Buscar este blog



domingo, 18 de enero de 2026

Consultas litúrgicas XIII: Domingos del tiempo Ordinario: ¿solemnidades?

 


S. S. León XIV 


Pregunta:


Los domingos del tiempo Ordinario, ¿pueden ser considerados "solemnidades"? 

Son presentados como tales en algunas páginas católicas reconocidas, como aquella de la que he realizado la captura que aquí comparto:








Respuesta:


Absolutamente no. El rito romano ha definido muy bien cuántas y cuáles son las solemnidades del Calendario general. Este contiene una "Tabla de los días litúrgicos dispuesta según el orden de precedencias", en la cual los domingos del tiempo Ordinario (o "durante el año") son de grado inferior (n. 6) que las solemnidades (n. 3).


Profundización de la respuesta:


Quizás la razón para identificar erróneamente dichos domingos con las solemnidades se deba a las semejanzas litúrgicas que hay que entre los dos. En la Misa, por ejemplo, en ambos se proclaman dos lecturas antes del Evangelio, y son obligatorios el Gloria y el Credo, aparte de la Oración de los fieles. Algunas solemnidades se celebran siempre el domingo, o pueden trasladarse a él. Las de precepto que tienen fecha fija no pueden transferirse.


Las diferencias son más que las semejanzas. Existen treinta y cuatro semanas en el tiempo Ordinario, pero treinta y tres domingos, pues el primero es suplido por la fiesta del Bautismo del Señor, que se incluye en el tiempo navideño. En la última semana, se celebra la solemnidad de Cristo Rey. En cambio, únicamente hay diecisiete solemnidades en el Calendario Romano general: diez referidas al Señor, tres a la Santísima Virgen María y cuatro a los santos, una de las cuales honra a todos estos en general.

Todo domingo es día de precepto, pero no toda solemnidad lo es.

No hay año en que se omita alguna solemnidad, pero sí existen domingos del tiempo Ordinario que ceden su lugar a las solemnidades.


Aclaración sobre los domingos de tiempos extraordinarios (Adviento, Cuaresma y Pascua): tienen prioridad frente a las solemnidades y no ceden ante ninguna, salvo expresa concesión de la Sede Apostólica. No ocurre lo mismo con los domingos de los tiempos Ordinario y de Navidad, que también ceden ante las fiestas del Señor.



18 de enero de 2026, domingo II del tiempo Ordinario.
Entrada dedicada a Jesucristo, Cordero de Dios.


sábado, 17 de enero de 2026

"Gozos" en honor de san Antonio abad




Los siguientes son los "Gozos" en honor de san Antonio abad, venerado en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en Chert:



Bendito y sagrado Antonio

Excelente confesor.

Defendednos del demonio,

de fuego, mal y dolor.


Elegís vida en desierto

reformando la religión

y sois de virtud ejemplo

en ayunos y oraciones,

tanto que sois transformado

en el divinal Amor.


Defendednos del demonio...


Por vos, hizo Dios milagros

aprobándoos por santo,

alabando vuestras obras

que son del infierno espanto.

De toda la cristiandad

os preciáis ser protector.


Defendednos del demonio...


Siempre fuisteis vivo templo

de Cristo, Dios infinito,

y de virtud claro ejemplo

como de Vos está escrito,

Elías en castidad,

de Cristo sois celador.


Defendednos del demonio...


Guardando los mandamientos

alcanzáis grande virtud,

y por tu merecimiento,

lográis la beatitud.

Siempre andáis mortificado

del Juicio por temor.


Defendednos del demonio...


V. Rogad por nosotros bienaventurado San Antonio.

R. Para que nos veamos libres de todo pecado y enfermedad.


Oración 


"Señor y Dios nuestro que llamaste al desierto a San Antonio Abad para que te sirviera con una vida santa, concédenos por su intercesión que sepamos negarnos a nosotros mismos para amarte a ti siempre sobre todas las cosas. Por Jesucristo Nuestro Señor".


