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miércoles, 22 de febrero de 2012

Particularidades litúrgicas del Tiempo de Cuaresma





 
El Tiempo penitencial de la Cuaresma, como lo insinúa la etimología de su nombre, hace referencia a la simbología bíblica del número cuarenta: el ayuno de cuarenta días que hizo el Señor en el desierto (ver imagen de arriba); los cuarenta años que pasó el pueblo de Dios en el desierto; los cuarenta días que pasó Moisés en el Monte Sinaí; los cuarenta días durante los cuales Goliat, el gigante filisteo, se enfrentó a Israel, hasta que David lo embistió y lo mató; los cuarenta días en que Elías, fortalecido con el pan cocido en las cenizas y con agua, caminó hasta el Horeb, el monte de Dios; los cuarenta días en los que el profeta Jonás exhortó a la penitencia a los habitantes de Nínive.


El ornato del templo

Está prohibido adornar con flores el altar durante la Cuaresma, salvo en el Domingo IV, solemnidades y fiestas. El uso de plantas verdes es una conveniente alternativa supletoria, como puede verse en las celebraciones papales. (Cf. Missale Romanum, rúbrica del Tiempo de Cuaresma, 4; Carta Circular de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos sobre la celebración de las fiestas pascuales, -en adelante CC-, 17).


Los domingos

Este sagrado Tiempo se extiende desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo, antes de la Misa In Cena Domini. No son cuarenta días exactos, como puede creerse. Se trata de un número más bien simbólico. Consta de seis domingos. Desde el que sigue al Miércoles de Ceniza,  se llaman Domingos de Cuaresma, y se les añaden los adjetivos numerales ordinales primero, segundo, tercero, cuarto y quinto, sucesivamente. El sexto es el Domingo de Ramos o de la Pasión del Señor. Esta última denominación ("de Pasión") recibía antes el actual domingo quinto de Cuaresma. Más aun, ese domingo comenzaba un tiempo especial llamado justamente de Pasión que constaba de catorce días, a saber, esta semana quinta, y la Semana Santa (que es todavía hoy la sexta y última de Cuaresma). La liturgia actual conserva vestigios de esto, pues a partir de este domingo V de Cuaresma, en muchos lugares, se cubren las cruces y demás imágenes sagradas, y desde el lunes de la quinta semana de Cuaresma se debe usar el Prefacio de Pasión I*. Además, en la Liturgia de las Horas se puede optar entre los himnos de esta semana o los de la Semana Santa. Los textos bíblicos y eucológicos, por su parte, se refieren más directamente a la Pasión del Señor.

Estos domingos cuaresmales tienen prioridad ante las fiestas del Señor y ante todas las solemnidades. Si las primeras cayeran en el día del Señor, se omiten. Las segundas, en cambio, se trasladan al día siguiente (lunes).


Las ferias cuaresmales

-Las ferias privilegiadas de Cuaresma, que son el Miércoles de Ceniza y los días de Semana Santa, excluyen toda celebración, cualquiera sea su categoría litúrgica.

-Las ferias simples, que son las restantes, tienen prioridad ante las memorias de los santos, de las cuales solamente puede hacerse conmemoración (actual término litúrgico interesante, al que he dedicado otra entrada, a la que remito). Esto significa que puede tomarse, en lugar de la Colecta propia del día, la del santo correspondiente. 

El viernes de la quinta semana hay una Colecta alternativa, de temática mariana (Deus, qui Ecclesiae tuae). En algunos países, como Argentina, la Santa Sede ha otorgado la concesión de celebrar ese viernes una Misa votiva de Santa María junto a la Cruz, con formularios bíblicos y eucológicos completos.

Para profundizar sobre la denominación y distribución de Domingos y ferias en Cuaresma, ver aquí.
 

Aleluya y Gloria

Durante todo el Tiempo de Cuaresma se omite el Aleluya, sin excepciones de ningún tipo (Cf. CC 18).
También se omite el himno Gloria in excelsis, salvo en las solemnidades, fiestas y celebraciones más solemnes (Institutio generalis Missalis Romani, 53).


El color litúrgico

El color litúrgico de este tiempo es el morado, con excepción de las fiestas y solemnidades en que se prescriba otro color. Es aconsejable colocar un frontal morado ante el altar y usar conopeos del mismo color.

En el domingo cuarto de Cuaresma, llamado Laetare, los ornamentos pueden ser, en lugar de morados, rosados. En otra entrada del blog se profundiza sobre este domingo.
En el Domingo de Ramos se usan ornamentos rojos.


Los cantos

A la hora de elegir los cantos para la Misa, se recomienda tener en cuenta la naturaleza peculiar de este sagrado Tiempo penitencial. El uso del órgano únicamente está permitido para sostener el canto, no solo. Se exceptúan el Domingo IV, las solemnidades y fiestas. (Cf. Missale Romanum, rúbrica del Tiempo de Cuaresma, 4).
El primer domingo de Cuaresma, en la procesión de entrada, es oportuno cantar las Letanías de los santos (Cf. CC, 23; Caeremoniale episcoporum -CE-, 261). Lo mismo puede aplicarse para los demás días cuaresmales, también y más aún durante las procesiones penitenciales que imitan las de las antiguas stationes romanas. (Cf. CE, 260, 261, 262).


Las imágenes sagradas

Pueden cubrirse en la Misa dominical vespertina del sábado anterior al quinto domingo de Cuaresma, donde se haya conservado la costumbre.
La Cruz permanecerá cubierta hasta que concluya la Acción Litúrgica del Viernes Santo. Lo mismo hay que decir para las imàgenes del Cristo yacente y de la Madre Dolorosa, las cuales, incluso, pueden permanecer descubiertas durante las dos últimas semanas de Cuaresma. (CC, 26). Las Conferencias Episcopales tienen la facultad de decidir al respecto. La de Argentina, por ejemplo, dispuso que no se cubrirán (Cf. Misal Romano, rúbrica del Domingo V de Cuaresma, p. 204).
Todas las imágenes que se hubieren cubierto, excepto la Cruz, a tenor de lo dicho, se descubrirán para la celebración de la Noche Santa de la Vigilia Pascual.


