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viernes, 1 de noviembre de 2013

Notas previas al Martirologio Romano





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Introducción general

I

La santidad en la historia de la salvación

Vocación universal de los hombres a la santidad

1. Dios Padre quiere que todos los hombres, creados a su divina imagen (cf. Gn 1, 26-27), se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (cf. 1Tm 2, 4) que es el Señor Jesucristo, camino de los hombres hacia el Padre (cf. Jn 14, 6). Por eso, todos, en primer lugar los fieles cristianos de cualquier estado y condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, y esta santidad favorece también en la sociedad terrena un estilo de vida más humano (1).

2. Más aún, Dios Padre, al renovar todas las cosas en Cristo (cf. Ef 1, 10), ha manifestado su voluntad, que es la santificación de los hombres (cf. 1Ts 4, 3) y que se aumenta más y más cada día en la vida de los cristianos por Cristo, con Cristo y en Cristo (2) , para la mayor gloria de la única e indivisible Trinidad y para una más fecunda santidad de la Iglesia (3) .

3. Y puesto que él es santo (cf. 1P 1, 16), para que todos se hagan uno en Cristo Jesús (cf. Jn 11, 51-52), los liberó del poder de las tinieblas y los trasladó al reino del Hijo de su amor, y los hizo partícipes de su santidad por la fuerza del Espíritu Santo, para alabanza de la gloria de su gracia (cf. Ef 1, 6. 12).

La santidad en el misterio de Cristo

4. El Señor Jesucristo, Hijo de Dios, Maestro y modelo, que con el Padre y el Espíritu es aclamado (4) « el solo santo » y es la fuente de toda santidad y origen de las virtudes, predicó a todos y cada uno de sus discípulos la santidad de la vida de la que él mismo es su autor y consumador: « Vosotros, pues, sed perfectos como perfecto es vuestro Padre celestial » (Mt 5, 48) (5) . En el mismo misterio del Padre, que es Cristo, el Espíritu Santo, mediante el bautismo, confirma a los fieles cristianos con la comunión de todos los santos y los anima en la carrera emprendida para alcanzar la corona de la gloria que no se marchita (cf. 2Tm 4, 7-8; 1Co 9, 25; Ap 2, 10) (6) . Los mismos fieles en Cristo Jesús se esfuerzan en imitar al Salvador siguiendo su consejo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y me siga» (Mt 16, 24; cf. Mc 8, 34; Jn 12, 26); de tal modo que, fortalecidos en la fe, la esperanza y la caridad, encuentren por los hermanos que ya viven en Cristo el modo de realizar los misterios de la salvación y reciban el estímulo de sus ejemplos insignes o se encomienden a la ayuda permanente de su piadosa intercesión (7) .

La santidad en la vida de la Iglesia

El siguiente punto 5 es como la síntesis de todo el texto, y expresa la doctrina católica acerca de que el culto de dulía que loablemente tributamos a los santos tiene su origen y redunda en el de latría que debemos a la Trinidad.

5. Dios Padre, mediante el testimonio admirable de los santos, fecunda sin cesar a la Iglesia con vitalidad siempre nueva, dándonos así pruebas evidentes de su amor (8) .

También Cristo, el Señor, ama a la Iglesia como esposa suya, se entregó a sí mismo por ella para santificarla (cf. Ef 5, 25-26), la unió a sí mismo como a su Cuerpo y la llenó del don de la santidad para gloria de Dios (9) .

El mismo Espíritu Santo anima al Cuerpo de Cristo para que de él reciba la santidad y con él haga billar el reino de la verdad y de la vida, es decir, el reino de la santidad y de la gracia, el reino de la justicia, del amor y de la paz (10) ; en él todos los fieles pasan de la esclavitud de la corrupción a la gloriosa libertad de los hijos de Dios (cf. Rm 8, 21).

6. Por eso, la Iglesia es a la vez santa y necesita siempre ser purificada (11) ; a ella, sin embargo, está llamada en Cristo toda la humanidad, para que también en ella, por la gracia de Dios omnipotente, goce de la compañía de los santos hasta que su comunión gloriosa en Cristo llegue a la culminación en el final de los tiempos. Esta misma Iglesia, Madre Santa, no cesa de procurar con esmero que los fieles cristianos fomenten la vocación a la santidad y consigan llegar a ella. Concretamente y, sobre todo, dadas las circunstancias de este tiempo de nueva evangelización, es de capital importancia la orientación de todo el itinerario pastoral hacia esa misma santidad, que no ha de considerarse como exclusivo camino extraordinario de unos pocos, sino como propósito de todos los fieles cristianos hacia la plenitud de la vida cristiana y la perfección de la caridad (12) .

II

La memoria o veneración de los santos

La memoria de Cristo en la vida de los santos

7. El Padre, lleno de bondad, que por medio de su Hijo amado no sólo es el creador del género humano sino también « el bondadosísimo Redentor » (13) , con la ayuda del Espíritu Santo ofrece a cada fiel cristiano, con la ayuda del Espíritu Santo, el ejemplo de vida de los santos, la ayuda de su intercesión y la participación en su destino (14) .

8. La Iglesia confiesa a la Trinidad admirable en los mismos santos, que hacen visible a todos los hombres la presencia viva del Salvador y la naturaleza genuina de la Iglesia, como imágenes de la santidad divina, de la que brotan aquellas obras de los santos que, al mismo tiempo, proclaman las maravillas de Cristo (15) .

9. Toda celebración litúrgica de los santos ofrecida en la vida de la Iglesia por su propia naturaleza se dirige a Cristo y termina en él, « corona de todos los santos » (16) , y por él, en el Espíritu Santo, al Padre, que es admirable en sus santos y es glorificado en ellos (cf. 2Ts 1, 10) (17) .

10. La vida de los santos en el correr de los tiempos, como continuación y memoria de la vida de Cristo, resplandece en este siglo, como muestra de su misma gloriosa resurrección (18) , y en la gloria de los cielos; y se propone a los fieles cristianos como una estrella difiere de otra estrella por su resplandor (cf. 1Co 15, 40-41): «todo pasa, perdura la gloria de los santos en Cristo, que todo lo renueva, mientras él permanece.»(19)

11. Por eso la celebración litúrgica de los santos no tanto tiene como fin el proponer a los fieles los ejemplos de los santos para su imitación, sino, sobre todo, que se fortalezca en el Espíritu la unión de la Iglesia entera (cf. Ef 4, 1-6). Pues así como la comunión de los que vamos de camino nos lleva más cerca de Cristo, la comunión con los santos nos une con él, de quien como fuente y cabeza dimana toda gracia y la vida misma del pueblo de Dios (21) .

12. Por este motivo, el día del tránsito de esta vida al consorcio eterno de los santos se apoya en la vida de Cristo, esto es, en su Misterio Pascual, y con razón se denomina y es su “día natalicio”, el conmemorado, según costumbre, en la Sagrada Liturgia.

El dies natalis es el que se asigna para la celebración oficial del santo, a no ser que sea perpetuamente impedido por otra celebración de rango mayor.

El culto de los santos

13. La Iglesia peregrina ya desde los primeros tiempos de su vida honró con su celebración a los apóstoles y a los mártires de Cristo, que con la efusión de su sangre, a imitación del Salvador paciente en la cruz, dieron el supremo testimonio de su fe y de su amor (cf. Ap 22, 14) (21) .

14. Por eso, la Iglesia venera a los santos de acuerdo con la genuina tradición (22) y recomienda la peculiar y filial veneración de los fieles a la Bienaventurada siempre Virgen María, Madre de Dios, a la cual Cristo constituyó Madre de todos los hombres; asimismo, promueve el culto verdadero y auténtico a los demás santos (23) .

15. Sólo es lícito venerar con culto público a aquellos siervos de Dios que hayan sido incluidos por la autoridad de la Iglesia en el catálogo de los santos o de los beatos (24) . Se veneran sus reliquias auténticas y sus imágenes, porque el culto de los santos en la Iglesia proclama las maravillas de Cristo en sus siervos y ofrece a los fieles ejemplos adecuados, dignos de imitación (25) .

16. En cuanto a los santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, a los Ángeles Custodios y a los innumerables coros de los Ángeles que están en la presencia de Dios para servirle de día y de noche, contemplando sin cesar la gloria de su rostro (26) , y cuyos nombres sólo él conoce, a éstos solamente se les tributa el culto que está admitido en los libros litúrgicos y en la auténtica tradición de la Iglesia.

De lo que se deduce que no se admite el culto a otros ángeles más que los tres cuyos nombres conocemos de la Biblia, los Ángeles Custodios, y los demás que, como ellos, están distribuidos en los nueve coros que se mencionan en la Biblia, y que la Tradición de la Iglesia tiene en mucha estima. Fuera de los nombres genéricos de esos coros, de los tres arcángeles aludidos más arriba, y de los Ángeles Custodios igualmente mencionados, todo otro nombre o culto, no es lícito para la fe católica.

