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sábado, 10 de enero de 2026

Epifanía: un misterio, tres manifestaciones

 




El Misterio supremo de nuestra fe, es el de la Santísima Trinidad, por el que confesamos la única Divinidad en Tres Personas.

Podemos distinguir una interesante analogía con esa Verdad al reflexionar sobre la Epifanía, un solo misterio que se refiere a tres manifestaciones del Dios Uno y Trino, a saber:

La Adoración de los Magos (Mt. 2, 1-12); el Bautismo de Jesús en el río Jordán, cuando el mismo Dios Trinidad se manifiesta -Voz, Paloma, Cristo- (Mt. 3, 13-17; Mc. 1,9-11; Lc. 3, 21-22; Jn. 1, 29-34); y el milagro realizado por Jesús en las Bodas de Caná, en Galilea (Jn. 2, 1-11), que fue el primer "signo" mesiánico con que el Señor manifestó el inicio de su ministerio público.


Esta triple teofanía del único misterio puede advertirse, no en los textos bíblicos y eucológicos de las Misas propias de la Epifanía y su Vigilia, sino en la Liturgia de las Horas de tal solemnidad, que la presenta en ciertos himnos y antífonas. Basten como ejemplo los textos litúrgicos que siguen:






Antífona de Laudes de la solemnidad:

Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque, en el Jordán, Cristo ha lavado los pecados de ella, los magos acuden con regalos a las bodas del Rey y los invitados se alegran por el agua convertida en vino. Aleluya.


Antífona de I y II Vísperas de la solemnidad:


Veneramos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos. Aleluya.



Himno Hostis Herodes, de las I y II Vísperas de la solemnidad (Cf. Liturgia de las Horas en latín):

Cruel tirano Herodes, ¿por qué temes que Cristo venga? 
No usurpa los reinos de la tierra, 
el que viene a dar los celestiales.
 
Iban los Magos siguiendo la estrella 
que les guiaba por su camino; con la luz buscan la Luz 
y con sus dones confiesan a Dios.

El Cordero Divino se lavó en las aguas 
de un río cristalino, y borró los pecados 
que Él nunca contrajo, dejándonos a nosotros limpios.

Una nueva manifestación del poder de Cristo: 
las tinajas de agua se tiñen de rojo, 
pues el agua se transformó cuando se ordenó servir el vino.

Gloria a Ti, Jesús, que te has revelado a los gentiles 
y gloria también al Padre y al Espíritu Santo, 
por los siglos sin término. Amén.

 
Himno de I y II Vísperas de la solemnidad (en algunos países hispanohablantes):


Confiada mira la luz dorada
que a ti hoy llega, Jerusalén:
de tu Mesías ve la alborada
sobre Belén.

El mundo todo ve hoy gozoso
la luz divina sobre Israel;
la estrella muestra al prodigioso
rey Emmanuel.

Ya los tres magos, desde el Oriente,
la estrella viendo, van de ella en pos;
dan sus primicias de amor ferviente
al niño Dios.

Ofrenda de oro que es Rey declara,
incienso ofrece a Dios su olor,
predice mirra muerte preclara,
pasión, dolor.

La voz del Padre, Cristo, te llama
su predilecto, sobre el Jordán.
Dios en los hombres hoy te proclama
valiente Juan.

Virtud divina resplandecía
del que del agua vino sacó,
cuando el anuncio de Eucaristía
Caná bebió.

A darte gloria, Señor, invita
la luz que al hombre viniste a dar,
luz que nos trae gloria infinita
de amor sin par. Amén.



10 de enero de 2026, en las I Vísperas de la fiesta del Bautismo del Señor.
Entrada dedicada a la Santísima Trinidad, a María y José, a Juan Bautista, a los apóstoles y a los Magos orientales.

lunes, 5 de enero de 2026

Etapas y "subtiempos" litúrgicos

 





En la liturgia romana, el calendario consta de dos ciclos: el santoral y el temporal. El primero, como puede deducirse, se refiere a las celebraciones de los santos, la mayoría de las cuales tienen una fecha fija en nuestro calendario civil.


El ciclo temporal, en cambio, organiza el año litúrgico en dos grandes partes (Encarnación/Navidad y Redención/Pascua), organizadas en cuatro tiempos, a saber: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua. Por otro lado, el tiempo Ordinario, que completa dicho año litúrgico, distribuido en dos periodos, separa, en el primero, el tiempo natalicio del tiempo cuaresmal; y en el segundo, el tiempo pascual del de Adviento.

Cada uno de los cinco tiempos mencionados tiene características propias. En el párrafo anterior, se puede profundizar haciendo clic en ellos, en los cuales, por otra parte, es interesante distinguir entre etapas y "subtiempos". Es lo que vamos a desarrollar sucintamente en esta entrada.



Etapas


Llamamos "etapas" a los matices temáticos que pueden distinguirse dentro de cada tiempo, por medio de características litúrgicas notablemente marcadas.


En el tiempo de Adviento, que comienza con la Vigilia de Navidad, en la tarde del 24 de diciembre, y finaliza con la fiesta del Bautismo del Señor, hay dos etapas claramente definidas: la primera (hasta el 16 de diciembre), cuyos textos litúrgicos se centran en la temática de la última Venida del Señor (Parusía); la segunda, entre el 17 y el 24, es una invitación a contemplar con los ojos de la fe los acontecimientos que precedieron inmediatamente a su primera Venida (Navidad).


En el tiempo de Navidad, que se inicia con la Vigilia de la homónima solemnidad y concluye con la fiesta del Bautismo del Señor, también se distinguen dos etapas: los días privilegiados de la infraoctava, en la primera semana; y los posteriores, que son las ferias entre el 2 de enero y el Bautismo del Señor. Estas dos etapas señalan el grado decreciente de intensidad en la celebración del Misterio del Nacimiento de Cristo.


En el tiempo de Cuaresma, que se inicia el Miércoles de Ceniza y concluye el Jueves Santo, antes de la Misa In Cena Domini, podemos distinguir una primera etapa hasta la Semana Santa, y la segunda, con los días de esta hasta el inicio del Triduo Pascual (cf. supra). En la primera, la liturgia despliega ante nuestros ojos los acontecimientos principales del misterio de la redención, a la luz de las profecías del Nuevo Testamento. La Semana Santa nos invita a contemplar directamente la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, sobre todo en el sacro Triduo Pascual. Este, que señala el punto más importante del año, para la liturgia constituye una única gran Celebración, distribuida entre el Jueves Santo y el Domingo de Resurrección. Funge como bisagra entre el tiempo cuaresmal y el pascual. Comienza con la celebración de la Misa de la Última Cena y concluye con las segundas Vísperas del Domingo de Pascua. Es ilustrativo advertir que hay una intersección entre el Triduo y el tiempo pascual, pero no la hay entre aquel y el tiempo de Cuaresma.


Este mismo tiempo pascual es más homogéneo que los otros. Por tanto, es discutible referirnos a "etapas" dentro de él. Aun así, os libros litúrgicos realizan la distinción entre "antes de la Ascensión" y "después de la Ascensión", en lo que podríamos considerar un "subtiempo", por las razones que se exponen más abajo. *

En el tiempo Ordinario, hay dos etapas que están separadas por el tiempo de Cuaresma y por el de Pascua.



"Subtiempos"


Llamamos "subtiempos", a periodos que ponen el acento en acontecimientos puntuales que tienen relación específica con los grandes misterios, y que pueden alternar ad libitum algunos textos eucológicos más propios con los del mismo tiempo en que se incluyen.


