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sábado, 1 de octubre de 2022

Santa Misa: "Nuestra Señora del Rosario del Milagro"

 



Cada primer domingo de octubre, la Arquidiócesis de Córdoba, en Argentina, celebra la solemnidad de su patrona, la Virgen del Rosario del Milagro. Este es el formulario propio para la Misa:



SANTA MISA
 

Antífona de entrada 

¡Feliz de ti, María, por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor! Lc. 1, 44 


Oración colecta 

Dios, Salvador de los hombres, que por medio de la Bienaventurada Virgen María, Arca de la Nueva Alianza, llevaste la salvación y el gozo a tu pueblo, concede a los que celebramos esta solemnidad de la Madre de Dios, ser dóciles a las inspiraciones del Espíritu para poder llevar a Cristo a los hermanos y proclamar tus grandezas con nuestras alabanzas y la santidad de nuestras vidas. Por nuestro Señor Jesucristo... 


Liturgia de la Palabra

Primera lectura 

El Arca de la Alianza, causa de alegría. 

Lectura del Segundo Libro de Samuel 12, 12-15. 17-19 

Cuando informaron a David: "El Señor ha bendecido a la familia de Obededom y todos sus bienes a causa del Arca de Dios", David partió e hizo subir el Arca de Dios desde la casa de Obededom a la Ciudad de David, con gran alegría. Los que transportaban el Arca del Señor avanzaron seis pasos, y él sacrificó un buey y un ternero ceba do. David, que solo llevaba ceñido un efod de lino, iba danzando con todas sus fuerzas delante del Señor. Así, David, y toda la casa de Israel subieron el Arca del Señor en medio de aclamaciones y al sonido de trompetas. Llegados a la Ciudad de David, introdujeron el Arca del Señor y la instalaron en su sitio, en medio de la carpa que David había levantado para ella, y David ofreció holocaustos y sacrificios de comunión delante del Señor. Cuando David terminó de ofrecer el holocausto y los sacrificios de comunión, bendijo al pueblo en nombre del Señor del Universo. Después repartió a todo el pueblo, a toda la multitud de Israel, hombres y mujeres, una hogaza de pan, un pastel de dátiles y uno de pasas de uva por persona. Luego, todo el pueblo se fue, cada uno a su casa.
 
Palabra de Dios.

O bien: 

Yo mismo les daré una señal. 

Lectura del Libro del profeta Isaías 7, 2-4. 10-14; 8, 10 

Cuando se informó a la casa de David: "Aram está acampando en Efraím", se estremeció su corazón y el corazón de su pueblo, como se estremecen por el viento los árboles del bosque. El Señor dijo a Isaías: "Ve al encuentro de Ajaz, tú y tu hijo Sear Iasub, al extremo del canal del estanque superior, sobre la senda del campo del Tintorero. Tú le dirás: Mantente alerta y no pierdas la calma; no temas, y que tu corazón no se intimide ante esos dos cabos de tizones humeantes, ante el furor de Resín de Aram y del hijo de Remalías". 
Una vez más, el Señor habló a Ajaz en estos términos: "Pide para ti una señal de parte del Señor, en lo profundo del abismo, o arriba, en las alturas". Pero Ajaz respondió: "No lo pediré ni tentaré al Señor". Isaías dijo: "Escucha, entonces, Casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso, el Señor mismo les dará un signo. Miren, la virgen está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel", que significa "Dios está con nosotros". 

Palabra de Dios.


Salmo 131,8-9.13-14.15-16 

R. Aquí estarás por siempre, Virgen María, porque así lo has querido.

¡Levántate, Señor, entra en el lugar de tu Reposo, tú y tu Arca poderosa! Que tus sacerdotes se revistan de justicia y tus fieles griten de alegría. R.

Porque el Señor eligió a Sion y la deseó para que fuera su Morada: "Este es mi Reposo para siempre. Aquí habitaré porque lo he deseado". R. 

Yo lo bendeciré con abundantes provisiones y saciaré de pan a sus pobres. Revestiré a los sacerdotes con la salvación y sus fieles gritarán de alegría. R. 


Segunda lectura:

Una gran señal apareció en el Cielo.

Lectura del libro del Apocalipsis 11,9a; 12,1-6a.10ab

Se abrió el Templo de Dios que está en el cielo y quedó a la vista el Arca de la Alianza.
Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza. Estaba embarazada y gritaba de dolor porque iba a dar a luz. Y apareció en el cielo otro signo: un enorme Dragón rojo como el fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y en cada cabeza tenía una diadema. Su cola arrastraba una tercera parte de las estrellas del cielo, y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se puso delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera.
La Mujer tuvo un hijo varón que debía regir a todas las naciones con un cetro de hierro. Pero el hijo fue elevado hasta Dios y hasta su trono, y la Mujer huyó al desierto, donde Dios le había preparado un refugio.
Y escuché una voz potente que resonó en el cielo: «Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías».

Palabra de Dios.


Versículo del Evangelio: Jn. 19, 26-27

Jesús dijo al discípulo: "He aquí a tu Madre. Luego dijo a la Mujer: "He aquí a tu hijo".

Evangelio:

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1,39-47

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:
«¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».
María dijo entonces:
«Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador».

Palabra del Señor.

Oración sobre las ofrendas 

Te rogamos, Señor, que nuestras ofrendas las santifique aquel mismo Espíritu que formó a la Virgen María como nueva criatura, para que de ella, inundada del rocío celestial, naciera el fruto de la salvación, Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.



Antífona de Comunión Cf. Lc. 1, 48
 
Me llamarán Bienaventurada todas las generaciones porque Dios miró con bondad la pequeñez de su servidora. 


Oración después de la Comunión 

Tu Iglesia, Señor, nutrida con los sacramentos divinos y llena del Espíritu Santo, a imitación de María, siempre Virgen, vaya gozosa al encuentro de todos los pueblos, para que, al oír las palabras de salvación, se alegren por la redención cumplida y reconozcan a Cristo como su Salvador. Que vive y reina por los siglos de los siglos.



1° de octubre de 2022, en la Arquidiócesis de Córdoba (Argentina), primeras Vísperas de la solemnidad de la patrona, Nuestra Señora del Rosario del Milagro.
Entrada dedicada a ella.


viernes, 9 de julio de 2021

Santa Misa: "Nuestra Señora, Madre de la Santa Esperanza"




Cada 9 de julio, la Congregación de la Pasión celebra a la Virgen María con el sugestivo título de "Madre de la Santa Esperanza". Transcribo a continuación, el formulario completo de la Misa, precedido por una nota histórica, tal y como se halla en el Misal propio de los padres pasionistas:

 

La devoción a la Virgen Santísima, bajo la advocación de la Madre de la Santa Esperanza, se desarrolló en la Congregación Pasionista desde sus orígenes. Su principal promotor fue el gran misionero P. Tomas Struzzieri, elevado luego a la dignidad episcopal. En las santas misiones llevaba siempre consigo una imagen de dicha advocación. Posteriormente, aquella imagen fue reproducida en serie y empezó a ser colocada en las habitaciones de nuestros religiosos, para que dirigieran a ella su mirada, invocándola en sus necesidades espirituales. La Virgen María, Madre de la Santa Esperanza, se convirtió así en modelo singular y firme apoyo de nuestra propia esperanza. La esperanza que la Virgen presenta y a la que llama, es la Cruz que el Niño tiene en la mano, como signo de su amor, manifestado a nosotros hasta la muerte de Cruz.

 

 

Antífona de entrada

 

Salve, Virgen María, esperanza de los creyentes, tú ayudas a los que desesperan y confortas a los que acuden a ti.

 

 

Oración colecta

 

Oh, Dios, que nos concedes venerar a la Virgen María como Madre de la Santa esperanza, concédenos, por su intercesión, orientar nuestra esperanza hacia los bienes de arriba, cumplir nuestra misión en la ciudad terrena y recibir un día los bienes que la fe nos invita a esperar. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

O bien:

 

Señor, tú has querido que la Virgen Santa María brillara en tu Iglesia como señal de esperanza segura; concede, a los afectados por el hastío de la vida, encontrar en ella aliento y consuelo, y a los que desesperan de la salvación, fortaleza para levantarse. Por nuestro Señor Jesucristo...

 

 

Liturgia de la Palabra: Eclo. 24, 9-12. 19-22; Salmo responsorial: Lc 1, 46-48a. 48b-49. 50-51. 52-53. 54-55. R. María, esperanza nuestra, Dios te salve; Aleluya: Madre santa y Virgen sin mancha, Reina gloriosa del mundo, intercede por nosotros ante el Señor, que te escogió. Evangelio: Jn. 2, 1-11.

 

 

Oración de los fieles

 

Muestra de confianza es exponer nuestras oraciones al Padre que todo lo puede y nos ama. Lo hacemos por intercesión de la Virgen María:

 

1. Por la Iglesia universal, para que sea testimonio de seguridad en Cristo ante el mundo  y predique el mensaje de esperanza a todos, roguemos al Señor.

 

2. Por los gobernantes de las naciones, para que, conscientes de sus responsabilidades públicas, trabajen por el buen entendimiento de los pueblos y logren la seguridad de una paz justa, roguemos al Señor.