La comunión de los santos realizada en la Liturgia

17. En la Sagrada Liturgia, la Iglesia entera celebra la alabanza de la divina majestad en común alegría (27) . Pues todos los que son de Cristo, que tienen su Espíritu y forman una misma Iglesia, en él permanecen unidos entre sí (cf. Ef 4, 16).

18. De lo cual se sigue que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad, ennoblecen el culto que ella misma presenta a Dios aquí en la tierra y contribuyen de múltiples maneras a su más dilatada edificación (28) . Los fieles, imitándolos, se esfuerzan en ayudarse siempre mutuamente, mientras, en el camino hacia el Padre, siguen las huellas de Cristo. E igualmente, contemplando su vida en Cristo, en ellos buscan luz para descifrar los misterios de Dios. Porque en la vida de los santos, que, partícipes de nuestra humanidad, se van no obstante perfeccionando más y más a imagen de Cristo (cf. 2Co 3, 18), muestra vivamente Dios su presencia y su rostro a los hombres. En ellos nos habla él mismo y nos ofrece un signo de su Reino (29) . Lo cual se hace especialmente patente en aquellos santos que, dotados con peculiares dones del Espíritu Santo, brillaron por la excelencia no sólo de su vida sino también de su doctrina. Lo cual ha de entenderse, no exclusivamente de la ciencia teológica, sino también de esa “ciencia del amor” que, merced a la iluminación del Espíritu Santo, nace de la experiencia de los misterios de Dios (30) .

19. Por la intercesión de los santos, en Cristo, eterno y sumo sacerdote (cf. Hb 3, 1; 4, 14; 5, 10; 7, 26; 9, 11), mediador entre Dios y los hombres (cf. 1Tm 2, 5), cuando se realiza la celebración litúrgica se aumenta más y más cada día la comunión eclesial. Esto ocurre, sobre todo, en la celebración de la Eucaristía, en la que con mayor razón, al dar gracias la Iglesia entera, se une en comunión con los moradores del cielo, venerando la memoria de todos los santos (31) ; y ocurre también al celebrar la Liturgia de las Horas, en la cual es perenne la alabanza a la Santísima Trinidad por medio de los santos.

III

El Martirologio Romano

Índole y naturaleza litúrgica del Martirologio

20. En el transcurso de los siglos, el Martirologio, cuya naturaleza litúrgica se va clarificando progresivamente, ha sido incluido entre los libros para las celebraciones litúrgicas que tributan con la dignidad conveniente el culto a la Santísima Trinidad.

Queda claro entonces, que se trata de un libro litúrgico.

21. Las relaciones entre los más antiguos calendarios litúrgicos y el Martirologio, añadidas las oportunas indicaciones prácticas de las mutuas conexiones entre ellos y las celebraciones de los divinos misterios, han ido creciendo sensiblemente hasta el carácter que hoy tienen, donde la finalidad y el uso preferentemente litúrgico son evidentes.

La reforma del Martirologio

22. El Martirologio ha sido renovado muchas veces en el transcurso de los siglos y en este momento es urgente su reforma por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II, al mismo tiempo que la promulgación de los otros libros litúrgicos reformados, para que el mismo Martirologio, previa la debida investigación histórica, esté de nuevo en coherencia con los demás libros del Rito Romano.

23. El catálogo de los santos y de los beatos en el Martirologio, pues a unos y otros, santos y beatos de los que se ha tratado en el núm. 15 , se refiere, por una inveterada costumbre tradicional, responde al curso del año civil desde el mes de enero hasta el de diciembre, como en el Calendario Romano, aunque de ningún modo por eso se pretende minusvalorar el curso del año litúrgico.

La estrecha relación del Martirologio con los libros litúrgicos

24. La celebración litúrgica, como manifestación y actualización del amor de la Iglesia a Jesucristo, su Esposo, cuyo misterio total desentraña y rememora a lo largo del año, también se ocupa del culto de los santos. Pues éstos, que por la multiforme gracia de Dios fueron llevados a la perfección y ya han alcanzado la salvación eterna, cantan a Dios en el cielo una alabanza perfecta e interceden, preferentemente por los fieles cristianos, pero también por todos los hombres. Debido a esto, el misterio de Cristo y el culto a los santos se unen mutuamente, hasta tal punto que en la liturgia de la Iglesia existen relaciones entre el Martirologio y los demás libros litúrgicos utilizados para la celebración del misterio de Cristo, en la cual se encuentran también los santos.

25. Por esta causa, la Iglesia, para que las festividades de los santos no prevalezcan sobre las celebraciones que conmemoran los misterios mismos de la Salvación, con el catálogo de los santos y beatos ofrece unas normas, en virtud de las cuales sus memorias pueden celebrarse en días determinados (32) .
26. Está claro que además de las solemnidades y fiestas de los santos, así como de las memorias obligatorias, por causa justa también pueden celebrarse en las ferias que lo admitan las memorias libres con su propia categoría, así como el Oficio y la Misa de un Santo inscrito ese día en el Martirologio Romano o en un Martirologio Propio, o sea, en el Apéndice propio debidamente aprobado (33) .

Es lícito, por tanto, rendir culto a cualquier santo o beato que esté inscripto en el Martirologio.

El catálogo de los santos en el Martirologio

27. El Martirologio, que se ha considerado como un libro litúrgico, no se propuso ofrecer una exhaustiva enumeración de todos los santos y beatos, ni extensos elogios de los mismos de donde pudieran sacarse o derivar tratados edificantes de ascética, o una historia de la Iglesia como familia de los santos, nación santa, adquirida por Dios (cf. 1P 2, 9; 1Ts 5, 9-10; 2Ts 2, 13).

28. El Martirologio nos ofrece, en primer lugar, la enumeración de las memorias de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios; en segundo término, la de los Ángeles, y finalmente la de los fieles cristianos que en nuestros días reciben culto, bien sea en la Iglesia universal, en las particulares o en cualquier familia religiosa; pero no ofrece un catálogo completo de todos cuantos gozan de la eterna visión beatífica de Dios (34) .

29. Por esta razón, el Martirologio Romano incluye a los santos inscritos en el Calendario Romano cuando tienen una importancia universal en toda la Iglesia del Rito Romano, y también a otros muchos, pero no a todos de entre aquellos que han sido más estimados en cada Iglesia particular o familia religiosa y se conmemoran en cualquiera de las categorías litúrgicas. Cada caso particular o local conmemorativo de santos antiguos, así como de todos los beatos, desde la Edad Media hasta el día de hoy, se señala con su correspondiente asterisco (*), siguiendo el orden cronológico de santos y beatos conmemorados en el día.

IV

Uso del Martirologio

La celebración de los santos o beatos

30. Según lo dicho anteriormente en el núm. 26 , la Misa, y también el Oficio de un Santo inscrito en el Martirologio Romano o en un propio del Martirologio debidamente aprobado, se puede celebrar con dicha causa el día en que está inscrito su nombre, en las ferias en que se admite la celebración de una memoria libre (35) .

En este caso, para la Misa y la Liturgia de las Horas, se hace uso de los textos de los correspondientes "Comunes", de acuerdo con las diferentes categorías de bienaventurados.

31. De este modo, la celebración de un beato inscrito en el Martirologio, o en un Propio del Martirologio, ha de limitarse a la diócesis, nación o territorio más amplio, o a la familia religiosa a la que lo haya concedido la Sede Apostólica (36) .
El culto de los beatos es, por tanto, restringido. El de los santos, universal.
32. Es conveniente que cada diócesis o familia religiosa tenga su Calendario Propio (37)  , y que cada una de las Conferencias de los Obispos haga Calendarios Propios para cada nación o, juntamente con otras Conferencias, un Calendario de más amplia jurisdicción; todos ellos deben estar en la debida coherencia con el Martirologio Romano y han de ser aprobados o confirmados por la Santa Sede.

33. Pero si el día natalicio de un santo o de un beato indicado en el Martirologio está impedido todos los años por otra celebración de grado superior, ese santo o beato puede conmemorarse en los Calendarios Propios en un día libre próximo o, si es el caso, en otra fecha que por alguna razón le sea propia, como, por ejemplo, el día de su descubrimiento, del levantamiento de su cadáver o del traslado de su cuerpo, o el día de la canonización o beatificación, aunque esto ordinariamente ha de considerarse como menos conveniente (38) . Si esto ocurriere, en la lectura del Martirologio empléese una de las fórmulas propuestas más abajo, pág. 34, núm. 12 .

34. Cualquiera de los santos inscritos en el Martirologio Romano puede elegirse como titular de una Iglesia. Mas, si se trata de un beato, es necesario pedir permiso a la Sede Apostólica (39) , a no ser que el mismo beato esté ya debidamente inscrito en el Calendario de la diócesis o nación (40) .

Lectura del Martirologio

35. Los elogios de los santos de cualquier día han de leerse siempre el día precedente.

36. Es loable que la lectura del Martirologio se haga en el coro, pero también se puede hacer fuera de él.

37. Al leer el Martirologio, obsérvese el orden que se encuentra más abajo.

V

Los propios del Martirologio

38. Cada una de la diócesis, nación o familia religiosa puede confeccionar el Propio del Martirologio o Apéndice del mismo, en el que se han de incluir los santos o beatos inscritos en el Calendario Propio que no estén en el Martirologio Romano, o se celebren en distinto día, o se conmemoren con otra categoría, o cuyo elogio parezca conveniente ampliar un poco. Este Propio ha de enviarse a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, para obtener la revisión, aprobación o confirmación.