Fuente: http://www.chert.org




17 de enero de 2026, memoria litúrgica de san Antonio, abad.
Entrada dedicada a él.

sábado, 10 de enero de 2026

Epifanía: un misterio, tres manifestaciones

 




El Misterio supremo de nuestra fe, es el de la Santísima Trinidad, por el que confesamos la única Divinidad en Tres Personas.

Podemos distinguir una interesante analogía con esa Verdad al reflexionar sobre la Epifanía, un solo misterio que se refiere a tres manifestaciones del Dios Uno y Trino, a saber:

La Adoración de los Magos (Mt. 2, 1-12); el Bautismo de Jesús en el río Jordán, cuando el mismo Dios Trinidad se manifiesta -Voz, Paloma, Cristo- (Mt. 3, 13-17; Mc. 1,9-11; Lc. 3, 21-22; Jn. 1, 29-34); y el milagro realizado por Jesús en las Bodas de Caná, en Galilea (Jn. 2, 1-11), que fue el primer "signo" mesiánico con que el Señor manifestó el inicio de su ministerio público.


Esta triple teofanía del único misterio puede advertirse, no en los textos bíblicos y eucológicos de las Misas propias de la Epifanía y su Vigilia, sino en la Liturgia de las Horas de tal solemnidad, que la presenta en ciertos himnos y antífonas. Basten como ejemplo los textos litúrgicos que siguen:






Antífona de Laudes de la solemnidad:

Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque, en el Jordán, Cristo ha lavado los pecados de ella, los magos acuden con regalos a las bodas del Rey y los invitados se alegran por el agua convertida en vino. Aleluya.


Antífona de I y II Vísperas de la solemnidad:


Veneramos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos. Aleluya.



Himno Hostis Herodes, de las I y II Vísperas de la solemnidad (Cf. Liturgia de las Horas en latín):

Cruel tirano Herodes, ¿por qué temes que Cristo venga? 
No usurpa los reinos de la tierra, 
el que viene a dar los celestiales.
 
Iban los Magos siguiendo la estrella 
que les guiaba por su camino; con la luz buscan la Luz 
y con sus dones confiesan a Dios.

El Cordero Divino se lavó en las aguas 
de un río cristalino, y borró los pecados 
que Él nunca contrajo, dejándonos a nosotros limpios.

Una nueva manifestación del poder de Cristo: 
las tinajas de agua se tiñen de rojo, 
pues el agua se transformó cuando se ordenó servir el vino.

Gloria a Ti, Jesús, que te has revelado a los gentiles 
y gloria también al Padre y al Espíritu Santo, 
por los siglos sin término. Amén.

 
Himno de I y II Vísperas de la solemnidad (en algunos países hispanohablantes):


Confiada mira la luz dorada
que a ti hoy llega, Jerusalén:
de tu Mesías ve la alborada
sobre Belén.

El mundo todo ve hoy gozoso
la luz divina sobre Israel;
la estrella muestra al prodigioso
rey Emmanuel.

Ya los tres magos, desde el Oriente,
la estrella viendo, van de ella en pos;
dan sus primicias de amor ferviente
al niño Dios.

Ofrenda de oro que es Rey declara,
incienso ofrece a Dios su olor,
predice mirra muerte preclara,
pasión, dolor.

La voz del Padre, Cristo, te llama
su predilecto, sobre el Jordán.
Dios en los hombres hoy te proclama
valiente Juan.

Virtud divina resplandecía
del que del agua vino sacó,
cuando el anuncio de Eucaristía
Caná bebió.

A darte gloria, Señor, invita
la luz que al hombre viniste a dar,
luz que nos trae gloria infinita
de amor sin par. Amén.