Los actos piadosos

Han de fomentarse, y estar imbuidos del espíritu de la liturgia, al que deben conducir (Cf. CC, 19). Se recomiendan encarecidamente, entre otros, los mencionados en el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, nn. 124 ss.


Lecturas bíblicas de la Misa

-En los domingos I, II, III, IV y V varían y se distribuyen en tres ciclos (A, B y C). Las lecturas de las ferias permanecen invariables en los tres ciclos.
-En los domingos I y II de Cuaresma los Evangelios son siempre el de las tentaciones de Jesús y el de su Transfiguración, según Mateo, Marcos o Lucas, prescriptos respectivamente para los ciclos A, B y C.
-En los ciclos B y C las lecturas  del ciclo A pueden reemplazar a las asignadas para los domingos, o ser utilizadas libremente, siempre con su Prefacio propio, en cualquiera de las ferias semanales. Se recomiendan por su gran valor catequético.
-En el Domingo de Ramos las dos lecturas que preceden al Relato de la Pasión son fijas, como así también sus cánticos interleccionales. Dicho Relato, en cambio, varía de evangelista para cada ciclo, de acuerdo con el esquema de los sinópticos mencionado más arriba.


Los textos eucológicos

+Saludo:

Hay cinco saludos litúrgicos propios -el último es para el Domingo de Ramos- y seis formularios de tropos para este tiempo en la edición en español del Misal Romano de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay. (Cf. n 2, pp. 404, 405; n. 6, pp. 411, 412).

+Oraciones presidenciales (colecta, de ofrendas y después de la Comunión):

En los tres ciclos coinciden estas oraciones, aunque hay Conferencias Episcopales (como la italiana), que han obtenido de la Santa Sede la aprobación de oraciones alternativas a éstas.

+Los Prefacios y las Plegarias Eucarísticas:

-Los Domingos I y II de los tres ciclos se usan los Prefacios propios asignados a esos domingos, que hablan de los mentados misterios de las tentaciones y la Transfiguración del Señor.
-Los domingos III, IV y V del ciclo A tienen Prefacio propio, que se corresponde con los Evangelios asignados a cada uno de esos domingos.
-En la tertia editio typica del Misal Romano en latín (n. 42), hay cuatro Prefacios cuaresmales, que pueden usarse libremente en todos los días de este tiempo que no lo tengan propio. En algunas ediciones de las lenguas vernáculas, como la mencionada más arriba, de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, hay un quinto Prefacio (n. 42b): "El camino del Éxodo en el desierto cuaresmal", que es exclusivo de las ferias cuaresmales.
-La Plegaria Eucarística IV, que forma un todo con su Prefacio, sí puede decirse en las Misas de este tiempo que no tengan Prefacio propio. Debo recordar que no se considera Prefacio propio al del tiempo, sino a cualquiera que sea fijo para un día determinado.
-Las Plegarias Eucarísticas de Reconciliación, que también se aconseja usar en este tiempo, pueden recitarse con su Prefacio, o con alguno de Cuaresma, pues la temática es esencialmente la misma (Cf. Rúbrica a las Plegarias Eucarísticas de Reconciliación, en el Misal Romano de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, op. cit, p. 561).
-Hay dos Prefacios de Pasión (I-II), que,  se usan: el primero, en la semana quinta de Cuaresma -como mencioné más arriba- y el segundo, en la Semana Santa.
-La Misa Crismal, que suele celebrarse en la Catedral la mañana del Jueves Santo, o en otro día, según decida el Ordinario del lugar, cuenta con el Prefacio propio, que es el de Ordenaciones I.

+Las Oraciones sobre el pueblo y la Bendición Solemne:

Las primeras son aquellas que nos remontan a la antigua tradición litúrgica de la Iglesia. Pueden usarse ad libitum en cualquier día de la Cuaresma. Concluyen siempre con la fórmula de la bendición simple. El Miércoles de Ceniza y en todos los domingos de Cuaresma son obligatorias, a no ser que se opte por la Bendición Solemne de este tiempo, la cual puede usarse en cualquier celebración de estos días, pero que revista, como lo pide su mismo nombre, cierta solemnidad.
En el Domingo de Ramos, si no se usa la Oración sobre el pueblo, puede impartirse la Bendición Solemne de Pasión.


Para profundizar muchas normas litúrgicas mencionadas sugiero leer la aquí citada "Carta Circular" de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.


22 de febrero de 2012, Miércoles de Ceniza.
Última actualización de la entrada: 10/04/22.

sábado, 18 de febrero de 2012

El Rito renovado del Consistorio




El 18 de febrero de 2012 tuvo lugar un Consistorio público en el que el Papa Benedicto XVI creó veintidós nuevos cardenales. Para la ocasión, se usó por primera vez el nuevo rito, algo más sencillo que el anterior, estrenado por san Pablo VI en abril de 1969. Antes de esa fecha, los consistorios para la creación de cardenales consistían en una sencilla reunión del Sucesor de Pedro con los elegidos, en la que les otorgaba la bula con el título o diaconía y el birrete o capelo.

Bajo el pontificado del Papa Montini se intentó insertar esa "reunión personal" en un contexto de oración, lo cual ha perdurado hasta nuestros días, aunque con el paso del tiempo haya habido algunas modificaciones.

