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La verdadera Iglesia de Dios...

La verdadera Iglesia de Dios...

viernes, 24 de febrero de 2017

Guion: Domingo X del Tiempo Ordinario


"La vocación de Mateo" (Juan de Pareja, óleo, 1661).


Ciclo A

Introducción

"El Dios de los dioses, el Señor de los señores, habla para convocar a la Tierra, desde la salida del sol hasta el ocaso".


Estas palabras, que escucharemos en el salmo de hoy, hallan su pleno cumplimiento cuando, en los diferentes puntos del Planeta, el Padre del Cielo nos convoca para celebrar los Santos Misterios. Esta convocatoria la realiza cada día, pero de manera preceptual en el domingo, memoria semanal de la Pascua de Cristo.

Respondamos con fe y gratitud a la amorosa invitación del Señor a sentarnos a esta Mesa de los herederos del Reino.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Os. 6, 3-6

La profecía de Oseas nos exhorta a rechazar todo aquello que sea mera apariencia, exterioridad, en nuestro culto al Dios verdadero.

Segunda lectura: Rom. 4, 18-25

El apóstol Pablo nos invita a imitar la fe del santo patriarca Abraham, quien esperó de la Bondad de Dios lo que la limitación humana no podía darle.
 
Evangelio: Mt. 9, 9-13

La vocación de Mateo, relatada por él mismo, nos demuestra de qué manera el amor de Dios puede transformar la vida de todo aquel que vuelva humildemente su corazón a Él.


Oración de los fieles

Las siguientes preces, con las necesarias adaptaciones, están tomadas de la Misa con el rito de entrega del anillo cardenalicio, presidida por el Santo Pontífice Juan Pablo II, el 22 de octubre de 2003 en la Basílica de San Pedro:

Hermanos y hermanas, en comunión con la Virgen María y con todos los santos, oremos incesantemente a nuestro Padre, a fin de que confirme a la santa Iglesia Católica en la fe y en el testimonio, y fieles al Evangelio de Cristo, la guíe siempre y le conceda el consuelo del Espíritu:

R. Señor, reina entre nosotros.

-Por nuestro queridísimo Papa N, para que el Señor lo colme de la sabiduría y del consuelo del Espíritu, y resuene siempre en la Iglesia y en el mundo su llamamiento a la paz y a la unidad de los hombres. R.

-Por el Colegio de los Cardenales, para que en comunión con el Santo Padre, concordes en la unidad que Jesús ha pedido al Padre, sean fieles discípulos, testigos valientes de la verdad e incansables apóstoles de la caridad hasta el don de su misma vida. R.

-Por las iglesias particulares, para que en el vínculo de la caridad de la única Iglesia de Cristo esparcida por todo el orbe y viva en todas las culturas, sientan su llamada a la comunión con la Sede de Pedro y la responsabilidad de testimoniar con fervor la vocación cristiana. R.

-Por todos aquellos que sufren a causa de la guerra y la injusticia, para que la paz de Cristo reine en los corazones y en los convenios entre las naciones, y la Iglesía, solícita por el bien de los más débiles y necesitados, sea signo de esperanza y de comunión entre los pueblos y sacramento universal de salvación. R.

-Por las nuevas generaciones que surgen a la vida, para que Cristo, gloria de todos los corazones, sea su verdadero Maestro y Salvador, y ricas de entusiasmo, generosidad y fervor apostólico, hagan joven y entusiasta la Iglesia del Señor, bella como un jardín de Dios en el que florezcan todas las vocaciones. R.

-Por nuestra asamblea, para que en esta celebración experimente la presencia del Señor que guía siempre con amor a la Iglesia y la conduce por los caminos del mundo con el ministerio de los pastores, el testimonio de los santos, la luz de la Palabra y el Pan de la Eucaristía. R.

Oración conclusiva

"Dios, nuestro Padre, que has querido hacer de todos nosotros una estirpe elegida, un pueblo sacerdotal, una nación santa, confírmanos con el sello de la fidelidad de tu Espíritu en la profesión de la verdadera fe y del auténtico amor a Cristo, tu Hijo, Palabra que contiene toda la revelación, Don que reúne toda bendición y toda gracia. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén."

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:
 
"Oh, Padre, que prefieres la misericordia al sacrificio y acoges a tu Mesa incluso a los pecadores, haz que nuestra vida, transformada por tu amor, se abra a Ti y a los hermanos con total dedicación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".



Ofertorio
 
"Ofrece al Señor un sacrificio de alabanza y cumple tus votos al Altísimo".

Es el momento de llevar a pleno cumplimiento estas palabras que escuchamos en el salmo de hoy.

Preparemos la Mesa del Altar para ofrecer al Cordero que se inmola en el Sacrificio supremo de alabanza y reconciliación.


Comunión

La Eucaristía es el Sacramento de la unidad y de la igualdad de todos los hijos de Dios. Un mismo Pan y una misma Copa de Sangre hermana al pobre con el rico, al justo con el pecador, al fuerte con el débil. Ya no hay diferencias entre unos y otros. Todos somos hijos en el Hijo.

 
Despedida

Al igual que el apóstol Mateo, estemos dispuestos a dejar todo lo que sea necesario para seguir a Jesús, y aprendamos a descubrir que solo en Él, muerto y resucitado, está nuestro verdadero Tesoro.


25 de febrero de 2017, viernes de la semana VIII del Tiempo Ordinario.


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