10 de enero de 2026, en las I Vísperas de la fiesta del Bautismo del Señor.
Entrada dedicada a la Santísima Trinidad, a María y José, a Juan Bautista, a los apóstoles y a los Magos orientales.

martes, 6 de enero de 2026

"Gozos en alabanza de los Santos Reyes"




He aquí dos formularios de "Gozos" a los santos Magos orientales. El primero de ellos corresponde a la Iglesia del Pino, en Villalonga (Valencia, España), donde son venerados; y el segundo, forma parte de una novena dedicada a ellos, tomada del Manual de Filotea del Canónigo Giuseppe Riva, Penitenciario de la Catedral de Milán:


I


"Oh, Estrella de la mañana, 

Virgen bella, gran María,

sed nuestra luz, nuestra guía,

para hallar al Salvador.


Así como a los tres Reyes

los guió desde el Oriente 

un nuevo Astro refulgente,

con su extraño resplandor.


Oh, Estrella de la mañana...


Luego que ellos observaron 

sus portentosos reflejos, 

se previenen desde lejos

para adorar al Señor.


Oh, Estrella de la mañana...


Como prácticos que eran

en sabia astronomía,

buscan nacido al Mesías 

y encuentran al Redentor.


Oh, Estrella de la mañana...


Sin detenerse un instante 

emprenden el gran camino,

siguiendo de su destino 

el impulso superior.


Oh, Estrella de la mañana...


Ricos dones aperciben,

cargan sus fuertes camellos,

y de su fe, siguen ellos 

los impulsos sin temor.


Oh, Estrella de la mañana...


El astro desaparece,

pero nunca desfallece

de su designio el ardor.


Oh, Estrella de la mañana...


Cuando de allí se separan, 

su luz vuelve a iluminarlos,

y a Belén encaminarlos,

fijando allá su fulgor.


Oh, Estrella de la mañana...


En trece días consiguen 

el llegar a su destino:

¡Oh, qué próspero camino!

¡Oh, qué dicha, qué favor!


Oh, Estrella de la mañana...


Llegan, por fin, a la cueva

donde Jesús se albergaba 

y su centro llenaba

de un asombroso esplendor.


Oh, Estrella de la mañana...


Allí, postrados en tierra,

con entrañable cariño,

rinden al sagrado Niño

todo su obsequio y amor.


Oh, Estrella de la mañana...


La Madre, divina Madre, 

con indecible ternura,

de tan singular ventura, 

les asegura el honor.


Oh, Estrella de la mañana...


Oro como a Rey le ofrecen,

como a Dios, incienso puro,

y como a Hombre en tal apuro, 

de la mirra el rico humor.


Oh, Estrella de la mañana...


Después, por otro camino,

vuelven a su patrio suelo, 

y eluden, propicio el Cielo, 

de Herodes el vil furor.


Oh, Estrella de la mañana...


Este Templo, consagrado 

por sabias antiguas leyes,

a la Virgen de los Reyes, 

os venera con fervor.


Oh, Estrella de la mañana...


Escuchad nuestros clamores,

en esta Iglesia del Pino.

Dirigid nuestros caminos, 

Gaspar, Baltasar, Melchor.


Oh, Estrella de la mañana...


V. Los reyes de Tarsis y de las islas vienen con regalos.


R. Los reyes de Arabia y de Saba le ofrecen sus dones.


Oración conclusiva


"Dios, que en este día, revelaste a los gentiles tu Unigénito, conducidos por una estrella, concédenos propicio que los que ya te hemos conocido por la fe, podamos contemplar la hermosura celestial de tu Rostro. Por el mismo Cristo, nuestro Señor.





II



Pues hoy como un Astro,
Con regio esplendor,
Tres Sabios conduce
De Oriente el Amor,
Guiando sus luces
A la Cuna del Sol:
Venid, y adoremos
Al Sumo Hacedor.

Venid, y veremos
Cómo llegan hoy
Leyendo con su Estrella
La Cifra mayor,
Que en luces contiene
Enigmas de Amores:
Venid, y adoremos
Al Sumo Hacedor.

Venid, y veremos
A un Hombre que es Dios,
A un Reo, que es Juez,
A un Niño el Mayor,
Siendo el holocausto
Nuestro corazón:
Venid, y adoremos
Al Sumo Hacedor.