La intención del Papa Benedicto fue simplificar el rito en vigencia, recuperando antiguas oraciones, como la introductoria y la conclusiva, e incorporando la entrega del anillo, que antes se realizaba en la Misa que el día siguiente al Consistorio, el Papa presidía con los neocardenales.

La actual celebración: (se desarrolla en latín, salvo la allocutio, que es en italiano; el texto bíblico es en latín o italiano).

Introducción

Mientras la schola cantorum entona el versículo Tu es Petrus, el Vicario de Cristo, revestido con muceta y estola, o con capa pluvial, se dirige al Altar de la Confesión del apóstol san Pedro, donde realiza una breve oración en silencio. Luego va hacia la sede. Allí hace la señal de la Cruz y, luego del saludo litúrgico, y las palabras de reconocimiento y gratitud del primero de los nuevos cardenales, pronuncia la siguiente oración, cuya fuente es el Sacramentario Veronense o Leoniano:

Oremus
Domine Deus, Pater gloriæ, fons honorum,
qui licet Ecclesiam tuam toto orbe diffusam
largitate munerum ditare non desinis,
sedem tamen beati Apostoli tui Petri tanto propensius intueris,
quanto sublimius esse voluisti:
da mihi famulo tuo
providentiæ tuæ dispositionibus exhibere congruenter officium;
certus te universis Ecclesiis collaturum
quidquid illi præstiteris, quam cuncta respiciunt.
Per Dominum nostrum Iesum Christum Filium tuum,
qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus,
per omnia sæcula sæculorum.
 Amen.

Traducción

Oremos.
Señor Dios, Padre de la Gloria, fuente de todo bien, tú que con la profusión de dones, no dejas de enriquecer a tu  Iglesia, extendida por toda la Tierra, y que miras con tanta benevolencia la Sede del bienaventurado apóstol Pedro cuanta es la preeminencia que le diste sobre las demás; en tu providencia concédeme a mí, que soy tu siervo, ejercer como es debido el mandato que me has confiado, en la esperanza de que darás a la Iglesia universal todo aquello que prometiste, hacia lo cual se orientan todas las cosas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que es Dios, y vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Rito de la Palabra

Luego, tiene lugar el rito de la proclamación de la Palabra de Dios. 

Después, hay un momento de silencio para la meditación personal. 

El Rito de la Palabra se concluye con la allocutio del Santo Padre.


Creatio novorum Cardenalium

El Santo Padre realiza una monición en la que se refiere a los nuevos cardenales, que comienzan a formar parte del clero de Roma, y participan así más estrechamente en la misión del Sucesor de Pedro en la Urbe y en el Orbe. Hacia el final de esta monición pronuncia el anuncio solemne de la creación de los cardenales, cuyos nombres menciona, especificando el título presbiteral o la diaconía que les serán asignados:

Fratres carissimi, munus gratum idemque graves sumus expleturi, quod cum ad Romanam Ecclesiam, imprimis pertineat totius quoque Ecclesiae corpus afficit: in Patrum Cardenalium Collegium, nonnullos Fratres cooptabimus, cui artiore vinculo cum Petri Sede devinciantur, Romani Cleri membra fiant, et in apostolico servitio Nobiscum strictius cooperentur.
Ipsi sacra purpura exornati, in Urbe Roma et in dissitis regionibus intrepidi erunt Christi testes eiusque Evangelii. 
Itaque auctoritate omnipotentis Dei, Sanctorum Apostolorum Petri et Pauli ac Nostra, hos Venerabiles Fratres creamus et sollemniter enuntiamus Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinales...

Traducción

Queridísimos hermanos, nos disponemos a cumplir un acto a la vez grato y solemne de nuestro sagrado Ministerio. Concierne primero a la Iglesia de Roma, pero también afecta sobremanera a la entera comunidad eclesial. Llamaremos a formar parte del Colegio de los Cardenales a algunos de nuestros hermanos, para que estén unidos con más estrecho vínculo a la Sede de Pedro, sean miembros del Clero de Roma, y cooperen más intensamente en nuestro Servicio Apostólico. Ellos, investidos de la sagrada púrpura, deberán ser intrépidos testigos de Cristo  en la ciudad de Roma y en las regiones más lejanas.
Por tanto, con la Autoridad de Dios omnipotente, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, creamos y proclamamos solemnemente Cardenales de la Santa Iglesia Romana, a estos Venerables Hermanos...

Professio fidei et iusiurandum

Acto seguido tiene lugar la Profesión de fe de los nuevos cardenales, que se hace mediante la recitación del Símbolo de los Apóstoles; luego, cada uno realiza en primera persona el juramento de fidelidad a Cristo y a su Evangelio, y de obediencia al Papa, a sus legítimos Sucesores, y a la Iglesia toda.

El Papa invita a los nuevos Cardenales a la Profesio fidei con estas palabras:

Fratres carissimi,
fidem vestram in Deum unum et trinum,
et fidelitatem in sanctam Ecclesiam
catholicam atque apostolicam,
teste populo sancto Dei,
profitemini.

Traducción

Queridísimos hermanos, profesen su fe en Dios Uno y Trino, y su fidelidad a la Santa Iglesia Católica y Apostólica, siendo testigo el Pueblo santo de Dios. 


Y todos rezan el Símbolo de los Apóstoles.

Después, cada elegido jura:

Ego N,
sanctæ Romanæ Ecclesiæ Cardinalis
N,
promitto et iuro,
me ab hac hora deinceps, quamdiu vixero,
fidelem Christo eiusque Evangelio
atque obœdientem beato Petro
sanctæque Apostolicæ Romanæ Ecclesiæ
ac Summo Pontifici Francisco,
eiusque successoribus canonice legitimeque electis,
constanter fore;
communionem cum Ecclesia catholica,
sive verbis a me prolatis, sive mea agendi ratione,
me semper servaturum;
nuntia vel secreta omnia, quæ mihi concredita sint,
numquam in Ecclesiæ damnum vel dedecus esse evulgaturum;
magna denique cum diligentia et fidelitate onera explere,
quibus teneor erga Ecclesiam,
in quam ad meum servitium exercendum,
secundum iuris præscripta, vocatus sum.
Ita me Deus omnipotens adiuvet.