39. Esos elogios ampliados no deben componerse simplemente según el género literario de “Vidas” o “Leyendas”, sino en lo posible han de resaltar la victoria pascual de Cristo en sus siervos y poner de relieve ante los fieles (41) el carisma distintivo que se atribuye a cada uno (42) . Además, siempre se ha de observar estrictamente la fidelidad a la historia y no se han de admitir elementos homiléticos o para “edificación”, ni que pasen los elogios de unas cuarenta palabras.

Siempre el estilo de los elogios ha sido sobrio y breve, aunque no pocas veces se ha alejado de la realidad histórica, la cual ha sido suplida muchas veces por pintorescas leyendas. Felizmente la actual versión del Martirologio, igualmente sobrio y breve, adolece de estos dos últimos errores.

VI

Adaptaciones que competen a las Conferencias de los Obispos

40. Corresponde a la Conferencias de los Obispos preparar las traducciones del Martirologio Romano a las lenguas vulgares, observando minuciosamente la integridad y la fidelidad, teniendo en cuenta las notas características del género literario.

41. Al editar el Martirologio, conviene poner los elogios de cada día que se han de considerar propios de la nación o territorio por concesión de la Santa Sede en el primer lugar, después de los elogios que pertenecen a celebraciones inscritas en el Calendario General e imprimiéndolos en los mismos caracteres. Y los elogios propios de la región o de la diócesis tengan siempre su puesto en Apéndice particular. Según las normas del derecho, el texto de cualquier edición de la Conferencia de los Obispos ha de ser aprobado y revisado por la Sede Apostólica. Esto vale también, con las debidas variantes, para cualquier familia religiosa.

42. Al preparar las ediciones hay que distinguir claramente entre las traducciones del Martirologio Romano, que deben ser íntegras, y las colecciones parciales que, seleccionadas del mismo para el uso pastoral, no deben destinarse a la liturgia.

1 Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II , Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium , núm. 40.

2 Cf. Misal Romano , doxología de las Plegarias Eucarísticas.

3 Cf. Conc. Ec. Vatic. II , Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium , núm. 47.

4 Cf. Misal Romano , himno Gloria in excelsis.

5 Cf. Conc. Ec. Vatic. II , Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium , núm. 40; Orígenes , Commentarium in Romanos, 7, 7 (PG 14, 1122 B); Ps.-Macario , De Oratione , 11 (PG 34, 861AB); Sto. Tomás de Aquino , Summa Teol. II-II, 9, 184, a. 3.

6 Cf. Misal Romano , Prefacio I de los Santos.

7 Cf. Misal Romano , Prefacio II de los Santos.

8 Ibíd.

9 Cf. Conc. Ec. Vatic. II , Const. Dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium , núm. 39.

10 Cf. Misal Romano , Prefacio de Jesucristo, Rey del Universo.

11 Cf. Misal Romano , Ordinario de la Misa: Profesión de la fe ; Conc. Ec. Vatic. II , Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium , núm. 8.

12 Cf. J uan Pablo II, Carta Apostólica Novo Millennio ineunte , 6 de enero de 2001, núm. 30: AAS 93 (2001), pág. 267.

13 Cf. Misal Romano , Prefacio común III.

14 Cf. Misal Romano , Prefacio I de los Santos.

15 Cf. Conc. Ec. Vatic. II , Const. sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium , núm. 111.

16 Cf. Liturgia de las Horas , Preces en la solemnidad de Todos los Santos.

17 Conc. Ec. Vatic. II , Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, núm. 50.

18 Cf. J uan Pablo II, Carta Apostólica Dies Domini , 31 de mayo de 1998, núm. 78: AAS 90 (1998), pág. 761.

19 Cf. San Paulino de Nola , Carmina , XIV, 3-4: CSEL 30, 67.

20 Cf. Papa Pío xii , Carta Enc. Mediator Dei : AAS39 (1947), págs. 581-582.

21 Conc. Ec. Vatic. II , Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium , núm. 50.

22 Conc. Ec. Vatic. II , Const. sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium , núm. 111.

23 Cf. Código de Derecho Canónico , can. 1186.

24 Cf. Código de Derecho Canónico , can. 1187.

25 Cf. Conc. Ec. Vatic. II , Const. sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium , núm. 111; cf. también Código de Derecho Canónico , cans. 1188-1190.

26 Cf. Misal Romano , Plegaria Eucarística IV , Prefacio.

27 Cf. Misal Romano , Prefacios, repetidas veces .

28 Cf. 1Co 12, 12-27; Conc. Ec. Vatic. II , Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, núm. 49.

29 Conc. Ec. Vatic. II , Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium , núm. 50.

30 Cf. Juan Pablo II , Carta Apostólica Divini amoris scientia : Santa Teresa del Niño Jesús y del Santo Rostro, proclamada Doctora de la Iglesia universal, núm. 7: AAS 90 (1998), pág. 936; y Conc. Ec. Vatic. II , Const. dogm. de la divina revelación Dei Verbum , núm. 8.

31 Cf. Misal Romano , Plegaria Eucarística I o Canon Romano , Reunidos en comunión.

32 Cf. Conc. Ec. Vatic. II , Const. sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium , núm. 111.

33 Cf. Ordenación General de la Liturgia de las Horas , núms. 244-239; S agrada Congregación para el Culto Divino , Instrucción Sobre los Calendarios particulares , núms. 8-10: AAS 62 (1970), págs. 653-654.

34 Cf. Ordenación general del Misal Romano , núm. 316.

35 Cf. Ordenación general del Misal Romano , núm. 316 [355]; Ordenación general de la Liturgia de las Horas , núm. 244.

36 Cf. Sagrada Congregación para el Culto Divino , Instrucción Sobre los Calendarios particulares , núms. 8-9: AAS 62 (1970), págs. 653-654.

37 Normas Universales sobre el Año Litúrgico y sobre el Calendario , núms. 48-55; S agrada Congregación para el Culto Divino , Instrucción Sobre los Calendarios particulares , del día 24 de junio 1970, núms. 1-9, 12: AAS 62 (1970), págs. 651-654.

38 Cf. S agrada Congregación para el Culto Divino , Instrucción Sobre los Calendarios particulares , núm. 21: AAS 62 (1970), pág. 656.

39 Cf. S agrada Congregación para el Culto Divino , Instrucción Sobre los Calendarios particulares , núm. 34: AAS 62 (1970); Pontifical Romano, Ritual de las dedicaciones de una Iglesia o un altar , edición típica, 1977, capítulo II, núm. 4.

40 Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos , notificación sobre la dedicación o bendición de una Iglesia en honor de algún Beato, día 28 de noviembre de 1998: Notitiæ 34 (1998), pág. 664.

41 Cf. Conc. Ec. Vatic. II , Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium , núm. 92.

42 Ibíd. , núm. 111.

43 Ver pág. 29.

44 Una vez computada la parte íntegra en la relación con el año del que interesa encontrar los elementos y el 19, el número áureo se deduce restando de aquel mismo año, añadido uno, la antedicha íntegra, multiplicada diecinueve veces.

45 Computado el total resultante por la multiplicación entre el número áureo del año, del que interesa encontrar la epacta, y el 11, desde ahora hasta el año 2099, la epacta se encuentra: a) si el total de la multiplicación es mayor de trece, añadiendo uno al resto del cociente íntegro, que de aquella misma suma resulta, deduciendo trece, dividido por treinta; b) pero si es menor de trece, añadiendo uno al total antedicho de la multiplicación, añadiendo treinta y restando trece (o añadiendo 18 al total de la multiplicación). Desde el año 2100 hasta el 2199, en lugar de los números trece y uno, se tendrán que emplear catorce y dos, respectivamente.

46 Donde la solemnidad de la Ascensión del Señor no es fiesta de precepto, se le asigna como día propio el domingo VII de Pascua.

47 Donde la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo no es fiesta de precepto, se le asigna como día propio el domingo siguiente a la Santísima Trinidad.

EL ANUNCIO DEL DÍA SEGÚN EL CALENDARIO LUNAR, QUE PUEDE HACERSE AD LIBITUM.

Aunque en todo el mundo se conoce y está divulgado el calendario solar, ha parecido oportuno mantener la costumbre de anunciar el día según el calendario lunar, que puede seguirse libremente en la lectura litúrgica del Martirologio.

La importancia del cómputo del día lunar resalta porque la máxima solemnidad de la Pascua, con la Cuaresma que la precede y el tiempo pascual que le sigue, depende del plenilunio del mes de abril.

Por eso, en esta edición típica del Martirologio se conserva el cómputo lunar, para que resplandezca la peculiar vinculación entre el pueblo del Antiguo y el del Nuevo Testamento, incluso en la celebración del misterio pascual. Por lo demás, el cómputo lunar se guarda en las Iglesias orientales y en multitud de religiones y cultos no cristianos del mundo entero.

