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La verdadera Iglesia de Dios...

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lunes, 6 de febrero de 2017

Guion: Domingo VI del Tiempo Ordinario




Ciclo A

Introducción

Queridos hermanos:

La rutina a menudo nos introduce en un ritmo que suele impedirnos valorar las cosas más importantes, la primera de las cuales es la fe celebrada y vivida. El principal modo de celebrar y vivir esta fe es la Santa Misa.

Quizás esa misma rutina nos ha ido acostumbrando a participar de la celebración eucarística de tal manera que la consideramos el mero cumplimiento de una norma preceptual, o una posible actividad más de nuestro fin de semana, que se suma a otras, y que hasta suele sujetarse a ellas.

Pero nuestra participación en la Misa es mucho más que eso. Se trata del tercer mandamiento de la Ley, que el Dios de amor ha promulgado para que nadie quede excluido de la salvación que nos ofrece en el Sacrificio de su Hijo.

¿Somos conscientes de la importancia de esta asamblea fraternal que nos reúne domingo tras domingo? A lo largo de los siglos, desde los tiempos apostólicos hasta hoy, los cristianos no han podido prescindir de la Misa dominical, que es el mismo y único Sacrificio de Cristo.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Eclo. 15, 15-20

La primera lectura pone de manifiesto la libertad que tiene el hombre para elegir su propio camino: cumplir fielmente los mandamientos de Dios o apartarse de ellos. Aunque el Señor no justifica nunca el mal obrar, tampoco abandona al pecador a su propia suerte.

Segunda lectura: I Cor. 2, 6-10

Jesucristo es la "Sabiduría misteriosa y secreta" que, encarnándose, nos dio a conocer el Rostro amoroso del Padre.

Evangelio: Mt. 5, 17-37

Con su Divina Autoridad, Jesucristo lleva a la perfección la antigua Ley, resumiéndola en la práctica del amor a Dios y al prójimo.

O bien, más general: 


"Jesús es el Hijo de Dios que descendió del Cielo para llevarnos al Cielo, a la altura de Dios, por el camino del amor". (Cf. S.S. Benedicto XVI, Ángelus del 13/02/11).


Oración de los fieles

Las siguientes preces, con las debidas adaptaciones, están tomadas de la santa Misa del Jubileo de las personas excluidas, presidida por el Papa Francisco en la Basílica de San Pedro el 13 de noviembre de 2016, en el marco del Año Santo de la Misericordia:

Hermanos queridos, invoquemos sobre nosotros los rayos benéficos de Jesucristo, Sol de Justicia, que resplandece en lo alto, y que es "rico en misericordia":

R. Te rogamos, óyenos.

-Colma de tu presencia, oh, Señor, a la santa Iglesia; que resplandezca ante el mundo con la belleza de Esposa del Señor Jesús. R.

-Acompaña con tu gracia, oh, Señor, los proyectos de paz; que florezca en los pueblos la justicia en el respeto de la dignidad de toda persona. R.

-Sostén con tu benevolencia, oh, Señor, a los trabajadores de la caridad; que la gratuidad de su donación sea siempre reflejo de tu Misericordia. R.

-Vence con tu ternura, oh, Señor, la dureza de los corazones; que la humanidad sane del egoísmo, de la indiferencia y del odio. R.

-Reaviva con tu esperanza, oh, Señor, el deseo de la vida eterna; que todo cristiano reconozca en el Paraíso la verdadera morada que nadie puede arrebatar. R.

Oración conclusiva

"En Ti confiamos, oh, Padre. Tú eres nuestro refugio y nuestro único Bien. Acoge, pues, nuestra oración y bendice nuestros días. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, que revelas la plenitud de la ley en la justicia nueva fundada sobre el amor, haz que el pueblo cristiano, reunido para ofrecerte el Sacrificio perfecto, viva en coherencia con las exigencias del Evangelio, y sea para todo hombre, signo de reconciliación y de paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio


El pan y el vino ahora son presentados ante Dios en el Altar del Sacrificio. Ellos volverán a nosotros transformados en ese mismo Dios que ha querido unirnos de tal manera a Sí, que se revistió de nuestra carne mortal.

O bien:

Participemos espiritualmente de los ritos del Ofertorio, haciendo nuestras las palabras de la siguiente oración de san Ignacio de Loyola:

"Toma, Señor, y recibe
toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento
y mi voluntad.

Todo mi haber y mi poseer; 
Tú me lo diste;
a Ti, Señor, lo entrego.
Todo es tuyo;
dispón de ello según tu voluntad.

Dame tu amor y gracia.
Con esto me basta".

 
Comunión

"Ojalá me mantenga firme en la observancia de tus preceptos".

Para que se haga realidad en nosotros este deseo expresado hoy por el salmista, necesitamos la fuerza que el Señor nos da alimentándonos con el Pan celestial de la Eucaristía. Que nuestra comunión sea a la vez súplica y alabanza, anhelo y acción de gracias.


Despedida


Al concluir la santa Misa, "encomendémonos a María, Speculum iustitiae (Espejo de justicia), para que guíe también nuestros pasos en la fidelidad a la Ley de Cristo". (Cf. S.S. Benedicto XVI, Ángelus del 13/02/11).

 
6 de febrero de 2017, memoria litúrgica de los santos Pablo Miki y compañeros, mártires. Entrada dedicada a ellos.


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2 comentarios:

  1. Hola. Buen día. Me podrían orientar para misa de niños del 19 de febrero??? Desde ya gracias. Mi mail es gabrielamuhamad72@gmail.com

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  2. Hermana, te respondí a ese correo.

    San Pablo Miki y sus compañeros, primeros mártires de Japón, en su festividad, iluminen tu labor.

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