Traducción

Yo, N (pronuncia su nombre de pila), Cardenal de la Santa Iglesia Romana, N (pronuncia su apellido), prometo y juro, desde ahora en adelante, y por siempre mientras viva, ser fiel a Cristo y a su Evangelio, constantemente obediente a San Pedro y a la Santa Iglesia Apostólica Romana, al Sump Pontífice Francisco y a sus Sucesores canónica y legítimamente elegidos, conservar siempre con la palabra y con la obra la comunión con la Iglesia Católica, no manifestar a nadie cuanto me haya sido confiado, y cuya revelación podría acarrear daño o deshonra a la Santa Iglesia, y desempeñar con gran diligencia y fidelidad las tareas a las cuales he sido llamado en mi servicio a la Iglesia, según las normas del derecho. Así me ayude Dios omnipotente. 


Impositio bireti rubri, anuli cardinalis traditio et assignatio Tituli vel Diaconiæ

 
Terminado el juramento, el mismo Santo Padre coloca el solideo rojo e impone el birrete del mismo color a los nuevos cardenales, pronunciando una fórmula ritual que expresa la total disponiblidad que deben tener los purpurados, para ofrecer su vida, hasta el derramamiento de la sangre, si fuera necesario:

Ad laudem omnipotentis Dei
et Apostolicæ Sedis ornamentum,
accipite biretum rubrum,
Cardinalatus dignitatis insigne,
per quod significatur usque ad sanguinis effusionem
pro incremento christianæ fidei,
pace et quiete populi Dei,
libertate et diffusione Sanctæ Romanæ Ecclesiæ
vos ipsos intrepidos exhibere debere.


Traducción

En honor de Dios omnipotente y para decoro de la Sede Apostólica, recibe el birrete púrpura como signo de la dignidad cardenalicia, por la que debes estar dispuesto a comportarte con fortaleza hasta el derramamiento de la sangre, por el incremento de la fe cristiana, por la paz y tranquilidad del Pueblo de Dios, y por la libertad y difusión de la Santa Iglesia Romana.
Después, el Sumo Pontífice hace entrega del anillo, que significa el desposorio místico entre los cardenales y la Santa Iglesia Católica. La fórmula eucológica usada se refiere a la íntima relación entre el amor que se debe a dicha Iglesia y al Sucesor de Pedro:

Accipe anulum de manu Petri
et noveris dilectione Principis Apostolorum
dilectionem tuam erga Ecclesiam roborari.



Traducción

De la mano de Pedro, recibe el anillo, y ten la certeza de que con el amor del Príncipe de los Apóstoles, se refuerza tu amor a la Iglesia.

Después, el Santo Padre asigna a cada cardenal, una iglesia de la Urbe (Título o Diaconía), como signo de participación en la solicitud pastoral del Papa por Roma, de la que es Obispo. Les entrega la Bula de creación cardenalicia, e intercambia con los neopurpurados el abrazo de paz. 

Ad honorem Dei omnipotentis
et sanctorum Apostolorum Petri et Pauli,
tibi committimus Titulum (vel Diaconiam)
N.
In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti.

R. Amen.
Pax Domini sit semper tecum.
R. Amen.


Traducción

En honor de Dios omnipotente, y de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, te entregamos el Título (o la Diaconía) N. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

R. Amén.

La paz del Señor esté siempre contigo.

R. Amén.

Luego, los nuevos cardenales se dirigen al lugar preparado para ellos entre los demás cardenales, quienes con un saludo fraterno les dan la bienvenida al Sacro Colegio Cardenalicio.
Mientras tanto la schola canta los versículos 17 y 18 del salmo 44: 

"Constitues eos principes super omnem terram. Memores erunt nominis tui, Domine, in omni generatione et progenie".


Traducción

"Los constituirás príncipes sobre toda la Tierra, y harán memorable tu Nombre, Señor, por generaciones y generaciones".

Conclusión

El Papa realiza una monición breve, tras la cual puede cantarse el Kyrie. Sigue el canto del Padrenuestro, al que el Papa invita con estas palabras:

Dicamus nunc omnes orationem,
quam Christus tamquam exemplar omnis orationis nobis dedit:


Traducción

Digamos ahora la plegaria que Cristo nos legó como modelo de toda oración.

El Rito se concluye con la siguiente oración, pronunciada por el Romano Pontífice:


Deus, cuius universæ viæ misericordia est semper et veritas,
operis tui dona prosequere;
et quod possibilitas non habet fragilitatis humanæ,
tuis beneficiis miseratus impende;
ut hi famuli tui, Ecclesiæ tuæ iugiter servientes
et fidei integritate fundati,
et mentis luceant puritate conspicui.
Per Christum Dominum nostrum.
Amen.


Traducción

Oremos.
Dios, cuyo camino universal es siempre la misericordia y la verdad, sustenta los dones de tu obra, para que aquello que no es posible a la humana fragilidad, lo concedas misericordioso por tu gracia, para que estos siervos tuyos, trabajando afanosamente por tu Iglesia, resplandezcan fundados en la integridad de la fe, y en la pureza de corazón. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

Al terminar esta oración, si no sigue otro rito, como el "Consistorio para el voto de algunas causas de canonización"), el Vicario de Cristo imparte la Bendición final, y se retira, mientras la schola entona algún cántico mariano.