Veréis en mantillas
Al fuerte Sansón,
Al sabio Moisés
Y al puro Jacob:
Si queréis pasmaros
Con la adoración:
Venid, y adoremos
Al Sumo Hacedor.

Veréis, que estos Sabios
A ver el primor
De Oriente vienen
Al Oriente del Sol;
Si apenas nacido
Se ostenta el mayor:
Venid, y adoremos
Al Sumo Hacedor.

Postrados le adoran
Por Dios y Señor,
Humillan sus cetros
A un Rey superior:
Y así, pues, hallaron
El premio en su amor:
Venid, y adoremos
Al Sumo Hacedor.

Los dones que ofrecen
En mística unión,
El Oro, el Incienso,
Y la Mirra son:
Ya, pues, que le explican
Hombre, Rey y Dios:
Venid, y adoremos
Al Sumo Hacedor.

Después ilustrados
Del Divino Sol,
A su reino vuelven
Por otra región;
Y así pues, Herodes
Burlado quedó:
Venid, y adoremos
Al Sumo Hacedor.

Venid, y llevemos
Por más grato don,
Perfumes de afectos
En místico ardor,
Y así transformados
En dulce pasión:
Venid, y adoremos
Al Sumo Hacedor.

Y pues, Reyes Sacros,
Gloriosos en Dios,
El premio lográis
Del Colegio mayor,
Logremos su ciencia,
Y en su imitación:
Venid, y adoremos
Al Sumo Hacedor.


Oración a los Santos Reyes


¡Oh, Santos Reyes, que desde el Oriente supisteis encontrar en el Cielo el camino de Belén!, alcanzadnos de aquel Niño Divino que adorasteis primero, el vernos libres de las hechicerías de la falsa ciencia, para que, a través del conocimiento de los cielos, los mares y la tierra, y de todo lo que hay en ellos, alcancemos al que lo creó todo de la nada, para facilitar el camino de la salvación a todos, y así poder ofrecer el fruto de nuestro saber, como oro al Rey de reyes y como incienso y mirra al Dios y hombre verdadero. Amén.


Oración conclusiva 


¡Oh, Jesús! Os reconocemos por Rey Universal. Todo cuanto existe ha sido creado por Vos. Ejerced sobre nosotros todos vuestros derechos. Renovamos las promesas del bautismo, renunciado a Satanás, a sus seducciones y a sus obras; y prometemos vivir como buen cristiano. Muy especialmente nos comprometemos a procurar, según nuestros medios, el triunfo de los derechos de Dios y de tu Iglesia. Divino Corazón de Jesús, os ofrecemos nuestras pobres obras, para conseguir que todos los corazones reconozcan vuestra sagrada Realeza y para que así se establezca en todo el mundo el Reino de la verdad y de la vida, el Reino de la gracia y de la santidad, el Reino de la justicia, del amor y de la paz. Amén.



6 de enero de 2026, solemnidad de la Epifanía del Señor.
Cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro por Su Santidad León XIV y conclusión del Jubileo ordinario de la esperanza.
Entrada dedicada al Santo Padre León XIV.

Hitos del Jubileo 2025

 

Jubileo (Puerta Santa)



El Jubileo ordinario de la esperanza, fue convocado oficialmente por el Papa Francisco, en la solemnidad de la Ascensión del Señor del año 2024, mediante la Bula de indicción Spes non confundit. Lo inauguró el mismo Pontífice en la Nochebuena de dicho año, con el rito de Apertura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro.
Fue concluido el 6 de enero de 2026, con el rito de Cierre de esa Puerta, llevado a cabo por el Sumo Pontífice León XIV.

Repasemos solamente algunos de los acontecimientos extraordinarios que ya han pasado a la historia como hitos del Año Santo del primer cuarto de siglo del Milenio:

+Muerte sorpresiva del Papa Francisco, un día después de la Pascua de Resurrección y  elección inesperada del Papa León XIV:

+Clausura del Año Santo por un Pontífice distinto de aquel que lo inauguró, hecho que ocurre por segunda vez en la historia.