 

3. Por todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que se esfuerzan por crear condiciones adecuadas en la sociedad para que se den la convivencia, la paz y la fraternidad, roguemos al Señor.

 

4. Por los enfermos y todos los que sufren, para que se sientan confortados por la auténtica esperanza en la vida presente y en la futura, roguemos al Señor.

 

5. Por todos nosotros, para que iluminados por la palabra de Dios y animados por el ejemplo de María, seamos capaces de vivir la esperanza cristiana y comunicarla a los demás, roguemos al Señor.

 

Atiende en tu bondad, Señor, estas peticiones que te presentamos por intercesión de santa María, nuestra esperanza. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

 

Oración sobre las ofrendas

 

Escucha, Señor, la oración de tu pueblo y acepta sus ofrendas, de manera que, por intercesión de la Virgen María, Madre de tu Hijo, todo deseo sea atendido y toda petición escuchada. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Prefacio

 

Santa María, modelo de esperanza sobrenatural



V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación celebrarte
con las más grandes alabanzas, Señor, Padre santo,
que generosamente entregaste a Jesucristo al mundo
como autor de la salvación, y le diste también a María
como modelo de sobrenatural esperanza.

Porque tu humilde esclava, confió en ti plenamente:
concibió creyendo y alimentó esperando al Hijo del hombre,
anunciado por los profetas;
y, entregada por entero a la obra de la salvación,
fue hecha madre de todos los hombres.

Pero a la vez ella, fruto excelso de la redención,
es también hermana de todos los hijos de Adán,
que, caminando hacia la liberación plena,
miran a María como señal de esperanza segura y de consuelo,
hasta que amanezca el día glorioso del Señor.

Por eso, unidos a los coros angélicos,
te aclamamos llenos de alegría:

 

Santo, Santo, Santo...

 

 

Antífona de comunión Cf. Lc 1, 45

 

Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

 

O bien: Tt 2, 12-13

 

Llevemos ya desde ahora una vida honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos:la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo.

 

 

Oración después de la comunión

 

Alimentados con los sacramentos de la salvación y de la fe, te pedimos, Señor, que, recordando con amor a la Virgen María, Madre de la esperanza, merezcamos participar con ella de tu amor divino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

9 de julio de 2021, memoria litúrgica de los santos Agustín Zaho Rong, presbítero, y compañeros, mártires. Para los pasionistas, festividad de Nuestra Señora, Madre de la Santa Esperanza. Entrada dedicada a ella y a los santos de hoy.


sábado, 8 de mayo de 2021

Santa Misa: "Madre de Dios de las Escuelas Pías"


 

 

 

Cada 8 de mayo, la Orden de los Clérigos Regulares pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías (escolapios), celebran la "solemnidad" de Santa María Virgen, Madre  Dios de las Escuelas Pías. Esta es la Misa propia:




Antífona de entrada


Yo soy la Madre del Amor Hermoso y del temor y del conocimiento y de la santa esperanza. Venid, hijos, escuchadme: os enseñaré el temor de Dios, aleluya.


Oración colecta


Te rogamos, Señor, que nos ayude la Bienaventurada Madre de Dios siempre Virgen María, para que apoyados en su protección, lo que es verda­dero, justo y amable, nosotros mismos podamos guardarlo con corazón magnánimo y nos esforcemos en enseñarlo a otros. Por nuestro Señor Jesucristo...


 

Liturgia de la Palabra

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 4, 4-7


Hermanos:

Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, el cual na­ció de mujer, y fue sometido a la Ley, con el fin de rescatar a los que esta­ban sometidos a la Ley, para que así llegáramos a ser hijos adoptivos de Dios.

Ustedes ahora son hijos; por esta razón Dios mandó a nuestros corazo­nes el Espíritu de su propio Hijo, que clama al Padre: ¡Abbá!.

De manera que no eres siervo, sino hijo, y si hijo, también heredero por medio de Dios. 

 

Palabra de Dios

 

Salmo reponsorial (112, 1 – 2)

Alabad, niños, el nombre del Señor.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.

Alabad, niños, el nombre del Señor

Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre.

Alabad, niños, el nombre del Señor

De la salida del sol hasta su ocaso
alabado sea el nombre del Señor.

Alabad, niños, el nombre del Señor

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.

Alabad, niños, el nombre del Señor

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar al cielo y a la tierra?

Alabad, niños, el nombre del Señor

Aleluya


Dichosa tú, Virgen María, que has creído, porque todo lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Aleluya.

 

Evangelio

Proclamación del santo Evangelio según San Juan 19, 25 - 27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaba su Madre, y la hermana de su Madre, María esposa de Cleofás y María de Magdala. Jesús, al ver a su Madre, y junto a ella, al discípulo al que más quería, dijo a su Madre:

Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo: Ahí tienes a tu Madre.

Y desde ese momento, el discípulo se la llevó a su casa. 

 

Palabra del Señor.

 

Oración sobre las ofrendas


Te rogamos, Señor, que santifiques propicio estos dones y, recibida la ofrenda de la hostia espiritual, haznos a nosotros mismos una ofrenda eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Prefacio


V. El Señor esté con ustedes
R. Y con tu espíritu


V.
Levantemos el corazón
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor


V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios
R. Es justo y necesario

Verdaderamente es justo, equitativo y saludable
que te demos gracias siempre y en todas partes:
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.

Y que te alabemos, te bendigamos y te prediquemos
en la fiesta de la Bienaventurada siempre Virgen María.

La cual, con amor materno, nos urge a vivir la perfecta caridad
y nos precede con ejemplos sobresalientes.

Pues la misma Virgen es oyente fiel
que acoge con fe la Palabra de Dios
y en su corazón la contempla en silencio.

La misma Virgen es la orante
que proclama las grandezas del Dios Salvador
y canta gozosa sus maravillas.

La misma Virgen es la Madre
que engendró en la tierra al Hijo del Padre
y sigue engendrando incontables hijos en la Iglesia madre.

Por último, la misma Virgen es oferente,
y presentó a su primogénito en el templo y,
de pie junto a la cruz,
te ofreció por nuestra salvación y la de todos,
a Jesucristo nuestro Señor.

Por el cual los ángeles alaban tu majestad
y todos los santos la celebran con gozo:
con los cuales nos unimos en adoración
y con ellos cantamos sin cesar: 

 

Santo, Santo, Santo...



Oración después de la comunión


Guarda, Señor, a tus siervos con piedad perpetua, para que ayudados con la protección de la Bienaventurada Virgen María, se unan siempre a Cristo tu Hijo y se esfuercen en vivir según Él y en complacerte. Por Cristo, Señor nuestro.




8 de mayo de 2021, para los escolapios, solemnidad de la Virgen de las Escuelas Pías, patrona de la Congregacion.
Entrada dedicada a ella.

Santa Misa: Nuestra Señora de Luján


 

 

Cada 8 de mayo, la República Argentina, celebra la solemnidad de su patrona, Nuestra Señora de Luján. Esta es la Misa propia:


 

Antífona de entrada


Alegrémonos todos en el Señor,al celebrar esta fiesta en honor de la Santísima Virgen María. Los ángeles se regocijan por esta solemnidad y alaban al Hijo de Dios.


 

Se dice Gloria.

 

Oración colecta


Señor y Dios nuestro,
mira a tu pueblo que peregrina en Argentina,
y por la intercesión de la santísima Virgen María,
en su advocación de Nuestra Señora de Luján,
concédele tu ayuda en la vida presente
y la salvación eterna en el cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios, por los siglos de los siglos.



Se dice Credo.



Oración sobre las ofrendas


Concédenos bondadosamente, Señor,
por la intercesión de la Santísima Virgen María,
que este sacrificio nos dé la prosperidad y la paz
en esta vida y en la eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Prefacio propio

 

 

Antífona de comunión     Cf. Sal 147, 20


A ningún otro pueblo trató así el Señor, ni le dio a conocer sus mandamientos. (T. P. Aleluia).

 

Oración después de la comunión


Alimentados, Padre,
con este sacramento de nuestra salvación,
te pedimos que experimentemos siempre
la protección de la santísima María Virgen María,
en cuyo honor te hemos ofrecido este sacrificio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.



Puede impartirse la bendición solemne.



8 de mayo de 2021, en la República Argentina, solemnidad de su patrona, Nuestra Señora de Luján.
Entrada dedicada a ella.


jueves, 22 de abril de 2021

Santa Misa: "María Virgen, Madre de la Compañía de Jesús"


 

 

Cada 22 de abril, los jesuitas celebran la "fiesta" de Santa María Virgen, Madre de la Compañía de Jesús. Este es el formulario propio de la Misa:


 

Antífona de entrada: Jn 19, 26-27

 

Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: “Mujer, ahí está tu Hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre”. (T.P. Aleluya.)

 

 

Se dice Gloria.

 

 

Oración colecta

 

Dios todopoderoso y eterno, cuyo Unigénito, clavado en la cruz, quiso que la Santísima Virgen María, su Madre, fuera también madre de sus discípulos, concédenos, por su intercesión, que la mínima Compañía de Jesús, cuyos miembros emiten delante de ella su profesión perpetua, sirva a tu majestad en obediencia y siga fielmente a tu Hijo Jesucristo. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

 

Oración sobre las ofrendas


Dios y Padre nuestro, recibe la ofrenda que presentamos a tu Divina Majestad, y así como asociaste a María a la cruz de tu Hijo y a la gloria de su resurrección, vuelve nuestros ojos hacia aquel que hemos traspasado para que, buscando su Reino en la tierra, merezcamos entrar con María, nuestra madre, en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 

 

Prefacio propio.