Alguno de los días siguientes, cercano a la fecha del Consistorio, el Sumo Pontífice celebra la Santa Misa con los nuevos cardenales, al comienzo de la cual, el primero de ellos dirige al Papa, en nombre de todos, unas palabras de saludo, reverencia y gratitud.

La siguiente imagen muestra la urna con las reliquias de san José María Tomasi, cardenal italiano, de cuya muerte se cumplieron tres siglos el primer día del año 2013. Perteneció a la Orden de los Clérigos Regulares Teatinos. Es llamado "Doctor de la liturgia" y "Príncipe de los liturgistas".  En dicha urna pueden verse los distintivos propios de los cardenales: el anillo, el solideo rojo y el birrete del santo, como así también la bula papal de su creación, con la correspondiente asignación del título.





18 de febrero de 2012, día del cuarto Consistorio presidido por el Papa Benedicto XVI para la creación de veintidós nuevos cardenales y la votación de algunas causas de canonización. 
Memoria del beato Angélico, patrono de los artistas.
(Última actualización de la entrada: 27/08/22).

lunes, 13 de febrero de 2012

El mensaje de Fátima para los más pequeños


                          
   

El 13 de febrero es el "día del nacimiento" (en latín se dice dies natalis) de Lucía Dos Santos, la pastorcita que, junto asus dos primos Francisco y Jacinta, vio a la Virgen de Fátima (en la foto de arriba Lucía está junto a San Juan Pablo II, el Papa polaco). Recordemos, de paso, que dies natalis se le llama al de la muerte terrena de los santos, pues es entonces cuando "nacen" a la Vida sin fin en el Cielo.
Como homenaje a Sor Lucía, comparto con ustedes una síntesis de la historia de estas famosas apariciones. Me pidieron que la redactara para una publicación infantil. De ahí su lenguaje sencillo y coloquial:
center; 


Viaje al Corazón de una Madre

Uno de los dones más hermosos que Dios hace a cada hombre es la mamá que les da la vida.
Y el regalo más bello que el Señor entrega a todos los hombres es su propia Madre, la Virgen María. Ella acompaña siempre a sus hijos por el camino de la vida.
Como cualquier madre, pero con más amor que todas, a veces nos advierte sobre algún peligro; en otras oportunidades nos aconseja, o hasta nos reprende con dulzura. Está siempre a nuestro lado, para que no nos sintamos solos, y no deja de hablarnos al corazón.

Así ocurrió en el año 1917, en un lugar llamado Cova de Iría (Fátima, Portugal).
Eran tiempos de la Primera Guerra Mundial, cuando la Dulce Madre del Señor, conmovida por el dolor de sus hijos, se manifestó a tres humildes pastorcitos que cuidaban de sus ovejas en el campo: los hermanos Francisco y Jacinta, y su prima Lucía.
En las apariciones, que ocurrieron todos los días trece, desde mayo hasta octubre, la Virgen pidió a los niños que ofrecieran sus sufrimientos y que rezaran mucho, particularmente el Rosario, a fin de que terminara la guerra y los pecadores volvieran su corazón a Dios.
Les dijo que rezaran en especial por el Papa, el cual estaba sufriendo mucho por todo lo que sucedía en el mundo.
 Les pidió que rogaran también por las Almas del Purgatorio, es decir las de los difuntos que aún no habían llegado al Cielo, y que estaban deseosos del encuentro definitivo con Dios.
Les encomendó además que dijeran al mundo que la última oportunidad que Dios ofrecía para que todos se salvaran, era el Corazón Inmaculado de su Madre. Todos debían refugiarse en este Corazón materno, y hallarían misericordia.
Muchos no creyeron en las palabras de los niños, se les burlaron y hasta los maltrataron y los llevaron presos.
Pero la Madre de Dios había prometido darles una señal para que todos creyeran.
Y así ocurrió. El último día de las apariciones, el trece de octubre, se habían congregado muchísimas personas en el lugar indicado por los pastorcitos. Era un día muy lluvioso, y casi todos habían llevado sus paraguas. La Virgen pidió que los cerraran. Se mojaron totalmente. Pero el cielo comenzó a despejarse, y  apareció el sol, danzando con extraños movimientos. Por instantes se lo veía acercarse a la Tierra como si fuera a estrellarse contra ella, lo cual causó gran temor en los presentes. Pero lo que les asombró más aun, fue que la ropa empapada y embarrada se les secó y quedó totalmente limpia, como si no se hubiera mojado nunca.
Todos los presentes fueron testigos de estos hechos sobrenaturales: creyentes y no creyentes; niños, jóvenes, adultos y ancianos, de todas las condiciones sociales.
 La Madre del Señor insistió una vez más en que dejaran de ofender a Dios con sus pecados y en que rezaran mucho.
Advirtió a Jacinta y a Francisco que morirían pronto, pero que irían al Cielo. Dijo a Lucía que ella viviría aun muchos años más, y que sería la encargada de transmitir los mensajes a las próximas generaciones.
Así fue. Al poco tiempo murieron los dos hermanos, víctimas de una peste, pero con incomparable alegría en el corazón y con un gran amor a Dios y a su Madre Celestial.
Todos los Papas desde entonces creyeron en los mensajes de la Virgen y los difundieron.
Y muchos años después de la muerte de los hermanos Francisco y Jacinta, el trece de febrero de 2005 (curioso, ¿no?: ¡el trece!), moría Lucía, ya anciana y ciega, pero feliz, después de una vida de amor y fidelidad a las enseñanzas de la Virgen de Fátima.





También a nosotros van dirigidos esos mensajes que siguen siendo actuales, quizás más ahora que antes.
¿Estamos dispuestos a escuchar a María, la Madre más buena de todas, que sigue hablándonos al corazón? ¿Queremos obedecerle como verdaderos hijos suyos?

