Los siguientes "Gozos" en honor de la ilustrísima virgen y mártir santa Inés, forman parte de algunos formularios de novenas de siglos pasados:
Ya que el célico esplendor
Logró tu martirio santo,
Sé mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.
Tú, Inés, que en la eterna Roma,
Flor naciste peregrina,
De su más bella colina,
La más cándida paloma:
Tú, que en tu primer albor
Viste arder el fuego santo,
Sé mi escudo...
Ya modesta en tus abriles,
Dar al mísero consuelo
Y elevar preces al Cielo
Son tus goces juveniles:
Tú, a quien próvido fervor
Dio tan joven celo santo,
Sé mi escudo...
Casta Inés, ¿a cuál más tan bella
Que tu rostro al vergel humilla?
¿A cuál más espléndida estrella
Que sobre el Tíber brilla?
Para dar a Dios tu amor,
Que otro amor te causa espanto,
Sé mi escudo...
Ni suspiros ni hondas penas
Rinden tu pecho, Inés pura.
Y en prisión lóbrega, oscura,
Sufres bárbaras cadenas:
Y pues viste con valor
Del tormento el negro espanto,
Sé mi escudo...
Ya te arrastran a sus aras
A adorar ídolos vanos.
Mas, ¿qué logran los tiranos?
Que en tu fe te acrisolaras.
¡Oh, Inés!, tú que allí con fervor
Viste el árbol sacrosanto,
Sé mi escudo...
Tú que al verte ya en el seno
De un lugar de culpa impuro,
Con la luz del Nazareno,
Llegaste a puerto seguro:
Aquel sitio corruptor
Trocaste en asilo santo.
Sé mi escudo...
Procopio en vano te adora,
Buscando ofrecer el mayor tesoro.
¿Qué valdrá para ti el oro
Ni la pompa seductora?
Tú, Inés, con cristiano fervor,
Despreciaste el mundanal encanto.
Sé mi escudo...
De amor ciego ardiendo en ira,
Vil Procopio se adelanta,
Queriendo profanarla, expira,
Humillado ante la santa:
Tú, que orando al Redentor,
Enjugaste el triste llanto.
Sé mi escudo...
Aquel mísero, ante tu ruego,
Levántase cual nuevo Lázaro,
De la fe sintiendo el fuego
Que la puerta abre del Cielo:
Tú, que del Juez sacrosanto
Templaste el duro rigor,
Sé mi escudo...
Tú, que al fin, por hechicera,
Cuando fe pura proclamas,
Te ves, virgen, en la hoguera,
Respetada de las llamas:
Por quien un ángel salvador,
Al infiel llenó de espanto.
Sé mi escudo...
Y ya que al Cielo le plugo
Del martirio darte palma,
Recibiendo pura el alma
Al herir del cruel verdugo:
Aquel seno del candor
Que albergó solo amor santo,.
Sé mi escudo...
De pureza maravilla,
Que alba ciñes la corona,
Pura Inés, a quien la modestia
Tiene por Santa Patrona:
Pues a ti con gran fervor
Se consagra nuestro canto.
Sé mi escudo...
Ya que el célico esplendor
Logró tu martirio santo.
Sé mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada mártir Santa Inés.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
ORACIÓN
Dios todopoderoso, que elegís en el mundo a los más débiles para confundir a los más fuertes, haced, por vuestra bondad, que, celebrando la solemnidad de vuestra virgen Santa Inés, experimentemos los efectos de su protección junto a Vos. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

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