 

 

Antífona de Comunión Cfr. Lc 11, 27-28

 

Dichosa la mujer que llevó en el seno a Cristo el Señor;dichosos todavía más los que escuchan la palabra de Diosy la ponen en práctica. (T.P. Aleluya.)

 

 

Oración después de la Comunión

 

Habiendo recibido, Señor, el sacramento de la fe y de la salvación, te suplicamos humildemente, que celebrando a la Santísima Virgen María como Madre de la Compañía de Jesús, obtengamos con ella la plenitud de tu amor y de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor.



22 de abril de 2021, para los jesuitas, fiesta de la Virgen María, Madre de la Compañía de Jesús.
Entrada dedicada a ella.

 

miércoles, 8 de marzo de 2017

Misas de la Virgen XLIV (Tiempo Ordinario XXVI): "La Virgen María, Salud de los enfermos"




Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

La «salvación de Dios» abarca al hombre entero, su cuerpo, su alma y su espíritu, no sólo mientras peregrina aquí en la Tierra, sino también, y principalmente, cuando se convierte en ciudadano del Cielo. Por la salvación realizada por Cristo en el Espíritu Santo, cambia radicalmente la condición del hombre: la opresión se convierte en libertad, la ignorancia en conocimiento de la verdad, la enfermedad en salud, la tristeza en alegría, la muerte en vida, la esclavitud del pecado en participación de la naturaleza divina. Sin embargo, en este mundo el hombre no puede alcanzar la salvación total y perfecta, ya que su vida está sujeta al dolor, a la enfermedad, a la muerte. La «salvación de Dios» es Jesucristo en persona, a quien el Padre envió al mundo como Salvador del hombre y médico de los cuerpos y de las almas, tal como la liturgia lo llama, reproduciendo en cierto modo unas palabras de San Ignacio de Antioquía (cf. Ad Ephesios VII, 2: S Ch 10, p. 74). Él, durante los días de su vida terrena, movido por su misericordia, curó a muchos enfermos, librándolos también con frecuencia de las heridas del pecado (cf. Mt 9, 2-8; Jn 5, 1-14).
También la Santísima Virgen, por ser Madre de Cristo, Salvador de los hombres, y Madre de los fieles, socorre con amor a sus hijos cuando se hallan en dificultades. Por esto, los enfermos acuden a ella con frecuencia -muchas veces visitando los santuarios a ella dedicados-, para recibir, por su intercesión, la salud. En los santuarios marianos existen muchos testimonios de esta confianza de los enfermos en la Madre de Cristo.
Entre los títulos con que los fieles aquejados de enfermedad veneran a la Santísima Virgen, destaca el de «Salud de los enfermos», por obra principalmente de los religiosos de la Congregación de Regulares Servidores de los Enfermos, que han hecho popular este título, y en cuya iglesia de Santa María Magdalena, dedicada en la Urbe, se venera una imagen insigne por la devoción de los fieles y por los milagros.  

Las letanías lauretanas incluyen la invocación Salus infirmorum. Este título mariano adquiere relieve particular en los actos piadosos que preparan y celebran anualmente la Jornada Mundial del Enfermo, instituida por san Juan Pablo II el 13 de mayo de 1992, y fijada para cada 11 de febrero, memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes. Algunas Conferencias Episcopales han obtenido la venia de la Santa Sede para fijar otra fecha más conveniente pastoralmente, pero no independiente de la Jornada de febrero.
 
En la liturgia de la palabra se lee el cántico de Isaías sobre el «Siervo del Señor» (1ª Lectura, Is 53, 1-5. 7-10), que «soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores» (v. 4), Y cuyas «cicatrices nos curaron» (v. 5).
La asamblea de los fieles responde bendiciendo al Señor, que «cura todas (nuestras) enfermedades» (Salmo responsorial, 102 [103], la. 3b).
En la lectura evangélica se proclama el fragmento de San Lucas sobre la Visitación de María a su parienta Isabel (Evangelio, Lc 1, 39-56), para que los fieles, contemplando a la Santísima Virgen, que, llena de fe, alabando la misericordia de Dios, se apresura a visitar a la madre del Precursor, se sientan impelidos a imitar su solicitud en la atención a los hermanos y hermanas enfermos.
En la liturgia eucarística se glorifica a Dios Padre, que ha dado a la Santísima Virgen por patrona y ejemplo a los fieles enfermos:
- patrona, porque «brilla como señal de salvación y de celestial esperanza / para los enfermos que invocan su protección» (Prefacio);
- ejemplo, porque «a todos los que la contemplan, / les ofrece el ejemplo de aceptar (la) voluntad (de Dios) / y configurarse más plenamente con Cristo» (Prefacio).
Oficiar la Misa en honor de la Santísima Virgen «Salud de los enfermos» y suplicar su intercesión para conseguir la salud corporal equivale a celebrar un peculiar momento de la historia de la salvación que tendrá su acabamiento y perfección cuando, en la gloriosa Venida de Cristo, «el último enemigo aniquilado será la muerte» (1 Oración colecta 15, 26). Y los cuerpos de los justos resucitarán incorruptos.
Los textos de este formulario, excepto el Prefacio, son los mismos de la Misa de la Santísima Virgen con el título de Salus infirmorum que se halla en el Proprium missarum Ordinis Ministrantium infirmis, Tipografía Políglota Vaticana 1974, pp. 14-15. 27-30.


Introducción

Hoy vamos a celebrar la Misa en honor de la Santísima Virgen, "Salud de los enfermos". Suplicaremos la intercesión de esta Madre amorosa en favor de los que están enfermos física o espiritualmente. Realizaremos así un acto de confianza en María, Virgen fiel, a la vez que profesaremos nuestra fe en el Señor Jesucristo, el Salvador misericordioso que bendice y fortalece a estos hermanos, y el Justo Juez que vendrá al final de los tiempos para sanar toda enfermedad y poner fin a toda lamentación.


Antífona de entrada Cf. Sal 34 (35), 3; Jon 2, 3

Yo soy la salvación del pueblo. Cuando me llamen desde el peligro, yo los escucharé.


Oración colecta

La siguiente oración constituye, junto con las que concluyen el Ángelus y el Regina Caeli, el grupo de las tres colectas marianas más empleadas en la liturgia romana. La del Ángelus, es propia del Domingo IV de Adviento, y con el añadido de y por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, es propia de la memoria litúrgica de Nuestra Señora del Rosario:

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo, y por la intercesión de santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura

El Siervo sufriente de Dios asume en Sí los oprobios de toda la humanidad, convirtiéndose en Víctima de expiación y causa de salvación.

Él soportó nuestros sufrimientos

Lectura del libro del profeta Isaías 53, 1-15. 7-10

¿Quién creyó nuestro anuncio?,
¿a quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote,
como raíz en tierra árida,
sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado de los hombres,
como un hombre de dolores,
acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultan los rostros,
despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso,
herido de Dios y humillado;
pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre él,
sus cicatrices nos curaron.
Maltratado, voluntariamente se humillaba
y no abría la boca;
como cordero llevado al matadero,
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.
Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,
¿quien meditó en su destino?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
Le dieron sepultura con los malvados,
y una tumba con los malhechores,
aunque no había cometido crímenes
ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
y entregar su vida como expiación;
verá su descendencia, prolongará sus años,
lo que el Señor quiere prosperará por su mano.

Palabra de Dios.


Salmo responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 10 (R.: 1a. 3a)

R. Bendice, alma mía, al Señor; él cura todas tus enfermedades.

Bendice, alma mía, al Señor
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor
y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a loa hijos de Israel. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestro pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R.


Aleluya Cf. Lc 1, 45

Dichosa tú, Virgen María, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.


Evangelio

Siempre que la Madre de Dios "visita" a sus hijos, lleva consigo lo más grande que tiene, la razón de ser de su existencia: la Bendición del Padre por la Presencia del Mesías y por el Don del Espíritu.

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
–«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo:
— «Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.


Palabra del Señor.


Oración de los fieles

R.  Por los méritos de tu Madre, sánanos, Jesús.

-Del mal de la soberbia, que nos conduce a sentirnos autosuficientes y a rechazar la gracia que Dios nos ofrece por medio de los sacramentos de la Iglesia. R.

-Del mal de la ceguera espiritual, que nos impide reconocer a Cristo en la persona de los enfermos, pobres y postergados. R.

-Del mal de la arrogancia, que nos lleva a sentirnos superiores a los demás, y a erigirnos en jueces de todos. R.

-Del mal de la ignorancia, que nos impulsa a objetar ciertas verdades de la fe que la Iglesia nos enseña como Madre, y a contestar determinadas disposiciones disciplinarias que en ella rigen, y que nuestra mente no alcanza a comprender. R. 

-Del mal de la indiferencia, que nos hace olvidar del acto de caridad de oración y sufragio que debemos a las Almas del Purgatorio. R.