Si es así, podemos proceder de la siguiente manera:

-Arrepintámonos de nuestros pecados, y busquemos a un sacerdote para que en nombre de Dios, nos perdone. (Así nos enseñó Jesús, Hijo de Dios y por ello verdadero Dios. Él eligió a hombres –sus Apóstoles y sucesores- para que a lo largo de la historia,  perdonaran los pecados en su nombre).
-Preparémonos para hacer la Primera Comunión, y si la hemos hecho ya, recibamos frecuentemente a Jesús hecho Pan por nosotros, yendo a Misa al menos los domingos.  Así, el Señor nos dará fuerzas para ser cada día mejores cristianos.
-Recemos siempre por nuestro Santo Padre, el Papa, y amémoslo con toda el alma, pues él representa a Jesús presente en medio de nosotros.
-Oremos por todos los pecadores, y ofrezcamos nuestros pequeños o grandes sufrimientos para que ellos se arrepientan y busquen a Dios por medio de María, que es Madre de toda la humanidad.
-Recemos por todos los que han muerto, para que lleguen a gozar de la Vida sin fin en el Cielo.
-Pero sobre todo, dejémonos amar mucho por María, que siempre, pero siempre, quiere llevarnos a su Hijo Jesús para que seamos felices de verdad.

Si hacemos todo esto, nuestra vida presente será más hermosa, y en el futuro, el Cielo será nuestra Casa y la de todos los que amamos.

13 de febrero de 2012, séptimo aniversario de la muerte de la sierva de Dios Lucía Dos Santos. Entrada dedicada a ella y a San Juan Pablo II, en el aniversario de su atentado.
(Última actualización de la entrada: 13/2/25).



miércoles, 8 de febrero de 2012

Ritos finales: Abusos litúrgicos


Resultado de imagen para misa papa benedicto


(El link de los documentos aquí citados está enlazado en sendos nombres, mencionados en la entrada "Abusos litúrgicos: Introducción").

Luego de la Oración después de la Comunión comienzan los Ritos finales de la Misa.
Según lo ya dicho, es éste y no otro el momento oportuno para los eventuales y comúnmente llamados "avisos parroquiales".

Bendición final:

Luego del saludo litúrgico El Señor esté con ustedes, con su respectiva respuesta, tiene lugar la Bendición final.
El sacerdote puede usar una de las fórmulas de Bendición solemne, de acuerdo con el tiempo o día litúrgico. También puede usar la Oración sobre el Pueblo. Si no, puede impartir directamente la bendición de la forma sencilla: La bendición de Dios todopoderoso...
Lo que debe evitarse es la pretendida improvisación que suelen llevar a cabo algunos sacerdotes, elaborando en el momento sus propias "bendiciones solemnes" u "oraciones sobre el pueblo". Deben, por el contrario, respetarse los formularios establecidos, pertenecientes, en su mayoría, al tesoro eucológico de la Iglesia.

Despedida:

Cuando se halla presente el diácono, es él quien debe despedir al pueblo con la fórmula litúrgica Ite Missa est, una de cuyas traducciones adaptadas y aprobadas es Pueden irse en paz, la cual es a veces legítimamente enriquecida con alguna breve frase, en el mejor de los casos, bíblica.

Se han aprobado, además, otras tres  fórmulas, que son fruto del Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía (2005) y que se incorporaron a la tercera editio typica del Misal Romano:

Ite ad Evangelium nuntiandum ("Pueden ir a anunciar el Evangelio").
Ite in pace, glorificando vita vestra Dominum ("Pueden ir en paz, glorificando con su vida al Señor").
Ite in pace ("Pueden irse en paz", que, como se ve más arriba, es también la traducción no literal de la fórmula Ite Missa est, la única usada hasta la aprobación de estas tres fórmulas nuevas. Sencillamente, a esa traducción no literal, se le ha asignado su correspondiente forma latina, lo que ha dado lugar a esta nueva fórmula. Nótese que también forma parte de la estructura de la segunda fórmula aprobada recientemente). 

Luego de cualquiera de las fórmulas precedentes de despedida, pronunciada por el diácono, o en su defecto, por el mismo sacerdote, la asamblea responde Demos gracias a Dios, y en Tiempo Pascual, añade Alleluia, alleluia.

La asamblea debe disolverse solamente cuando el sacerdote se haya retirado del templo, y no antes.


Otras entradas referidas al tanto:


8 de febrero, memoria litúrgica de San Jerónimo Emiliano, y de Santa Josefina Bakhita, virgen.


domingo, 5 de febrero de 2012

Liturgia de la Eucaristía: Abusos litúrgicos





(El link de los documentos aquí citados está enlazado en sendos nombres, mencionados en la entrada "Abusos litúrgicos: Introducción").

La Liturgia eucarística constituye el corazón de la Santa Misa.

A continuación, consignaré algunos abusos litúrgicos que observo más o menos frecuentemente en los distintos momentos de esta parte de la Misa:

Presentación de ofrendas:

He visto que hay comunidades en las que los fieles, aparte de los dones obligatorios de pan y vino (que siempre deben preceder en la procesión), presentan "simbólicamente" otros dones materiales, que luego cada uno recupera sin dejarlos como donación para la comunidad. Esto atenta contra el sentido de la ofrenda, que debe ser algo verdadera y libremente donado.
Aclaro, de paso, que contra lo que he tenido la oportunidad de ver en muchos casos, sobre el altar se colocan únicamente el pan y el vino, nunca los otros dones (Cf. IGMR, 73, 140).