El término se halla entrecomillado por el hecho de que no se trata de un concepto acuñado en los libros litúrgicos, sino más bien de la expresión elegida en este blog para describir, en la presente entrada, la peculiaridad que sugiere.


Así, en los tiempos de Navidad y Pascua, hay características que permiten distinguir diversas facetas de los grandes Misterios del Nacimiento y la Resurrección de Cristo. Se produce, por tanto, la celebración de un misterio dentro de otro mayor, que lo incluye.


En este sentido, en el tiempo navideño, los días que van desde la solemnidad de la Epifanía del Señor (celebrada el 6 de enero o el domingo precedente), y la fiesta de su Bautismo, constituyen un verdadero "subtiempo": el de la Epifanía. Lo permiten identificar textos eucológicos de la Misa, como el saludo inicial, el homónimo Prefacio o la Bendición solemne, que pueden alternar con sus pares navideños.


Por otra parte, el tiempo pascual se inicia con la Vigilia de la Noche santa y concluye con la solemnidad de Pentecostés. Y los días comprendidos entre tal solemnidad y la de la Ascensión, que fijada para el domingo anterior o el jueves que precede a este, también constituyen un destacado "subtiempo": el de la Ascensión. Nos lo señalan los mismos textos eucológicos que mencionamos en el párrafo anterior. Además, son destacables las oraciones "colecta" de cada día, que se presentan como un breve pero intenso "septenario",  en espera del Espíritu Santo, lo cual hace más "compacto" dicho "subtiempo".


En el tiempo cuaresmal, cuyas etapas hemos mencionado más arriba, hasta antes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, se destacada la semana quinta y parte de la sexta, -que es la Semana Santa-. Estos días, desde el mismo Domingo de la semana V, que se llamaba literalmente "de Pasión", eran considerados un verdadero "tiempo de Pasión". Tal reforma quiso omitir la denominación, a los efectos de enfatizar la unidad del tiempo penitencial y la unicidad de la Semana Mayor del año. Sin embargo, la liturgia conserva algunas "huellas" eucológicas que permiten identificar, aún hoy, como un "subtiempo de Pasión". Nos referimos a los himnos de la Liturgia de las Horas, que en la semana V pueden alternar con los cuaresmales; también a los dos Prefacios de Pasión, el primero de los cuales debe emplearse en la semana quinta,  y el segundo, en la Semana Santa; la Bendición solemne de Pasión, que puede alternar con la cuaresmal en la semana quinta, pero que es exclusiva de la siguiente, aunque nunca obligatoria. Ahora bien, en la actualidad, el Domingo que precede al inicio de la Semana Santa ya no se llama "de Pasión", sino que es el V de Cuaresma. Y el Domingo con el que empieza esta gran Semana es el que oficialmente reivindica para sí el nombre de nombre de "Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor". (Dominica in palmis de Passione Domini).


No podemos distinguir "subtiempos" en los tiempos de Adviento y Ordinario.




5 de enero de 2026, Vigilia de la Epifanía del Señor y penúltimo día del Año Jubilar.
XIV aniversario de la creación de este blog.
Entrada dedicada a todos los lectores.

miércoles, 5 de abril de 2023

"Minivigilias pascuales" (Por el p. Javier Sánchez Martínez)

 

S. Juan Pablo II (Vigilia Pascual)



Ha llegado a mí el siguiente texto que trata sobre el "empobrecimiento" de la Vigilia Pascual que, desde hace tiempo, desafortunadamente ha comenzado a difundirse en varias comunidades.

Lo he querido publicar aquí por la riqueza de su contenido y en homenaje al ya fallecido padre Javier Sánchez Martínez*.

Ojalá las siguientes palabras nos ayuden a revalorizar la Solemne Vigilia Pascual de la Noche santa, que es la celebración más importante de todo el Año litúrgico.

A continuación, el texto íntegro:

La gran celebración anual de la Iglesia es la santa Pascua de su Señor; una Vigilia nocturna que transcurre en su honor, y que recuerda e imita a las vírgenes que, con las lámparas encendidas, aguardaban la vuelta del Esposo (Mt 25). Este oficio anual requiere, por su propia naturaleza, todo el despliegue de solemnidad y de amor de la Iglesia. La Vigilia pascual es un tesoro de fuerza espiritual, litúrgica y pastoral.

El Misal Romano, en las rúbricas iniciales de la Vigilia pascual (n. 3), ofrece un resumen hermoso del sentido de esta santísima liturgia:

“Según antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que en ella se celebra para conmemorar la noche santa de la resurrección del Señor, es considerada como la madre de todas las santas vigilias. En ella la Iglesia velando espera la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la Iniciación cristiana”.

Hay que ser muy cuidadoso, y tener un gran celo pastoral, para que la Vigilia se celebre correctamente, desplegando la fuerza de su simbolismo, la grandeza de sus ritos, sin minimizarlos, permitiendo que esta liturgia toque el alma y sea vivida por todos con unción y gozo espiritual.

Pero se ve, por aquí y por allá, de una forma o de otra, que la Vigila pascual se está reduciendo, empobreciendo paulatinamente. Se convierten muchas de ellas en mini-vigilias, y esto hay que afrontarlo, corregirlo, porque está en juego el bien de las almas: ¿acaso la pastoral no es buscar este bien?

Veamos algunos elementos, de distinta y desigual importancia, a veces incluso detalles, que hacen que la Vigilia se esté reduciendo en su belleza.

1. El carácter nocturno

La Vigilia pascual es un oficio nocturno, se desarrolla cuando no hay luz del día, cuando es de noche. No es un oficio vespertino, al atardecer, sino nocturno, como otros muchos momentos de la vida de la Iglesia, por ejemplo, la Misa de medianoche de Navidad, o la fidelidad de la Adoración Nocturna.

Adelantarlo a la tarde es empobrecer la Vigilia, vaciarla de su sentido y reducir el Sábado Santo robándole horas a un día de oración y espera junto al sepulcro. Convertir la Vigilia pascual en una Misa vespertina más de sábado por la tarde le quita fuerza a su excepcionalidad, a su carácter único.

“Esta regla [la nocturnidad] ha de ser interpretada estrictamente. Cualquier abuso o costumbre contrario que poco a poco se haya introducido, y que suponga la celebración de la Vigilia pascual a la hora en que habitualmente se celebran las misas vespertinas antes de los domingos, han de ser reprobados” (Cong. Culto divino, Carta sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales, n. 78).

Incluso el Episcopado español, en 1988, por medio de su Comisión permanente, sacó una nota sobre “El horario y otros aspectos de la Vigilia pascual”, en que señalaba:

“La Vigilia pascual debe celebrarse en las horas nocturnas también por su carácter extraordinario. La tendencia actual, que parece extenderse en algunos lugares, de convertir la Vigilia pascual en una misa vespertina, constituye una desvirtuación de aquélla. Hay que reconocer que en algunos lugares se va prescindiendo del simbolismo de la noche y se hace caso omiso de la clara normativa del Misal. En no pocos lugares, en efecto la Vigilia pascual se adelanta tanto y se celebra tan abreviadamente que pierde el carácter de velada de espera y de celebración extraordinaria”.