+Año de tres Bendiciones Urbi et Orbi, como todos aquellos en los que se elige un Papa (día de la elección, Navidad y Pascua), 

Hay excepciones de otros dos años en los que se impartió tres veces la Urbi et Orbi: una, en la llamada "noche del Milenio", en el paso de 1999 a 2000, cuando san Juan Pablo II quiso impartir dicha Bendición por la singularidad del acontecimiento; otra, el 27 de marzo de 2020, cuando el Papa Francisco, en plena pandemia -y con motivo de ella-, quiso impartir la misma Bendición que pronunciaría pocos días después, el Domingo de Pascua.

+Funeral del Papa Francisco en la Plaza de San Pedro y cortejo fúnebre hacia Santa María la Mayor, donde fue inhumado, según había sido su voluntad.

+Numerosas celebraciones jubilares, muchas de las que, por el deceso del Papa, debieron ser trasladadas de fecha, como la del mundo del trabajo; o modificadas en su estructura, como la de los adolescentes, en la que iba a ser canonizado el influencer Carlo Acutis: se conservó la celebración de la Misa en la fecha original (Domingo de la Divina Misericordia, 27 de abril), pero sin la canonización prevista, a causa de la vacancia de la Sede Apostólica. Los niños, que llegaron a Roma para celebrar su Jubileo con el Papa, se encontraron con los funerales de él.

+Jubileo de los jóvenes: Su Santidad León celebra la Misa más multitudinaria del Año Santo, con más de un millón de asistentes, en el Campus universitario de Tor Vergata, en las afueras de Roma, un cuarto de siglo antes, en el umbral del Tercer Milenio, san Juan Pablo II había presidido la histórica Eucaristía jubilar de la XV Jornada Mundial de la Juventud, aún más multitudinaria. Una alta cruz de madera erigida entonces, aún hoy permanece como testigo silencioso de ambos Jubileos: el de la Encarnación (Año Santo 2000) y el de la Esperanza (Año Santo 2025). En agosto, un Papa octogenario presidió el primero; y, veinticinco años después, también en agosto, un Papa que el mes siguiente sería septuagenario, presidió el segundo.

+Quedará en nosotros descubrir los acontecimientos personales, familiares y comunitarios que han jalonado nuestra vida de "peregrinos de esperanza", en este inolvidable Año Jubilar.

A Jesucristo, Puerta Santa hacia la eternidad, la alabanza y la gloria, junto con su Eterno Padre y el Espíritu de la Verdad, por los siglos eternos. Amén.



6 de enero de 2026, día de la Clausura del Jubileo de la esperanza., mediante el rito del Cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, llevado a cabo por el Sumo Pontífice León XIV.
Entrada dedicada a él, 267° Sucesor de San Pedro.


lunes, 5 de enero de 2026

Etapas y "subtiempos" litúrgicos

 





En la liturgia romana, el calendario consta de dos ciclos: el santoral y el temporal. El primero, como puede deducirse, se refiere a las celebraciones de los santos, la mayoría de las cuales tienen una fecha fija en nuestro calendario civil.


El ciclo temporal, en cambio, organiza el año litúrgico en dos grandes partes (Encarnación/Navidad y Redención/Pascua), organizadas en cuatro tiempos, a saber: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua. Por otro lado, el tiempo Ordinario, que completa dicho año litúrgico, distribuido en dos periodos, separa, en el primero, el tiempo natalicio del tiempo cuaresmal; y en el segundo, el tiempo pascual del de Adviento.

Cada uno de los cinco tiempos mencionados tiene características propias. En el párrafo anterior, se puede profundizar haciendo clic en ellos, en los cuales, por otra parte, es interesante distinguir entre etapas y "subtiempos". Es lo que vamos a desarrollar sucintamente en esta entrada.



