Buscar este blog

La verdadera Iglesia de Dios...

La verdadera Iglesia de Dios...

viernes, 25 de enero de 2013

Guión: Presentación del Señor (con normas litúrgicas)




(Los números de la presente entrada -en muchos casos de a pares- remiten, en rojo simple, a la tertia editio typica del Misal Romano, que rige actualmente para la forma ordinaria del rito latino; y en rojo remarcado, al Caeremoniale Episcoporum).

Las expresiones "celebrante principal", "el que preside", "quien preside" o "presidente (de la celebración)", han de entenderse como sinónimos en esta entrada. Puede tratarse del obispo o de un sacerdote.
 
En esta fiesta de la Presentación del Señor, el sacerdote usa siempre ornamentos blancos. Para la bendición y procesión, puede usar la capa pluvial (2; 243).


Introducción

¡Alégrate, Llena de gracia, Virgen Madre de Dios!
De ti amaneció el Sol de justicia,
Cristo Dios nuestro, 

para iluminar a los que estaban en tinieblas.
Goza también tú, justo anciano Simeón,
pues recibiste en tus brazos
al Libertador de nuestras almas,
al que nos da también la resurrección!


Estas aclamaciones de la liturgia bizantina nos introducen en el misterio de gozo que celebramos en este día: la Presentación del Señor en el Templo.
Hoy nuestros santísimos Padres María y José, obedientes a la ley, presentan en el Templo a Jesucristo, el Nuevo Moisés, supremo y definitivo Legislador. 
Hoy el justo Simeón toma en sus brazos al Verbo hecho carne, y, portando a su Creador, proféticamente, ve cumplida la promesa de salvación de la humanidad. 
Hoy la venerable profetisa Ana anuncia gozosa la presencia del Mesías Redentor en medio de su pueblo.
En el marco de esta fiesta litúrgica, y desde que San Juan Pablo II lo decretara en 1997, cada 2 de febrero se celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que en 2017 tiene por lema: "Testigos de la esperanza y la alegría".

Salgamos al encuentro de Jesús, la verdadera Luz, que viene a disipar nuestras tinieblas y pidámosle que se derrame en las Congregaciones religiosas y en las Sociedades de Vida apostólica de todo el mundo.

O bien:
"Cuarenta días después de la Navidad, la Iglesia revive hoy el misterio de la Presentación de Jesús en el templo. Lo revive con el estupor de la Sagrada Familia de Nazaret , iluminada por la revelación plena de aquel "Niño" que, como nos recordarán la primera y la segunda lectura, es el Juez escatológico prometido por los profetas (cf. Ml 3, 1-3), el "sumo sacerdote compasivo y fiel" que vino para "expiar los pecados del pueblo. ( Hb 2, 17)". (...) En esta fiesta celebramos el misterio de la consagración: consagración de Cristo, consagración de María, y consagración de todos los que siguen a Jesús por amor al Reino". (Cf. San Juan Pablo II, homilía del 02/02/02).
Precisamente por eso, san Juan Pablo II ha instituido para este día la Jornada Mundial de la Vida consagrada.

Oremos, pues, por los que han querido seguir al Señor más de cerca. A imitación de los santos Simeón y Ana, salgamos también nosotros al encuentro del Señor en la Eucaristía, y sintamos cómo Él, que es la Luz de las naciones, disipa todas nuestras tinieblas.

(En algunos países, y con la venia de la Santa Sede, dicha Jornada se traslada a otro día -en Argentina, por ejemplo, es el 8 de septiembre-. Pero esto no ha de obstar para que hoy, aun en esos países, por ser la Jornada Mundial, se haga una mención especial durante las Misas).


A la introducción sigue el saludo litúrgico de quien preside -si es obispo, sin mitra y sin báculo- (244)- seguida de la monición introductoria Fratres carissimi (4), textos eucológicos que se usan en cualquiera de las dos formas de celebración propuestas por el Misal, esto es, en la procesión propiamente dicha (=>forma prior: processio), o bien, en la entrada solemne (=>forma altera: introitus sollemnis). El celebrante principal, sea obispo o sacerdote, puede encomendar a otro ministro la monición introductoria (244).
 