En este Martirologio, colocada al comienzo de cada día, hay una serie de treinta letras, que corresponden al mismo número de días con el que los cronógrafos determinaron la duración del ciclo de las fases de la luna; esas letras indican cuál es la luna que ha de anunciarse en cada uno de los días de la totalidad del año, después de hacer el cálculo pertinente; además, cada letra remite al número de orden correspondiente, que es la que está en números romanos debajo de la serie de treinta o veintinueve cifras que identifican cada uno de los días del mes lunar. El uso de estas letras y números combinados para determinar la luna, se rige por una tabla temporal específica, en la cual corresponde a cada año un número áureo , que indica la posición del año en curso dentro del ciclo lunar de diecinueve años empleado en estos cómputos, y también la epacta, o diferencia de once días entre el fin del año lunar y el principio del año solar, así como, finalmente, la letra del Martirologio , en íntima y fácil conexión con la anterior epacta, como muestra el siguiente cuadro:

a b c d e f g h i k l m n p q

I II III IV V VI VII VIII IX X XI XII XIII XIV XV

r s t u A B C D E F /F G H M N P

XVI XVII XVIII XIX XX XXI XXII XXIII XXIV XXV XXVI XXVII XXVIII XXIX *

Todos estos elementos precisos para el cómputo de la luna en el período entre 2004 y 2033 se encuentran más adelante, en la tabla temporal correspondiente 43 . Así pues, para anunciar la fecha de la lunación en cualquier día de cada año, una vez conocido el número áureo hay que tomar la epacta y luego la letra correspondiente; encontrada ésta en las tablas de igualación que figuran en el Martirologio al comienzo de cada día, nos mostrará el número del día lunar correspondiente, es decir, cuál es la luna que se ha de anunciar en cada uno de los días de todo el año hasta el último día de diciembre. Ejemplo : En el año 2005, el número áureo concurrente es el 11, al que corresponde la epacta XIX y la letra “ u ” del Martirologio, que es la que hay que buscar en las citadas tablas de igualación del Martirologio; consultadas éstas, se verá que al día uno de enero, o Kalendis ianuarii , a la letra “ u ” le corresponde el número 20, que es la luna que hay que anunciar, y al día dos de agosto, o Quarto Nonas augusti , el número 26.

Sin embargo, en los años en que el número áureo es el 1, la luna que se ha de anunciar desde el día uno de enero hasta el fin de aquella lunación será siempre con un día menos que la anotada en el Martirologio. Ejemplo: Al año 2204, cuyo número áureo es el 1, le corresponde la epacta XXVIII y la letra del Martirologio “ M ”, que es la que hay que buscar en todo ese año en las tablas de igualación; consultadas éstas, en el día primero, o Kalendis ianuarii , se verá que a la letra “ M ” le corresponde el número o día de lunación 29, pero en lugar de éste habrá que anunciar el 28; de este modo hay que seguir sólo hasta el día segundo, o Quarto Nonas ianuarii , en el que la luna será 29, (aunque haya anotado el número 30), mientras que al día tercero, Tertio Nonas ianuarii , normalmente le corresponde la luna 1. Esta norma sólo queda derogada cuantas veces al número áureo 1 le corresponda la letra del Martirologio “ P ” mayúscula, bajo la cual estará siempre la luna que se ha de anunciar, según esté indicado en las tablas de la igualación, o sea, como se hace regularmente en los demás años.

Si en algún año cae, circunstancialmente, la epacta XXV a la que corresponda la doble letra “ F ”, una en color negro y otra en rojo, el día de la lunación hay que determinarlo según el número áureo sea de los once primeros o del 12 hasta el 19. Ejemplo : En el año 2011, cuyo número áureo es 17, corresponde la epacta XXV y la letra del Martirologio “ F ”. El día trece, idus de abril de aquel año, bajo la letra “ F ” se indica una luna doble variable, pero como el número es mayor de 12, se ha de anunciar como bajo la epacta negra, es decir, luna 10. Y cuando llegue el año 2303, cuyo número áureo es 9 y la misma epacta XXV , en los mismos idus de abril, como el número áureo es menor de 11, se ha de anunciar el día de la lunación bajo la letra del Martirologio “ F ” escrita en color rojo, es decir, el 9.

Esa tabla temporal sólo es válida hasta el año 2199, pero pueden hacerse otras sucesivas por medio de tablas especiales perpetuas de igualación del ciclo de las epactas, con las que pueden obtenerse y conocer el número áureo, 44 la epacta 45 y la letra del Martirologio correspondiente a cualquier año. Esas nuevas tablas, como la formada, por ejemplo, en el siguiente cuadro, valen a su vez sólo por un tiempo determinado, hasta el cambio del ciclo de las epactas. Ejemplo: Desde el 2200, al que corresponde el número áureo 16, y del que arranca el modelo adjunto, se puede componer la tabla propuesta sólo hasta el año 2293, en la que se recogen todos los elementos para averiguar qué luna se ha de anunciar durante este espacio de tiempo.

Tabla de las letras del Martirologio

correspondiente a los números áureos y epactas

desde el principio del año 2200 hasta el fin del año 2299.

Núm. áureo 16 17 18 19 1 2 3 4 5

Epacta xiii xiv v xvi xxviii ix xx i xii

Letra Mart. n E e r M i A a m

Núm. áureo 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15

Epacta xxiii iv xv xxvi vii xviii xxix x xxi ii

Letra Mart. D d q G g t N k B b

Al año 2248, cuyo número áureo es el 7, corresponderá la epacta IV y la letra del Martirologio “ d” minúscula, mediante la cual, como se ha dicho más arriba, se encuentra la fecha de la lunación de cada día de aquel año.

Tabla temporal

de las epactas y letras del Martirologio

Año Número Epacta Letra del Año Número Epacta Letra del

áureo Martirologio áureo Martirologio

2004 10 VIII h 2019 6 XXIV E

2005 11 XIX u 2020 7 V e

2006 12 * P 2021 8 XVI r

2007 13 XI l 2022 9 XXVII H

2008 14 XXII C 2023 10 VIII h

2009 15 III c 2024 11 XIX u

2010 16 IV p 2025 12 * P

2011 17 XXV F 2026 13 XI l

2012 18 VI f 2027 14 XXII C

2013 19 XVII s 2028 15 III c

2014 1 XXIX N 2029 16 XIV p

2015 2 IX k 2030 17 XXV F

2016 3 XXI B 2031 18 VI f

2017 4 II b 2032 19 XVII s

2018 5 XIII n 2033 1 XXIX N


1° de noviembre de 2013, solemnidad de Todos los Santos. Entrada dedicada a ellos.


viernes, 30 de agosto de 2019

El concepto litúrgico de "Común"




Todos los santos incluidos en el Calendario Romano General como así también los de los particulares, poseen, tanto en el Misal Romano como en la Liturgia de las Horas, más o menos textos bíblicos y eucológicos asignados para su celebración. Algunos solamente cuentan con la "oración colecta" que, oficialmente, se hace pública con el decreto de beatificación. La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a la que atañe este tema, aprueba también, aparte de la primera lectura bíblica, una segunda patrística, hagiográfica o pontificia para el Oficio en la Liturgia de las Horas. Son los textos que se ofrecen a todo elegido cuando es beatificado.

La atribución de más textos propios depende de numerosos factores. Entre otros, podemos enumerar: la redacción por parte de las personas interesadas; la solicitud de aprobación de la mencionada Congregación seguida de su nihil obstat (dictamen breve, público y escrito de la aprobación); el grado o rango litúrgico que se le atribuye a la celebración del nuevo beato, grado que podrá (o no) ser mayor si se le concede algún patrocinio o titularidad. 

Para profundizar sobre los "grados" litúrgicos, consultar las entradas referidas a la memorias, fiestas y solemnidades.

El Martirologio Romano es el libro litúrgico que contiene la nómina completa de todos los beatos y santos a los que la Iglesia rinde culto oficial. Por obvias razones, esa nómina aumenta con cada beatificación. Allí estos intercesores están inscriptos en cada uno de los días del año en la fecha en que acaeció su muerte terrenal. La gran cantidad de nombres reportados, (que incluye santos del Antiguo Testamento), supera ampliamente a los que figuran en el Calendario Romano. En los días de feria de este, la liturgia posibilita celebrar a cualesquiera santos o beatos que se hallen inscriptos en aquel libro. Y como la mayoría de ellos carece de todos o de varios textos propios, la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha compuesto e ido enriqueciendo un conjunto de formularios  eucológicos "modelo", los cuales, combinados con una iluminadora selección de textos bíblicos, ponen de relieve las características peculiares de la santidad manifestadas en diversas categorías o grupos de elegidos. Al conjunto de esos formularios distribuidos en categorías, se le llama "Común", y se  emplea para celebrar en la Misa o la Liturgia de las Horas a los santos y beatos que carecen total o parcialmente de textos propios.