Es verdad, y es comprensible, que muchos sacerdotes tienen que celebrar en dos sitios diferentes, y una de las Vigilias ha de comenzarla antes sin más remedio, pero esto debería ser la absoluta excepción, no lo generalizado. Además, en muchas ocasiones, se celebran Vigilias adelantadas a la tarde del sábado para dar abasto en muchos pueblos y aldeas y que cada una tenga su propia celebración pascual, la cual, por muy buena intención que se tiene, resulta pobre: carece de canto, de suficientes lectores y acólitos, etc., cuando lo mejor sería juntar en una iglesia más principal a distintas parroquias pequeñas, disfrutando todos de una Vigilia pascual con mayor despliegue litúrgico.

La Carta de la Congregación para el Culto divino sobre las fiestas pascuales advertía: “Es de desear que, según las circunstancias, se plantee la posibilidad de reunir en una misma iglesia diversas comunidades, cuando, por razón de la cercanía de las iglesias o del reducido número de participantes no es posible asegurar para cada una separadamente una celebración plena y festiva” (n. 94).

2. La reducción dramática

Tradicionalmente, también en la liturgia romana, las lecturas bíblicas eran muy abundantes, doce, y en el estadio más antiguo de la liturgia, cada una de ellas leída en latín y en griego (pensando en los fieles presentes de distinta lengua). Es un desarrollo amplísimo de la liturgia de la Palabra.

Actualmente, siete son las lecturas del AT, y dos del NT, la del Apóstol y el Evangelio, con los correspondientes salmos cantados. No es algo excesivo. Sin embargo, también en este aspecto, estamos viviendo mini-vigilias pascuales. Se da por hecho en todas partes que es mejor reducir lecturas y se ha convertido en el uso habitual en muchas parroquias, en conventos… y hasta en la misma Basílica vaticana de San Pedro.

Tal vez en algunas parroquias con menor asistencia de fieles, o más pobre espiritualmente, se podrían reducir las lecturas, pero debe ser lo excepcional, no lo normal. En conventos de monjas contemplativas sería un sinsentido: las monjas de clausura disfrutan de la liturgia, y es raro que las monjas mismas quieran quitar lecturas. En las parroquias es cuestión de ir educando y habituando a todos al esplendor de la liturgia y a la escucha orante de la Palabra.

A veces, con mal criterio “pastoral”, deducimos o imaginamos que la gente se cansa, se aburre, no entiende nada… y decidimos recortar. Tal vez nos sorprenderíamos de lo que los fieles llegan a gustar y entender, más de lo que los “pastoralistas” se imaginan, si la liturgia se hace bien. Pero es que además, aunque volvamos sobre ello más adelante, para eso está la catequesis de adultos, las predicaciones cuaresmales, retiros espirituales, formación, etc., para preparar espiritualmente estos momentos y ofrecer una explicación litúrgica y espiritual.

Al final, con tanto recorte, la liturgia de la Palabra de la Vigilia no es una meditación de la historia de la salvación con 9 lecturas, sino una liturgia de la Palabra más parecida a la de cualquier Misa dominical (con tres lecturas). ¡Sea abundante la Palabra proclamada y dejemos que el Espíritu Santo con su voz resuene en los corazones!

El Misal mismo nos ofrece la clave de cómo vivir esta liturgia de la Palabra con la monición obligatoria que dirige el sacerdote (o el obispo), sentado en su sede:

“Hermanos: Con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor. Escuchemos, en silencio meditativo, la palabra de Dios. Recordemos las maravillas que Dios ha realizado para salvar al primer Israel, y cómo en el avance continuo de la Historia de la salvación, al llegar los últimos tiempos, envió al mundo a su Hijo, para que, con su muerte y resurrección, salvara a todos los hombres. Mientras contemplamosla gran trayectoria de esta Historia santa, oremos intensamente, para que el designio de salvación universal, que Dios inició con Israel, llegue a su plenitud y alcance a toda la humanidadpor el misterio de la resurrección de Jesucristo”.

3. La novedad y el cirio pascual

Resucitando el Señor, todo es nuevo. “He aquí que todo lo hago nuevo” (Ap 21,5) dice Cristo. Aquí y ahora se renueva la faz de la tierra. Esta novedad se plasma en la liturgia de varias formas, una de ellas es el fuego nuevo que se enciende, se bendice y del que se alumbra el cirio pascual. También lo será el agua bautismal que se bendecirá solemnemente en esta noche.

Pero sobre todo es el cirio el que señala la novedad, la renovación de todo por la santa Pascua. Una mini-vigilia pascual tiende a reducirlo todo, también el simbolismo del cirio. En vez de ser un cirio nuevo, de cera, que va a arder y consumirse en honor del Señor, en algunos lugares se aprovecha cicateramente el cirio pascual del año anterior, raspando sólo el año; en otros lugares, se emplea un cirio falso, de plástico, con el sistema de cera líquida… No parece entonces que el cirio pascual resplandezca con su centralidad y valor litúrgico y espiritual.

Con estas claves podemos comprender lo que determinan las rúbricas:

“Prepárese el cirio pascual que, para la veracidad del signo, ha de ser de cera, nuevo cada año, único relativamente grande, nunca ficticio, para que pueda evocar realmente que Cristo es la luz del mundo” (Carta, n. 82).

Destacando la cruz, el alfa y la omega, el año en curso (y los granos de incienso clavados, que son optativos), el cirio se puede adornar y pintar pero sin que lo central (la cruz y lo demás) se pierdan o se oculten o se disimulen. Algunos son obras preciosas, y conozco incluso un Monasterio que en el coro alto han conservado dignamente los cirios pascuales de un año y otro.

4. La música callada

Pérdida y pobreza en la Vigilia pascual, es reducir o minimizar el canto. El canto litúrgico da solemnidad, favorece la contemplación, eleva el espíritu, aúna a los fieles en un mismo corazón, logra una mejor participación, interior y exterior, activa y fructuosa.

Pero también, aquí, hallamos mini-vigilias, o vigilias empobrecidas, que teniendo coro parroquial, se limitan al mínimo, y de un año para otro no tienen voluntad de enriquecerse, aprender más para celebrar mejor.

La procesión inicial es muy sugerente: en la noche, sólo el cirio pascual ilumina y avanza desde el atrio al altar por el pasillo central. Pero si el recorrido es largo, entre las distintas aclamaciones “Lumen Christi- Deo gratias”, se hace un silencio que en este caso resulta casi pesado cuando es una procesión de alegría y alabanza. Mejor sería cantar: “Nada impide que a las respuestas: “Demos gracias a Dios” se añada alguna aclamación dirigida a Cristo” (Carta, n. 83). Podría ser, perfectamente, el antiguo himno griego: “Oh, luz gozosa” de forma que la procesión se convierta en algo festivo aclamando a Cristo Luz.

Si ya es habitual reducir el número de lecturas, no digamos nada del modo de realización de los salmos. A algunos ya les parece un grandísimo esfuerzo y todo un logro cantar la respuesta de cada salmo. Pero eso es claramente insuficiente. El canto del salmo responsorial de cada lectura ayuda a la meditación de la historia de la salvación. Lo normal, no lo excepcional, es que un salmista cante cada estrofa. Para eso, de una Vigilia a otra hay un año, donde se puede ensayar y avanzar, máxime si tenemos en cuenta que los salmos son fijos, los mismos en cada Vigilia. Y por supuesto “evítese con todo cuidado que los salmos responsoriales sean sustituidos por cancioncillas populares” (Carta, n. 86).