Etapas


Llamamos "etapas" a los matices temáticos que pueden distinguirse dentro de cada tiempo, por medio de características litúrgicas notablemente marcadas.


En el tiempo de Adviento, que comienza con la Vigilia de Navidad, en la tarde del 24 de diciembre, y finaliza con la fiesta del Bautismo del Señor, hay dos etapas claramente definidas: la primera (hasta el 16 de diciembre), cuyos textos litúrgicos se centran en la temática de la última Venida del Señor (Parusía); la segunda, entre el 17 y el 24, es una invitación a contemplar con los ojos de la fe los acontecimientos que precedieron inmediatamente a su primera Venida (Navidad).


En el tiempo de Navidad, que se inicia con la Vigilia de la homónima solemnidad y concluye con la fiesta del Bautismo del Señor, también se distinguen dos etapas: los días privilegiados de la infraoctava, en la primera semana; y los posteriores, que son las ferias entre el 2 de enero y el Bautismo del Señor. Estas dos etapas señalan el grado decreciente de intensidad en la celebración del Misterio del Nacimiento de Cristo.


En el tiempo de Cuaresma, que se inicia el Miércoles de Ceniza y concluye el Jueves Santo, antes de la Misa In Cena Domini, podemos distinguir una primera etapa hasta la Semana Santa, y la segunda, con los días de esta hasta el inicio del Triduo Pascual (cf. supra). En la primera, la liturgia despliega ante nuestros ojos los acontecimientos principales del misterio de la redención, a la luz de las profecías del Nuevo Testamento. La Semana Santa nos invita a contemplar directamente la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, sobre todo en el sacro Triduo Pascual. Este, que señala el punto más importante del año, para la liturgia constituye una única gran Celebración, distribuida entre el Jueves Santo y el Domingo de Resurrección. Funge como bisagra entre el tiempo cuaresmal y el pascual. Comienza con la celebración de la Misa de la Última Cena y concluye con las segundas Vísperas del Domingo de Pascua. Es ilustrativo advertir que hay una intersección entre el Triduo y el tiempo pascual, pero no la hay entre aquel y el tiempo de Cuaresma.


Este mismo tiempo pascual es más homogéneo que los otros. Por tanto, es discutible referirnos a "etapas" dentro de él. Aun así, os libros litúrgicos realizan la distinción entre "antes de la Ascensión" y "después de la Ascensión", en lo que podríamos considerar un "subtiempo", por las razones que se exponen más abajo. *

En el tiempo Ordinario, hay dos etapas que están separadas por el tiempo de Cuaresma y por el de Pascua.



"Subtiempos"


Llamamos "subtiempos", a periodos que ponen el acento en acontecimientos puntuales que tienen relación específica con los grandes misterios, y que pueden alternar ad libitum algunos textos eucológicos más propios con los del mismo tiempo en que se incluyen.


El término se halla entrecomillado por el hecho de que no se trata de un concepto acuñado en los libros litúrgicos, sino más bien de la expresión elegida en este blog para describir, en la presente entrada, la peculiaridad que sugiere.


Así, en los tiempos de Navidad y Pascua, hay características que permiten distinguir diversas facetas de los grandes Misterios del Nacimiento y la Resurrección de Cristo. Se produce, por tanto, la celebración de un misterio dentro de otro mayor, que lo incluye.


En este sentido, en el tiempo navideño, los días que van desde la solemnidad de la Epifanía del Señor (celebrada el 6 de enero o el domingo precedente), y la fiesta de su Bautismo, constituyen un verdadero "subtiempo": el de la Epifanía. Lo permiten identificar textos eucológicos de la Misa, como el saludo inicial, el homónimo Prefacio o la Bendición solemne, que pueden alternar con sus pares navideños.


