El himno Cælestem laudem Joseph, presente en los misales de Lieja y otros libros litúrgicos europeos, en los siglos XVI y XVII, y recopilado en la monumental obra Analecta Hymnica, es una pieza de profunda belleza teológica, que ocupa un lugar de honor por su estructura rítmica y su claridad doctrinal.
La Analecta Hymnica, monumental colección de 55 volúmenes publicada entre 1886 y 1922 por los jesuitas Guido Maria Dreves y Clemens Blume, representa el esfuerzo más exhaustivo de la historia para catalogar la himnodia latina. Al rescatar piezas como el Cælestem laudem Joseph de antiguos códices y misales locales —como el de Lieja—, esta obra preservó un tesoro litúrgico que, de otro modo, se habría perdido tras la unificación de los libros rituales. Su inclusión en esta colección confirma que, aunque el himno no forme parte del canon universal romano actual, posee una legitimidad histórica y una riqueza literaria avaladas por los mayores expertos en la materia.
HIMNO
Latín
Cœlestem laudem Joseph
mens nostra decantet,
atque devota carmina
corde concrepet.
Hic est ille famulus,
quem elegit Dominus,
ut uxoratum Virginis
custodem faceret.
Hic panis vitæ factus est
custos et nutritius,
dum Verbum caro factum est,
quem Virgo genuit.
Hic in somnis admonitus
Angelum audivit,
ut fugeret in Ægyptum
cum puero et matre.
Hic reversus in patriam,
cum Domino vixit,
et ei fida servitia
semper exhibuit.
O Joseph, sancte summe,
nos prece adjuva,
ut ad cœli palatia
per te veniamus.
Sit Patri laus et Filio,
sit et Paraclito,
qui te tam magnis donis
exornavit in sæculo.
Español
Que nuestra mente cante
O Joseph, sancte summe,
nos prece adjuva,
ut ad cœli palatia
per te veniamus.
Sit Patri laus et Filio,
sit et Paraclito,
qui te tam magnis donis
exornavit in sæculo.
Español
Que nuestra mente cante
la celestial alabanza de José,
y que el corazón resuene
con devotos cánticos.
Este es aquel siervo
a quien el Señor eligió,
para hacerlo custodio
desposado de la Virgen.
Él fue hecho custodio
y nutricio del Pan de Vida,
cuando el Verbo se hizo carne,
a quien la Virgen engendró.
Él, advertido en sueños,
escuchó al Ángel,
para que huyera a Egipto
con el Niño y su Madre.
Él, de regreso a su patria,
vivió con el Señor,
y le rindió siempre
fieles servicios.
¡Oh, José, santo excelso!,
ayúdanos con tu oración,
para que por ti lleguemos
a los palacios del Cielo.
Sea la alabanza al Padre y al Hijo,
y también al Paráclito,
que con tan grandes dones
te adornó en este mundo.
19 de marzo de 2026, solemnidad de san José, Esposo de la Santísima Virgen María, padre adoptivo de Cristo y patrono de la Iglesia universal (y de este blog).
Entrada dedicada a él.

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