Cuestión distinta es el órgano. En Cuaresma sólo puede sonar para sostener el canto, a excepción del IV domingo, Laetare que puede resonar anticipando la alegría de la Pascua; el Viernes Santo no suena las campanas ni suena el órgano; así, en el Jueves Santo “terminado el “Gloria” y hasta la Vigilia pascual, es antigua costumbre prescindir totalmente del órgano e instrumentos. El organista dejaba el órgano y se unía a los cantores” (Directorio Canto y música en la celebración, n. 217). Pero ninguna rúbrica hoy prohíbe el órgano en la Vigilia pascual ni determina que esté mudo hasta el “Gloria”. Por tanto, los salmos pueden muy bien ser acompañados con el órgano en una noche tan festiva.

5. Efectos teatrales

Se ha introducido una distorsión, el jugar con las luces eléctricas, exagerando el canto del “Gloria” en el paso de las lecturas del AT al NT. En el tercer “Luz de Cristo” han encendido algunas luces de la iglesia…, pero no todas; ahora, con el canto del “Gloria”, suenan las campanas, encienden los cirios del altar y encienden por fin todas las luces de la iglesia. Pero no es éste el momento.

El primer rito de la Vigilia pascual es el lucernario, rito con el cual se bendecía a Dios por la luz al encender la basílica para el oficio litúrgico. Este lucernario tan habitual en los primeros siglos –y que hoy permanece en algunos ritos como, por ejemplo, el ambrosiano- en nuestro rito romano ha quedado sólo para la Vigilia pascual. Al tercer “Lumen Christi”, dice el Misal, “se encienden las luces de la iglesia”. Todo queda así ya iluminado desde el principio con este rito y no hay que esperar al canto del “Gloria”.

¿Entonces qué hay que hacer durante el canto del “Gloria”? Según las costumbres del lugar, se pueden tocar las campanas –mudas desde el Jueves Santo- anunciando la gloria del Resucitado. Esto es propio del Triduo pascual, que toca las campanas en el “Gloria” del Jueves Santo, y quedan silenciadas hasta el “Gloria” de la Vigilia pascual; imitando esto, como un nuevo abuso, algunos tocan las campanas en la Misa de medianoche de Navidad… Mientras suenan las campanas y todos cantan el himno “Gloria a Dios”, se encienden los cirios del altar (cf. Caeremoniale episcoporum, n. 349).

6. La parte bautismal para todos

Sabemos bien cómo la Cuaresma es un ejercicio mortificado de renovación interior, de penitencia y expiación para ser renovados en la santa Pascua, haciendo memoria de nuestro bautismo. Llega el momento de hacerlo tras la liturgia de la Palabra. Pero también aquí, en ocasiones, es todo minimizado.

Si hay bautismos, sea de niños, sea de adultos, una vez cantada la letanía de los santos y bendecida el agua bautismal, se les pide a ellos, sólo a los catecúmenos, la profesión de fe y luego se les bautiza, se les reviste con la vestidura blanca, se les entrega el cirio encendido y, finalmente, se les crisma en la frente recibiendo el sacramento de la Confirmación. Entonces es cuando se procede a la renovación del bautismo de todos los fieles presentes. Pero ocurre que a veces se confunden los momentos y a la vez que a los catecúmenos, se les pide a los fieles su renovación. Son dos momentos distintos (cf. Caeremoniale episcoporum, n. 368).

Entonces se realiza la aspersión de los fieles mientras se entona un canto apropiado. Sería empobrecedor omitir la aspersión con el agua bautismal a los fieles por las naves del templo (tampoco pasar al otro extremo: que se convierta casi en un recreo festivo, asperjando y saludando…). En la iglesia catedral, por ejemplo, las rúbricas ofrecen la posibilidad de que junto al obispo asperjando, se le unan otros presbíteros que vayan también realizando la aspersión (Caeremoniale, n. 369) de modo que sea un rito ágil y se pueda llegar a todos los fieles.

7. El rito eucarístico, ¿solemne o precipitado?

Aquí, cuando llega la última parte de la Vigilia pascual, suelen entrar las prisas y el deseo de acelerar, suprimiendo la solemnidad propia de la Eucaristía pascual.

Para empezar, todo lo que es cantable sería conveniente cantarlo: el prefacio, las palabras de la consagración, la aclamación, la doxología final con el solemne “Amén”; también es triste ver en esta noche santísima que se emplee la plegaria eucarística II por ser la más breve, como un día ferial cualquiera, cuando, con diferencia, sería el Canon romano (o Plegaria eucarística I) y sus embolismos propios lo más apropiado.

Finalmente, la santa comunión, donde recibimos al Señor mismo resucitado en las especies consagradas. Es sumamente apropiado en esta noche recibir la comunión con las dos especies. Sin embargo, por ahorrar tiempo, es frecuente que no se haga. Sigamos el consejo de la Carta sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales:

“Es muy conveniente que en la comunión de la Vigilia pascual se alcance la plenitud del signo eucarístico, es decir, que se administre el sacramento bajo las especies del pan y del vino” (n. 92).

Y en general, atender a este principio:

“Hay que poner mucho cuidado para que la liturgia eucarística no se haga con prisa; es muy conveniente que todos los ritos y las palabras que la acompañan alcancen toda su fuerza” (n. 91).

8. La enseñanza y preparación

Para vivir fructuosamente estos ritos del Triduo pascual y, muy especialmente, de la Vigilia pascual, es necesaria una previa preparación catequética y espiritual. Ya se nos advierte:

“Para poder celebrar la Vigilia pascual con el máximo provecho, conviene que los mismos pastores hagan lo posible para comprender mejor tanto los textos como los ritos, a fin de poder dar una mistagogia que sea auténtica” (Carta, n. 96).

El tiempo de Cuaresma debe estar pendiente y volcado en vivir con fruto el santísimo Triduo pascual. Los tesoros de la liturgia son tesoros de vida espiritual, de vida cristiana, y deben desgranarse, explicarse paso a paso, para que todos y cada uno puedan vivirlo con gozo del alma.

La preparación del Triduo pascual, y especialmente de la Vigilia pascual, no puede reducirse a la elección de lectores y revisar con el coro los cantos, a las flores y tener velas suficientes para los asistentes, sino que debe incluir, para todos, una preparación mistagógica.

El hecho mismo de estas mini-vigilias pascuales, sea en el horario, sea en la forma de celebrarla, muestran claramente la insuficiente comprensión de la liturgia:

“Sin duda, estas dificultades derivan de la formación todavía insuficiente, tanto del clero como de los fieles, sobre el misterio pascual en su realidad de centro del año litúrgico y de la vida cristiana” (Carta, n. 3).

La Cuaresma es el gran tiempo de catequesis: para los catecúmenos, para los bautizados que no han completado la Iniciación cristiana, para todos los bautizados. Durante la Cuaresma se ofrece la preparación a los grandes sacramentos:

“Debe darse, sobre todo en las homilías del domingo, la catequesis del misterio pascual y de los sacramentos, explicando con mayor profundidad los textos del Leccionario y, de modo especial, las perícopas evangélicas, que aclaran los diversos aspectos del bautismo y de los demás sacramentos, así como la misericordia de Dios” (Carta, n. 12).