En la primera forma, cuando el celebrante principal llega al lugar de la statio, es decir, a aquella capilla u oratorio (in ecclesia minore, aclara la rúbrica (1) vel in alio loco apto extra ecclesiam) de donde partirá la procesión hacia el lugar central de la celebración (iglesia mayor), y en la segunda (9), cuando llega a un lugar apropiado (ad locum aptum) ante la puerta o al atrio del templo de la misma iglesia (vel ante portam vel in ipsa ecclesia) en que se va a celebrar la Misa, los fieles tienen las candelas apagadas (non accensas, dice la rúbrica). Las encienden inmediatamente antes de que el que preside dé comienzo a la celebración con la Señal de la Cruz y la monición aludida.


Bendición de las candelas

Encendamos nuestros cirios, los cuales van a ser bendecidos por el sacerdote. Revistámonos de Cristo y seamos luz para nuestros hermanos. 

Después de la oración de bendición, y de la aspersión de las candelas con agua bendita nihil dicens "sin decir nada", el celebrante (si es obispo, desués de haberse colocado la mitra), coloca incienso en el turíbulo (5; 245), y comienza la procesión o la entrada solemne. El diácono, o en su defecto, el mismo presidente de la celebración, invita a la procesión (6; 246) diciendo: "Vayamos jubilosos al encuentro del Señor" (246). De realizarse la mentada procesión, el Misal sugiere que se canten antífonas extraídas del Evangelio de hoy o una tradicional antífona de la liturgia bizantina, tomada del tropario de vísperas (Adorna thalamum tuum, Sion), cuya ejecución en el original latino (y subsiguiente traducción al español) les ofrezco a continuación: (7).





"Adorna tu tálamo, oh, Sión, y acoge a Cristo Rey; abraza a María, la celeste Puerta, porque Ella ha llegado a ser el trono de los querubines. Ella porta al Rey de la gloria; es una nube de luz la Virgen porque lleva en sí, en la carne, al Hijo que existe antes de la estrella de la mañana".

También puede entonarse otro canto apropiado (246).
Terminada la procesión o la entrada solemne, y omitido el Acto Penitencial, (el que preside deja la capa pluvial, si la usó, y toma la casulla); la Misa sigue como de costumbre con el canto del himno Gloria in excelsis y el rezo de la Colecta. Después se apagan las candelas. (8; 247).


Liturgia de la Palabra

Cuando la fiesta de la Presentación del Señor cae en domingo, las dos lecturas antes del Evangelio son obligatorias. De lo contrario, puede (no debe) optarse por una u otra.

Primera lectura: Mal. 3, 1-4

La profecía de Malaquías anuncia la presencia del Salvador que viene purificar al pueblo de todo pecado.

Segunda lectura: Heb. 2, 14-18

En Jesucristo, entera y verdaderamente Dios, entera y verdaderamente hombre, se cumple la perfecta mediación entre Dios y los hombres.

Evangelio: Lc. 2, 22-40

La página evangélica de hoy nos presenta el encuentro del Antiguo con el Nuevo Testamento, repreesentados en Simeón y Ana y en la Sagrada Familia. "En la actitud profética de los dos ancianos está toda la Antigua Alianza que expresa la alegría del encuentro con el Redentor". (S.S. Benedicto XVI, homilía del 02/02/11).

O bien:

"Jesús entra en el antiguo templo, Él que es el nuevo Templo de Dios: viene a visitar a su pueblo, llevando a cumplimiento la obediencia a la Ley e inaugurando los tiempos finales de la salvación". (Ídem).

O bien:
 
Jesucristo, Luz de las naciones y Templo Viviente de Dios, es el Salvador prometido y esperado. Sólo en Él debe fundarse nuestra esperanza.


Oración de los fieles

A cada súplica, respondamos: 

R. Christe, Rex gloriae, sit lux et gaudium nostrum.*

(Que Cristo, Rey de la gloria, sea nuestra luz y nuestro gozo). 