Ofertorio

Por medio de Santa María, Salud de los enfermos, junto a los dones eucarísticos, depositemos en el altar los diversos padecimientos de los que viven la experiencia de la enfermedad física, mental o espiritual, más las dificultades de los familiares que cuidan de ellos y de los médicos y demás agentes sanitarios que los atienden.


Oración sobre las ofrendas

Señor, escucha las plegarias y recibe las ofrendas que te presentan los fieles en honor de santa María, siempre Virgen; que sean agradables a tus ojos y atraigan sobre el pueblo tu protección y tu auxilio. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Prefacio

La Bienaventurada Virgen María brilla como signo de salud para los enfermos

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo darte gracias
y deber nuestro glorificarte, Padre santo.

Porque la santa Virgen María,
participando de modo admirable en el misterio del dolor,
brilla como señal de salvación y de celestial esperanza
para los enfermos que invocan su protección;
y a todos los que la contemplan,
les ofrece el ejemplo de aceptar tu voluntad
y configurarse más plenamente con Cristo.
El cual, por su amor hacia nosotros,
soportó nuestras enfermedades
y aguantó nuestros dolores.

Por él,
los ángeles y los arcángeles
y todos los coros celestiales
celebran tu gloria,
unidos en común alegría.

Permítenos asociamos a sus voces
cantando humildemente tu alabanza:

Santo, Santo, Santo



Comunión


Ofrezcamos la Comunión de hoy, sacramental o espiritual, por los hermanos enfermos, a quienes estamos unidos por la participación de este Pan celestial y por la confesión de la misma fe. Santa María, Consuelo de los afligidos, lleve a buen puerto esta nuestra intención.


Oración después de la comunión

La siguiente oración es como un "eco" de la colecta de esta Misa, que pedía a Dios, por intercesión de María, la salud del alma y la del cuerpo:

Hemos recibido gozosos, Señor, el sacramento que nos salva, el Cuerpo y la Sangre de tu Unigénito, en la celebración de su Madre, la bienaventurada Virgen María; que él nos conceda los dones de la vida temporal y de la eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Despedida

Invocando a María, Salud de los enfermos y Estrella de esperanza en la noche del dolor y la enfermedad, concluimos esta celebración.


7 de octubre de 2015, memoria litúrgica de Nuestra Señora del Rosario.
Entrada dedicada a ella.

domingo, 9 de octubre de 2016

Introducción al Leccionario del Misal de la Virgen


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Orientaciones generales del Leccionario de las Misas de la Virgen María

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Orientaciones generales (Praenotanda) del Lectionarium pro Missis de beata Maria Virgine, Librería Editrice Vaticana, 1987, promulgadas por la Congregación para el Culto divino, Decreto Christi mysterium celebrans, de 15 de agosto de 1986.

Para una relación completa de estas Misas y acceso directo a cada uno de los cuarenta y seis formularios íntegros, con guiones y comentarios litúrgicos, hacer clic aquí.  



1. Sobre la importancia de la Palabra de Dios en la celebración de la Eucaristía encontramos muchas cosas y muy dignas de atención en los Praenotanda de la Ordenación de las lecturas de la Misa. Todo ello debe ser tenido en cuenta también en la celebración de las Misas de la Virgen María.

I. LA PALABRA DE DIOS EN LOS FORMULARIOS DE LAS «MISAS DE LA VIRGEN MARÍA»

2. Para expresar y definir el contenido peculiar de una memoria litúrgica concurren no sólo los textos eucológicos, sino también los textos bíblicos. Por esto, se comprende que, desde la antigüedad, se ha puesto un cuidado especial en la elección de las perícopas escriturísticas. Y así, cada formulario de las Misas de la Virgen María tiene su propia «serie de lecturas» para la celebración de la Liturgia de la Palabra.

3. Las lecturas bíblicas de las Misas de la Virgen María constituyen un amplio y variado «repertorio», que se ha venido creando a lo largo de los siglos, con la aportación de las comunidades eclesiales, tanto antiguas como de nuestro tiempo. Estamos ante un verdadero "tesoro" de selección, ordenamiento e inteligente distribución.

En este «repertorio bíblico» se pueden distinguir tres géneros de lecturas:

a) lecturas del Nuevo y del Antiguo Testamento que contemplan directamente la vida y la misión de la Bienaventurada Virgen María o contienen profecías que se refieren a ella; (por ejemplo, la maldición de Dios a la Serpiente tentadora, cuya cabeza aplastaría la Santísima Virgen en el libro del Génesis, o la Visita de María a su prima, en el Evangelio de san Lucas).

b) lecturas del Antiguo Testamento que son aplicadas a santa María desde la antigüedad. (Como el Cántico de Judit). En efecto, las Sagradas Escrituras, tanto de la antigua como de la nueva Alianza, han sido contempladas por los santos Padres como un conjunto único, lleno del misterio de Cristo y de la Iglesia ; por este motivo, algunos hechos, figuras o símbolos del Antiguo Testamento prefiguran o evocan de modo admirable la vida y la misión de la Bienaventurada Virgen María, gloriosa hija de Sión y Madre de Cristo;

c) lecturas del Nuevo Testamento que no se refieren directamente a la Bienaventurada Virgen, pero que se proponen para la celebración de su memoria (como la Epístola a los efesios, 1, 3-6. 11-12) a fin de poner de manifiesto que en santa María, la primera y perfecta discípula de Cristo, resplandecen de modo extraordinario las virtudes la fe, la caridad, la esperanza, la humildad, la misericordia, la pureza del corazón... que son exaltadas en el Evangelio.

4. Por lo que se refiere a las lecturas que han sido asignadas a cada formulario de las Misas de la Virgen María, hay que tener en cuenta lo siguiente:

a) se proponen solamente dos lecturas (puesto que las "Misas" no están pensadas para celebrarse  con el grado litúrgico de solemnidad, aunque nada impida que, en determinadas circunstancias, y con la aprobación de la autoridad competente, puedan celebrarse con dicho grado, como se insinúa en el punto siguiente): la primera, tomada del Antiguo Testamento o del Apóstol (o sea, de las Cartas o del Apocalipsis), y, en el tiempo pascual, de los Hechos de los Apóstoles o del Apocalipsis; la segunda lectura se toma del Evangelio. Sin embargo, como que muchas veces el misterio que se celebra puede ser considerado desde muchos puntos de vista, con frecuencia se proponen dos o tres textos para la primera lectura y para el Evangelio, a fin de que se elija a voluntad. Más aún, para algunas Misas se ofrecen a veces dos series íntegras de lecturas;

b) no obstante, si el sacerdote y los fieles desean proclamar tres lecturas en celebraciones de particular solemnidad, se añadirá otra lectura tomándola o de los textos del Común de santa María Virgen o de los textos contenidos en el Apéndice del Leccionario de las «Misas», teniendo en cuenta los criterios establecidos en los Praenotanda de la Ordenación de las lecturas de la Misa;

c) las lecturas indicadas en las Misas de la Virgen María para cada formulario resultarán ordinariamente las más adecuadas para celebrar una memoria particular de la Santísima Virgen. Esto no excluye la facultad del celebrante de sustituirlas por otras lecturas adecuadas, elegidas entre las propuestas en el Común de santa María Virgen, o en el Apéndice del Leccionario de estas «Misas» .

5. En lo referente a la Liturgia de la Palabra, obsérvense las normas siguientes:

a) en el tiempo de Adviento, de Navidad, de Cuaresma y de Pascua han de proclamarse las lecturas asignadas a cada día en el Leccionario del tiempo, a fin de que no se interrumpa la «lectura continuada» de la Sagrada Escritura o no se dejen con demasiada frecuencia las lecturas que caracterizan el tiempo litúrgico. Si se trata de una celebración que se hace a modo de fiesta o de solemnidad, se pueden tomar las lecturas que se encuentran en el Leccionario de las «Misas» para cada Misa; (esta exhortación a evitar que se interrumpa la "lectura continuada" ha de entenderse como referida a las ferias de los tiempos litúrgicos mencionados; en efecto, las lecturas dominicales de dichos tiempo, que con mayor razón jamás pueden reemplazarse por otras, no una serie "continuada").

b) en el tiempo ordinario corresponde al sacerdote celebrante establecer, «de común acuerdo con los que ofician con él y con los demás que habrán de tomar parte en la celebración, sin excluir a los mismos fieles» (IGMR, 313) si es preferible proclamar las lecturas indicadas en el Leccionario de las «Misas» o las señaladas por el Leccionario del tiempo. (La facultad de la "posibilidad" de optar entre las lecturas del Leccionario de "Misas" y las del Leccionario del tiempo concedida aquí, no debe entenderse como un free pass para eximirse muy frecuentemente de la proclamación de las lecturas dominicales correspondientes. De hecho, las "Misas" están pensadas para circunstancias particulares, esporádicas).

II. LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA, MODELO DE LA IGLESIA EN LA ESCUCHA DE LA PALABRA DE DIOS

6. La Iglesia, que en la celebración de la Eucaristía reserva el máximo honor a la proclamación de la Palabra de Dios, exhorta también a los fieles a ser de aquellos «que llevan a la práctica la palabra y no se limitan a escucharla» (Sant. 1, 22) engañándose a sí mismos. En efecto según las palabras del Señor, son dichosos «los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen» (Lc. 11, 28).