Los sacerdotes predicarán más y con más frecuencia, con mayor empeño (cf. Carta, n. 13). Además, “los pastores no dejen de explicar a los fieles, del mejor modo posible, el significado y la estructura de las celebraciones [del Triduo pascual], preparándoles a una participación activa y fructuosa” (Carta, n. 41). Esta tarea parece que está pendiente… Sin embargo, ¡cuánta predicación cuaresmal! Hay que saber aprovecharla: homilías, charlas cuaresmales, predicaciones en quinarios, retiros, etc., así como la catequesis semanal de adultos, sesiones de formación de los grupos, o la catequesis de confirmación y jóvenes, la escuela de catequistas, etc.

Explicar cada celebración paso a paso, mistagógicamente: su estructura y sus partes, el sentido que tienen, su origen, viendo también cada una de las lecturas bíblicas… y la incidencia espiritual en la vida de cada rito, su significado espiritual. ¡Esto es mistagogia de los ritos! Cuando se hace, son los fieles los que rechazan de plano las mini-vigilias pascuales, y quieren una liturgia válida, amplia, que la puedan vivir y disfrutar, dando gloria a Dios.

Hagámoslo. Demos estos pasos. Descubriremos cómo la liturgia es verdadera pastoral y conduce a fuentes de Agua viva.


Fuente:  «Liturgia, fuente y culmen», por el Rev. Padre Javier Sánchez Martínez*, presbítero diócesis de Córdoba (España), Licenciado en Teología. Especialidad: liturgia, por la Universidad Eclesiástica San Dámaso (Madrid). Profesor para la formación permanente de religiosas y vida consagrada, y miembro del Equipo diocesano de Liturgia. Falleció a los 48 años el 11 de septiembre de 2021. 


5 de abril de 2023, Miércoles santo.
Entrada dedicada al padre Javier Sánchez Martínez. In memoriam.

viernes, 6 de enero de 2023

Bendición solemne de Epifanía





La versión digitalizada del Misal Romano de la Conferencia Episcopal Argentina, en el n. 4, ha publicado para este sagrado subtiempo litúrgico (incluido en el de Navidad), la siguiente "Bendición solemne", precedida de su correspondiente rúbrica:


El diácono o, a falta de éste, el mismo sacerdote, dice: Inclinados, reciban la bendición. Luego el sacerdote, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice la bendición y todos responden: Amén.


Dios Padre que los llamó de las tinieblas a su luz admirable,
los bendiga bondadosamente
y afiance sus corazones en la fe, la esperanza y la caridad.

R. Amén.


Y Cristo que hoy se manifestó como luz del mundo
los convierta a ustedes, seguidores suyos,
en luz para sus hermanos.

R. Amén.


Para que al terminar su peregrinación en este mundo
puedan llegar a Cristo, luz de luz,
al que los magos, guiados por la estrella,
buscaron y encontraron con gran alegría.

R. Amén.


Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

R. Amén.



6 de enero de 2023, solemnidad de la Epifanía del Señor.
Entrada dedicada a Jesucristo en la triple dimensión de su Epifanía: la Adoración de los Magos, el Bautismo en el río Jordán y el milagro de Caná.


martes, 3 de enero de 2023

Consultas litúrgicas IV: Duración del Tiempo de Navidad





Pregunta:


¿Qué duración puede tener el Tiempo de Navidad?


Respuesta:


La extensión del Tiempo de Navidad ha variado a lo largo del desarrollo histórico de la liturgia. Esta es la razón por la que en algunos sectores aún persisten dudas al respecto.

El inicio de dicho tiempo fue siempre y es el 24 de diciembre con las I Vísperas de la solemnidad de la Natividad del Señor.

Sobre la conclusión, ha habido variantes ocasionadas, en algunos casos, por la no distinción entre el ciclo temporal y entre el ciclo santoral*, y en otros, por la modificación de la fecha o del día litúrgico de las fiestas de la Sagrada Familia y del Bautismo del Señor.

Hasta antes de la reforma litúrgica impulsada por el Concilio Vaticano II, la Sagrada Familia se celebraba en la fecha fija del 13 de enero, una semana después de la Epifanía (6/1), esto es, en su "octava". El domingo siguiente al 13 de enero, tenía lugar la "Conmemoración del Bautismo del Señor", que ponía fin al Tiempo de Navidad, evidentemente no en fecha fija.

Actualmente, la Sagrada Familia y el Bautismo del Señor tienen el grado litúrgico de "fiesta". La primera se celebra el domingo después de Navidad o el viernes 30 de diciembre cuando esta solemnidad cae en domingo. 

La segunda ha sido fijada en el domingo que sigue a la Epifanía o en el lunes contiguo, donde esta solemnidad se traslade a dicho domingo.

La fiesta del Bautismo del Señor, como en la época preconciliar, en el ciclo temporal, sigue señalando el fin del Tiempo navideño (considerándose parte de él). Puede ocurrir no antes del 7 de enero y no después del 13. Estas son, de acuerdo con lo dicho, las fechas posibles para la conclusión del Tiempo de Navidad. Por lo cual este, tiene una mínima duración posible de casi tres semanas (24/12-7/1), y una máxima de casi cuatro (24/12-13/1).

No obstante lo dicho, en el ciclo santoral, las celebraciones natalicias tienen su eco cuarenta días después de la solemnidad de Navidad, en la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo (antes menos propiamente llamada "Purificación de Nuestra Señora").


Para los que deseen esta misma respuesta pero de manera más detallada, a continuación, transcribo parte de la explicación que redacté a una pregunta que realizó un lector del blog en los comentarios de otra entrada:



"(...) *debes distinguir entre el "ciclo temporal", que se refiere a los tiempos litúrgicos, que varían de fecha cada año, y al "santoral", que dice relación con las fechas del calendario civil (el de nuestros doce meses) en que se celebran muchas festividades del Señor, de la Santísima Virgen y de los santos, festividades estas no ligadas a tiempos litúrgicos sino a determinados días de cada mes que se les han asignado por razones históricas y/o litúrgicas. Nótese que existe una relación de tiempo pretendidamente fijada entre varias festividades: Inmaculada Concepción (8/12) y Natividad de María (8/9): nueve meses; Anunciación -o más propiamente Encarnación- (25/3) y Natividad del Señor (25/12): nueve meses; Natividad del Señor (25/12) y su Presentación en el Templo (2/2): cuarenta días. Pero como aquella relación no es "de tiempo litúrgico" sino meramente de tiempo "civil", por llamarlo de alguna manera, todas esas festividades se consideran del ciclo santoral y no del temporal.
Debo aclarar, no obstante, que esta distinción de ciclos no es tan tajante, pues en el Calendario General hubo y hay celebraciones del Señor o marianas (hubo de los santos) que se rigen por el ciclo temporal y no por el santoral. Por poner algunos ejemplos, la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, no tiene fecha fija sino que se celebra en el domingo XXXIV (último del Tiempo Ordinario), por lo que pertenece al ciclo temporal. También la solemnidad de la Natividad del Señor (25/12), aunque tiene fecha fija, como se inscribe dentro de un tiempo (el navideño), y está precedida por otro tiempo (el de Adviento), se considera del ciclo temporal y no del santoral. En cambio, las fiestas de la Transfiguración del Señor (6/8) y de la Exaltación de la Cruz (14/9), como así también la fiesta de la Natividad de María -arriba mencionada- (8/9) y la solemnidad del Nacimiento de Juan Bautista (24/6) -seis meses antes de la celebración del Nacimiento del Mesías, de acuerdo con las palabras del arcángel Gabriel-, al no estar ligadas a tiempos litúrgicos sino a fechas fijas que en ellos se inscriben, se consideran del ciclo santoral y no del temporal.