Como los sacramentos, "siete" son las acepciones que el Diccionario de la Real Academia Española ofrece del vocablo "común". El concepto litúrgico "Común" puede asociarse a la sexta de ellas: "comunidad, generalidad de personas".

Efectivamente, la liturgia actual, recogiendo, adaptando y sistematizando la herencia de épocas pasadas, ha categorizado el elenco de santos y beatos, distribuyéndolos en grupos bien definidos, de manera que nadie quede excluido:


Las categorías de santos

Así, después de las Divinas Personas de la Trinidad y antes que todos los demás santos, veneramos a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, que por su incomparable dignidad, constituye por sí misma una sola categoría. Le siguen los santos Espíritus bienaventurados, de los que la teología católica, basándose en el dato bíblico, reconoce nueve Coros, distribuidos en tres jerarquías: Primera jerarquía: 1. serafines, 2. querubines, 3. tronos; segunda jerarquía: 4. dominaciones, 5. virtudes, 6. potestades; tercera jerarquía: 7. principados;   8. arcángeles, 9. ángeles. Solo conocemos, por las Sagradas Escrituras, los nombres personales de tres arcángeles (tercera jerarquía, octavo coro). Ellos son: Miguel, Gabriel y Rafael. Estos y los ángeles custodios gozan de culto litúrgico preferencial y están inscriptos en el Calendario Romano. Algunos países conservan todavía en sus calendarios particulares la festividad del "Santo Ángel Custodio de la Nación", el cual, pertenece al Coro de los Principados. A los santos ángeles, siguen los patriarcas, los profetas, los apóstoles, los discípulos del Señor, los mártires, los pastores, los doctores, las vírgenes, los religiosos, los santos varones y las santas mujeres, que son aquellos que no se incluyen en las categorías anteriores, y que, a su vez, se distribuyen en subcategorías.

De las categorías mencionadas anteriormente, a la hora de elaborar los formularios de los respectivos "Comunes",  se han elegido unas, se han redistribuido otras, y ha quedado una lista puntual que, bajo el título de Communia, recoge el original en latín de la tercera edición del Misal Romano y la Liturgia de las Horas. Las transcribo a continuación:


Commune Dedicationis Ecclesiae: Para el Común de la Dedicación de una iglesia


Como la Dedicación de una Iglesia y la celebración de su aniversario se consideran "festividades del Señor", este "Común" encabeza la lista. El formulario se emplea en los aniversarios de Dedicación de iglesias, especialmente -en Roma y fuera de ella- ,en la fiesta de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, Catedral del Papa (09/11) y en la de San Pablo extramuros. No así en los aniversarios de Dedicación de las otras dos basílicas papales, también inscriptas en el Calendario Romano general.

En efecto, la Basílica de San Pedro cuenta solo en ella con Misa propia para su aniversario (18/11). Para el aniversario de la Basílica de Santa María la Mayor (05/08), se emplea el "Común de la Santísima Virgen". Para el de las de San Pedro y San Pablo, que fuera de Roma se celebran juntas el mismo 18/11, se emplea el "Común de los Apóstoles".


Commune Beatae Mariae Virginis: Para el Común de Santa María Virgen

Se trata de varios formularios compuestos para festividades marianas no inscriptas en el Calendario Romano general y que carezcan de textos propios (sobre todo en los calendarios particulares). También suele emplearse para las memorias marianas de ese Calendario que, por razón de titularidad o patrocinio, deban celebrarse con un rango superior, o para las que el sacerdote desee celebrar de manera más propia, por razones pastorales.

El libro litúrgico "Misas de la Virgen", que data de finales de los años 80 del pasado siglo XX, enriqueció sobremanera la liturgia mariana. Cuenta con formularios completos distribuidos de acuerdo con los tiempos litúrgicos. Puede ser un recurso bastante aconsejable como alternativa al respectivo "Común". De hecho, algunos formularios de dicho "Común" son los de aquella obra.


Volviendo a las categorías arriba nombradas, debemos aclarar que no existe un "Común de ángeles" por el hecho de que son solamente dos las festividades dedicadas a ellos en el Calendario Romano general: la fiesta de los tres arcángeles supramencionados, en la que la Iglesia, aparte de ellos, rinde culto a todos en general (29/09), y la de los ángeles custodios (02/10). Sí hay Misa votiva y Prefacio de los santos ángeles.

Tampoco hay "Común de patriarcas" ni de "Profetas", que son santos del Antiguo Testamento, o bien porque las regiones o Familias religiosas que les rinden culto tienen sus propios formularios ya aprobados por la Santa Sede -los carmelitas, por ejemplo, tienen textos propios para los profetas Elías (20/07) y Eliseo (14/06)-, o bien porque ambas categorías de santos pueden incluirse en la más abajo consignada de los santos en general.


Commune Apostolorum: Para el Común de apóstoles

En esta categoría se incluyen formularios generales que deben emplearse para las fiestas de los apóstoles y evangelistas que carezcan de determinados textos propios; también pueden emplearse en las Misas votivas de uno o más apóstoles, de todos ellos en general o de los evangelistas.


Commune Martyrum: Para el Común de mártires

Se debe emplear en las solemnidades y fiestas de uno/a o más mártires y puede emplearse en las memorias de ellos, sobre todo cuando deban celebrarse con un rango superior. También puede emplearse cuando se desee celebrar a uno/a o más mártires inscriptos/as en el Martirologio.


Commune Pastorum: Para el Común de pastores

Se debe emplear en las solemnidades y fiestas de Papas, obispos, abades y presbíteros, (elevadas a esos rangos por razones de titularidad o patrocinio, o por ser fundadores), y puede emplearse en las memorias de ellos. También cuando se desee celebrar a uno o más de ellos inscriptos en el Martirologio.


Commune Doctorum: Para el Común de doctores

Se debe emplear en las solemnidades y fiestas de uno/a o más doctores/as -cuyo número es limitado, aunque siempre abierto-, (elevadas a esos rangos por razones de titularidad o patrocinio), y puede emplearse en las memorias de ellos, sobre todo cuando deban celebrarse con un rango superior. También puede emplearse cuando se desee celebrar a uno/a o más mártir/es inscriptos/as en el Martirologio pero no en el Calendario Romano general (como los doctores de relativamente reciente proclamación: Juan de Ávila, Hildegarda de Bingen y Gregorio Narek). Los doctores de la Iglesia también son en su mayoría pastores, por lo que en este "Común" se remite muchas veces al de Pastores.


Commune Virginum: Para el Común de vírgenes

Se debe emplear en las solemnidades y fiestas de santas vírgenes, (elevadas a esos rangos por razones de titularidad o patrocinio, o por ser fundadoras), y puede emplearse en sus memorias. También cuando se desee celebrar a una o más de ellas inscriptas en el Martirologio. Hay textos especiales para cuando, aparte de ser vírgenes, hayan sido mártires.


Commune sanctorum et sanctarum: Para el Común de santos y santas

Esta categoría, que incluye a todos los santos y santas que no integren las anteriores, se divide en subcategorías:

I Pro omnibus sanctorum ordinibus: Para todos los santos en general

a) Pro pluribus sanctis: Para muchos santos (cuatro formularios)
b) Pro un sancto: Para un santo (dos formularios)

II Pro monachis et religiosis: Para monjes y religiosos

  a) Pro abbate: Para un abad (o abadesa)
  b) Pro monacho: Para un monje
  c) Pro moniali: Para una religiosa
  d) Pro religiosis: Para (varios) religiosos (dos formularios)

III Pro iis quo opera misericordiae exercuerunt: Para aquellos que se han ejercitado en las obras de misericordia (varones o mujeres)

IV Pro educatoribus: Para educadores (varones o mujeres)

Pro sanctis mulieribus: Para santas mujeres (dos formularios)


En síntesis, cada santo o beato del Martirologio Romano se puede inscribir en alguna/s de esta/s categoría/s cuando, de acuerdo con lo dicho antes, se deba o se quiera celebrar de manera más propia, con textos bíblicos y eucológicos, en los días feriales. Esto es válido no solamente para la Misa sino también para la Liturgia de las Horas.


30 de agosto de 2019, en Latinoamérica, fiesta de la patrona de esta región, santa Rosa de Lima, virgen. (En el Calendario Romano general se inscribe el 23 de agosto).
Entrada dedicada a ella.

domingo, 14 de junio de 2020

Títulos de los santos en el Calendario Romano General




 
Introducción

El constante aumento del número de beatos y santos a los que la Iglesia rinde culto oficial, se puede apreciar en las páginas del Martirologio Romano y de su Apéndice. Solamente algunos de estos nombres se inscriben en el Calendario Romano General, y por lo tanto, en los libros litúrgicos correspondientes (Misal, Liturgia de las Horas). En la edición local de estos mismos libros, las iglesias particulares añaden  otros santos y beatos, peculiarmente ligados a ellas, y cuya celebración se rige por normas propias.