O bien:

R. Por Jesús, que es Gloria de su pueblo, te rogamos, Padre nuestro.

-Por la Iglesia Católica, morada predilecta e intérprete veraz del Espíritu Santo, para que, como María y José, manifieste ante las naciones al Señor como Dios verdadero y único Salvador. R.

 -Por nuestro Santo Padre Francisco, para que a ejemplo y por la intercesión de los santos profetas Simeón y Ana, con su vida y su palabra, siga dando testimonio de la presencia salvadora de Jesucristo entre nosotros. R.

-Por los miembros de institutos de vida consagrada y de sociedades y movimientos apóstolicos, en esta XX Jornada Mundial a ellos dedicada, para que vivan la fidelidad a su compromiso con Dios, edificándose mutuamente y ayudándose unos a otros. R. (Cf. Exhortación Apostólica postsinodal Vita Consacrata, de San Juan Pablo II, n. 109).

 -Por los hermanos de las iglesias que no están en plena comunión con la Sede Apostólica, para que dóciles a las inspiraciones del Espíritu que habló a través de Simeón, se congreguen algún día en la única Iglesia que Cristo fundó y por la que se entregó. R.

-Por todos aquellos a los que, como a María, "una espada de dolor les atraviesa el corazón", para que en la noche del sufrimiento, se sientan fortalecidos e iluminados por esta dulce Madre, Consolatrix aflictorum, a la que hoy honramos con el título de "Nuestra Señora de la Candelaria". R.

O bien, puede usarse alguno de los siguientes formularios, correspondientes a la liturgia papal de la fiesta de la Presentación del Señor en los años 2015 y 2016 respectivamente:

(Transcribo los textos íntegros, traducidos al español):



El sacerdote dice:

Queridos hijos y hermanos:
A Jesús, totalmente ofrecido al Padre, dirijamos nuestra oración, seguros de su fiel amistad:

R. Kyrie, eleison.

Es interesante la estructura de las preces que siguen. Están dirigidas a Cristo Jesús, invocado con un título bíblico o de inspiración bíblica; inmediatamente se menciona a aquellos por los que se va a orar; y sigue una triple petición para ellos (se trata de tres sustantivos abstractos en todos los casos menos uno, en que son adjetivos*):

-Cristo Jesús, Sumo Sacerdote misericordioso, bendice la labor del Santo Padre y de todos los obispos; dales discernimiento, previsión y fortaleza. R.

-Cristo Jesús, Luz para iluminar a las naciones, haz resplandecer en la santidad la vida de las personas consagradas; cólmalas de sabiduría, humildad y caridad. R.

-Cristo Jesús, cumplimiento perfecto de toda profecía, sostén la esperanza de los niños y jóvenes; hazlos fuertes, valientes y perseverantes*. R.

-Cristo Jesús, apoyo de cuantos sufren la prueba; transfigura la existencia de los perseguidos y de las personas solas; que experimenten consuelo, amistad y solidaridad. R.

-Cristo Jesús, Salvador poderoso, libera a cuantos son esclavos del pecado y de la soberbia; que hallen (en Ti) misericordia, gracia y novedad de vida. R.

El presidente concluye con la siguiente oración:

"Señor Jesús, que proteges a la estirpe de Abraham, acoge nuestra plegaria, custodia nuestra fe, y haznos en todo semejantes a Ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos".


II

También llama la atención la estructura del siguiente formulario, por su sobria profundidad. Se mencionan, en cada prez, dos gracias que son pedidas para un determinado grupo de personas:

Queridos hermanos, agradecidos al Señor por habernos llamado a seguirlo, para difundir su luz entre los hombres, elevemos al Padre nuestra plegaria:

R. Kyrie eleison

-Da sabiduría y perseverancia al Santo Padre. R.

-Custodia en la verdad y en la caridad a los obispos y a los sacerdotes. R.

-Guía hacia la santidad y la gloria plena a las personas consagradas. R.

-Sostén con fortaleza y esperanza a los cristianos perseguidos. R.

-Suscita el deseo del bien y la pasión por el hombre en los gobernantes. R.