Asentada la precedente aclaración, paso a responder tu pregunta:

Antes de la reforma conciliar, el Tiempo de Navidad comenzaba con la Vigilia de esta solemnidad (como actualmente), y concluía, para el ciclo temporal, con la Conmemoración del Bautismo del Señor, el domingo siguiente al 13 de enero, día este último, en que se celebraba la "octava" de la Epifanía, hoy inexistente, y en el que se había fijado la festividad de la Sagrada Familia, hoy adelantada al domingo que sigue a la Navidad. 

No obstante, para el ciclo santoral, el Tiempo de Navidad tenía como un broche de oro el 2 de febrero con la festividad desde antiguo llamada "Purificación de María" (hoy, fiesta de la Presentación del Señor)."


3 de enero de 2023, memoria litúrgica del santísimo Nombre de Jesús.
Entrada dedicada a Él.

martes, 27 de diciembre de 2022

Bendición solemne de Navidad





La versión digitalizada del Misal Romano de la Conferencia Episcopal Argentina ha publicado, en el n. 2, para este gozoso tiempo litúrgico, la siguiente "Bendición solemne", precedida de su correspondiente rúbrica:


El diácono o, a falta de éste, el mismo sacerdote, dice: Inclinados, reciban la bendición. Luego el sacerdote, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice la bendición y todos responden: Amén.


El Dios de infinita bondad
que por la encarnación de su Hijo disipó las tinieblas del mundo
y por su glorioso Nacimiento
iluminó esta santísima Noche (este santísimo Día)
disipe las tinieblas del pecado
e ilumine sus corazones con el esplendor de las virtudes.

R. Amén.

Él, que por medio del ángel quiso anunciar a los pastores
la gran alegría del nacimiento del Salvador,
llene de gozo sus corazones
y los haga mensajeros de su Evangelio.

R. Amén.

Él, que por la encarnación de su Hijo
unió la tierra con el cielo,
les conceda la abundancia de su paz y de su amor,
y los haga partícipes de la Iglesia celestial.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre

R. Amén.


27 de diciembre de 2022, fiesta de san Juan, apóstol y evangelista.
Entrada dedicada a él y al Niño de Belén, señalado por el mismo Juan como el Verbo de Dios que habitó entre nosotros.

sábado, 26 de noviembre de 2022

Bendición solemne de Adviento



Santos profetas 




La versión digitalizada del Misal Romano de la Conferencia Episcopal Argentina, en el n. 1, ha publicado, para este sagrado tiempo litúrgico, la siguiente "Bendición solemne", precedida de la correspondiente rúbrica:


El diácono o, a falta de éste, el mismo sacerdote, dice: Inclinados, reciban la bendición. Luego el sacerdote, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice la bendición y todos responden: Amén.



Dios todopoderoso y lleno de misericordia,
por la primera venida de su Hijo Unigénito, en la que creemos,
y por la segunda que esperamos,
los ilumine con su luz
y los colme con su bendición.

R. Amén.

En el camino de esta vida los haga constantes en la fe,
alegres en la esperanza
y activos en la caridad.

R. Amén.

Para que celebrando la venida en el tiempo de nuestro Redentor,
sean recompensados con el don de la Vida eterna
cuando el venga por segunda vez en la gloria.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

R. Amén.


26 de noviembre de 2022, I Vísperas del Domingo I de Adviento.
Entrada dedicada a Jesucristo, Deseado de los pueblos, y a su Madre, la Virgen del Signo.

viernes, 2 de abril de 2021

Viernes y Sábado santos: ¿días "alitúrgicos"?



 
 

 




Los días Viernes y Sábado santos se prohíbe la celebración de la Misa. La Iglesia no se atreve a ofrecer el Santo Sacrificio cuando "le ha sido arrebatado su Esposo" (Cf. Mt. 9, 14-17), como la liturgia y la piedad lo proclaman, cada cual a su modo, con todos los signos y actos de los que disponen.

 

La Misa de la Vigilia Pascual, aún celebrada en las horas nocturnas del Sábado santo, se considera, a todos los efectos, la primera del Domingo de Pascua de Resurrección.

 

Lo mismo ocurre con la Misa de la Noche de Navidad, Misa que difiere de su correspondiente Vigilia.


Algunos liturgistas suelen emplear el neologismo "alitúrgico" para referirse al Viernes y Sábado santos, queriendo significar la ausencia del Santo Sacrificio en dichos días. Aunque sea correcto lo que quieran expresar, el empleo de ese término es por demás discutible si se tiene en cuenta su etimología, que significaría "no liturgia, ausencia de liturgia". Digo "significaría", en Modo Potencial, pues reitero: se trata de un neologismo en español.

 

El carácter discutible del empleo del término, -siempre desde el punto de vista etimológico-, se debe a que el Viernes y Sábado santos son, a su medida, días litúrgicos en el sentido de que en ambos se reza la Liturgia de las Horas, y que en el primero, además, tiene lugar una Acción plenamente litúrgica, la principal del día, denominada "Celebración de la Pasión del Señor".

 

También solía llamarse a la Acción litúrgica del Viernes santo: "Misa de los presantificados", en alusión a que en tal celebración se distribuían las hostias consagradas la tarde precedente, en la Misa In Cena Domini ("presantificadas"). Esta última también es una denominación discutible, puesto que la Celebración de la Pasión del Señor, aunque goce de la máxima dignidad, de ninguna manera es una Misa.

 

Otro neologismo no tan empleado pero igualmente discutible es el de "aneucarístico" o "aeucarístico", en referencia a la mencionada ausencia del Santo Sacrificio en los dos días referidos. Una vez más, la etimología refuta lo que se quiere significar.


En efecto, en ninguno de esos días hay "ausencia de Eucaristía". De hecho, hay Reserva y puede llevarse la Comunión a los enfermos.

 

El mismo Viernes Santo, la tercera parte de la mentada Acción litúrgica, se llama propiamente "Sagrada Comunión",  pues, como en una Misa, el Santísimo Sacramento es distribuido entre los fieles.
Es interesante subrayar que antiguamente, el Viernes Santo no se distribuía la Comunión durante la Acción litúrgica. Casi podría decirse que suplía a dicha Comunión el beso a la Cruz. De allí la gran devoción que suscitaba en los ayunantes este beso ritual. Aún hoy se conserva -aunque quizás más austera y solemnemente- en la segunda parte de la Celebración, llamada justamente "Adoración de la Cruz", nombre muy sugestivo porque se trata de una figura retórica llamada "metonimia". Quiere expresar que se adora no a la Cruz sino a Aquel que pendió de ella como Precio de nuestra salvación. Por eso, para subrayar esta realidad, es importante que tal Cruz tenga la efigie del Crucificado (como puede apreciarse siempre en la Liturgia papal), y que sea una sola y lo suficientemente grande y bella. (Cf. aquí).

 

En esas horas santas, todos debemos hacer genuflexión ante ella pero POR ÉL. 


En fin, si bien la Santa Misa es el Supremo Acto de Culto de la Iglesia, no es el único en el ámbito de la liturgia. Referirse a un día como "alitúrgico", etimológicamente significaría que en él hay, desde el punto de vista canónico, ausencia absoluta de todo acto litúrgico. Afortunadamente, no existe tal día.



 
2 de abril de 2021, Viernes Santo de la Pasión del Señor.
Aniversario del natalicio de san Juan Pablo II.
Entrada dedicada a Jesús, triturado por nuestros crímenes, y al amado Pontífice polaco, asociado íntimamente por el sufrimiento a la Pasión del Salvador.