Al lado de sus nombres, desde antiguo, se han añadido "títulos" que permitían identificarlos más claramente e individualizar su camino de santidad. Así, estaban los que habían derramado su sangre por Cristo (es decir, los "mártires", que eran, fuera de los justos del Antiguo y del Nuevo Testamento, los únicos a los que la Iglesia rendía culto al principio). Con el tiempo, se incluyeron los no mártires, y se aclaraba si habían recibido o no algún grado del sacramento del Orden y cuál era él, cuando lo hubo, o alguna cualidad que los identificara a partir del estado de vida (o los sucesivos estados de vida) en que se había fraguado su santidad.

En el Martirologio, desde siempre, los títulos suelen ser más variados y extensos, a modo de apelativos. En cambio, en los otros libros mencionados, y en la Calendario Romano general, a partir del que se rigen aquellos, se expresan con más concisión.


 


Tema de la entrada
 

En esta entrada, abordaremos por tanto, el tema de dichos títulos en el Calendario Romano General (y por tanto, en los libros litúrgicos), antes (a) y después (b) de la reforma del Concilio Vaticano II.

Sería casi imposible la exposición del tema sin una constante referencia al concepto litúrgico de "Común", al que remitimos, pues ya se desarrolló en otra entrada de este mismo blog.

Efectivamente, hasta la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, los títulos colocados al lado de los nombres de los santos (y beatos) eran más variados y numerosos que en la actualidad. A la luz de ellos, y visto el número siempre creciente de canonizaciones, ya en el Misal de san Pío V, y como resultado de un proceso que se había iniciado tiempo antes, se añadió un capítulo aparte con el nombre de "Común". Aquí se agrupaban formularios genéricos de Misas para diversas categorías de santos, habida cuenta de la imposibilidad de que cada uno contase con un formulario propio.

A continuación, se presenta una lista de los títulos vigentes hasta la mentada reforma litúrgica, y luego, los cambios que se produjeron a la luz de los nuevos lineamientos que de ella emanaron. Es necesario aclarar que tales cambios no se producían siempre de un día para el otro sino que a veces se iban realizando paulatinamente.





a) Los "títulos" de los santos en los formularios de Misas de los libros litúrgicos preconciliares

"Papas": se refiere a los santos Pontífices Romanos.

La especificidad del Ministerio del Sucesor de Pedro, había alertado sobre la necesidad de crear un "Común de un santo Sumo Pontífice", exclusivo de los legítimos Vicarios de Cristo. Atenta a esto, la Sagrada Congregación de Ritos creó un formulario para el referido "Común" y lo hizo público con un Decreto el 9 de enero de 1942. Se trata de la Misa Si diligis.

"Mártires": se refieren, como se dijo más arriba, a los santos que dieron testimonio de Cristo hasta el derramamiento de la propia sangre en nombre de Él.

La categoría de los "Mártires" realiza la siguiente distinción:

  -"santo mártir obispo" ("pontífice" es otro modo de llamar a los obispos, para distinguirlos del "Sumo Pontífice", Obispo de Roma). Misas Statuit y Sacerdotes Dei.
  -"santo mártir no obispo" (o "no pontífice", en alusión a que el bienaventurado no había recibido la plenitud del Sacerdocio de Cristo): Misas In virtute tua y Laetabitur.
  -"varios mártires": Misas Intret, Sapientiam y Salus autem.
  -"un santo mártir en Tiempo Pascual": Misa Protexisti.
  -"varios santos mártires en Tiempo Pascual": Misa Sancti tui.
  
"Confesores": se refiere a los santos que dieron testimonio de Cristo, soportando todo tipo de adversidades en su Nombre, pero que no llegaron al testimonio supremo del derramamiento de la propia sangre.
Para profundizar sobre el origen y evolución del concepto litúrgico de "confesor", ver aquí.

La categoría de los "Confesores" realiza la siguiente distinción:

 -"santo confesor obispo" (pontífice): Misas Statuit y Sacerdotes tui.
 -"santo doctor de la Iglesia": el elenco, siempre abierto, aunque finito y por demás selecto, de "doctores de la Iglesia", hizo ver la necesidad de un "Común" para ellos. Misa In medio.
 -"santo confesor no obispo" (no pontífice sino sacerdote, religioso o laico): Misas Os iusti y Iustus ut palma.
 -"santo abad": se refiere a los santos superiores de abadías; son confesores no obispos.

"Vírgenes": se refiere a aquellas mujeres santas que preservaron intacto su cuerpo (y su alma) por amor a Cristo, el Divino Esposo.

La categoría de las "Vírgenes" realiza la siguiente distinción:

  -"santa virgen y mártir": Misas Loquebar y Me expectaverunt.
  -"varias santas vírgenes y mártires": Misa Me expectaverunt.
  -"santa virgen no mártir": Misas Dilexisti y Vultum tuum.

 "Mujeres": se refiere a las hijas de Dios no vírgenes, mártires o no, canonizadas.

La categoría de las "Santas Mujeres" realiza la siguiente distinción:

  -"santa mujer mártir no virgen": Misa Me expectaverunt.
 -"santa mujer ni mártir ni virgen": si esta era una "viuda", se especificaba tal estado, por la importancia que las viudas tenían desde los orígenes del cristianismo. Misa Cognovi.

Como puede advertirse, muchos de los títulos de los santos podían combinarse con otros. Así se mencionaba, por ejemplo, a alguien que era, a la vez, "diácono, confesor y doctor", (como Efrén); u "obispo y mártir", (como Blas, Bonifacio y otros).

En síntesis, aparte de la Virgen María con sus distintos títulos, advocaciones y prerrogativas, se mencionaba los nombres de los santos, acompañados de uno o más de estos títulos posibles: 

Santos bíblicos (de todos los tiempos): arcángel, ángel; (del Antiguo Testamento): patriarcas, profetas; (del Nuevo Testamento): apóstoles, -evangelistas-, discípulos del Señor.

1. Papa, 2. obispo (mártir o confesor); 3. sacerdote no mártir, al que se llamaba simplemente "confesor", como a todos los santos varones no mártires; 4. mártir/mártires; 5. abad; 6. virgen/vírgenes; 7. viuda. 

A algunos santos bíblicos, cuando era necesario porque respondía a la realidad, se les añadía también alguno de los títulos numerados. Así, por ejemplo, a santos bíblicos como Moisés, aparte de "profeta", en algunos Misales, se le agregaba la palabra "confesor"; Timoteo y Tito (que antes se celebraban por separado), era cada uno presentado como "obispo" y "confesor".

Si se realiza una pesquisa, no es raro encontrar en Misales preconciliares títulos más sugestivos, distintos de los considerados arriba. Por ejemplo, "rey" (Luis, Esteban, Canuto); "reina" (Margarita de Escocia), "emperador" (Enrique); "fundador" (Ignacio de Loyola, Benito).

Algunos títulos a veces suelen emplearse como sinónimos "ermitaño" (Pablo de Tebaida); "anacoreta" (Simón, el Estilita); "eremita" (Jerónimo). Curiosidad: en el Calendario Romano General vigente, san Francisco de Paula, fundador de la Orden de los Mínimos, es el único santo que conserva el título de "eremita". (Eremitae, figura en el genitivo del original en latín). Su memoria litúrgica (o "conmemoración", según el tiempo) es el 2/4.

Hay títulos que, por su exclusividad, solo se colocaban en referencia a determinados santos, los únicos que los ostentaron: "Esposo de la Santísima Virgen María y Patrono de la Iglesia Universal" (José de Nazaret); "Natividad" y "Degollación" (hoy "martirio" o "pasión" de san Juan Bautista, "Precursor del Señor"); "padre" o "madre" de la Santísima Virgen (Joaquín y Ana, respectivamente; hoy, juntos, "padres..."); ocurre lo mismo con los "padres de san Juan Bautista (Zacarías e Isabel). (una curiosidad; también actualmente, en algunos calendarios particulares, cuando corresponde, se especifica de un laico o laica: "padre", "madre" de familia); "madre del Emperador Constantino" o "emperatriz" (Elena); "emperador" (Enrique); "protomártir" (Esteban); "archidiácono" (Lorenzo); "penitente" o "matrona" (María Magdalena); "resucitado" (Lázaro); "hospederos" (del Señor: Marta, María y Lázaro de Betania).




b) Los "títulos" de los santos en los formularios de Misas de los libros litúrgicos posconciliares

La mentada reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, dada la proliferación de títulos de santos, vio la necesidad de sistematizarlos y reducirlos, conservando algunos, suprimiendo otros, o creando otros más precisos o abarcativos.

 
Los que se conservan:

Hay que tener en cuenta que el Martirologio Romano, al realizar una breve descripción de cada santo en su dies natalis, en el escueto texto de ella suele incluir tal o cual título que pueden no reproducir los otros libros litúrgicos, o porque ha caído en desuso o simplemente porque aquel libro no hace memoria de ciertos santos en el Calendario Romano General. (Ejemplo: san Melquisedec, "rey" de Salem).

1. "Ángel", "Arcángel": no hizo necesario cambiar estos títulos porque el primero, en el Calendario Romano General solamente se emplea en plural una vez al año, el 2 de octubre, memoria litúrgica de los santos "angeles" custodios. Lo mismo vale para el segundo, el 29 de septiembre, con motivo de la fiesta de los santos "arcángeles" Miguel, Gabriel y Rafael.