7. En el curso de los siglos han sido muchos los discípulos santos del Señor que tuvieron en gran valor la Palabra de Dios y se acercaron con gran amor a las Sagradas Escrituras como fuente de vida. (Basta con recordar al gran san Jerónimo, al que debemos la traducción de las Sagradas Escrituras). Pero la Iglesia sitúa en primer término, por encima de los demás, a la Virgen de Nazaret, que fue la primera en el Nuevo Testamento en ser llamada dichosa por su fe, como modelo del discípulo que escucha con fe la Palabra de Dios.

El siguiente parágrafo es una síntesis de los textos bíblicos en los que se menciona explícitamente a María, modelo de toda virtud:

8. En efecto, la Santísima Virgen escuchó con fe el anuncio de Gabriel y lo recibió con amor y, llamándose a sí misma esclava del Señor, se convirtió en la Madre de Cristo, concibiendo al Hijo de Dios antes en su mente que en su seno. Virgen prudente, santa María guardó en su corazón las palabras del Señor; virgen sabia, las conservó meditándolas en su alma. La Palabra de Dios, sembrada en el corazón de María, la impulsó a visitar a su pariente Isabel para cantar con ella a Dios por su bondad y misericordia para con Israel, su siervo amado. La Virgen de Nazaret no rechazó las palabras proféticas, duras u oscuras que le fueron dirigidas, sino que, con plena adhesión al designio de Dios, las guardó en su corazón. En el banquete de bodas, interpretando las palabras del Hijo más allá de su significado literal, comprendió el sentido profundo del «signo de Caná» y advirtió a los sirvientes que hicieran lo que el Señor mandara, ayudando así a que creciera la fe de los discípulos. Estando junto a la cruz, acogió las palabras del Hijo que, antes de entregar el espíritu, encomendó a su discípulo predilecto a sus cuidados maternales. Ella observó fielmente el mandato del Señor resucitado a los Apóstoles, de quedarse en la ciudad, hasta que se revistieran de la fuerza de lo alto: permaneció en Jerusalén, para esperar con fe el don del Espíritu Santo, dedicada a la oración en común con los Apóstoles.

9. Por esto, la liturgia romana, cuando exhorta a los fieles a acoger la Palabra de Dios, con frecuencia les propone el ejemplo de la Bienaventurada Virgen María, que Dios hizo atenta a su Palabra y que, como nueva Eva, adhiriéndose totalmente a la Divina Palabra se mostró dócil a las palabras del Hijo. Con toda razón la Madre de Jesús es saludada como «Virgen oyente, que acogió con fe la Palabra de Dios» (Marialis cultus, 17): «Esto mismo hace la Iglesia, la cual, sobre todo en la sagrada liturgia, escucha con fe, acoge, proclama, venera la Palabra de Dios, la distribuye a los fieles como Pan de vida y escudriña a su luz los signos de los tiempos, interpreta y vive los acontecimientos de la historia.» (Ibíd, 17).

10. Procuren los pastores enseñar a los fieles que acuden a los santuarios marianos o participan el sábado en la Eucaristía celebrada en memoria de santa María, que es un excelente acto de devoción a la Santísima Virgen el proclamar correctamente la Palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas y el venerarla con amor; escucharla con fe y guardarla en el corazón; meditarla interiormente y difundirla de palabra; ponerla en práctica fielmente y conformar a ella toda la existencia.


9 de octubre de 2016, domingo XXVII del Tiempo Ordinario.
Jubileo Mariano en el marco del Año Santo de la Misericordia. Entrada dedicada a la Santísima Virgen María, Mater Misericordiae.


viernes, 7 de octubre de 2016

Misal de la Virgen: Prænotanda





Orientaciones generales del Misal de las Misas de la Virgen María

Texto oficial: negro.
Resaltado del blog en el texto: negrita. 
Comentario del blog: azul.

Orientaciones generales (Praenotanda) de la Collectio Missarum de beata Maria Virgine, Librería Editrice Vaticana, 1987, promulgadas por la Congregación para el Culto Divino, Decreto Christi mysterium celebrans, del 15 de agosto de 1986.

Cuando en esta entrada me refiero a la Collectio, estoy usando una expresión sinónima de "Misas", que es la traducción castellana que en esta obra se le ha dado al vocablo Collectio.

Para una relación completa de estas Misas y acceso directo a cada uno de los cuarenta y seis formularios íntegros, con guiones y comentarios litúrgicos, hacer clic aquí.


1. El Concilio Vaticano II en la Constitución dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia, después de haber expuesto la doctrina católica sobre la naturaleza de la veneración a santa María, Madre de Cristo, exhorta «a todos los hijos de la Iglesia a que cultiven generosamente el culto, sobre todo litúrgico, hacia la Bienaventurada Virgen» (Lumen Gentium, 67). El mismo Concilio, en la Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, ilustra la experiencia de la Iglesia universal respecto del culto litúrgico dirigido a la Virgen: «En la celebración de este círculo anual de los misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo; en ella, la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la Redención, y la contempla gozosamente como una purísima imagen de lo que ella misma, toda entera, ansía y espera ser.» (103).

2. La Sede Apostólica, movida por la exhortación del sagrado Concilio Vaticano II y guiada por la secular experiencia y sabiduría de la Iglesia, se ha aplicado con presteza a promover una recta devoción para con la Madre de Dios. Por esto, en el ámbito de la liturgia romana, la veneración hacia la Virgen María se presenta rica de contenidos e inmersa orgánicamente en el desarrollo del año litúrgico.

3. La liturgia romana, en efecto, ofrece a los fieles en su Calendario general abundantes ocasiones para celebrar en el curso del año litúrgico la participación de la Santísima Virgen en el misterio de la salvación; ofrece asimismo preciosos testimonios de devoción mariana no sólo en el Misal Romano y en la Liturgia de las Horas, sino también en otros libros litúrgicos, algunos de los cuales contienen celebraciones propias para venerar la memoria de la humilde y gloriosa Madre de Cristo.

I. LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA EN LA CELEBRACIÓN DEL MISTERIO DE CRISTO

4. La liturgia celebra, por medio de signos sagrados, la obra de la salvación efectuada por Dios Padre por Cristo en el Espíritu Santo. La salvación que Dios Padre realiza incesantemente: fue anunciada a los patriarcas y a los profetas. «La economía del Antiguo Testamento estaba ordenada, sobre todo, para preparar, anunciar proféticamente y significar con diversas figuras la venida de Cristo, redentor universal, y la del Reino mesiánico»; (Dei Verbum, 15) fue manifestada plenamente en Cristo Jesús. Jesús, Hijo de Dios, se encarnó en el seno virginal de la Virgen de Nazaret, y fue constituido Mediador de la nueva y eterna Alianza. Con el misterio de su Pascua reconcilió a la humanidad con el Padre y, derramando sobre ella el Espíritu de adopción, la ha asociado íntimamente a sí, para hacerla capaz de ofrecer al Padre un culto agradable en espíritu y verdad; se prolonga en el «tiempo de la Iglesia» por medio del anuncio del Evangelio y la celebración de los sacramentos, que hacen que las generaciones que se suceden en la historia se adhieran a la palabra que salva, y sean incorporadas al misterio pascual; tendrá su cumplimiento total en la gloriosa segunda venida de Cristo cuando él, vencida la muerte, someta a sí todas las cosas y entregue el Reino a Dios Padre.

5. Realizando los divinos misterios, la Iglesia celebra la entera obra de la salvación; celebrando los acontecimientos pasados, de alguna manera los hace presentes y, en el «hoy cultual», efectúa la salvación de los fieles que, peregrinos aún sobre la tierra, se dirigen a la ciudad futura. La bienaventurada. Virgen María, que, según el plan de Dios y con vistas al misterio de Cristo y de la Iglesia, ha «entrado íntimamente en la historia de la salvación» (Lumen Gentium, 65), intervino de varias y admirables maneras en los misterios de la vida de Cristo.

6. Las Misas de la bienaventurada Virgen María encuentran su razón de ser y su valor en esta íntima participación de la Madre de Cristo en la historia de la salvación. La Iglesia, conmemorando el papel de la Madre del Señor en la obra de la redención o sus privilegios, celebra ante todo los acontecimientos salvadores en los que, según el designio de Dios, intervino la Virgen María con vistas al misterio de Cristo. En las Misas de santa María se celebran las intervenciones de Dios para salvar a los hombres

7. Entre estos acontecimientos de salvación, la Iglesia celebra, al comienzo del año litúrgico, la obra divina de preparación de la Madre del Redentor, en la cual, «tras la larga espera de la promesa, se cumple la plenitud de los tiempos y se inaugura la nueva economía» (Lumen Gentium, 55). En efecto, Dios vino sobre María con su gracia y la preservó de toda mancha de pecado desde el primer instante de su Concepción, la llenó de los dones del Espíritu Santo y la rodeó con su amor incesante, realizando en ella «obras grandes» en orden a la salvación de los hombres.

8. La Iglesia celebra la intervención de Dios en la Encarnación del Verbo, en el Nacimiento de Cristo, en su manifestación a los pastores, primicias de la Iglesia que surge de los judíos, y a los Magos, primicias de la Iglesia surgida de los paganos; y en otros episodios de la Infancia del Salvador, hechos salvadores a los que María estuvo íntimamente ligada. Por consiguiente, muchos formularios de Misas, entre los que hay no pocos de gran valor litúrgico y de venerable antigüedad, celebran los misterios de la Infancia de Cristo y conmemoran y ponen de manifiesto a la vez la participación que tuvo en ellos su Madre.