Incensación:

Hay sacerdotes que en esta parte de la Misa, luego de incensar las ofrendas, la cruz y el altar, que es lo correcto (Cf. IGMR, 75), inciensan  la imagen de la Santísima Virgen o de algún otro santo. Esto es incorrecto. Las imágenes solamente pueden incensarse al comienzo de la Misa (Cf. IGMR, 277; Caeremoniale episcoporum, 95). Puede leerse el artículo sobre el uso del incienso en este mismo blog: 


Oración sobre las ofrendas:

Cuando el sacerdote pronuncia la Oración sobre las ofrendas todos deben estar de pie. Esta oración debe ser siempre una sola (...unica dicitur oratio super oblata...) y finalizar con la conclusión breve (...concluditur conclusione breviore...).
En no pocos lugares he presenciado una costumbre cuasi istriónica, si se me permite la expresión: Los fieles se ponen de pie, como si estuvieran respondiendo a una invitación del sacerdote, luego de que él dice: "Levantemos el corazón" (Sursum corda), palabras con las que se introduce el Prefacio después de la Oración sobre las ofrendas. De más está decir que esta exhortación posee un sentido meramente espiritual, no físico u orgánico.

Prefacio:

Es como el pórtico de la Plegaria Eucarística, con la cual puede o no constituir un todo.
Cuando se trata del Prefacio propio de algunas solemnidades y fiestas del Señor, de ninguna manera puede cambiarse por otro, como se hace a menudo en algunas comunidades. No se consideran Prefacios propios los correspondientes a los tiempos litúrgicos. En efecto, suele afirmarse erróneamente, por ejemplo, que las dos máximas solemnidades del año, Pascua y Navidad, poseen Prefacio propio. No es así. En ambas se utilizan los Prefacios correspondientes a los respectivos tiempos litúrgicos, Prefacios que, por lo mismo, pueden emplearse libremente durante los días de dichos tiempos que no lo tengan propio.
Los Prefacios estrictamente propios, en cambio, solamente se deben utilizar en el día litúrgico de la celebración, y en algunos casos, pueden usarse en otra festividad del mismo santo, y en su Misa votiva, si las hubiere (Por ejemplo, San José, San Juan Bautista). Más propios aun, por decirlo así, pueden considerarse los Prefacios que forzosamente se usan una vez al año, como por ejemplo, el del Domingo de Ramos, o el de la Asunción o de la Inmaculada Concepción.

Sanctus:

Esta triple aclamación seráfica forma parte del Ordinario de la Misa, por lo que su traducción a la lengua vernácula aprobada por la Santa Sede, tanto en el canto como en la recitación, debe respetarse íntegramente. Están muy difundidos otros cánticos semejantes, pero que no respetan este principio. Urge corregir este abuso.

Plegarias Eucarísticas:

Su texto debe respetarse siempre y sin excepciones.
-He escuchado a sacerdotes que añaden, modifican u omiten a su arbitrio tal o cual parte de la Plegaria Eucarística. En los pocos casos en que esto es posible, los libros litúrgicos lo aclaran puntualmente (Por ejemplo, en la Plegaria Eucarística I, el venerable Canon Romano, se puede omitir la mención de algunos santos antes y después de la Consagración, lo cual está explícitamente señalado en el lugar correspondiente).
Cualesquiera otras innovaciones a título personal o comunitario, fomentadas o realizadas por sacerdotes o laicos -y hasta obispos-, están terminantemente prohibidas y constituyen un grave abuso litúrgico. Hay que decir lo mismo para otra reprobable costumbre que observé algunas veces: El sacerdote invita a la asamblea, o a algún laico, o al diácono, a proferir con él algunas partes de la Plegaria, cuando esto es exclusivo de quienes han recibido el sacramento del Orden sacerdotal, a partir de su segundo grado (presbiterado). (Cf. IGMR, 147; RS, 51, 52).

A veces, se utilizan instrumentos musicales o música instrumental durante la recitación de la Plegaria Eucarística. Esto va contra las normas litúrgicas (Cf. IGMR, 32; RS, 53).

-Consagración

En el momento de la elevación he escuchado también diversas aclamaciones que, surgidas en el ámbito de la piedad popular, son proferidas por los fieles. La más conocida es la del apóstol Santo Tomás: Señor mío y Dios mío. Tales aclamaciones y cualesquiera otras pueden ser hechas por los fieles en el silencio orante del corazón, de manera que no distraigan a quienes oran en silencio. Ninguna de ellas es sugerida en el Misal para este momento.

Por otra parte, he visto que sacerdotes, aun siendo teólogos, cometen el serio abuso de realizar la fracción del pan, cuando pronuncian las siguientes palabras de Jesús: "...lo partió...". Esta "teatralización" atenta contra la Tradición de la Iglesia. La Instrucción RS reprueba firmemente esta práctica, y ordena corregirla con urgencia (Cf. n. 55). El rito de la fracción del pan debe realizarse antes de la Comunión, mientras se canta el Agnus Dei, como especificaré más abajo. Para profundizar sobre este abuso, ver aquí.

La nueva traducción oficial de la fórmula de consagración exige las palabras "por muchos" (pro multis) y no "por todos". Quién mejor que el sapientísimo Benedicto XVI para explicárnoslo: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/letters/2012/documents/hf_ben-xvi_let_20120414_zollitsch_sp.html

-Memento de la Iglesia militante

He escuchado algún sacerdote que, contra la praxis dos veces milenaria de la Iglesia (Cf. RS, 56), omite la mención del Papa o del obispo del lugar.

-Doxología

La doxología con la que concluye toda Plegaria Eucarística, a tenor de lo dicho más arriba, solamente debe ser cantada o recitada por el sacerdote, y no por él conjuntamente con la asamblea.