2. "Patriarcas": en el Calendario Romano General actual no hay ninguna celebración de ellos (si se exceptúan las de los dos más gloriosos santos varones de la historia, fuera de Cristo: san José -con el título exclusivo de "Esposo de la Santísima Virgen", y de "Patrono de la Iglesia Universal" y san Juan Bautista (de quien se celebran su milagroso Nacimiento y su glorioso Martirio), los cuales poseen formularios propios para la Misa y la Liturgia de las Horas). En algunos de los Calendarios Romanos previos a la reforma tridentina, sí figuraban juntos los santos Abraham, Isaac y Jacob, patriarcas, con fecha del 6 de octubre.

3. "Profetas": tampoco hay celebración alguna de ellos en el Calendario Romano General actual.
Por tal razón, estos títulos se conservan solamente en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de determinadas regiones y en las Órdenes que rindan culto a algún santo patriarca o profeta, como por ejemplo, la Orden de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, que celebra a san Elías (20 de julio) y a san Eliseo (14 de junio), santos, por otra parte, ya inscriptos en antiguos calendarios generales, al igual que Oseas y Ageo, que se celebraban el 4 de julio.

4. "Apóstoles" y "evangelistas": los títulos se han conservado por el hecho de referirse a un número concreto y reducido de santos. Cabe aclarar que todos  (menos san Juan) fueron mártires, por lo que jamás fue necesario aclarar que lo habían sido pues era una realidad por todos conocida.
Los nombres de varios profetas eran mencionados en los recién aludidos Calendarios Romanos antiguos. 

5. "Discípulos del Señor": en esta categoría, ausente como título en el Calendario Romano General, se incluyen todos los personajes bíblicos que, sin ser apóstoles, decidieron seguir al Señor, incluidas las santas mujeres de Jerusalén. Nicodemo, José de Arimatea, María Salomé, Juana, Susana, Cleofás, y muchos otros. María Magdalena y Marta, son las únicas de dicha categoría presentes en el Calendario Romano General, pero como gozan de mayor importancia que el resto (sobre todo la primera), son mencionadas en los libros litúrgicos vigentes solamente por el nombre de pila. La Magdalena desde siempre ha ocupado un puesto de relevancia en la liturgia (y más todavía desde que el Papa Francisco elevara el rango litúrgico de su festividad, dotándola de Prefacio propio). Las letanías de los santos también dan cuenta de la importancia de esta santa, colocando su nombre a continuación del de los apóstoles. Más aún, ella misma es llamada "apóstol de apóstoles", que es justamente el título su Prefacio.

6. Mártires: este título tiene una vigencia y una importancia indiscutibles. Incluye a los santos que han confesado a Cristo "hasta el derramamiento de su sangre" de las maneras más diversas que solo la crueldad humana y el odio a la fe pueden llevar a cabo. Se trata de los primeros santos a los que la Iglesia rindió culto oficial. Hay representantes de todas las épocas, lugares, edades y estratos sociales.

7. Doctores: "Doctor" es un título en sí mismo, aplicable exclusivamente a cada uno de los hasta hoy 36 declarados por la Iglesia como tales. Incluye santos varones y desde san Pablo VI, también santas mujeres.

8. Abades: se refiere a los superiores de las abadías. En Calendarios antiguos había muchos de ellos que luego fueron reservados solamente a calendarios particulares (por ejemplo, Hilarión o Mauro, etc; el Calendario vigente en la actualidad conserva los siguientes abades: Antonio, Benito, Romualdo y Bernardo; también menciona a una abadesa, Escolástica, pero la incluye en la categoría de las vírgenes). En los libros litúrgicos se remite al "Común de Santos Varones", para "religiosos", como ocurre con los recién nombrados; en el caso de Bernardo, se puede emplear también el "Común de Doctores", por ostentar este título.

9. Vírgenes:  el concepto permanece inalterable respecto de como se consideraba antes de la reforma litúrgica conciliar. (V. supra).

10. Monje: este título peculiar se conserva exclusivamente para san Cirilo, quien junto con el obispo Metodio, se celebran el mismo día en el Calendario General. Son copatronos de Europa.


11. El título de "Obrero" o "Artesano" (en latín, opificis), se conserva exclusivamente para el Patriarca san José en su peculiar memoria litúrgica del 1° de mayo.


Los que se han suprimido:

1. "Confesores": se consideró un término con cierta vaguedad, ya que, prácticamente, se aplicaba a todos los santos varones no mártires.

2. "Viudas": se prefirió hacerlo más específico (v. infra), aclarando si se trataba de mujeres que hubieran ingresado o no en la vida religiosa luego de enviudar. (Por ejemplo, Brígida, Eduviges, Juana Francisca Fremiot, lo hicieron; pero Mónica, no).

3. Títulos no religiosos

"Rey", "reina", "emperador": se los omitió debido a que esos estados de vida no fueron la causa determinante sino más bien la oportunidad dada por Dios para alcanzar la santidad.

4. Títulos religiosos

-"Sumos Pontífices", "Pontífices" y "no Pontífices": así les llamaba el antiguo "Común" respectivamente a los Vicarios de Cristo, a los demás obispos y a los que no habían recibido la plenitud del sacerdocio como ellos. No obstante, tanto ayer como hoy, al lado de sus nombres, se puntualizaba "Papa" u "obispo", según correspondiese.

-"Fundador": se optó por permitir el empleo de este título en calendarios particulares; en efecto, los frutos de la santidad de los fundadores trascienden ampliamente los límites de la Familia religiosa a la que dieron origen.

Los que se han creado:

1. "Pastores": es un concepto litúrgico perteneciente al actual "Común". Se refiere a aquellos hijos de la Iglesia que tuvieron bajo su cuidado todo el rebaño del Señor, o una porción de él (grande o más pequeña). Incluye, en primer lugar, a los Papas y a los otros obispos -antes Sumos Pontífices y Pontífices, respectivamente-; también a los presbíteros -antes incluidos (junto a muchos otros varones no ordenados) entre los "confesores"-. En los libros litúrgicos actuales, los presbíteros también pueden incluirse dentro de la categoría de los "Santos Varones", en la subcategoría de los "religiosos", si pertenecieron a una familia religiosa. (Sería el caso, por ejemplo, de Pío de Pietrelcina).

Los vocablos "sacerdote" y "presbítero" son empleados indistintamente y con un mismo alcance (varones con el segundo grado del sacerdocio) por los libros litúrgicos de diferentes Conferencias Episcopales. Así, en los libros de Argentina o España, se habla de "presbítero"; en los de Italia, de "sacerdote". Si se atiende al significado que se le quiere dar, parece más preciso el primer vocablo ("presbítero"), ya que "sacerdote", también podría aludir a un obispo. (Hasta el Papa es "sacerdote").

Párrafo particular merecen los "diáconos". Aunque pertenecen al clero, al ser colaboradores de los sacerdotes y obispos, no tienen a su cargo ninguna porción del rebaño del Señor. No pueden, por tanto, ser llamados "Pastores". Sin embargo, los actuales libros litúrgicos, al lado de los nombres de los santos que lo alcanzaron, también conservan este grado del Orden sacerdotal, al igual que los otros dos.

En los libros litúrgicos que se rigen a la luz del Calendario Romano General no hay dificultades a la hora de comprender en qué "Común" inscribir a un diácono porque se celebran muy pocos (cuatro) y porque estos, o gozan del privilegio de poseer suficientes textos propios por el rango litúrgico de su celebración (Esteban, Lorenzo -fiesta-), o porque (como también ocurre con los dos santos recién mencionados, que son "mártires") ostentan otros títulos aparte del de "diácono", que permiten recurrir a los respectivos "Comunes": (Vicente, diácono y "mártir"; Efrén, diácono y "doctor de la Iglesia").


2. Santos varones y santas mujeres (a secas): es el nombre del "Común". Alude a los santos no mártires y también a los santos antes incluidos entre los "No Pontífices", (es decir, ni Papas ni obispos); además, a los que no fueron distinguidos por la Iglesia con el título de "doctores".

En el "Común" de esta categoría se realiza la siguiente triple distinción: los "religiosos" (v. infra*), los santos "que se distinguieron por el ejercicio de obras de misericordia" (como Juan de Dios), y los "educadores" (como Jerónimo Emiliano). Si algún santo se inscribe en determinada categoría de las enumeradas más arriba, pero también puede ser relacionado eminentemente con alguna de estas tres, en el "Común", hay libertad para acudir al "Común" de la primera categoría o al de esta última subcategoría (Por ejemplo, para la virgen Ángela de Mérici: puede emplearse para ella el "Común de Vírgenes" o el de "Santas Mujeres", en la subcategoría de "santos educadores"; para el presbítero Juan Bosco, puede emplearse el "Común de Pastores", "para un presbítero", o el de "Santos Varones", "para educadores").

*Es necesario realizar una aclaración sobre la subcategoría de los "Religiosos", pues hay una precisa distinción entre la aplicación de este nuevo título a varones y a mujeres.