9. La Iglesia venera también a la Bienaventurada Virgen María, «que intervino en los misterios de Cristo» (Lumen Gentium, 66), al celebrar litúrgicamente la vida pública del Salvador, en la que Dios Padre actuó de modo admirable. «En la vida pública de Jesús, su Madre aparece con especial relieve: ya al principio cuando las bodas de Caná de Galilea, movida a misericordia, consiguió por su intercesión el comienzo de los milagros de Jesús Mesías. En el decurso de la predicación de su Hijo recibió las palabras con las que, elevando el Reino de Dios por encima de los motivos y vínculos de la carne y de la sangre, proclamó bienaventurados a los que oían y observaban la Palabra de Dios como ella lo hacía fielmente». (San Juan Pablo II, Audiencia, 26/02/97). (La intervención de la Madre de Dios en la vida pública de Jesús ha sido luego felizmente resaltada por san Juan Pablo II al "introducir" en la piedad los entrañables mysteria lucis del santo Rosario, en la encíclica Rosarium Virginis Mariae).

10. Pero donde la Iglesia celebra principalmente la acción de Dios es en el misterio pascual de Cristo y, al celebrarlo, encuentra a la Madre indisolublemente asociada al Hijo; en efecto, en la Pasión del Hijo la bienaventurada Virgen «sufrió vivamente con su Unigénito y se asoció con corazón maternal a su Sacrificio, dando su consentimiento con amor a la inmolación de la Víctima engendrada por ella misma»; en su Resurrección fue colmada de alegría inefable; después de su Ascensión al cielo, unida en oración con los Apóstoles y los primeros discípulos, imploró en el Cenáculo «el don del Espíritu, quien ya la había cubierto con su sombra en la Anunciación» (Lumen Gentium, 58).

Presencia de Cristo en las celebraciones litúrgicas

11. Después de la gloriosa Ascensión de Cristo al cielo, la obra de la salvación continúa realizándose sobre todo en la celebración de la liturgia, la cual es considerada, no sin razón, el momento último de la historia de la salvación. Pues en la liturgia Cristo está presente de varios modos: es la Cabeza que preside la asamblea cultual, cuyos miembros están revestidos de dignidad real; el Maestro, que continúa anunciando el Evangelio de salvación; el Sacerdote, que ofrece el Sacrificio de la nueva ley y actúa eficazmente en los sacramentos; el Mediador, que intercede sin cesar ante el Padre en favor de los hombres; el Hermano primogénito, que une su voz a la de innumerables hermanos. Los fieles, adhiriéndose a la Palabra de la fe y participando «en el Espíritu» en las celebraciones litúrgicas, se encuentran con el Salvador y se insertan vitalmente en el acontecimiento salvífico.

12. De manera semejante, la Bienaventurada Virgen, asunta gloriosamente al cielo y ensalzada junto a su Hijo, Rey de reyes y Señor de señores, no ha abandonado la misión salvadora que el Padre le confió, «sino que continúa alcanzándonos, por su múltiple intercesión, los dones de la eterna salvación» (Lumen Gentium, 62). La Iglesia, que «quiere vivir el misterio de Cristo» con María y como María, a causa de los vínculos que la unen a ella, experimenta continuamente que la bienaventurada Virgen está a su lado siempre, pero sobre todo en la sagrada liturgia, como Madre y como Auxiliadora.

13. La liturgia, por su misma naturaleza, favorece, realiza y expresa maravillosamente la comunión no sólo con las Iglesias diseminadas por toda la Tierra, sino también con los bienaventurados del cielo, con los ángeles y los santos, y, en primer lugar, con la gloriosa Madre de Dios. En íntima comunión con la Virgen María, e imitando sus sentimientos de piedad, la Iglesia celebra los divinos misterios, en los cuales «Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados» (Sacrosanctum Concilium, 7): asociándose a la voz de la Madre del Señor, bendice a Dios Padre y lo glorifica con su mismo cántico de alabanza; con ella quiere escuchar la Palabra de Dios y meditarla asiduamente en su corazón; con ella desea participar en el misterio pascual de Cristo y asociarse a la obra de la redención; imitándola a ella que oraba en el Cenáculo con los Apóstoles, pide sin cesar el don del Espíritu Santo; apelando a su intercesión, se acoge bajo su amparo, y la invoca para que visite al pueblo cristiano y lo llene de sus beneficios; con ella, que protege benignamente sus pasos, se dirige confiadamente al encuentro de Cristo.

Valor ejemplar de la Virgen María en las celebraciones litúrgicas

14. La liturgia, que tiene el poder admirable de evocar el pasado y hacerlo presente, pone con frecuencia ante los ojos de los fieles la figura de la Virgen de Nazaret, que «se consagró totalmente, cual esclava del Señor, a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo al misterio de la redención con él y bajo él» (Lumen Gentium, 56). Por esto la Madre de Cristo resplandece, sobre todo en las celebraciones litúrgicas, «como modelo de virtudes» y de fiel cooperación a la obra de salvación.

15. La liturgia, heredera de la doctrina y del lenguaje de los santos Padres, para expresar la ejemplaridad de la Bienaventurada Virgen, usa varios términos: modelo, sobre todo cuando quiere resaltar su santidad y presentarla a los cristianos como fiel esclava del Señor y perfecta discípula de Cristo; figura, para indicar que la conducta de María virgen, Esposa y Madre prefigura la vida de la Iglesia y guía sus pasos en el camino de la fe y del seguimiento del Señor; imagen, para destacar que en María, perfectamente configurada a su Hijo, la Iglesia «contempla gozosamente como una purísima imagen de lo que ella misma, toda entera, ansía y espera ser» (Sacrosanctum Concilium, 103).

16. Por eso, la Iglesia, en la sagrada liturgia, invita a los fieles a imitar a la Bienaventurada Virgen sobre todo por la fe y la obediencia con que se adhirió amorosamente al designio de salvación de Dios. De modo particular, los himnos y los textos eucológicos ponen de manifiesto una rica y espléndida serie de virtudes que la Iglesia, en su experiencia secular de plegaria y de contemplación, guiada por el Espíritu Santo, ha descubierto y aprendido en la Madre de Cristo.

17. La ejemplaridad de la Bienaventurada Virgen, que emerge de la celebración litúrgica, induce a los fieles a configurarse a la Madre para configurarse mejor con el Hijo. Los mueve también a celebrar los misterios de Cristo con los mismos sentimientos de piedad con que la Virgen participó en el Nacimiento y en la Epifanía del Hijo, en su Muerte y Resurrección. Les apremia a guardar diligentemente la Palabra de Dios y a meditarla con amor; a alabar a Dios jubilosamente y a darle gracias con alegría; a servir fielmente a Dios y a los hermanos y a ofrecerse generosamente; a orar con perseverancia y a suplicar confiadamente; a ser misericordiosos y humildes; a observar la ley del Señor y hacer su voluntad; a amar a Dios en todo y sobre todo; a estar vigilantes en la espera del Señor que viene.

18. En la celebración de las Misas de santa María, los sacerdotes y todos aquellos que desempeñan alguna función pastoral deben procurar ante todo que los fieles comprendan que el Sacrificio eucarístico es el memorial de la Muerte y de la Resurrección de Cristo e invitarlos a participar en él plena y activamente; pero no dejen de mostrar el valor ejemplar de la figura de santa María, que contribuye en gran medida a la santificación de los fieles.

II. NATURALEZA DE LAS «MISAS DE LA VIRGEN MARÍA»

19. Las Misas de la Virgen María, aprobadas por el Sumo Pontífice Juan Pablo II, y promulgadas por la Congregación para el Culto divino, se proponen sobre todo favorecer, en el ámbito del culto a la Virgen María, unas celebraciones que sean ricas en doctrina, variadas en cuanto al objeto específico y que conmemoren correctamente los hechos de salvación cumplidos por Dios Padre en la Santísima Virgen, con vistas al misterio de Cristo y de la Iglesia.

El siguiente parágrafo puntualiza las fuentes en que abrevan los formularios de la Collectio:

20. Las «Misas» están formadas en gran parte por formularios procedentes de las actuales Misas propias de las Iglesias particulares y de los Institutos religiosos, así como del mismo Misal Romano.

Destinatarios principales y secundarios:

21. Las «Misas» están destinadas en primer lugar: 1) a los santuarios marianos, en los que se celebran frecuentemente Misas de santa María; no obstante, se deberán observar las normas establecidas en los números 2933 de estas Orientaciones generales; 2) a las comunidades eclesiales que, en los sábados del tiempo ordinario, desean celebrar la Misa en memoria de la bienaventurada Virgen María; estas comunidades deberán atenerse a cuanto se prescribe en el número 34 de estas Orientaciones generales. El uso de las «Misas», como se dice más adelante en el número 37, está permitido también en aquellos días en los que, según la Ordenación general del Misal Romano se pueden celebrar Misas facultativas.