 

lunes, 1 de marzo de 2021

Distribución y denominación de los Domingos y ferias de la Cuaresma



Jesús con Moisés, Noé, Jonás y Elías 


 
 
Es interesante hacer notar que en el lapso comprendido entre el Miércoles de Ceniza y el Jueves Santo, en que transcurre el santo tiempo de Cuaresma, la cantidad total de domingos y ferias se distribuye de la siguiente manera: seis domingos, seis lunes, seis martes, siete miércoles, siete jueves, seis viernes y seis sábados. No son cuarenta días exactos, como puede creerse. Se trata de un número más bien simbólico. Cada domingo, a excepción del último, se numera en relación correlativa con los demás. Casi todas las demás ferias se denominan con el día semanal más el número de la semana cuaresmal a la que pertenecen; se exceptúan de tal denominación las que van desde el Miércoles de Ceniza hasta el sábado siguiente, y las de la Semana Santa. Estas últimas más la del Miércoles de Ceniza son ferias privilegiadas pues no ceden ante ninguna celebración.
 
 
 
Distribución de los días referidos:

 
Domingos

Se llaman I, II, III, IV y V de Cuaresma. 

El IV recibe la denominación propia de la primera palabra del original en latín de su "Antífona de entrada": Lætare ("Alégrate"), pues su nota característica es justamente la alegría.

El VI, que es el último, y que de pleno derecho también se incluye en este bendito tiempo, recibe el nombre de "Domingo de Ramos o de la Pasión del Señor", pues en él se hace memoria de la "Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén" y se da inicio a la Semana Mayor, con una Misa en la que, con más intensidad litúrgica que cualquier domingo del año, se nos invita a meditar el misterio de la dolorosa Pasión de nuestro Señor Jesucristo.

 


Lunes y martes: 

 

Se llaman I, II, III, IV y V de la correspondiente semana de Cuaresma. Al VI se le añade el adjetivo "santo".



Miércoles, jueves, viernes y sábados


El primer miércoles de Cuaresma, que inaugura este tiempo, se llama "de Ceniza", en obvia alusión al rito que lo caracteriza. Al jueves, viernes y sábado que le siguen inmediatamente, se les añade el determinativo "después de Ceniza".


Desde la semana I de Cuaresma y hasta la V inclusive, los miércoles, jueves, viernes y sábados, se llaman igual que los lunes y martes. 

 

El miércoles de la semana VI también se llama, "santo", como el lunes y el martes que le preceden y al igual que el jueves que le sigue, con la diferencia de que este último es el único día cuaresmal no completo. En efecto, el tiempo penitencial concluye justamente al atardecer del Jueves santo, antes de la Misa In Cena Domini, dando inicio al Sagrado Triduo Pascual, corazón del Año litúrgico.


Adviértase que el último viernes de Cuaresma, (cuando en lugares se conmemora a la Virgen María "junto a la Cruz"), es el anterior a la Semana Santa, pero el último jueves de Cuaresma es el de la misma Semana Santa, al que sigue el Viernes Santo, primer día después de la Cuaresma (y también primer día del Sacro Triduo Pascual), en que se hace memoria litúrgica de la Pasión del Señor. El segundo día de este Triduo es también el segundo día después de la Cuaresma. Denominado "Sábado santo" (o "Grande y Santo Sábado", como le llamaban los antiguos), es el que precede al Domingo de Pascua. En sus horas nocturnas, se prepara con sagrada expectación la gloriosa Resurrección de Cristo en la Misa de Vigilia más importante del año. Esta Misa debe siempre y a todos los efectos, ser considerada la primera Misa del Domingo de Pascua de Resurrección, aunque se inicie y/o concluya en horas nocturnas del mismo Sábado.


En síntesis, en la Santa Cuaresma hay cinco de los siete días de la semana que se repiten seis veces (domingos, lunes, martes, viernes y sábados); dos que se repiten siete: miércoles y jueves. Hay un solo día que no pertenece todo él a este tiempo: el Jueves santo.

 

1° de marzo de 2021, lunes de la semana II de Cuaresma.
Inicio del "Mes de san José", en el Año Josefino.
Entrada dedicada al santo Patriarca.


domingo, 22 de noviembre de 2020

Aclaración sobre la culminación del Año litúrgico








La solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo, antes de la reforma litúrgica impulsada por el Concilio Vaticano II, se celebraba el último domingo de octubre. Desde entonces, y a instancias de dicha reforma, se ha fijado en el domingo XXXIV del Tiempo Ordinario, a cuya liturgia suple. Los textos eucológicos "desplazados" pueden emplearse en cualquiera de las ferias de la semana que comienza.

El objetivo de la presente entrada es realizar una breve aclaración, a raíz de cierta afirmación, ambigua en algún sentido, que suele difundirse por estos días sobre la conclusión del Año litúrgico:

 
Afirmación ambigua: "Con la solemnidad de Cristo Rey, culmina el Año litúrgico", escuchamos en este día en muchas de nuestras iglesias, y lo leemos en varios libros y páginas de la Red. Pero no es estrictamente así, si nos referimos a las fechas del calendario civil o del litúrgico. No obstante, sí puede decirse que tal solemnidad constituye un cierre o culminación ("coronación" llaman algunos) si se entiende tal domingo como el último día propiamente festivo, al que se ordenan los otros días litúrgicos de la semana que se inicia con aquel. Este último es el sentido en que los Romanos Pontífices y muchos otros pastores de almas han empleado la afirmación desde la reforma litúrgica. Pero no siempre se comprende bien.

Por esto mismo, aseverar sin ninguna aclaración que en el domingo en que se celebra la solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo, concluye el Año litúrgico, a sabiendas de que todo nuevo Año litúrgico comienza siete días después (en el Domingo I de Adviento), es tanto como afirmar que la semana entre uno y otro domingos tiene carácter alitúrgico, pues se la estaría situando fuera del Año litúrgico. Esto puede inducir a error. Y no existen días absolutamente "alitúrgicos" (es decir, carentes de liturgia). En efecto, ni siquiera el Viernes y Sábado santos pueden ser considerados absolutamente alitúrgicos (y esta suele ser otra convicción equivocada) pues, aunque esté prohibido celebrar la Santa Misa en esos dos días, existe la Liturgia de las Horas propia para cada uno de ellos, y el primero consta, además, de una austera pero plenamente litúrgica celebración.

Los días entre el lunes que sigue al domingo en que se celebra la solemnidad de Cristo Rey y el sábado anterior al Domingo I de Adviento, que es el siguiente, constituyen propiamente la última semana del Año litúrgico (la XXXIV del tiempo llamado "Ordinario" o "durante el año"), de la cual el domingo es su culmen, como ocurre en cada semana del año.

 
Por tanto, para evitar equivocaciones, es necesario tener en cuenta lo que sigue:

Afirmación correcta: "La solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo, se celebra en el domingo XXXIV del Tiempo Ordinario (el último del Año litúrgico, al que corona); a dicho domingo, a su vez, le corresponde casi una semana más que concluye el sábado siguiente, conjuntamente con el Tiempo Ordinario, antes de las I Vísperas del Domingo I de Adviento, que da inicio a un nuevo Año litúrgico". (Cf. "Normas universales sobre el Año litúrgico y el Calendario", 6 d, y 44; Caeremoniale Episcoporum, n. 378).

