Sigue, según las circunstancias, la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias de los presentes o del momento.

Unidos en una sola voz, presentemos nuestras peticiones a Dios Padre, que quiere hermanar en su Iglesia a todos los pueblos, y digámosle:

(Nótese que, a diferencia de la mayoría de las "Preces" del Bendicional, las siguientes no contienen una súplica en sí mismas sino que se presentan como enunciados que dan pie a la única petición de la asamblea):

R Reúne en tu Iglesia a todas las naciones.

Señor y Dios nuestro, que siempre nos llamas a la unidad, para que, animados por un mismo Espíritu, recorramos el único camino de salvación. R,

Señor y Dios nuestro, que quieres que nosotros, tu pueblo, seamos una señal cada vez más cierta de tu presencia entre los hombres. R.

Señor y Dios nuestro, que nos enseñas a participar de las penas y alegrías de los hermanos, para que nuestra caridad sea más verdadera. R.

Señor y Dios nuestro, que hoy llenas de alegría espiritual nuestra asamblea, para que enseñe a los hermanos el mensaje de la salvación. R.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

1156. Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición, el celebrante, con estas palabras u otras semejantes, invita a todos a orar, implorando la ayuda divina:

Con nuestra oración, reforcemos ahora las alabanzas y peticiones dirigidas al Padre, que nos ha reunido en este lugar.

Y, según las circunstancias, todos oran durante algún tiempo en silencio.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

1157. El celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición:

Te bendecimos, Señor, Padre santo, porque enviaste tu Hijo al mundo, para que, con la efusión de su Sangre, reuniera a los hombres, que el pecado había dispersado, y los juntara a todos en un solo redil, a fin de que él, como único Pastor, los guiara e instruyera. Te pedimos ahora, Señor, que, al oír la invitación de la campana, tus fieles acudan a la iglesia con prontitud y alegría, y que, manteniéndose constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la concordia fraterna, en la fracción del pan y en la oración, tengan un mismo pensar y un mismo sentir, para alabanza de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

1158. O bien:

Oh, Dios, cuya voz, ya en los orígenes del mundo, resonó en los oídos del hombre, invitándolo a la participación de la vida divina, enseñándole cosas inefables y saludables; oh, Dios, que ordenaste a Moisés, tu servidor, que empleara unas trompetas de plata para reunir al pueblo; oh, Dios, que permites a tu Iglesia utilizar campanas de bronce, que inviten a tu pueblo a la oración, bendice + esta nueva campana y haz que todos tus hijos, al oír su voz, eleven a ti sus corazones y, compartiendo las alegrías y las penas de los hermanos, vayan con prontitud a la iglesia, donde sientan a Cristo presente, escuchen tu palabra y te expongan tus deseos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

1159. Después de la oración de bendición, el celebrante, según las circunstancias, rocía la campana con agua bendita, pone incienso y la inciensa, mientras se canta la antífona:

La incensación no es muy común en el Bendicional, como lo es la aspersión.

R. Cantad al Señor y bendecid su Nombre. Aleluya.

Con el salmo 149, u otro canto adecuado.

Salmo 149, 1-5

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey. R.

Alabad su Nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas. R.

CONCLUSIÓN DEL RITO

1160. El celebrante bendice al pueblo, con las manos extendidas sobre los fieles, diciendo: (la siguiente Bendición solemne es propia y exclusiva de este rito sacramental)

Dios, que de muchas naciones congrega una sola Iglesia, os bendiga con su clemencia a los que habéis acudido con prontitud para la bendición de esta nueva campana.

R. Amén.

Él os conceda misericordioso que, al ser convocados en la iglesia por el solemne toque de esta campana, escuchéis atentamente su Palabra.

R. Amén.

Y, así, superada toda división entre hermanos, y amándoos unos a otros con sinceridad, celebréis hermanados los Sagrados Misterios.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R. Amén.

1161. Si se estima oportuno, el celebrante y los fieles hacen sonar la campana bendecida, en señal de alegría. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.

1162. Si la bendición de la campana se hace dentro de la Misa (cf. supra, núm. 1145), debe tenerse en cuenta lo siguiente:

—se dice la Misa del día; (pues no hay una Misa propia para este rito)

—las lecturas, salvo en las solemnidades, fiestas y domingos, pueden tomarse de la Misa del día o de las que se proponen en los núms. 1150-1153;

—la bendición de la campana se hace después de la homilía, siguiendo el rito descrito en los núms. 1155-1158.


22 de noviembre de 2016, memoria litúrgica de santa Cecilia, virgen y mártir, patrona de la música. Entrada dedicada a ella.

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