22. La promulgación de las Misas de la Virgen María no supone modificación alguna, ni en el Calendario Romano general, promulgado el 21 de marzo de 1969, ni en el Misal Romano, publicado en la segunda edición típica el 27 de marzo de 1975, (ni en la tercera, que  data del Jueves Santo, 20 de abril de 2000, reimpresa y enmendada sucesivamente en 2002 y en 2008), ni en la Ordenación de lecturas de la Misa, cuya segunda edición data del 21 de enero de 1981, ni tan siquiera en la actual normativa litúrgica.

III. ESTRUCTURA DE LAS «MISAS DE LA VIRGEN MARÍA»

23. La Iglesia, en el curso del año litúrgico, celebra de manera orgánica todo el misterio de Cristo: desde la predestinación eterna, en virtud de la cual Cristo, el Verbo encarnado, es Principio y Cabeza, término y plenitud del género humano y de toda la creación, hasta su gloriosa segunda Venida, cuando todas las cosas serán perfeccionadas en él y «Dios lo será todo para todos» (I Cor. 15, 28).

24. Las Misas de la Virgen María han sido dispuestas según el orden del año litúrgico, teniendo en cuenta la íntima asociación de María al misterio de Cristo. Por tanto, los cuarenta y seis formularios de las «Misas» están distribuidos en los distintos tiempos del año litúrgico, en relación sobre todo con el misterio que celebran: en el tiempo de Adviento (tres formularios), en el tiempo de Navidad (seis formularios), en el tiempo de Cuaresma (cinco formularios), en el tiempo de Pascua (cuatro formularios), y en el tiempo ordinario (veintiocho formularios). Los formularios del tiempo ordinario están subdivididos en tres secciones: la primera comprende once formularios que celebran la memoria de la Madre de Dios bajo una serie de títulos tomados principalmente de la Sagrada Escritura o que expresan la relación de María con la Iglesia; la segunda sección consta de nueve formularios, en los que la Madre del Señor es venerada bajo advocaciones que recuerdan su intervención en la vida espiritual de los fieles; la tercera sección comprende ocho formularios que celebran la memoria de santa María bajo títulos que evocan su misericordiosa intercesión en favor de los fieles. Este ordenamiento de los formularios hace que los momentos y modos de la cooperación de la Santísima Virgen a la obra de la salvación se celebren en el tiempo litúrgico más adecuado, y que se ponga de relieve la profunda relación de la Madre del Señor con la misión de la Iglesia.

25. Las «Misas», siguiendo la costumbre de la liturgia romana, constan de dos volúmenes: el primero contiene los textos eucológicos, las antífonas de entrada y de comunión y, en apéndice, algunas fórmulas para impartir la bendición solemne al final de la Misa; el segundo contiene las lecturas bíblicas asignadas a cada una de las Misas, con el salmo responsorial y el «Aleluya» o el versículo antes del Evangelio. (He querido dedicar otra entrada a los praenotanda de este segundo volumen).

26. En el primer volumen, para favorecer la preparación de la celebración eucarística, cada formulario va precedido de una introducción de índole histórica, litúrgica y pastoral, en la que se explica brevemente el origen de la memoria o del título de la Virgen María, se indican, en ocasiones, las fuentes del formulario y se ilustra la doctrina que emerge de los textos bíblicos y eucológicos.

IV. USO DE LAS «MISAS DE LA VIRGEN MARÍA»

27. Para que las Misas de la Virgen María consigan los fines pastorales que se proponen, es necesario que sean usadas correctamente en todos los lugares y por parte de todos los interesados.

Respeto a los tiempos del año litúrgico

28. El uso correcto de las «Misas» requiere ante todo, por parte del celebrante, el respeto a los tiempos del año litúrgico. Por consiguiente, los diversos formularios deben ser usados, de suyo, en el tiempo litúrgico al que han sido asignados. No obstante, por causa justa, algunos formularios pueden usarse también en otro tiempo litúrgico; por ejemplo: la Misa de «Santa María de Nazaret», que se encuentra entre las Misas del tiempo de Navidad (núm. 8), puede ser celebrada convenientemente también en el tiempo ordinario, si un grupo de fieles quiere conmemorar la vida de la Virgen en Nazaret y su valor ejemplar; la Misa de «La Virgen María, madre de la reconciliación», que se encuentra entre los formularios del tiempo de Cuaresma (núm. 14), puede ser usada correctamente en el tiempo ordinario, cuando se celebra la Eucaristía para suscitar sentimientos de reconciliación y de concordia. Por el contrario, Misas como la de «La Virgen María en la Epifanía del Señor» (núm. 6) o la de «La Virgen María en la Resurrección del Señor» (núm. 15) no pueden ser celebradas fuera del tiempo de Navidad o de Pascua, respectivamente, a causa de la pertenencia a un determinado tiempo litúrgico.

A) Uso de las «Misas» en los santuarios marianos

29. Las Misas de la Virgen María, como se ha dicho antes en el número 21, están destinadas en primer lugar a los santuarios marianos, para que en ellos se incremente la verdadera devoción a la Madre del Señor y se nutra del genuino espíritu litúrgico. Esto será una gran ventaja para las Iglesias particulares, cuya actividad pastoral se ve sostenida y favorecida en gran manera por las iniciativas y las obras de los santuarios marianos. En los santuarios como dispone el Código de Derecho Canónico, es preciso proporcionar a los fieles con mayor abundancia «los medios de salvación, predicando con diligencia la Palabra de Dios y fomentando con esmero la vida litúrgica, principalmente mediante la celebración de la Eucaristía y de la penitencia, y practicando también otras formas aprobadas de piedad popular».

30. La celebración de la Eucaristía es el culmen y el centro de toda la acción pastoral de los santuarios: desean participar especialmente en ella los numerosos peregrinos que se reúnen en los santuarios, los grupos que se reúnen allí para un encuentro de estudio o de plegaria, los fieles que acuden individualmente para dirigir sus súplicas a Dios o para recogerse en oración contemplativa. Por eso, es necesario poner el mayor cuidado en la celebración de la Eucaristía para que la acción litúrgica, adaptada a las condiciones particulares de los fieles y de los grupos, resulte ejemplar, y la asamblea que celebra los divinos misterios ofrezca una imagen genuina de la Iglesia.

31. La Congregación para el Culto Divino suele conceder a los santuarios marianos la facultad de celebrar con frecuencia la Misa de santa María Virgen.

En el uso de las Misas de la Virgen María ha de observarse cuanto sigue:

a) habida cuenta del tiempo litúrgico, estas Misas se pueden celebrar todos los días, excepto los indicados en los números 1 a 6 de la Tabla de los días litúrgicos; en estos días mencionados entre el 1 y el 6, a causa de la importancia que tienen en la obra de la redención los misterios que en ellos se celebran, han de emplearse los formularios correspondientes a la Misa propia de dichos días.

b) sin embargo, la facultad a que se refiere la letra a) (es decir, la concesión de preferir estas Misas marianas frente a las celebraciones que en la "Tabla de precedencias de días litúrgicos" se mencionan a partir del n. 7), se concede solamente a los sacerdotes peregrinos o cuando se celebra la Misa para un grupo de peregrinos;

e) en el tiempo de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, se deben proclamar las lecturas bíblicas asignadas en el Leccionario del tiempo para el día en que se celebra la Misa, a no ser que se trate de una celebración que tenga carácter de fiesta o de solemnidad.

La «Misa propia» del santuario

32. La correspondencia de los textos con el título particular con el que es venerada la Virgen María en el santuario hace que los peregrinos sacerdotes y fieles prefieran habitualmente celebrar la «Misa propia» del santuario. No obstante, hay que evitar que sea celebrada exclusivamente la «Misa propia» del santuario, completamente al margen de los tiempos del año litúrgico. En efecto, es conveniente variar inteligentemente el formulario de la Misa, para ofrecer a los fieles, incluso por medio de la celebración de la Eucaristía, una visión completa de la historia de la salvación y de la inserción de la Virgen en el misterio de Cristo y de la Iglesia. (De lo contrario, la piedad mariana quedaría empobrecida por ser desprovista de la exquisita riqueza de perspectivas desde la que ella puede ser abordada por la sabia pedagogía litúrgica de la Iglesia).

33. A título de ejemplo, se señalan algunos casos en los que, en lugar de la «Misa propia» del santuario, será útil recurrir a alguna de las Misas de la Virgen María:

a) cuando en los tiempos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, las Misas de la Virgen previstas en los respectivos tiempos se armonizan perfectamente con los misterios de Cristo celebrados en los citados tiempos litúrgicos;

b) cuando un formulario de las «Misas» refleja mejor las circunstancias concretas de una Iglesia local o de un grupo de peregrinos; (por ejemplo, si un grupo de peregrinos "mercedarios" acuden a algún santuario mariano que no pertenezca a esa Orden religiosa, bien puede preferirse el formulario 43, de la Santísima Virgen de la Merced, que figura en la Collectio, antes que la "Misa propia" del santuario al que visitan; o bien, en tiempos de guerra, puede emplearse el formulario 45, de la Virgen María, Reina de la paz, en lugar de la mentada "Misa propia" del santuario anfitrión).

e) cuando un grupo de peregrinos permanece durante algunos días en el santuario o acude a visitarlo con frecuencia. (Se evitaría así la repetición del mismo formulario de Misa en días consecutivos).