Por otra parte, el tiempo pascual se inicia con la Vigilia de la Noche santa y concluye con la solemnidad de Pentecostés. Y los días comprendidos entre tal solemnidad y la de la Ascensión, que fijada para el domingo anterior o el jueves que precede a este, también constituyen un destacado "subtiempo": el de la Ascensión. Nos lo señalan los mismos textos eucológicos que mencionamos en el párrafo anterior. Además, son destacables las oraciones "colecta" de cada día, que se presentan como un breve pero intenso "septenario",  en espera del Espíritu Santo, lo cual hace más "compacto" dicho "subtiempo".


En el tiempo cuaresmal, cuyas etapas hemos mencionado más arriba, hasta antes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, se destacada la semana quinta y parte de la sexta, -que es la Semana Santa-. Estos días, desde el mismo Domingo de la semana V, que se llamaba literalmente "de Pasión", eran considerados un verdadero "tiempo de Pasión". Tal reforma quiso omitir la denominación, a los efectos de enfatizar la unidad del tiempo penitencial y la unicidad de la Semana Mayor del año. Sin embargo, la liturgia conserva algunas "huellas" eucológicas que permiten identificar, aún hoy, como un "subtiempo de Pasión". Nos referimos a los himnos de la Liturgia de las Horas, que en la semana V pueden alternar con los cuaresmales; también a los dos Prefacios de Pasión, el primero de los cuales debe emplearse en la semana quinta,  y el segundo, en la Semana Santa; la Bendición solemne de Pasión, que puede alternar con la cuaresmal en la semana quinta, pero que es exclusiva de la siguiente, aunque nunca obligatoria. Ahora bien, en la actualidad, el Domingo que precede al inicio de la Semana Santa ya no se llama "de Pasión", sino que es el V de Cuaresma. Y el Domingo con el que empieza esta gran Semana es el que oficialmente reivindica para sí el nombre de nombre de "Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor". (Dominica in palmis de Passione Domini).


No podemos distinguir "subtiempos" en los tiempos de Adviento y Ordinario.




5 de enero de 2026, Vigilia de la Epifanía del Señor y penúltimo día del Año Jubilar.
XIV aniversario de la creación de este blog.
Entrada dedicada a todos los lectores.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Oración al Niño Jesús en el Portal de Belén

 




"Hijo Eterno del Padre de las luces, en la Noche radiante de Navidad, junto con tu Madre Virgen y tu padre nutricio, te contemplamos entre animales, en el humilde Portal de Belén. Tu Presencia, lo ha convertido en palacio celestial donde los ángeles cantan la gloria de Dios.


Así como en la Zarza ardiente Dios había querido revelar a Moisés su Faz Divina, en el bendito Portal, ha mostrado su Rostro humano a todos los pueblos de la Tierra. 


Contigo, dulce Emmanuel, sentimos la amorosa cercanía de Dios, que en Ti se ha empequeñecido para que nuestra nada pudiera alcanzarlo.


Mientras te contemplamos inerme en el pesebre, te proclamamos Señor de los ejércitos celestiales, que te adoran para siempre, como en la Noche de tu Nacimiento.


Al meditar sobre la pobreza en que naciste, tu hambre nos recuerda que eres en Pan de Vida; tu sed, que eres la Bebida de salvación; tu frío, que era el Fuego abrasador del Sinaí y la columna que protegió del faraón a los israelitas; tu sueño, que eres el único descanso de nuestras almas; tu serenidad, que eres la Paz verdadera que puede desarmar todo proyecto funesto.


Al contemplar el amor inefable de María y José, el regocijo de los ángeles, la generosidad de los pastores y la humildad de los Magos, te reconocemos como el Mesías prometido, engendrado por el Padre antes de la Aurora; el Verbo que ha querido morar entre nosotros; el Dios de nuestros antepasados que ha querido asumir nuestra humanidad, para que nos pudiéramos revestir de su Majestad...


Tú, que no desdeñaste nuestra miseria, haznos partícipes de tu gloria, pues vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén".



24- 25 de diciembre del Año Jubilar 2025, Noche santísima de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo.
Entrada dedicada a Él, en el Portal de Belén, y a sus benditos padres, María y José de Nazaret.