 
El Rey de reyes nos conceda la gracia de vivir plenamente cada Año litúrgico, que es una manifestación elocuente de su Realeza eterna y universal.

 
22 de noviembre de 2020, solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo.
Entrada dedicada a Él.


domingo, 29 de diciembre de 2019

Secuencia "Laetabundus" (Tiempo de Navidad)


 


La Secuencia Lætabundus, cuya datación se remonta a un manuscrito del siglo XI, se cantaba antiguamente durante el Tiempo de Navidad. 

La Orden de Predicadores aún hoy la conserva como facultativa para las Misas del Día de Navidad (25/12), de la Epifanía (6/1) y de  la Presentación del Señor (2/2), antiguamente llamada esta última la "Purificación de María". La rúbrica del Leccionario propio dice que puede cantarse "en la Eucaristía o después de ella, como parezca más oportuno, según las circunstancias ". (Cf. Edición de 1985; pp. 263-264).

A continuación, el texto en el latín original, seguido de dos posibles traducciones al español, la segunda de las cuales es de la mencionada Orden (Ibíd):


SECUENCIA

Lætabundus exsultet fidelis chorus.
Alleluia.

Regem regum
intactæ profudit thorus:
res miranda!

Angelus consilii
natus est de Virgine;
Sol de stella.

Sol occasum nesciens,
stella semper rutilans,
semper clara.

Sicut sidus radium,
profert Virgo filium,
pari forma.

Neque sidus radio,
neque mater filio
fit corrupta.

Cedrus alta Libani
conformatur hyssopo,
valle nostra.

Verbum ens Altissimi
corporari passum est,
carne sumpta.

Isaias cècinit,
Synagoga meminit,
numquam tamen desinit
esse caeca.

Si non suis Vatibus,
credat vel gentilibus:
Sybillinis versibus
haec praedicta.

Infelix propera,
crede vel vetera:
cur damnaberis, gens misera?

Quem docet littera,
natum considera:
ipsum genuit puerpera.
Alleluia. 


Traducción I

Lleno de júbilo, con gozo 
cante el pueblo fiel: ¡Aleluya!

Al Rey de los reyes
da a luz la Virgen Santa:
¡admirable prodigio!

El Ángel del Consejo
ha nacido de la Virgen,
el Sol de la Estrella.

 Él es el Sol sin ocaso,
Ella, la Estrella siempre radiante,
siempre luminosa.

Como del astro nace un haz de luz,
la Virgen da a luz al Hijo,
de semejante forma.

Ni el astro lo queda por el haz de luz,
ni la Virgen por el Hijo
queda mancillada.

El alto cedro del Líbano,
toma, del hisopo, la humilde forma
en nuestro valle. 

El Verbo, que estaba en Dios
quiso tomar cuerpo mortal
y se hizo carne.

Isaías lo profetizó
y la Sinagoga lo recordaba,
pero nunca desistió
de su ceguera.

Si no a sus profetas,
que crea a los gentiles,
los versos de cuya Sibila,
esto vaticinaban.

Pueblo infeliz, apresúrate
a creer en los antiguos oráculos:
¿Por qué quieres condenarte,
pobre pueblo?

Cree que este es el Niño
que anuncia la profecía:
el que ha sido dado a luz
por la Virgen.


Traducción II
(Orden de Predicadores)

Alégrese gozoso
el coro de los fieles:
¡Aleluya!

De Virgen sin mancilla
nace el Rey de los reyes:
¡maravilla!

El Ángel del consejo
de una Virgen nacido.
¡Sol de estrella!

Un Sol que nunca muere,
estrella siempre con luz:
¡siempre bella!

Como del sol los rayos
tal de la Virgen su Hijo:
¡de igual forma!

Ni de su rayo el sol
ni de su Hijo tal Madre
se mancilla.

Al hisopo de los valles
el cedro encumbrado
se abaja.

El mismo Verbo de Dios
se humilla y toma cuerpo
y se encarna.

Isaías lo cantó,
la Sinagoga lo vio,
y debe siempre admitir
su presencia.

Si a los profetas no oyó,
escuche a la Sibila:
los gentiles predicen
su venida.

Apresúrate, infeliz, 
y a los profetas cree;
no te hayas de condenar,
pueblo elegido.

La Escritura lo anunció,
entre los hombres nació,
y engendrado lo ha 
una Virgen.



29 de diciembre de 2019, fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José.
Entrada dedicada a ellos.
(Última actualización de la entrada: 25/12/22).


miércoles, 25 de diciembre de 2019

Secuencia de Navidad: "Natus ante saecula" (Misa del Día)


 


La siguiente Secuencia (Natus ante saecula), se cantaba en la Misa del Día de Navidad.
Esta es la versión en latín, seguida de una traducción al español:

 
SECUENCIA

Natus ante saecula, 
Dei Filius invisibilis interminus,
per quem fit machina coeli 
et terrae, maris et in his degentium. 

Per quem dies et horae labant: 
et se interum reciprocant.
Quem angeli in arce poli 
voce consona semper canunt. 

Hic corpus assumpserat fragile 
sine labe originalis criminis 
de carne Mariae virginis 
quo primi parentis culpam 
Evaeque lasciviam tergeret. 

Hoc praesens diecula loquitur 
perlucida adaucta longitudine. 
Nec nox vacat novi sideris luce: 
quod magorum oculos terruit scios. 

Gaude, Dei Genitrix, quam circumstant 
obstetricum vice concinentes 
angeli gloriam Deo. 

Christe, Patris unice qui humanam 
nostri causam formam assumpsisti: 
refove supplices tuos. 
Et quorum participem te fore dignatus es Jesu: 
dignanter eorum suscipe preces. 

Ut ipsos divinitatis tuae participes 
Deus facere digneris, Unice Dei.

 
Traducción

Nacido antes de los siglos,
Hijo de Dios Invisible y Eterno,
por Quien se hizo la máquina del Cielo,
la Tierra, el mar, y cuanto hay en ellos.

Por Quien pasan y se alternan
los días y las horas.
Aquel a Quien los ángeles 
en la fortaleza celestial 
siempre alaban con voz armoniosa;

El que asumiera de la carne de María Virgen
el cuerpo frágil, sin mancha de pecado,
que expiaría la culpa de (Adán) nuestro primer padre
y la lascivia de Eva.

Esto narra elocuente la historia,
largamente iluminada: 
Ni a la Noche  se le priva
de la luz de la nueva Estrella, 
que ha llenado de estupor 
los sabios ojos de los Magos.
Alégrate, Madre de Dios,
a la que los ángeles se unen,
ocupando el lugar de las parteras
y cantando ¡Gloria a Dios!

Oh, Cristo, Unigénito del Padre,
que por nosotros te revestiste de nuestra humanidad,
socorre a quienes te ruegan,
y acoge benigno las súplicas
de aquellos cuya naturaleza te dignaste asumir,
para hacerlos partícipes de tu Divinidad,
oh, Dios y (a la vez) Unigénito de Dios. 
 

Fuente: Notkerus Balbulus, Liber sequentiarum, Sequentia In Natale Domini. cap. III.
In Missale Aquileyensis Ecclesie, Venetiis, in officina Petri Liechtenstein, 1517, foll. 7-8.


Día 25 de diciembre de 2019, solemnidad de la Natividad del Señor.
Entrada dedicada a Jesucristo, el Verbo Eterno de Dios, engendrado por el Padre en la eternidad y nacido Hoy en el tiempo por nuestra salvación.