B) Uso de las «Misas» para la memoria de santa María en el sábado

34. Las Misas de la Virgen María, como se ha dicho antes en el número 21, están destinadas también a las comunidades eclesiales que celebran con frecuencia la memoria de santa María «en los sábados del tiempo ordinario, en los que no coincida una memoria obligatoria» (Normas universales sobre el Año litúrgico y sobre el Calendario, 15) y desean disponer de un repertorio más amplio de formularios.

35. La costumbre de dedicar el sábado a la Bienaventurada Virgen María surgió en los monasterios carolingios a finales del siglo VIII y se difundió rápidamente por toda Europa. Esta práctica fue acogida también en los libros litúrgicos de muchas Iglesias particulares y se convirtió casi en patrimonio de las órdenes religiosas de vida evangélica y apostólica que empezaron a florecer a principios del siglo XIII. Con la reforma litúrgica que siguió al Concilio de Trento, la costumbre de celebrar la memoria de santa María en el sábado entró en el Misal Romano. La reforma litúrgica del Concilio Vaticano II ha dado nuevo relieve y vigor a la memoria de santa María en el sábado; en efecto, ha hecho posible celebrarla con más frecuencia, ha aumentado tanto el número de formularios como el número de lecturas bíblicas, y ha renovado los textos eucológicos.

Ojalá esta Collectio sirva para una revalorización de la actualmente a veces subestimada -cuando no olvidada- memoria de Santa María in sabbato:

36. La memoria de santa María en el sábado se celebra en muchas comunidades eclesiales como una introducción al «día del Señor»; así, mientras se disponen a celebrar la memoria semanal de la Resurrección del Señor, contemplan con veneración a la Bienaventurada Virgen que, «en el gran sábado» cuando Cristo yacía en el sepulcro, esperó vigilante, sostenida por la fe y la esperanza, ella sola entre todos los discípulos, la Resurrección del Señor. Esta memoria de santa María, «antigua y discreta» (Cf. Marialis Cultus, 9) con su cadencia semanal, nos sugiere en cierto modo que la Bienaventurada Virgen está presente y activa en la vida de la Iglesia.

C) Uso de las «Misas» en los días en que se permiten «Misas facultativas»

37. En las ferias del tiempo ordinario en las que, según las normas de la Ordenación general del Misal Romano, están permitidas las «Misas facultativas, se concede al sacerdote que celebra la Misa, con el pueblo o sin el pueblo, la facultad de usar los formularios de las «Misas». (Por ejemplo, el 23 de abril, en que están inscriptas las memorias facultativas de los mártires san Jorge y san Adalberto, obispo, entre las que se puede optar, también podría alguna vez preferirse antes que ellas, la celebración de alguna de las Misas de la Collectio). Pero, si celebra con la participación del pueblo, al elegir la Misa, «el sacerdote mirará en primer lugar al bien espiritual de los fieles, guardándose de imponer su propio gusto. Ponga principalmente cuidado en no omitir habitualmente y sin causa suficiente las lecturas que día tras día están indicadas en el Leccionario ferial, ya que la Iglesia desea que en la mesa de la Palabra de Dios se prepare una mayor abundancia para los fieles» (Sacrosanctum Concilium, 51). Recuerden también los sacerdotes y los fieles que la genuina devoción a la Santísima Virgen no requiere que se multipliquen las celebraciones de Misas de santa María, sino que en ellas todo, lecturas, cantos, homilía, oración de los fieles, oblación del Sacrificio... se desarrolle correctamente, con esmero y con vivo sentido litúrgico.

V. LA PALABRA DE DIOS EN LOS FORMULARIOS DE LAS «MISAS DE LA VIRGEN MARÍA»

38. Para expresar y definir el contenido peculiar de una memoria litúrgica concurren no sólo los textos eucológicos, sino también los textos bíblicos. Por esto, se comprende que, desde la antigüedad, se ha puesto un cuidado especial en la elección de las perícopas escriturísticas. Y así, cada formulario de las Misas de la Virgen María tiene su propia «serie de lecturas» para la celebración de la Liturgia de la Palabra.

39. Las lecturas bíblicas de las Misas de la Virgen María constituyen un amplio y variado «repertorio», que se ha venido creando a lo largo de los siglos, con la aportación de las comunidades eclesiales, tanto antiguas como de nuestro tiempo. (De ahí la riqueza de su variedad y la profundidad teológica de su distribución).

En este «repertorio bíblico» se pueden distinguir tres géneros de lecturas:

a) lecturas del Nuevo y del Antiguo Testamento que contemplan directamente la vida y la misión de la Bienaventurada Virgen María o contienen profecías que se refieren a ella;

b) lecturas del Antiguo Testamento que son aplicadas a santa María desde la antigüedad. En efecto, las Sagradas Escrituras, tanto de la antigua como de la nueva Alianza, han sido contempladas por los santos Padres como un conjunto único, lleno del misterio de Cristo y de la Iglesia; por este motivo, algunos hechos, figuras o símbolos del Antiguo Testamento prefiguran o evocan de modo admirable la vida y la misión de la Bienaventurada Virgen María, gloriosa hija de Sión y Madre de Cristo;

c) lecturas del Nuevo Testamento que no se refieren directamente a la Bienaventurada Virgen, pero que se proponen para la celebración de su memoria, a fin de poner de manifiesto que en santa María, la primera y perfecta discípula de Cristo, resplandecen de modo extraordinario las virtudes la fe, la caridad, la esperanza, la humildad, la misericordia, la pureza del corazón... que son exaltadas en el Evangelio.

40. Por lo que se refiere a las lecturas que han sido asignadas a cada formulario de las Misas de la Virgen María, hay que tener en cuenta lo siguiente:

a) se proponen solamente dos lecturas: la primera, tomada del Antiguo Testamento o del Apóstol (o sea, de las Cartas o del Apocalipsis), y, en el tiempo pascual, de los Hechos de los Apóstoles o del Apocalipsis; la segunda lectura se toma del Evangelio; (el hecho de que no haya una segunda lectura antes del Evangelio se debe precisamente a que estas Misas no están pensadas para celebrarse con el grado litúrgico de solemnidad. Aun así, esto no significa que, en circunstancias particulares y con la venia del Ordinario del lugar, no puedan emplearse como formulario propio de alguna solemnidad. Por ejemplo, allí donde el Santísimo Nombre de la Virgen María sea el título de una iglesia o de un lugar, puede usarse el formulario 21: "El santo Nombre de la Bienaventurada Virgen María", celebrando la Eucaristía con el grado litúrgico de solemnidad. En este caso se canta o recita el Gloria y también el Credo, añadiéndose una segunda lectura antes del Evangelio. Sería oportuno también impartir alguna de las bendiciones solemnes marianas que se han incorporado al final de la Collectio, y a las que he transcripto en una entrada de este blog). Todo lo cual quiere indicar el parágrafo que sigue:

b) no obstante, si el sacerdote y los fieles desean proclamar tres lecturas en celebraciones de particular solemnidad, se añadirá otra lectura tomándola o de los textos del Común de santa María Virgen o de los textos contenidos en el Apéndice del Leccionario de las «Misas», teniendo en cuenta los criterios establecidos en los Praenotanda de la Ordenación de las lecturas de la Misa;

e) las lecturas indicadas en las Misas de la Virgen María para cada formulario resultarán ordinariamente las más adecuadas para celebrar una memoria particular de la Santísima Virgen. Esto no excluye la facultad del celebrante de sustituirlas por otras lecturas adecuadas, elegidas entre las propuestas en el Común de santa María Virgen, o en el Apéndice del Leccionario de estas «Misas».

41. En lo referente a la Liturgia de la Palabra, obsérvense las normas siguientes:

a) en el tiempo de Adviento, de Navidad, de Cuaresma y de Pascua han de proclamarse las lecturas asignadas a cada día en el Leccionario del tiempo, salvo la facultad concedida en el número 31, c, a fin de que no se interrumpa la «lectura continuada» de la Sagrada Escritura o no se dejen con demasiada frecuencia las lecturas que caracterizan el tiempo litúrgico; (nótese que dice "en el tiempo" y no "en los domingos" de esos tiempos; de hecho, las Misas dominicales de tales tiempos han de respetarse íntegras en lo bíblico y en lo eucológico).

b) en el tiempo ordinario corresponde al sacerdote celebrante establecer, «de común acuerdo con los que ofician con él y con los demás que habrán de tomar parte en la celebración, sin excluir a los mismos fieles» (Institutio Generalis Missalis Romani, 313), si es preferible proclamar las lecturas indicadas en el Leccionario de las «Misas» o las señaladas por el Leccionario del tiempo.

VI. ADAPTACIONES

42. Corresponde a las Conferencias Episcopales procurar la traducción de los formularios de las «Misas» a las diversas lenguas vernáculas, según las normas vigentes para las traducciones populares, de manera que responda a la índole de cada lengua y de cada cultura. Cuando parezca oportuno, pueden añadirse melodías adaptadas para el canto.

43. Pertenece también a las Conferencias Episcopales añadir, en apéndice, los formularios aprobados de las Misas de la Virgen relativas a los títulos con los que es venerada por los fieles de toda o de una gran parte de un país o de una región.


7 de octubre de 2016, memoria litúrgica de la Virgen María, Regina sacratissimi Rosarii. (Entrada dedicada a ella).