Padrenuestro:

Es un abuso el reemplazo del Padrenuestro por cualquier otro cántico, aunque se refiera a la paternidad del Señor, y sea bíblico como lo es esta oración dominical.
Hay quienes pronuncian la palabra Amén, como habitualmente se hace, al concluir el Padrenuestro. En la Misa es incorrecto, pues existe el embolismo, una petición que desarrolla la parte conclusiva de esta Oración del Señor: "Líbranos, Señor, de todos los males..."
La elevación de manos por parte de los fieles, como el tomarse de las manos, no están contemplados en los libros litúrgicos.

El Rito de la paz:

De haber diácono, es éste quien invita a los fieles a intercambiarse el saludo de paz. Si no, lo hace el mismo sacerdote.
Este rito debe caracterizarse por la sobriedad. A menudo he observado que se lo considera el momento ideal para -"saludar" a los parientes, amigos y demás conocidos que están presentes en cualquier parte del templo. El Rito de la paz no es una mera manifestación de afecto, o un acto de perdón o reconciliación, sino que es expresión de la comunión eclesial y de la caridad, antes de recibir la santísima Eucaristía (Cf. IGMR, 82; RS, 71).
La paz debe ser ofrecida a los que están más cerca de uno en el templo (Cf. IGMR, ib; RS, 72).
Los sacerdotes se intercambian el saludo de paz entre ellos, y con los demás ministros, pero permaneciendo siempre en el presbiterio (Cf. IGMR, 181; RS, ib), y no desplazándose por las naves de la iglesia para saludar a tales o cuales particulares.
La Carta Circular "El significado ritual del don de la paz en la Misa", de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, con fecha 8 de junio de 2014, puntualiza bien todo esto.

Agnus Dei - Fracción del pan:

Hay comunidades en las que se entonan cánticos relativos a la paz que se integran en el del Agnus Dei. Esto no está contemplado en los libros litúrgicos, y afecta a la integridad de este texto del ordinario de la Misa, el cual, solo e íntegro, debe acompañar el rito de la fracción del pan. Puede, por lo mismo, repetirse tantas veces como sea necesario, siempre y cuando, en cualquier caso, la última invocación sea danos la paz (Cf. IGMR, 83).

En varias comunidades hay sacerdotes que permiten que los acólitos instituidos, y hasta los monaguillos, realicen con ellos la fracción del pan. Esto es incorrecto, pues corresponde solamente a los ministros ordenados (Cf. IGMR, ib).

Comunión:

Otro lamentable abuso que he presenciado, es la "invitación" que suele hacer el sacerdote a que todos los fieles comulguen el Cuerpo y la Sangre del Señor de forma indiscriminada, con el compromiso de una ulterior confesión sacramental. Peor aun, suelen realizar una previa "absolución general" en ese momento., lo cual está prohibido por la Iglesia, que ha regulado claramente esta práctica excepcional (Cf.   Carta Apostólica Misericordia Dei, de San Juan Pablo II, 7 de abril de 2002).
Proceder contra las normas establecidas, atenta contra uno de los requisitos que requiere la digna recepción del más augusto de los sacramentos: el estado de gracia que, de haberse perdido, solamente puede recuperarse luego de la confesión sacramental, obligatoriamente previa a la comunión eucarística.
En donde las normas de la Iglesia lo permitan, la Comunión puede recibirse en la mano (Cf. IGMR, 161). Pero no debe olvidarse que el modo ordinario de recibir la Sagrada Forma es en la boca. Sobre este tema, los invito a leer el siguiente artículo de este blog: "La Comunión: ¿En la boca o en la mano?":

http://veritasl.blogspot.com/2012/01/la-en-la-boca-o-en-la-mano-el-problema.html

Cuando se recibe en la mano, hay que esperar que el ministro deposite en ella la Hostia, y no tomarla con los dedos, ni mucho menos, extraerla uno mismo de los vasos sagrados. La Eucaristía es un Don de Dios, el más excelente de todos, y nadie por sí mismo tiene derecho a tomarla. Debemos recibirla de la Iglesia, que es la única que, por medio de sus sacerdotes, puede confeccionarla.

Hay otro abuso que quisiera consignar aquí:
Algunos sacerdotes, envían a otros a distribuir la Comunión. eximiéndose ellos de hacerlo. El que ha presidido la Santa Misa y todos los sacerdotes que hubiere presentes, de ser necesario, tienen la obligación de distribuir la Comunión. Los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión, u otros fieles, de forma ocasional, solamente pueden ejercer este ministerio cuando haya una gran afluencia de fieles y uno o pocos sacerdotes (Cf. IGMR, 162; RS, 154-160).
El canto de Comunión ha de ser preferentemente eucarístico. Si no se canta nada, un cantor, el coro, el pueblo, o incluso, el mismo sacerdote, luego de comulgar él, y antes de que comience a distribuir la Eucaristía, puede recitar la antífona de Comunión (Cf. IGMR, 86, 87).


Acción de gracias después de la Comunión:

El que sigue a la Comunión es un momento personal de oración y acción de gracias. Puede entonarse algún cántico que favorezca la meditación, o guardarse sagrado silencio (Cf. IGMR, 45, 88). Atenta seriamente contra la importancia de este momento la práctica cada vez más difundida, de realizar los "avisos parroquiales", los cuales, pueden encontrar un instante apropiado luego de la oración después de la Comunión.

Oración después de la Comunión:

La debe recitar el sacerdote luego del momento de acción de gracias. Su objetivo es implorar los frutos del misterio celebrado, concluir la súplica del pueblo de Dios y el Rito de la Comunión (Cf. IGMR, 89).  No debe omitirse ni reemplazarse por ninguna otra oraciòn de estilo diferente.

Otras entradas dedicadas al tema:


5 de febrero de 2012, domingo V "durante el año".
(Última actualización de la entrada: 3/2/23).