-"Religioso": incluye a santos varones que no hayan recibido la plenitud del sacramento del Orden (esto es, no Papas ni obispos), pero que han pertenecido a alguna congregación. (Luis Gonzaga, Siete santos Fundadores de la Orden de los Siervos de María). Como puede deducirse, los santos presbíteros, (como Camilo de Lelis), no se excluyen de esta categoría, aunque, de acuerdo con lo dicho más arriba, se puedan adscribir también en la de "Santos Pastores".

-"Religiosa": se refiere a santas que, habiendo hecho vida matrimonial, enviudaron y fundaron  (o cofundaron) una Familia religiosa, o bien, a las  que ingresaron en alguna. (Francisca Romana, Isabel de Portugal, Rita de Casia).

A excepción de los religiosos y religiosas, a continuación de cuyo nombre siempre se aclara cuando lo son, de los demás santos varones y santas mujeres, en los libros litúrgicos oficiales de la Iglesia, se escribe el nombre del santo a secas, sin ningún título al lado. (Son ejemplos: Luis, Mónica, Isabel de Hungría, Juan Diego Cuauhtlatoatzin). Queda a salvo la facultad concedida a calendarios particulares de añadir otros nuevos títulos o conservar antiguos, con la debida aprobación de la Santa Sede en cada caso.


14 de junio de 2020, solemnidad del Santísimo Cuerpo y de la Preciosísima Sangre de Cristo.
Entrada dedicada a Jesús Eucaristía.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Santos del Antiguo Testamento: liturgia y piedad


Santos Antepasados de Cristo 



El culto y la invocación a los santos del Antiguo Testamento, aunque no esté tan difundido como el de los del Nuevo,  es una antorcha luminosa que los católicos hemos recibido del devoto pueblo de Israel. Los textos bíblicos de la liturgia católica mantienen siempre encendida esa antorcha. Pero muchos eucológicos también. No es el objetivo de esta entrada realizar una recopilación de cada uno de ellos, sino demostrar, con algunos ejemplos de las piezas eucológicas, la perenne actualidad del culto en cuestión.


Santa Misa

En la misma Misa, Acto Supremo del culto debido a Dios, la liturgia hace memoria nominal de  Abel, Abraham y Melquisedec (Cf. Canon Romano o Plegaria Eucarística I). Sería de desear que hubiera un "Común de Patriarcas" y otro de Profetas en el Misal Romano, a los efectos de poder celebrar a los santos que precedieron a la primera Venida del Señor. Quizás la ausencia  de este "Común" se deba a que no hay en el Calendario general festividades dedicadas a ellos (si exceptuamos, por supuesto, a los antepasados inmediatos -y por lo tanto, también coetáneos- de Jesús, como José, Juan Bautista, Joaquín y Ana). No obstante, la mayoría de aquellos bienaventurados ancestros de Cristo sí están inscriptos en el Martyrologium Romanum vigente, por lo que, según las normas de la Iglesia, pueden ser litúrgicamente celebrados en el día que allí se les ha asignado, si no está impedido.
Las Misas propias de algunas Órdenes religiosas poseen textos litúrgicos de santos del Antiguo Testamento. Precioso es, por dar un ejemplo, el Prefacio carmelita del santo profeta Elías, celebrado cada 20 de julio por la Orden.


Liturgia de las Horas

Numerosos textos patrísticos del Oficio, y en algunos himnos y preces, la Liturgia de las Horas de la solemnidad de Todos los Santos y la de otros días litúrgicos, hacen mención de las diversas categorías de santos, refiriéndose puntualmente a los Patriarcas y Profetas, y mencionando sus nombres en muchos casos. Al ser presentados como bienaventurados, se les está tributando de manera implícita el culto de dulía, que es el que corresponde a los santos.
Los Cánticos evangélicos de las Horas litúrgicas centrales, Benedictus y Magnificat, aluden de manera particular a los elegidos que precedieron al Señor: el primero alude a los "santos profetas", y nombra explícitamente "a nuestro padre Abraham". El segundo se refiere igualmente a "Abraham y su descendencia".


Letanías

En muchos de los diversos formularios de letanías de los santos se hace más inmediatamente patente que en otros textos el culto a los bienaventurados del Antiguo Testamento.
Las forma extensa de las Letanías de los santos aparte de contar con una invocación a Abraham, tiene otra a Moisés, y otra a Elías, seguida de los siempre infaltables José y Juan Bautista, y de las genéricas:"Santos Patriarcas" y "Santos Profetas". Cabe aclarar que el santo Patriarca José de Nazaret, Esposo de María , padre adoptivo de Cristo y patrono universal de la Iglesia, es el más excelso de los patriarcas; a su vez, san Juan Bautista, Precursor del Mesías, es el miembro más eximio de los profetas, el más grande de ellos. Son estos dos santos como los "anillos" que enlazan el Antiguo con el Nuevo Testamento; efectivamente, ellos pertenecen a ambos. (Esto último también puede decirse de los padres de la Santísima Virgen, a los que la Tradición atribuye los nombres de Joaquín y Ana; de los padres del recién mencionado Precursor Juan: Zacarías e Isabel; y de los santos profetas Simeón y Ana).
El rito de la "Recomendación del alma" de los agonizantes, en sus letanías propias, menciona a Abel, que es el protomártir de la humanidad; también a Abraham, y, de un modo genérico, al "Coro de los Justos", Las letanías lauretanas, por su parte, invocan a María como Regina Patriarcarum y Regina Prophetarum.
Las Órdenes o Familias  religiosas, como es fácil de suponer, incluyen en sus letanías a aquellos santos del Antiguo Testamento que pudieren estar ligados particularmente a ellas. Por ejemplo, los carmelitas, en sus letanías invocan a Elías y a Eliseo. La Familia Paulina, fundada por el beato Santiago Alberione, por su parte, ha querido hacer un lugar en sus letanías para tres santos profetas: Moisés, Isaías y David. (Cf. "Letanías por la formación de los promotores de los medios de la comunicación social").

Una antigua collectio de oraciones, el Fasciculus Sacrarum Orationum et Litaniarum ad usum quotidianum Christiani hominis, ex sanctis Scripturis et Patribus collectus, de 1612, contiene un formulario de letanías a los santos Patriarcas y Profetas, cuyos nombres bíblicos recoge.


Martirologio Romano

Como se dijo más arriba, la gran mayoría de los santos del Antiguo Testamento, entre los que descuellan los Patriarcas y Profetas, tiene asignada una fecha en el Martirologio Romano, y pueden ser litúrgicamente celebrados como cualquier otro santo. A título de ejemplo, san Melquisedec se ha fijado el 26 de agosto; san David, el 29 de diciembre; los santos padres del Bautista, el 23 de septiembre; y hasta los Magos de Oriente -por ser también considerados santos- cuentan con una conmemoración propia, el 24 de julio, día del traslado de sus reliquias. Los santos Macabeos, que en el Calendario litúrgico preconciliar eran celebrados el 1° de agosto, actualmente figuran igual día en el Martirologio.
En este mismo libro litúrgico, en la sugestiva y entrañable fecha del 24 de diciembre, se hace una "Comnmemoración de todos los santos Antepasados del Señor". 
A modo ilustrativo, me complace recordar la peculiar celebración jubilar presidida por san Juan Pablo II el 23 de febrero del Año Santo 2000: "Conmemoración de Abraham, padre de todos los creyentes", en la que también se hizo memoria de otros justos veterotestamentarios. 


Lugares sagrados

Los lugares sagrados también son un testimonio vivo del culto a los santos del Antiguo Testamento, cuyos nombres llevan. Consignemos unos pocos ejemplos:
Venecia es célebre por iglesias como las dedicadas a Moisés, Jeremías, Simeón y Zacarías.

En Irán, hay una iglesia dedicada a san Abraham.

En Amsterdan, Holanda, hay una iglesia dedicada a Moisés y Aarón.

En San Petesburgo, Rusia, hay una iglesia dedicada a los santos profetas Simeón y Ana.


Otros textos litúrgicos y piadosos

Hay numerosos textos litúrgicos  y piadosos que mencionan a los santos del Antiguo Testamento, de acuerdo con las circunstancias y las finalidades para las que han sido compuestos. Sirvámonos de un solo ejemplo, de entre los numerosos que podemos encontrar: el Bendicional, en la "Bendición de los que van a emprender un viaje", posee dos oraciones, una de las cuales nombra explícitamente a Abraham y otra a Moisés. (Cf. nn. 504, 505). Claro está que en esas y otras oraciones, no se está invocando directamente a los santos aludidos, pero sí se puntualiza la participación específica que les cupo (y cabe, por aquello de la perenne actualidad de la liturgia) en la historia de la salvación.


24 de diciembre de 2017, Domingo IV de Adviento.
Conmemoración de los santos Antepasados del Señor.
Vigilia de la solemnidad de la Natividad del Señor.
Entrada dedicada al Mesías, a la Virgen María, al Patriarca san José, y a todos los santos del Antiguo Testamento.