-Convierte con tu gracia y tu misericordia el corazón de los pecadores. R.

-Renueva la generosidad del amor y del perdón en los esposos cristianos. R.

-Haz surgir numerosas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. R.

-Consuela con tu presencia y compañía a las personas solas y abandonadas. R.

-Abre a los moribundos y a los fieles difuntos las puertas del Paraíso. R.


"La luz de tu Hijo, oh, Padre, colme nuestra vida de belleza, de alegría y de dulce esperanza. Seguros de tu fidelidad a la promesa, te pedimos que renueves tu misericordia para con nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor".

Cuando la fiesta ocurre en domingo, se dice el Credo (11): (Quando hoc festum incidit in dominicam, dicitur Credo).


Ofertorio

Llevemos el pan y el vino hasta el Santo Altar de la Nueva Alianza. Bajo las apariencias de esas ofrendas, recibiremos luego a Jesucristo, el Dios viviente, que hoy ha sido presentado en el Templo.

Se usa el Prefacio propio: De mysterio Praesentationis Domini.

En la Plegaria Eucarística puede mencionarse a María bajo la advocación de "Nuestra Señora de la Candelaria", y luego de San José y de los apóstoles, pueden añadirse los nombres de los santos ancianos Simeón y Ana, profetas. Esto es litúrgicamente posible, debido a que están inscriptos el 3 de febrero en el Martyrologium Romanum vigente.


Comunión

Aquel a cuyo encuentro hemos salido con cirios, Aquel que nos ha hablado en las Escrituras, el mismo que ha sido presentado en el Templo y reconocido como Salvador por Simeón y Ana, es el que ahora sale a nuestro encuentro en este Sacramento de Amor. Alimentémonos de Él, y seremos moradores del Hogar del Cielo.

Puede usarse cualquiera de las Bendiciones solemnes del Tiempo "durante el año", u optarse por  alguna oración sobre el pueblo.

Recordar a los fieles que mañana, en muchos lugares, se imparte la bendición de las gargantas, por intercesión de San Blas, obispo y mártir.

Antes de la conclusión de la celebración, se puede rezar la siguiente plegaria de Su Santidad Benedicto XVI, pidiendo por todos los consagrados en esta Jornada Mundial a ellos dedicada:


"Oh, María, Madre de la Iglesia,
te encomendamos
toda la vida consagrada,
a fin de que tú le alcances
la plenitud de la luz divina:
que viva en la escucha
de la Palabra de Dios,
en la humildad del seguimiento
de Jesús, tu Hijo y nuestro Señor,
en la acogida
de la visita del Espíritu Santo,
en la alegría cotidiana del "Magníficat",
para que la Iglesia sea edificada por la santidad de vida
de estos hijos e hijas tuyos,
en el mandamiento del amor. Amén".
(Homilía del 02/02/11).

Despedida

Alimentados con el Manjar celestial, somos portadores de Cristo Luz, y por lo tanto, antorchas en medio de un mundo que "yace en tinieblas y en sombras de muerte".

O bien, si no se ha rezado la plegaria mariana por los consagrados: 

Concluyamos la celebración elevando nuestro corazón a María, Madre de la Luz verdadera, Virgen de la Candelaria:

"Oh, María, Madre de Cristo y Madre nuestra, te damos gracias por la solicitud con que nos acompañas a lo largo del camino de la vida, y te pedimos: preséntanos hoy nuevamente a Dios, nuestro único Bien, para que nuestra vida, consumada por el Amor, sea sacrificio vivo, santo y agradable a Él. Así sea".
(Cf. San Juan Pablo II, homilía del 02/02/02).


Nota

*Cf. Preces de laudes del domingo de la semana II del Salterio.
25 de enero de 2013, fiesta de la Conversión del apóstol San Pablo.
Conclusión de la Semana anual de oración por la unidad de los cristianos.
Trigésimo aniversario de la promulgación del Código de Derecho Canónico, por el Papa Juan Pablo II. (1983-2013).
(Última actualización de la entrada: 01/02/17).


No hay comentarios:

Publicar un comentario